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Podría tocar este tema redactándolo en tercera persona, podría intentar diluirlo de mil enrevesadas formas, tratando de darle un toque literario a un tema que, sin embargo, hasta hoy es muy contingente. Por lo mismo, y por lo tanto, lo narro como una anécdota más de mi madre, en un hecho que nos involucra de manera muy dramática.

En estos momentos, tengo en mis manos la fotografía de una mujer joven de no más de veinticuatro años. Me seduce su mirada profunda, ya que trasunta una personalidad resuelta. Adivino sus tormentos, pero también la voluntad de sortearlo todo con entereza.

-Es tu abuela, ¿cuándo vas a entender eso? –retruca mi vieja, muy disgustada por denominarla desde siempre como “tu madre”. Se enfurece, no transa y uno contempla con un poco de pudor como una mujer anciana trata de “mi mamá” a esa joven. Y bien, la mujer de la foto, jamás envejeció y se quedó estampada en ese papel ajado, acaso la única evidencia para nosotros de que ella existió. No conocemos su perfil, ni su forma de caminar, menos aún su voz. Mi vieja la describe como una mujer imponente, altísima y sobretodo, muy buena madre. –Está bien, le digo, pero entonces, tú sólo tenías seis años y a esa edad todas las personas nos parecen imponentes y altísimas.
-¡No! –responde con voz cortante mi madre. Era alta, más que tu abuelo, que tampoco era bajo. ¿Por qué les gusta tanto contradecirme?
Poco después, la conversación finaliza, mi madre se retira airada y nosotros, sus hijos, sin saber que responder.

Y vuelvo a tener en mis manos esa fotografía color sepia y me concentro una vez más en ese rostro imperturbable, esa muchacha bidimensional que por la misma fuerza de la razón, no es ni será jamás mi abuela, si bien procreó a la autora de mis días y que sí tuvo la fortuna o la desdicha de transformarse en una ancianita tembleque y “parada en la hilacha” como decía mi abuela paterna, que sí tuve la fortuna de conocer y compartir con ella muy bellos y memorables momentos.

Tema aparte, es ese celo de mi vieja por todo aquello que perteneció a su pasado. Siempre se engrifa ante cualquier pregunta, no acepta reparo alguno, sus recuerdos son sólo suyos, aún más, antes tenía el talento de apropiarse también de los nuestros, con pelos y señales.

Su madre -nuestra abuela,- falleció de una peritonitis, tal como se muere hoy en día la gente modesta, y ese hecho, que de puro imaginármelo, me provoca angustia, no fue obstáculo para que sus tres hijos crecieran, se educaran y se transformaran en personas de bien. Mi madre, demasiado pequeña para comprender lo inconmensurable de la muerte, recibió el apoyo de su abuela paterna, quien la educó desde ya como una dueña de casa responsable.

No puedo soltar ese retrato. Me imagino yo mismo a mis veinticuatro, con todas mis incertezas y pienso que a esa edad uno se devora la vida, pero sólo los años nos permiten llegar a ser expertos catadores de ella. Me gustaría haberla conocido, reparar en sus movimientos, en sus gustos, saber si mi desconocida abuela fue en verdad una diletante de la vida, acaso facultad privilegiada para quienes abandonan este mundo con tanta premura.

Guardo la fotografía, pero todo este asunto me continúa dando vueltas en la cabeza por largo rato...













Texto agregado el 29-01-2013, y leído por 224 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
24-05-2019 Hermoso. Créeme, nuestros antepasados siempre nos guían y cuidan, dentro de lo que pueden. Un abrazo, sheisan
22-02-2013 ya no hay gente asi...creo.estrellas mil. ana_blaum
12-02-2013 Me gusta mucho leer el asunto de madre y abuela. Llevo dos.- rhcastro
03-02-2013 Me encanta tu relato, es algo tan especial el enfrentarse con esas fotos color sepia que nos traen reminiscencias de familiares que no conocimos. Pienso que que de tanto mirarlas, a veces es posible percibir ciertas vibraciones de las personas retratadas, algo de ellos transparenta en la mirada, en la actitud, la pose frente a la cámara. Que lástima que tu mamá no pueda compartir sus recuerdos, es importante conocer su pasado, lo bueno y lo malo, porque forman la base de lo que somos. loretopaz
31-01-2013 "Uno se devora la vida, pero sólo los años nos permiten llegar a ser expertos catadores de ella. "Qué gran frase para sellar una historia de tal dimensión. Me conmueve lo que cuentas. Un abrazo refull, querido Gui. SOFIAMA
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