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Inicio / Cuenteros Locales / Mariette / La Leyenda del Holandés Errante, capítulo 3.

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Capítulo 3: “Un Mundo Nuevo, Pero No Ideal”.
Lowie abrió los ojos con suavidad, pero sólo la penumbra reinaba a su alrededor. Le dolía la cabeza y demasiado. Trató de incorporarse, pero una oleada de náusea lo obligó a recostarse de nueva cuenta y cerrar los ojos.
Un estruendo resonó por lo que él juzgó todo el barco. De hecho eso lo había despertado antes.
Los marineros holandeses gritaban desesperados y corrían despavoridos tratando de alcanzar la cubierta exterior.
Se aclaró la vista. En medio de la penumbra vio que la cabina de mando estaba vacía, nadie estaba dentro, excepto él y esa multitud de máquinas.
Intentó ponerse de pié, pero de inmediato supo que no estaba solo. Sobre su pecho yacía su amiga Liselot, quien dormía profundamente. Él pensó que probablemente ella todavía se encontraba inconsciente por el remezón de hace unos minutos.
-Liss, Liss-la llamó con el fin de despertarla.
Poco a poco la chica comenzó a aclarar su mente y a abrir sus ojos avellana.
-Lowie, ¿qué pasó?-preguntó quedamente. Al percatarse de que estaba literalmente sobre su amigo, su desconcierto se acrecentó-. Lowie, ¿por qué estoy sobre ti?
El estruendo sonó de nueva cuenta y las palabras murieron en la boca del muchacho, siendo remplazadas por unas que estaban a la espera de ser dichas más tarde.
-¿Te sientes bien?-preguntó Lowie.
-Sí-asintió Liselot con firmeza, presintiendo que la acción estaba cerca.
-Entonces hay que salir de aquí-adujo Lowie.
El muchacho abrió la puerta con suavidad, con el propósito de que nadie se diese cuenta de que ambos estaban adentro del barco y, específicamente, en la cabina de mando, el lugar más importante del bajel.
Sin embargo, sus precauciones no tenían ningún sentido. Todo el mundo corría por los mil y un pasillos del barco, yendo de un lado para otro. Nadie tenía atención suficiente como para prestársela a dos adolescentes que estaban dentro del navío.
Lowie tomó a Liselot de la mano tal y como si ella fuese una criatura. Y juntos echaron a correr para salir a la cubierta principal entre la turba de alarmados marineros.
Cuando llegaron a la cubierta exterior ambos se arrimaron a la barandilla con el impulso y lo poco y nada que vieron los dejó un tantito sorprendidos.
Al frente de ellos se encontraron con dos goletas del siglo XVIII enzarzados en una feroz batalla.
La mente de Liselot voló rauda hacia Naomie, ¿tendría ella algo que ver en la situación? Mientras tanto, Lodewijk no comprendía tanto alboroto por dos barcos de ese tipo.
Miró a Liss y el desconcierto de ella le reveló sus pensamientos.
-No comprendo para qué tanto alboroto: deben estar grabando una película-expuso en voz alta para que Liselot pudiese escucharlo y dejar de pensar sandeces.
Sin embargo ella seguía sin reaccionar, continuaba inmersa en su mutismo, ese era un claro síntoma de que algo no andaba bien: ella era de actuar sin pensar.
-Naomie-murmuró, tratando de recordar algo.
-¿Qué pasa con ella? Liss, sabes que es irreal-le dijo Lowie con tono indulgente.
-Me dijo que si apretaba ese botón, saltaría a la fama-dijo ella inmersa en su mutismo.
-Quizás actúes en la película-le soltó Lowie, completamente burlón.
Pero las palabras de ambos murieron en su boca. Una bala de cañón pasó volando por sobre sus cabezas. Con suerte Lowie tuvo tiempo de saltar sobre Liselot, arrojándose al metal de la cubierta.
Sin embargo, cuando pudo pararse, Liss fue hasta la bala y supo que era una bala del siglo XVIII, al igual que los barcos que seguían batallando frente a ellos. Naomie se lo había enseñado. Entonces tuvo una idea que nadie pudo sacarle de la cabeza.
-Liselot, ¿a dónde vas?-le preguntó Lowie siguiéndola cuando ella comenzó a caminar.
-Tengo que avisarle a mi papá-replicó ella.
Cuando consiguieron alcanzar al Almirante Van der Decken lo vieron charlando con una persona muy conocida para ellos: el Contramaestre Sheefnek.
-El reporte-preguntó Niek.
-No pudimos activarlo, señor-respondió Sheefnek.
En eso, Liselot carraspeó nada ligeramente y su padre se volvió a ella. De más está decir que abrió los ojos como timones al ver a su primogénita y al mejor amigo de ésta parados frente a él en semejante situación.
-Pero, ¿ustedes qué hacen aquí? ¿No se supone que deberían estar en casa?-preguntó con voz incrédula, pensando que eso era una pesadilla.
-A Lowie su padre lo obligó a unirse a la Marina y yo quiero ir a Somalia a hacer un tratado de paz-contestó su díscola hija.
-¿Cómo que no pudieron? Nuestra única esperanza era el Escudo Anti torpedos-preguntó Niek con la paciencia pendiendo de un hilo, cuando recuperó la voz, sabiendo que el destino de ambos muchachos pendía de él.
-¿Única esperanza?-inquirió Lowie enarcando burlonamente una ceja.
-Uno de ustedes fue, uno de ustedes nos llevó a mar abierto. Sabía que no podíamos activarlo aún, que estaba en pruebas, pero no obedecieron. Digan, ¡¿quién fue?!-bramó el padre de Lodewijk.
Lowie miró a su amiga, quien estaba asustada de popa a proa y a los padres de ambos, quienes estaban uno preocupado y el otro furioso.
-Fui yo-se echó la culpa.
Segundos después la mejilla de Lowie sentía las mil y una sensaciones que sientes cuando alguien te da una bofetada.
-Déjalo en paz-dijeron Liselot y Niek al unísono, la una sintiendo pena por su amigo y el otro sintiéndose muy mal por el actuar de su subordinado y mejor amigo.
Liss miró la mejilla enrojecida de un irascible Lowie y suspiró, diciendo “Pobre Lowie”.
-De todos modos hay que averiguar por qué nos atacan-adujo el padre de Liss, sacando a todo el mundo de sus cavilaciones.
-He llegado a la conclusión de que estamos en el siglo XVIII-les soltó Liselot como respuesta, presentándoles su descabellada idea.
La primera reacción de Lowie fue darse un palmetazo en la frente ante la locura de su amiga. Niek miró consternado a su hija, pensando que la salud mental de ella se iba desvaneciendo en el aire. Mientras tanto, Sheefnek decidió aprovecharse de la falta de cordura de la chica.
-Señor, en vista y considerando de la incompetencia de mi hijo como marino y la demencia de vuestra hija sugiero encerrarlos a ambos en uno de los camarotes en el transcurso del tiempo en que se solucione esta enojosa situación-dijo Sheefnek en el tono de voz más amable que pudo.
Niek sabía que los argumentos presentados por su amigo eran ciertos, puesto que Lodewijk tendía a ir en contra de la corriente y no colaborar en los propósitos de nadie que no fuese él mismo y que Liselot los estaría interrumpiendo a cada rato con su exceso de sensibilidad infundada.
-Concedido, señor-concedió con los ojos brillosos.
-¡¿Qué?!-replicó Liselot, consternada, pero entendiendo que su padre quería protegerla.
-Gracias, ¿eh?-ironizó Lodewijk.
Tras eso, ambos muchachos fueron llevados hasta uno de los muchos camarotes que había en la nave y, tras que los arrojasen dentro sin ceremonias, quedaron encerrados dentro.
-¡Ey, no es tan malo!-dijo Lowie lanzándose de espaldas a la única cama que había en la pequeña habitación.
Una lágrima rodó por el rostro de Liselot. El chico la miró, sabiendo que no tenía caso preguntar la razón de su tristeza: ella estaba triste porque su padre la había dejado fuera de sus decisiones y la había mirado como a una vil polizona.
-Oye, ¿tú qué le has hecho a mi amiga? Ya sabes, ¿qué le has hecho a esa chica que siempre me sube el ánimo con su humor infantil?-preguntó Lowie.
Sus palabras surtieron efecto, pues de inmediato la chica soltó una risita y se secó las lágrimas.
-¿Por qué no les pegaste, Lowie?-preguntó con genuina curiosidad.
-Porque no quería que te mataran a ti, pues es obvio que conmigo muerto iba a ser más fácil dejarte en el fondo del mar-respondió el chico con sarcasmo justo antes de dormirse.
Liselot se dirigió a la ventana con severos deseos de conseguir una manera de salir del camarote en el que la habían confinado y, ante sus ojos, el Tresaure y el Olonés seguían batallando.
A bordo del primer navío mencionado había dos hombres discutiendo fieramente. Uno de ellos capitaneaba el barco, mientras que el otro era el capitán del bajel contrincante, señal clara de que llevaba todas las de perder en aquella batalla, pues los hombres del Olonés le habían abordado.
El capitán invasor rió roncamente al mirar el navío de la Zeven Provinciën.
-Ríndete ya, Rackham-dijo en un inglés que dejaba mucho que desear-. El Holandés Errante ha venido por ti, no hay nada que puedas hacer.
El aludido miró por la barandilla y lo que vio le dejó helado de miedo. Efectivamente ahí estaba el Holandés Errante a la espera de que el Olonés se aburriese de atacarle y le dejase el resto de la tortura. Pero, ¿cómo era posible no morir al observar el bajel maldito? Bueno, si la leyenda había llegado a saberse, uno que otro habría tenido que sobrevivir al navío.
-Esto te divierte mucho, ¿verdad, Nau?-inquirió mandando sus temores al diablo-. Dime, ¿por qué no me matas?
-Porque así no sería ni la mitad de divertido-contestó Nau.
Y a la orden de “Fuego” el capitán de “El Olonés” se lanzó sobre su adversario espada y pistola en mano, mientras que sus hombres destruían como se les daba en gusto y gana el Tresaure.
Pero el capitán francés no se dio por vencido solamente con acabar con su némesis en batalla y con el navío que éste capitaneaba, sino que también quiso hacer gala de su crueldad y habilidad bélica al intentar vérselas con el navío del Almirante Van der Decken.
Por su parte, el Almirante bajó consternado su catalejo. Los cañones del Olonés tronaban sin cesar y sus balas iban directamente al navío de la Zeven Provinciën, sin olvidarse, claro, de ir a dar unas que otras al Tresaure.
Honestamente, la artillería del barco francés no le daba ni frío ni calor, pues no conseguirían destruir su navío jamás. Sin embargo, estaban consiguiendo dar un buen susto a los suyos.
Entonces decidió unirse a la contienda. Después de todo no tenía nada que perder, pues su artillería era una y mil veces superior a la de aquellos barcos. Además, había visto que el Tresaure llevaba las de perder en esa situación. De hecho ya estaba rindiéndose, pues no atacaba al enemigo como antes y no se batía contra el bajel holandés. Mientras que el Olonés le estaba atacando, le estaba invitando a la batalla. No podía permitir que acabasen con unos inocentes.
-Sheefnek, abrid fuego contra aquel navío-ordenó a su subordinado.
-Pero señor…-trató de excusarse.
-Es una orden-dijo Van der Decken, sintiéndose mal por tener que ordenarle algo a su amigo.
Sheefnek trató de luchar, pero la decisión ya estaba tomada por parte de Niek Van der Decken.
Los torpedos del barco holandés volaron precisos por los aires con rumbo al Olonés, impactando en su cubierta y en sus mástiles.
Al ver los destrozos propinados a su nave, Nau decidió acabar rápidamente con Rackham para poder volver a su barco. Se sostuvo de una cuerda que había quedado suspendida de los aparejos y disparó directo al corazón de su enemigo. Sin embargo, el inglés consiguió evadir la bala justo a tiempo.
Nau le dirigió una sonrisa sardónica a Rackham, lamentando la pérdida de la última bala que le quedaba. El capitán del Tresaure lanzó a su némesis al aire y, de haber tenido más suerte, hubiese podido cortar la cuerda que le sostenía.
Una vez que Nau llegó al puente de mando de su navío llegó a cometer los desvaríos más grandes que un capitán puede hacer, entre ellos asesinar a varios de los suyos para azuzar a los otros a atacar con redobladas fuerzas al barco holandés.
Así que viró, olvidando momentáneamente a Rackham y su Tresaure, quienes giraban para hacerle frente junto al navío de la Zeven Provinciën.
A cañonazo limpio el barco inglés lo trató de acallar, pero solamente consiguió avivar más la llama demoniaca de la furia que habitaba dentro de la negra alma de Nau.
Entonces dejó de cañonear nefastamente al blindado holandés y decidió retomar su ajuste de cuentas con el inglés.
Sin embargo, Van der Decken fue lo suficientemente audaz como para comenzar a darle de torpedos hasta que consiguió acabar con varios tripulantes del Olonés y con el mástil mayor.
A pesar de su sadismo, Nau decidió emprender la retirada hasta una isla no muy lejana para reparar su nave y luego regresar con el propósito de hacerle saber a los holandeses lo que realmente era bueno según él.
Así que puso proa al norte y navegó a lo que más le dieron las destrozadas velas, es decir, muy lento. Hasta que desapareció de la vista, mientras que los cañones de Van der Decken y de Rackham resonaban en el aire.
El capitán Rackham miró hacia el navío que calificaba como el Holandés Errante. ¿Lo sería realmente? Lo había defendido de las garras de Nau y eso nadie se atrevía a hacerlo, además había conseguido alejar a su némesis en batalla. Lo mínimo que se merecían eran los agradecimientos.
Puso proa al navío de la Zeven Provinciën con el firme propósito de hablar con su capitán y, en el mejor de los casos, establecer algún tipo de provechosa alianza con aquel poderoso hombre.
A esas mismas horas las brumas del sueño se disiparon en la mente de Lodewijk y abrió los ojos.
Aunque hubiese preferido una y mil veces no haber despertado jamás. Ahí vio a su mejor amiga hablando sola. De más está decir que la había visto mil veces en aquellas prácticas y que pensaba que simplemente ella tenía una amiga imaginaria. Aún así, no era algo agradable.
-Pero, ¿estás segura?-preguntaba Liselot cogiendo los imaginarios hombros de alguien-. ¡Yupi! ¡Estamos en el siglo XVIII! ¡Conoceré a los piratas! ¡Genial!
Pero su celebración la cortó de cuajo Lowie, pues posó sus manos sobre sus hombros y la miró severamente a la cara.
-¿Con quién hablas, Liss?-preguntó.
-Con Naomie, ¿Qué no lo vez?-le contestó Liselot, aún alborozada.
Pero su alegría se esfumó en un tris al descubrir que Naomie había desaparecido.
-¿Por qué siempre desaparece?-preguntó más para sí que para Lowie.
Pero no hubo tiempo para respuestas, pues en esos momentos ingresó uno de los tripulantes del barco para avisarles que ya podían salir. Lowie salió disparado con Liss de la mano, para pedirle al Almirante que la devolviese a Holanda. Al llegar a cubierta, el capitán del Tresaure les hizo una reverencia.
-¿Jack Rackham?-preguntó al reconocerle. Al parecer, se cumpliría su sueño.

Texto agregado el 28-02-2013, y leído por 182 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
01-05-2013 1* FOGWILL
28-02-2013 Es imposible dejar leer, tienes una manera de narrar que te mantiene expectante de principio a fin. Vamos a ver qué sucede en el siguiente capítulo. Saludos. Azel
 
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