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Estaba en la clínica psicológica para la cita que había programado, sentía que algo no estaba bien en su cerebro, no era normal que tuviera esos pensamientos cada vez que salía de su casa para el trabajo, cambiaba completamente su forma de actuar, hablar, era otra persona muy distinta a la que conocían todos, -me estaré volviendo loco-pensó; la secretaria le dijo:
-Siéntese, ya lo paso con el doctor-
Espero unos minutos, tomó una revista de deportes, la fecha era antigua no le pareció, tomó otra revista cuyo nombre era: Autos y Motos, dentro de ésta le intereso un artículo que empezaba con el titulo de: “Las Personas y sus Autos”, cuando empezaba a leer el artículo, la secretaria lo interrumpió diciéndole:
-Puede pasar, el doctor lo atenderá-
Entró y el doctor le dijo que se sentara, que le contara cual era su problema, observó un sillón largo donde al parecer las personas se recostaban para estar más cómodas, el doctor notó el interés del paciente y le dijo:
-Si cree que esta más cómodo ahí, adelante-
Él se levantó de la silla donde estaba y se recostó en el sillón largo, estaba muy confortable, el doctor le dijo:
-Muy bien ¿a que debo su visita?-
-Pues he notado, que me vuelvo otra persona, me pasan cosas muy raras por la mente, me esta pasando muy seguido-le dijo.
-¿Qué es lo que siente y cada cuanto le pasa?-le pregunto el psicólogo.
-Casi a diario, pero he notado que me pasa cada vez que voy para el trabajo y cuando regreso de trabajar-le dijo.
El psicólogo estaba sentado junto a él, anotaba todo lo que le decía en una libreta pequeña, miró hacia arriba y con la mano derecha se alineo las gafas, le dijo:
-Es un cambio de personalidad, a eso se refiere-
-Pues no lo se, para eso estoy acá, para que me evalué y me diga que es lo que tengo-le dijo el paciente.
-A ver veamos, me dijo que le sucede cuando va y viene del trabajo, ¿tiene un trabajo peligroso, estresante o con muchas responsabilidades?-.
-Pues no tengo un trabajo muy tranquilo, no me puedo quejar-le respondió.
-Ummm… entonces descartemos el trabajo, me dijo que cuando iba y venia del trabajo, ¿pero exactamente donde le pasa ese cambio de personalidad?-le insistió el psicólogo.
El paciente pensó un rato, cerró los ojos, recapitulo en su cerebro y recordó cuando cambiaba de personalidad, le dijo al psicólogo:
-Ya recordé donde me pasa todo eso doctor, es siempre que voy en mi auto rumbo al trabajo o a cualquier otra parte-.
El psicólogo volvió a anotar todo lo que le había dicho en la libreta pequeña, pensó un rato, se levanto, dio un par de vueltas por el cuarto, se volvió a sentar y le dijo:
-Cada vez que va a trabajar y a cualquier parte en su auto, es su auto entonces-
-Será el auto, pero que tiene que ver el auto en mi cambio de personalidad, doctor-
-Descríbame con mucho detalle que es lo que le pasa cuando se sube y va en su auto rumbo al trabajo-le dijo el psicólogo.
-Vamos a ver, salgo normal de mi casa bien vestido y arreglado para ir al trabajo, saco las llaves del auto, la ingreso en la chapa del mismo, abro la puerta, me siento, pongo la llave en el encendido y hago un medio giro, unas luces se prenden en el tablero por unos segundos, después solo quedan dos luces rojas indicándome una que quite el freno de mano, otra que me ponga el cinturón y una color amarillo que tiene la figurita de un motor, ¿porqué será doctor que aparece esa figurita amarilla de un motor y el carro no tiene nada, usted sabe porque?-le dijo.
-No entremos en esos detalles del motor, eso es para los mecánicos, veamos sígame contando que le pasa cuando va en su auto-le dijo el psicólogo.
-Pues bien doctor, no mas pongo en marcha el auto y voy por las calles una sensación de desesperación me embarga todo el cuerpo, la mente se me pone estresada, estoy siempre sobre alerta, la ansiedad es imparable, los nervios se me ponen de punta-le dijo.
-Que interesante, adelante, siga contándome-le dijo el psicólogo.
-Voy por la calles doctor y luego veo unos autobuses grandes que se me vienen encima como monstros queriéndome sacar del camino, otros mas pequeños parándose a media calle y no me dejan pasar, les pito muy fuerte tres veces y no hacen caso, con un sobre esfuerzo los paso por el carril contrario, bajo la ventana del pasajero, les digo varios improperios muy serios, les saco el dedo del medio y salgo huyendo muy rápido-.
-Interesante, muy interesante, sígame contando-le dijo el psicólogo.
-También durante el trayecto, cuando estoy esperando en el semáforo que la luz pase del rojo al verde, unas personas extrañas se acercan a mi auto como queriendo capturarlo, de presto una de ellas tira un chorro de agua al parabrisas, me enojo y le digo que no lo haga, ellas como si no oyeran siguen tirando agua al parabrisas, son uno seres que no oyen y no me dejan continuar mi camino, dentro de mí pienso “ si arranco de presto y con un pequeño golpe del auto los saco del camino”-.
-¿Pero nunca lo ha hecho?-le pregunto el psicólogo.
-No doctor por eso le digo que todo eso pasa en mi mente-
-Muy bien, siga, siga-le dijo el psicólogo.
-Sigo mi trayecto cuando de presto veo a unas personas atravesándose la calle y casi los atropello, vuelvo a bajar la ventanilla de mi lado y les digo otro montón de improperios y palabras soeces fuertes, les recalco gritando muy fuerte “usen la pasarela, huevones”-.
-¿Utiliza malas palabras a diario?-le pregunto el psicólogo.
-No doctor por eso le estoy diciendo que todo eso pasa en mi mente y al parecer me cambia la personalidad también, me estresa, me pone nervioso, pero mire sigo mi camino cuando de presto otro semáforo me detiene y cuando estoy esperando, un conductor se me atraviesa para ser el primero en pasar, le pito tres veces, bajo nuevamente la ventana de mi auto, saco la mano, le hago la señal del medio dedo (le muestra la señal al psicólogo), saco mi cabeza y vuelo a decir un montón de improperios y esta vez la pobre mamá del conductor que se me adelanto paga los platos rotos también-.
-¿Usted es zurdo?-le pregunto el psicólogo.
-Que tiene que ver eso con lo que le estoy contando-le respondió el paciente.
-Es solo mera curiosidad, he notado que, cuando hace la señal del medio dedo a los otros, lo hace con la mano izquierda-le dijo el psicólogo.
-Pero eso no quiere decir que soy de izquierda-le respondió el paciente.
-No ya le dije que solo era mera curiosidad, para hacer la señal del medio dedo lo puede hacer con cualquier mano, la que este mas a su conveniencia, pero ya nos salimos del tema, sígame contando-le dijo el psicólogo.
-Pues como le decía, voy por mi ruta hacia el trabajo y ya el tiempo se me ha hecho tarde, a pocos kilómetros de llegar al trabajo me encuentro con un congestionamiento que no me dejara llegar temprano, me detengo, pongo la radio para divagarme un poco y lo único que encuentro son a los mismos locutores entrevistado a los mismos, la música es reprochable, pongo mis manos en el timón, observo hacia adelante, cuando mi mente empieza a transformarse y veo a mi auto convirtiéndose en un tanque de guerra que avanza a toda costa, aplastando a todos lo autos, autobuses, microbuses que están delante de mi, las llantas de mi auto se han convertidos en unas orugas que aplastan y deshacen todo a su paso, avanzó muy lento pero nadie me detiene, abro la escoltilla del tanque y salgo diciendo “eso querían verdad, son unas tortugas, lentos, que se los lleve el diablo;” y me carcajeo con un risa burlesca que asusto a todos los peatones que me ven, de presto vuelvo en si, los autos se están moviendo y avanzo para mi trabajo-.
-Tiene mucha imaginación, demasiada, diría yo-le dijo el psicólogo.
-Eso es cuando voy para el trabajo y se pone mucho peor cuando retorno de trabajar-le dijo.
-¿Cómo así? a ver cuénteme-le dijo el psicólogo.
-Cuando salgo del trabajo subo de nuevo a mi auto y la ansiedad de llegar temprano a mi casa me hace tomar atajos y evitar los congestionamientos, pero es una tarea casi imposible, me topo con la misma situación que en la mañana cuando vengo para el trabajo, pero he ideado un sistema de puntos para poder hacer mas llevadero el trayecto hacia mi hogar-le dijo
-Me parece bien, ¿Cómo eso del sistema de puntos?-le pregunto el psicólogo.
-Es un sistema que he ideado para pasarla mas tranquilo en los congestionamientos, funciona así: si voy en mi auto y decido pasarme un semáforo en rojo gano 25 puntos, si saco un auto de la calle y este se accidenta son 30 puntos, los mas grandes valen 50 puntos, adelantar a un motociclista y sacarlo de la vía vale 75 puntos, atropellar a cualquier peatón distraído 150 puntos, cuando me voy a cercando a mi hogar hago el total de puntos, mi mejor registro es de 475 puntos-le dijo.
-Pero todo eso que me ha contado solo lo ha pensado, nunca lo ha llevado a cabo-le dijo el psicólogo.
-Por eso le digo que todo eso pasa en mi mente, aunque no estaría mal hacer una prueba, ¿no cree?-le insistió el paciente.
-¡No por favor ni lo piense! esto es lo que vamos a hacer, lo voy a seguir viendo, le voy a dejar otra cita para la próxima semana, trataremos su problema y vera como poco a poco, su estado o mejor dicho su mente regresará a la normalidad-le dijo el psicólogo.
El paciente salió de la clínica, la secretaria le había dado un papel para la cita de la próxima semana, subió a su auto, lo encendió, notó que la ansiedad, el estrés y la mente no le habían cambiado, dijo: “que bien me siento, sirvió la consulta, no voy a faltar la próxima semana”; iba en su auto por la calle cuando de repente un auto sedan de color blanco, tenia los vidrios polarizados, le venia pitando y haciéndole señas con las luces altas, el disminuyo la velocidad, el auto se puso junto al de él, la ventanilla del pasajero de éste se bajo y un señor de lentes muy furioso le grito: “apúrate viejo lento, vas como una tortuga, deja pasar o apártate con esa babosada, no ves que llevo prisa”, la persona que le había gritado le hizo la señal con el medio dedo, acelero y se alejó muy rápido, el paciente no tuvo mas remedio que parar y hacerse a un lado de la calle, puso las luces intermitentes y dijo muy sorprendido: “no puede ser era el doctor de la clínica psicológica que me acaba de atender”.

Texto agregado el 27-03-2013, y leído por 85 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
27-03-2013 Manejar hoy en día es una locura, me entretuve mucho con tu narración. Carmen-Valdes
 
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