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De naturaleza guerrera, pasiva, pero mortífera a la menor provocación, caía desde un barranco preguntándose que había pasado, que había hecho mal... porque no lo aceptaron los dioses. Y así comenzó el recuento de sus últimos momentos en plenitud de su conciencia. Al salir de casa, una choza simple, pero suficiente para un guerrero de su categoría, se dio cuenta que faltaba algo fundamental, como una ceremonia que se hace cada vez que se va a la lid, se detuvo, y lo recordó, su compañero fiel de batallas infinitas, aquel que nunca lo defraudo a pesar de todas las oportunidades que tuvo para huir y dejarlo morir, cuantas veces él le había salvado la vida, impidiendo ese toque de gracia, arriesgando hasta su propio pellejo si era necesario, y muchas veces lo fue, de ahí su nombre “Pellejo”, su perro de raza poco clara mejor dicho indeterminada, de hocico grande, orejas cortas, expresivos ojos café y de buen peso, como para impedir que una flecha le diera fin a su existir. Volvió a su casa, bajo la vista y ahí se encontraba él, con cara de pena como queriendo decir, “no te marches, comparte un poco más conmigo por favor”. Tomando su cabeza con ambas manos se inclino y beso su frente, y con amargo dolor se fue, sabiendo que no lo vería más.


Al pasar frente a la choza de Totod Sackn, su jefe y padre, este lo llamo desde el pórtico con la mano ya partida por el viento de la edad. Entro a una choza precaria con lo suficiente para vivir o mejor dicho para respirar, allí vio una cacerola, un manto y unas carnes secando en el techo colgadas con cuerdas hechas da cabello. Totod Sakcn lo miro, con sus ásperas manos tomo el cuello de él y le dijo con su frente pegada a la frente del le dijo: Hijo mío, solo te pido que si no vuelves por aquí, que no olvides lo que los sabios te hemos enseñado. No pierdas la fe en ti ni en los que te rodean Mígati, ya que si lo haces solo lograras caer y caer a un abismo del que solo saldrás siendo el guerrero que eres “El mejo”. Totod guardo silencio por un momento, se dio vuelta y levanto unas telas del suelo, bajo ellas había una daga, se la entrego a Mígati y lo hizo prometer que la cuidaría con la vida, y luego, diciendo adiós, se perdió en el fondo de la choza fría. Al salir, Mígati, toco el piso en señal de respeto y se marcho.

Después de un largo camino por las orillas del río Toltare mej (de dorados rayos), vio a Medit Cokceops, mujer alta y muy atractiva de facciones un poco toscas pero de gestos dulces, cabello negro y atractivos ojos castaños que se iluminaban cada vez que veía pasar un pez contra la corriente del escuálido afluente. Alzo la vista... se encontraron casi por casualidad sus miradas y así se quedaron por tan solo un instante que pareció eterno, ella esbozó un sollozo que nunca fue percibido por él... ya se había ido.

Nunca le explicaron porque tenia que hacer ese viaje, solo sabia que tenia que buscar la vida que los dioses le habían guardado por todos estos años.


Había escuchado cuando niño cuando los ancianos le decían su padre que en algún momento de su vida Mígati haría el viaje y que tal vez nunca volvería, ya que no sabría nadie lo que los dioses le pedirían a cambio de su nuevo destino. Eso era lo que más le preocupaba. Siguiendo la senda de lo antiguos se dirigió al norte, por donde las aguas se fuenden con el sol infestado de laberintos y monstruos contados por las madres, hartas de la inquietud de los pequeños para dormir. Su plan era seguir por la costa hasta las montañas de Trento Tutad o Dios de calor y siembra (el sol) pasando por el valle de Tirás o de Muerte y bajando por la senda de Igustad o Peregrino. Camino al valle sintió la necesidad de descansar y se arrimo al costado de un árbol caído, al acercarse noto que algo se movía cerca de unos matorrales no lejos de ahí, sacando la daga lentamente por temor a que fuera un gato salvaje o un lobo lejos de la manada, bueno también con un poco de hambre, se abalanzo sobre el pero se dio cuenta justo a tiempo que era su fiel amigo pellejo, feliz por la sorpresa o abrazo y le dio de comer lo ultimo que le quedaba en su viejo y agujereado morral un trozo añejo de pan. Por lo menos con pellejo no sería difícil encontrar algo para cazar, era un excelente sabueso, el problema era otro, como lo cazaría.


Al atardecer, miro a Pellejo, y lo noto un poco cansado así que decidió detenerse en una choza cerca de donde se encontraban. Al llegar frente a ella, se asomo una mano que lo incitaba a pasar, tentado por la curiosidad se acerco, golpeando tres veces con el pie en el piso se presento diciendo: “Soy Mígati, del condado de Merotres, hijo de Totod Sakcn jefe y guía de mi pueblo, solo pido humildemente refugio de la noche para mi compañero y para mí si no fuera inoportuno. Para su sorpresa al alzar la vista encontró a una bella niña ya mujer según como lo percibió él, la que lo miro y le dijo que se sentara junto a ella, a pellejo no le gusto la idea y se erizo en posición de ataque al darse cuenta Mígati lo abrazo y lo llevo fuera de la casa, le acaricio la cabeza y le dijo que lo esperara, pellejo no lo miro. Mígati al entrar a la choza se disculpo con la atractiva joven diciéndole que solo eran celos de su compañero de viaje, que era primera vez que pasaba, no lo entendía, la chica hizo un gesto de no importarle y les llevó dos platos de comida. Él tomó uno y salió para dárselo a pellejo, el que lo miro y con soberbia o rechazo como diciendo que se las podía arreglar sin esa comida humeante. Al entrar nuevamente a la choza no encontró a la joven, solo estaba el plato humeante, así que se sentó y comió. Satisfecho, tiro su manto de lana gastada en el suelo de la choza, se cubrió por él y cerro sus ojos. Solo sintió una mano entre sus piernas y un calor intenso, muchas cosas pensó en ese momento, pero lo que más recordaba era lo que una vez le había dicho su sabia madre poco antes de morir: “Se leal a la dignidad de un guerrero, trata a la mujer como tesoro oculto que se esconde contra vándalos y forajidos, pero por sobre todo nunca toques a una mujer sin la autorización de su responsable o serás como los que siembran pero dejan que se pudra el producto de lo sembrado”, pero se dejo llevar, acaricio a la oscuridad y beso lo que nunca había tocado, una mujer. Al pasar la noche se dio cuenta de dos cosas, había cometido falta a su ética de guerrero y la segunda... ya no era el un niño, que haber librado numerosas e inmensas batallas no lo convertía en un hombre... que ya no era virgen. Salió de la choza miro a pellejo, el cual dormía con un pájaro en el hocico, lo despertó, le pidió disculpas y prometió hacer caso a las próximas advertencias que él le hiciera. Los dioses le habían hecho una prueba y él había fallado, había sido superado por el poder de la carne del que tanto había escuchado. Ahora su preocupación era saber si era verdad lo que decían, si al probarla no iba a dejarla jamás. Mígati se marcho del lugar apenas pudo, solo miro una vez para atrás para agradecer a los dioses la comida brindada, y se alejo raudo y veloz, como si nunca hubiese estado allí.


Luego de un riachuelo, tras una pequeña colina, encontró un prado o eso creyó ya que donde vivía era seco o mejor dicho árido, casi desértico y por primera vez veía hierba, la que le llegaba asta la cintura, en la cual se perdía de vista a pellejo, se sentó ya que de donde había pernoctado hasta el lugar en donde se encontraba era medio día a caminar ligero. Al pensar en esto no pudo evitar cerrar los ojos y sin darse cuenta estaba acostado entre la hierba que no dejaba de envolverlo con su aroma dulce y su frescura acogedora. Dentro de su transe profundo y agradable escuchaba un ruido ensordecedor que no lo dejaba viajar en paz, después de un momento salto de su “cómoda” posición y se vio envuelto entre plantas y a su amigo fiel cortándolas entre patas y filosos dientes. Nuevamente su amigo lo había salvado y había alcanzado su primer parada en el largo itinerario El Valle de Tirás, El Valle de la Muerte. Después de esta ultima prueba sabía que debía de estar atento ya que al parecer estaba en una constante prueba de fortalezas, le estaban tomando las medidas para crearle su ultimo traje, su ultima prueba. Se vendrían cosas más difíciles.

Caminando en dirección a la senda de Igustad o Peregrino se encontró con un cuervo curioso, según sus creencias, los cuervos son espíritus que guían por el camino sombrío para que las almas no se pierdan en el laberinto de aguas que existía al oeste que era donde se encontraba el foso de espíritus sagrados. Esta ave se elevo y de improviso se abalanzo sobre pellejo el que gimiendo de dolor trato de defenderse como pudo, Mígati no comprendía como un ave tan noble como esa atacaba a su amigo inseparable, pero no podía permitir eso, así que sacando la daga que su padre le había dado la lanzo dando justo en medio de sus ojos pero un poco tarde... había dejado ciego a pellejo. Mígati, claramente afligido, lo tomo en sus brazos y lo meció para calmare el dolor, como una madre callando a su hijo que llora de frió o hambre, luego cuando se durmió del dolor lo dejo en el piso con la misma daga que había dado muerte al animal sagrado, corto parte de su manto y vendó sus ojos, sin notar que la tela estaba manchada con sangre del ave. Nunca pensó que mataba a un animal sagrado, pero cuando lo hizo no le importo y grito al cielo: ¡Si quieren probarme háganlo, no me importa, pero a mi amigo no lo toquen, ya que si pude hacer esto con el ave, no dudare en hacerlo con ustedes!. Enseguida estalló un trueno y una tormenta azotó el resto del día, dejándolo mojado y temeroso del desafió efectuado, pero nunca arrepentido. Ya en el camino del peregrino, con pellejo en sus hombros y el estomago vacío, bajó por el sendero hasta un arrollo la tormenta no cesaba ni por un momento no dejaba ver más allá de veinte pies de distancia. Al sentir que pisaba agua se detuvo y miro a los lados por regla de supervivencia donde hay agua hay animales para cazar. Dejo tapado con la manta a pellejo tras unos arbustos y se hundió en el arrollo a esperar a alguna presa, como cocodrilo en pantano. Luego de unos minuto apareció un jabalí, tranquilo se acerco a beber por cada paso que daba el jabalí, Mígati movía el brazo, sacado lentamente la útil daga que su padre le había dado. Cuando el jabalí ya bebía, Mígati se abalanzó y clavó su puñal en el cuello del animal dándole muerte dolorosa y sanguinariamente... dejo de llover. Pellejo despertó con el olor a sangre y con las patas delanteras saco las vendas y miro a Mígati ¡se había curado!, Había sido la sangre del ave. Había superado otra prueba, la de supervivencia y lealtad. Comidos y descansados, siguieron descendiendo por el sendero hasta encontrase por fin frente a las montañas de Trento Tutad. Un escalofrió irrumpió en su espalda y una nube gigante apareció en el pico de la montaña, un sentimiento de incertidumbre le decía que algo andaba mal y así era... no había camino para llegar a su objetivo, maldición. Tan cerca y tan lejos a la vez, debía pensar en algo, aparte no iba a dejar a pellejo después de todo lo vivido juntos, pero como lo haría, como. Luego de mucho pensar y de comer la grasa de jabalí para el frió de montaña, cogió al pesado pellejo y lo coloco sobre sus hombros y se puso a trepar, si iba a morir en el camino prefería que fuera con pellejo a su lado y podía asegurar que pellejo pensaba igual que él, era algo que podía ver en sus ojos. Y así trepo gran parte del trayecto, ya a la mitad de este, no sentía las manos del frío que había en aquella muralla vertical de piedra suelta y filosa. Sangre en sus manos sudor en sus ojos, solo los cerró y quiso empezar a caer... ya estaba exhausto. Una lamida en el rostro impidió que los dos cayeran al vacío que esperaba hambriento bajo ellos, despertó del breve sueño y agradeció nuevamente a pellejo por su ayuda, aunque esta vez pareciera que velaba más por él que por los dos. Una brisa soplo desplomando piedras desde la cima que ya estaba próxima, muchas piedras cayeron en su cabeza pero las resistió, prefería que le cayeran piedras que caer sobre ellas. Ya en la sima, encontró un esqueleto con ropas parecidas a las de él, miro alrededor y se dio cuenta que lo había logrado que por fin había llegado después de tantas pruebas al fin seria la verdadera gran prueba, pero que tendría que dar a cambio de su nueva vida, que. Y allí se durmió exhausto del esfuerzo efectuado por dos días de escalada. Suena un aullido, gritos rasgaduras de ropa, y se logra ver y oír a lo lejos furia... había comenzado la prueba. “Algo había tomado la daga”, algo invisible, se alzaba brillante frente a la vista de los dos exhaustos peregrinos, que miraban asombrados. Luego de un instante de permanencia en el aire vieron la daga volar barranco a bajo, seguido de un grito de dolor de Mígati, por la promesa que le había hecho a su padre. Sin pensarlo pellejo se tiro frente a la daga tomándola con los dientes pero cayendo junto con ella al precipicio, Mígati, salto y logro abrazar a pellejo, pero caía desde un barranco preguntándose que había pasado, que había hecho mal... porque no lo aceptaron los dioses, gritándole al padre porque le había hecho prometer que no dejaría la daga por nada, pero principalmente porque pellejo había saltado a buscar la daga por que no le había hecho caso y se hubiese quedado en la choza de su padre sano y salvo. Este era el intercambio al que se referían mi vida por una más allá de la vida. Solo cerró sus ojos y dejo correr una lagrima de dolor por su mejilla y grito mientras caía: ¡ Por que, por que, solo quería que mi amigo fuera feliz y me lo quitas, solo quería cumplir tus deseos y me cortas la vida que tal vez me hubiese esperado si me hubiese quedado de guerrero! Yo solo quería vivir. Te quiero amigo... gracias por todo... te veré donde las almas se hacen puras. Despertó esa mañana y se vio rodeado de niños que lo incitaban a jugar pero el solo quería buscar a su amigo, después de esta pesadilla sólo quería conocerlo y compartir sus últimos días con él... con Mígati.

Texto agregado el 09-08-2004, y leído por 319 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
21-02-2006 Adoro tanto a mi perra, que ya ni siquiera es mascota, es mi amiga; la que me acompaña en las buenas y malas. Increible historia, algunas faltas de ortografía pero dado el caso es lo de menos XD. Mis saludos y *'s. lunatika
20-08-2004 Tu manera de escribir me gustó, no suelo leer mucho de dioses y guerreros pero tu cuento me ha gustado, saludos ;) Jezabel
 
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