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Cap. 01 ENTROMETIDA...

En el invierno previo a la presentación en sociedad de Anne-Marie, Daphne enfermó. El médico que Phillipe hizo traer de Londres por recomendación de Lord Danworth, diagnosticó una pulmonía severa, y el hecho de estar teniendo uno de los inviernos más crudos, no ayudaba en nada a la situación. Las niñas estaban desoladas, y Phillipe aunque su esposa había sido un dolor de cabeza desde el inicio, en realidad le tenía un sincero afecto, y lo entristecía mucho que se encontrara en aquella situación. Tan mal se encontraba Mdme. Saint-Claire, que un hecho por demás inesperado tuvo lugar. Lady Arlingthon y Lady Danworth, se acercaron a verla. A pesar de que sus maridos tenían muy buenas relaciones, nunca se habían hecho visitas de aquella clase. Lady Arlingthon no salía prácticamente nunca, y Lady Danworth, no pasaba el tiempo suficiente en la campiña como para fraternizar mucho con sus vecinas. No obstante, Phillipe hizo gala de su buena educación al recibir a sus visitantes, y Anne-Marie siendo la mayor de las niñas, hizo las veces de anfitriona. La inesperada visita se llevó a cabo a la hora del té, y una vez que las damas vieron a la enferma, bajaron al salón en compañía de Anne-Marie. En cuanto se hubo servido el té, iniciaron la habitual charla intranscendente pero bien conducida. No obstante, Lady Danworth no dejaba de mirar a Anne-Marie, sin mucho disimulo y con intensa curiosidad.

- Lord Saint-Claire -- dijo dirigiéndose a Phillipe -- no tenía idea de que tuviese usted una hija, y menos una tan hermosa.

- Agradezco mucho sus palabras, Lady Danworth -- dijo él -- pero en realidad tengo cinco.

La mujer no pudo ocultar su asombro, aunque tarde intentó hacerlo al darse cuenta de la grosería del hecho, pero con muy poco éxito. Phillipe sonrió con disimulo ante la desazón de la mujer.

- Entiendo que tal vez lo considere mi lady como un número excesivo -- dijo con amabilidad, mientras Lord Danworth lanzaba una mirada asesina a su esposa.

- No, no, por supuesto que no -- dijo ella apresuradamente -- Solo me sorprende que no hayan tenido un descendiente de género masculino.

Phillipe Saint-Claire era en todo punto un probado caballero, pero al mismo tiempo tenía una vena maligna, y no resistió el deseo de fastidiar un poco a la dama por ese comentario tan inapropiado.

- Anne-Marie por favor -- dijo dirigiéndose a su hija -- llama a tus hermanas, para que nuestros visitantes las conozcan.

Se hizo un incómodo silencio que Phillipe disfrutó al máximo al ver el malestar que había generado.
Ciertamente y aún sin decirlo, quedaba claro que con ello expresaba que consideraba a Lady Danworth una entrometida. Anne-Marie volvió en compañía de sus hermanas, y Phillipe se divirtió mucho más al ver la expresión de asombro de sus invitados al notar la diversidad de fisionomías. Una vez que fueron presentadas, las niñas volvieron a retirarse.

- Muy hermosas todas sus hijas -- reconoció Lady Danworth

- Gracias mi lady -- dijo cortesmente

- Supongo que esta hermosa damita -- dijo mirando a Anne-Marie -- está próxima a ser presentada en sociedad.

- Así es -- reconoció él -- el próximo verano.

- Es lamentablemente inconveniente, que Lady Saint-Claire se encuentre indispuesta -- dijo la mujer -- Y si para el momento del Baile de Debutantes, no estuviese completamente restablecida, me ofrezco a ocuparme de los detalles de su preparación, son asuntos verdaderamente engorrosos para un caballero.

Phillipe miraba a la mujer y no lo podía creer, a pesar de que su rostro no reflejaba sus pensamientos, sentía franca repugnancia por ella. ¿Lamentablemente inconveniente? Vaya una manera poco acertada de referirse al delicado estado de salud de su esposa. Además de que Phillipe sabía que aquel ofrecimiento no tenía nada de altruista como pretendía. Estaba perfectamente al tanto de que tanto los Danworth, como los Arlingthon, tenían hijos que en muy pocos años estarían en edad de contraer matrimonio, y aunque dudaba mucho que sus apellidos tuviesen alguna dificultad para encontrar esposas adecuadas, resultaba sumamente conveniente para aquella arpía, si su futura nuera estuviese al alcance de sus “garras”. Sin embargo, Phillipe agradeció el ofrecimiento pero sin comprometerse. Poco rato después comenzaron a despedirse, Phillipe les agradeció su visita, especialmente a los Arlingthon, que sin duda le resultaban mucho más agradables que los Danworth.

- Y no lo olvide Lord Saint-Claire, si necesita ayuda no dude en avisarme -- dijo Lady Danworth

- Gracias mi lady, no lo olvidaré -- le contestó

Una vez que se subieron a sus respectivos carruajes, Phillipe borró la sonrisa de sus labios.

- Padre -- dijo Anne-Marie

- Ahora no Anne -- dijo él y entró en la casa sin mirar atrás

Entre tanto en el carruaje de los Danworth, Joseph miraba a su esposa.

- ¿Estás consciente de lo impertinente que fuiste? -- le preguntó

- ¡Oh vamos, Joseph! -- dijo con fastidio -- ¿Quién en su sano juicio tendría tantos hijos? Y además de dudosa procedencia, porque…

- ¡Helen! -- la interrumpió el hombre -- Ya es suficiente.

- No me dirás que no lo notaste -- dijo sorprendida -- aparte de ser obviamente incompetente para darle un hijo, al parecer Lady Saint-Claire prefería divertirse sin el concurso de su marido.

- !Helen basta, esa mujer está muriendo! -- dijo escandalizado

Pero en realidad a Helen Danworth le importaba muy poco la suerte de la pobre desdichada. Estaba convencida de que había sido muy tonta al no tomar las previsiones que ciertamente ella sí había tomado, aunque después de comprobar el muy mal asunto que podía ser no hacerlo, y muy falta de aptitud para proporcionar un heredero a su familia, esto último decididamente injusto, pero en ese entonces se estaba en la creencia de que el sexo de los niños era responsabilidad de la madre, y muchas mujeres fueron desechadas por esto. Pero al mismo tiempo resultaba bastante conveniente aquella superproducción de damitas, sobre todo de la tercera hacia abajo. Ya que había en los alrededores tres futuros caballeros en edad casadera, y aquella circunstancia podía resultar muy provechosa, lo que hizo aparecer una sonrisa en sus labios.

Joseph Danworth era temido por muchos miembros de la corte, era un individuo peligroso, rencoroso y vengativo, pero al ver la sonrisa en los labios de su mujer, sintió escalofríos. Aquella podía ser una criatura muy peligrosa y sumamente venenosa, de modo que sintió cierta misericordia por quien hubiese sido señalado como próximo blanco.

- ¿Qué estás tramando, Helen?

- Cosas que de momento no te incumben, Joseph -- le dijo

- Helen, deja a los Saint-Claire en paz -- algo le indicó que hacia allá apuntaban sus objetivos -- Son buenos vecinos, hemos tenido excelentes relaciones a través de todos estos años, y pretendo que siga siendo así. De modo que no consentiré en que hagas nada que inicie una guerra innecesaria.

Pero ella se limitó a reír, lo que no tranquilizó para nada a Joseph.


Por su parte los Arlingthon estaban divididos entre la consternación y la pena. Helen y Brenda se conocían desde jóvenes ya que eran parientes, pero ciertamente no podían ser más distintas. Y aunque a Brenda no le sorprendió en lo absoluto y casi podía ver el cerebro de Helen funcionando, le apenó muchísimo que se comportara de aquel modo con una familia que estaba pasando por tan cruel momento. Mientras que William pensaba que si él tuviese una mujer como aquella, la habría encerrado en una de las torres mucho tiempo atrás. Se preguntaba qué le importaba a aquella despiadada mujer que tuviesen uno o veinte hijos, aquello estaba muy lejos de ser asunto de ella, y le parecía una actitud sumamente hostil y desvergonzada la suya. Brenda, que conocía a su esposo muy bien, sabía que iba furioso. De modo que colocó una mano sobre su brazo para tranquilizarlo.

- William, Helen siempre ha sido así, y es obvio que nunca cambiará -- le dijo con voz suave -- tampoco me siento cómoda con lo que hizo, pero no es nuestra responsabilidad, y no tenemos por qué sentirnos culpables.

- La próxima vez, recuérdame no ir en compañía de esa mujer a ninguna parte -- dijo con desprecio

- No voy a fingir que me agrada, pero sí sé cuáles son sus motivos.

- ¿Motivos? -- preguntó incrédulo -- ¿Existe algún motivo que justifique tanta grosería?

- Pues para ella sí -- dijo Brenda -- solo ve a esas criaturas como posibles candidatas a convertirse en esposas.

- ¡Por favor! -- exclamó -- Eso es absurdo. Su hijo jamás tendrá problemas para conseguir una esposa.

- Lo sé, pero si es alguien a quien ella pueda manipular, lo considerará mucho más conveniente -- le aseguró

Aquello lejos de tranquilizar a Lord Arlingthon le produjo un inmenso asco.


Esa noche en casa de los Saint-Claire reinaba un pesado silencio. La preocupación por la condición cada vez más delicada de Daphne, los entristecía y preocupaba a todos. El médico había hablado con Phillipe y no se mostraba nada optimista. Cuando subió a la habitación, encontró a la pequeña Sophie al lado de la cama de su madre, y le susurraba algo al oído. Phillipe sintió mucho dolor, porque estaba seguro que los esfuerzos de la niña por hacerse escuchar eran inútiles. Sin embargo, hizo un gran esfuerzo cuando la niña se retiró después de dar un beso en la frente a su madre, y mirándolo le sonrió.

- Es hora de que te vayas a la cama Sophie.

- Sí padre -- dijo ella obediente -- solo quería decirte que no te preocupes, mamá pasará la noche mejor.

- De acuerdo linda -- le dijo esforzándose al máximo por corresponder a la infantil sonrisa -- gracias por decírmelo.

Tomó la mano de la niña para conducirla hasta a su habitación, como solía hacerlo su esposa, pero cuando llegaron a la puerta, la niña se detuvo.

- No es necesario que me acompañes padre -- le dijo -- quédate con ella.

El se arrodilló frente a la pequeña.

- ¿Segura que no quieres que te acompañe?

- Segura -- le dijo con convicción -- ya tengo siete años y puedo hacerlo sola. Buenas noches.

- Buenas noches linda -- le dijo dándole un beso en la frente -- que descanses.

Una vez que la niña abandonó la habitación, no pudo detener una lágrima que resbaló solitaria por su mejilla. Aquello iba a resultar muy duro.



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Texto agregado el 07-02-2013, y leído por 98 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
24-02-2013 Ahoi: Ahora todo está más claro. Helen no es tan mala, quiere asegurarse simplemente, sólo que es demasiado manipuladora como para elegir un método que no incluya la crueldad. Sin embargo, parece una historia más de nuestra época que del siglo XVI. ¡Los franceses siguen siendo mis favoritos! Bonne nuit. 4*. Mariette
22-02-2013 estas pensando venderla para hacerla pelicula o serie de television es el estilo de downtown abbey o algo asi una serie inglesa de los mas perfecta. nassar
12-02-2013 Quisiera tener tu estilo y tu don de llegar a lo profundo de nuestras mentes. Sweguiré leyendo. elpinero
09-02-2013 El relato creible, aún la maldad de Helen. Un abrazo amiga!!! Cinco aullidos yar
08-02-2013 Creo que te mueves bastante bien-como escritora- en la trama del refinamiento, intriga y formalismo inglés. Resulta interesante el trasfondo moral y acciones de los protagonistas...adelante felipeargenti
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