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No existe un gen de la corrupción. No hay nada en el hombre que indique que nace con “algo” que le marque que en algún momento de su vida será corrupto. De modo que una primera conclusión sobre el tema es que la corrupción es adquirida, es adoptada por una infinidad de circunstancias.

Hay dos elementos claves que separan al hombre de los animales: el raciocinio inteligente y la capacidad de vivir en sociedad. Ambas cualidades son claramente adquiridas. Nadie nace con ellas incorporadas. Lo mismo sucede con la corrupción, como con tantas otras cosas: las adquirimos a medida que crecemos y que nos desarrollamos en la sociedad en la que interactuamos. La corrupción es entonces inherente al ser humano, en tanto y en cuanto forma parte de la sociedad humana. Esto no puede en modo alguno justificar la corrupción, porque no todos los humanos son corruptos, aunque sí una buena parte.

De todos modos sería bueno dejar en claro que para la corrupción, como para todas las demás transgresiones que el humano comete, está la ley. La ley es esa lista de normas que se establecen para decirle al hombre que si comete determinadas transgresiones -como la corrupción- tendrá tales o cuales sanciones. La ley es el límite que los propios humanos nos imponemos desde que nacemos. Hay leyes escritas -las jurídicas-; leyes morales -no necesariamente escritas-; y leyes de cultos o religiones.

Las leyes jurídicas, las escritas en los códigos que escriben los hombres, son custodiadas por los mismos hombres, de modo que ni ellas están exentas de corrupción, al momento de ser aplicadas.

Lejos de justificar o amparar estas situaciones con la corrupción, es preciso dejar en claro, para comprender bien el fenómeno, que la corrupción está en las sociedades de seres humanos. Es bueno tenerlo en claro,como para no escandalizar a nadie cuando esto ocurre, ni declamar santidad porque hay quienes no transgreden las leyes. Que los hombres hayan establecido en sus códigos de normas que algunas cosas no se deben hacer, no significa que no se vayan a hacer. De modo tal que para las transgresiones, están las leyes, aunque sepamos también que puede haber hombres que las trampeen al aplicarlas.

Dicho todo esto, como para separar la paja del trigo,hay que decir que comprender el fenómeno de la corrupción no significa ampararla, pero tampoco colocarla en cada acto humano por el sólo hecho de que ese acto no nos guste o no nos convenza de su pureza. Tampoco se puede andar por la vida dudando de todo y todos, y encima de quienes deben custodiar la no transgresión de las normas. Las sociedades humanas hacen normas, leyes, y colocan hombres para que las custodien y apliquen sanciones en casos de violación de las leyes.

Una tentación muy de moda es que encima de dudar de la legitimidad en los actos de las personas, también se duda de quienes deben custodiar las inconductas. Entonces, ¿cómo se resuelve este laberinto? Por ejemplo: si ponemos en duda los actos y las conductas de quienes nos gobiernan, por corruptos, pero también dudamos de quienes se supone deben castigarlos, ¿qué deberíamos hacer los hombres para poder vivir en la sociedad moderna?

Claro que hay una porción, no claramente dimensionada, de la sociedad, que siempre cuestiona y pone en tela de juicio sumarísimo a quienes ellos creen que son corruptos y a los jueces que no condenan, por lo menos, a prisión perpetua a quienes ellos consideran culpables. Entonces allí comienza a romperse la lógica de la sociedad, porque cada grupo cree que la justicia es la que ellos -y sólo ellos- consideran justa.

Estos cancerberos de lo impoluto, son francotiradores apostados sobre la delgada línea que separa al hombre del lobo: disparan a diestra y siniestra contra lo que se mueve, y de vez en cuando aciertan a tumbar un corrupto; pero cuando destrozan un inocente, es daño colateral. La maniobra es reincidente: cuando lo que ocurre no les gusta, entonces allí hay corrupción. Siempre declamadas las dudas, mucho antes que las certezas; y los tribunales no son los de la justicia, sino que se eligen los estrados mediáticos, donde periodistas lábiles prestan sus mejores servicios en beneficio de un show que siempre les resulta muy lucrativo. Una fauna de clase media urbana, cacerolas en mano, prestan además sus servicios destituyentes, no siempre consciente de sus vociferaciones, ni de los resultados de sus actos, a veces violentos.

Los políticos, sobre todo los que ocupan cargos públicos, son los blancos preferidos. Su sola pertenencia de clase,“políticos”, es suficiente para merecer la duda, la sospecha. Jamás se piensa que si la mayoría de ellos fuesen realmente corruptos, ninguna sociedad lograría subsistir de manera medianamente organizada. Pero aquí suceden dos cosas: la eterna sospecha de corrupción y el desprecio por la política. Es más,a raíz de esta conceptualización de meter a todos en la bolsa de la corrupción y sobre todo a los políticos, ha surgido una paradoja: una clase de políticos que desprecia la política, y que se encargan casi con desesperación de señalar que ellos son distintos, limpitos, porque no vienen de la sucia política,aunque hagan política.

Pretender que verdaderos profesionales de estas artes de embarullar y confundir todo se retracten de sus maniobras, es casi una ingenuidad. En tanto las personas comunes, esas que se suman al coro de los líderes de opinión en los medios corporativos, tienen una chance de recapacitar sus miradas. La chance de la inteligencia, de la mirada crítica. Pero es una chance que sólo puede surgir si se excluye algo también muy humano: el odio. Cuando se odia irracionalmente al otro, al otro ser humano, al otro clase social, al otro clase política, es muy difícil, casi nula, la posibilidad de debate y de inteligencia reinante. Allí, la suerte está echada. La corrupción será entonces el manto que cubra, siempre, los actos de quienes no nos gustaban, incluso antes de cometer la corrupción presumida.

Texto agregado el 17-05-2013, y leído por 269 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
29-08-2013 Con muchas faltas ortográficas, temas sencillos, clichés, repeticiones que dan lástima leer, un escrito sin alma pero sí con muchos errores, mejor busque trabajo vago poecraft
20-05-2013 Una reflexión demasiado sesuda para tu pobre intelecto. ¿De dónde la tomaste? sajonio
17-05-2013 un tema delicado, que puede tocar los entrañables deseos de muchos de nosotros, estoy de acuerdo contigo, no es parte del ser humano, no nacemos, pero crecemos en un ambiente que nos tranforma, que nos hace, que nos moldea, la sociedad en la que nos desenvolvemos es la que nos "ayuda", por asi decirlo a crear esa corrupcion que comienza cuando evades pagar el pasaje de autobús y viajas gratis, o cuando te quedas con el cambio de mama. saludos. el_mesiaz
17-05-2013 En México la corrupción es la que le da cohesión al sistema político, se entiende y se sufre. Muy buen texto. Cinco aullidos reflexivos yar
17-05-2013 La corrupción no nace se hace, todos somos posibles corruptos, y el que diga que no que arroje el primer fajo de billetes, muy buen texto. elisatab
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