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Sucede que desde muy niño se me dijo que mi padre se llamaba Lucho y que así debería interpelarlo. Del mismo modo, a mi abuela le diría Mema y a mi abuelo, Humberto. Como este último falleció siendo yo muy pequeño, no se produjo ningún conflicto, pero según fueron pasando los años, me pareció improcedente seguir llamando Mema a mi abuela, mas, trocar sobre la marcha ese apelativo por el de abuela también me pareció demasiado extraño y nunca intenté llamarla así porque tenía claro que la entonación adolecería de autenticidad, aunque fuese legítimo apelarla de ese modo.. Y así y hasta su muerte, me debatí en la angustia de no poder llamarla de ningún modo, transformándose nuestros diálogos en algo un tanto forzado de mi parte y carente de calidez. Hasta el día de hoy ella es la Mema y la problemática subsistió después con mi padre, puesto que llamarlo papá a estas alturas me parecía extrañamente irrisorio, opté por no llamarlo tampoco de ningún modo y aunque ya lleva tres años bajo tierra, aún me parece forzado denominarlo como el padre que siempre fue ya que el Lucho que utilicé cuando era una criaturita inconsciente, también se fue desvirtuando con el paso de los años. Y cuando en las conversaciones cotidianas se le toca, me siento extraño llamándolo papá, porque es como si estuviera suplantando alguna parte de mi memoria.

Tengo claro que esta situación me perseguirá mientras viva y mi padre y mis abuelos paternos, los innombrables, jamás imaginarán en el dilema que me sumieron al permitirme que los denominara de manera tan familiar. Este es un problema que sólo me afecta a mí y lo corroboro de inmediato cuando uno de mis hijos me llama a grandes voces: -¿Viejita? ¿Estás por allí? Instantes más tarde esto lo reafirma mi otro hijo al preguntarme: -Oye Pajarito ¿has visto por allí una de mis zapatillas?



















Texto agregado el 21-05-2013, y leído por 137 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
21-05-2013 Buena anecdota bien narrada :-) ***** bishujoo
21-05-2013 Dicen que asignar un vocablo a las cosas, para poder referirnos a ellas, hizo que el hombre se desprendiera de ellas, perdiendo su conexión inicial e intima con los objetos de su entorno. Quizás suceda lo mismo entre personas. PenelopePok
21-05-2013 muy bueno. jaeltete
21-05-2013 Ahhhhh... lucido estas con los apelativos, desde el titulo...¡¡Que barbaro!!, ji ji ji Cinco aullidos de trabalenguas yar
 
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