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" I've walke these streets a virtual stage"


El tío se me quedó mirándo un momento antes de soltar una risita irónica. Luego puso las manos sobre su escritorio de caoba. Manos cuadradas y toscas, con dedos deformados, torcidos. Manos que alguna vez trabajaron muy duro aunque ahora tuviesen uñas limpias y cortas. Yo sabía reconocer a un hombre que había trabajado con sus manos. En mi vida había visto miles de manos como esas.
Me miró muy fijo a la cara con una media sonrisa despreciativa y levantando la ceja.
- Entonces quiere ser abogada. A pesar de no tener estudios, ni experiencia, ni recomendación. A pesar de no haberse graduado-dijo.
-Así es señor. Aunque no he estudiado conozco a la gente, créame. Los conozco muy bien y eso debe servir para algo ¿No le parece?- dije con una risita nerviosa.
Mierda, me temblaba la voz y me costaba mucho quedarme quieta en la silla. El tío se rió nuevamente.
-Usted no puede pretender que yo contrate así nada más a alguien como usted. Sin estudios ni recomendaciones. Uno no se despierta un día y decide que va a trabajar como abogado, señorita. Se requiere estudio, trabajo, preparación, no basta con "conocer a la gente" para pensar que se le puede dar un trabajo para el que otra gente ha trabajado durante años. ¿No le parece casi un atrevimiento venir aquí, con esa ropa, sin curriculo?- dijo mirándome de arriba a abajo.
Alguien como usted, había dicho. Alguien como yo. ¿A que se refería este tipo? Con esa ropa. ¿Alguien como yo que había rescatado el traje de dos piezas de la oficina de caridad de la iglesia? ¿Alguien como yo que usaba botas de trabajo con traje de ejecutiva porque no había zapatos de mi talla en la caja de las donaciones?
La punzada de rabia fue tan grande que por fin pude concentrarme en estar quieta en la silla. El tipo seguía mirándome con sus ojos azules y descoloridos, el pelo bien peinado, el traje a delgadas rayitas.La media sonrisa de desprecio en la cara. Todo arrogancia en su escritorio de caoba. Oh, pero yo sabía lo que se escondía tras su apariencia. Era un palurdo, una basura blanca que a fuerza de destrozarse las manos en la tierra había conseguido salir de la porquería para convertirse en el abogaducho en jefe de esa oficina de mierda. No era mucho mejor que yo. Y ningún traje, ni uñas arregladas podrían ocultar eso.
Y se lo hice saber, vaya que sí. Todos los empleados me oyeron cuando le grité lo que pensaba de él y su oficina repugnante. Le arrojé un montón de papeles a la cara, tiré la silla al piso, y salí de ahí dando un portazo. Era la décima vez en 6 meses que me humillaban de esa manera.
Afuera hacía tanto calor, que la blusa se me pegaba al cuerpo. No importaba, de todos modos me iba demasiado grande.
Mientras caminaba, pude ver como la gente me miraba. Con desprecio, con asco. Debo haberme visto realmente ridícula en el demasiado holgado traje de ejecutiva color celeste, o quizá las botas fueran las que causaban muy mala impresión. O quizá fuese yo. Ví en las caras de la gente que adivinaba lo que he hecho para vivir. Las miradas de los hombres mezclaban confusión, como si pensaran que soy un asco de ser humano pero al mismo tiempo estuvieran dispuestos a metérmela. ¿Las mujeres? Esa es otra historia.
Son unas perras estiradas. Puedo ver como me odian y se alejan de mí en la calzada, toman a sus niños y los cobijan como si pasar muy cerca mío pudiese contagiarles algo. Me desprecian y vuelven la cara, dando un respingo de nariz. Las escupiría, a todas. La rabia que siento es tal que se me adormecen los brazos.
Perras del demonio, sin duda se creen mejores que yo, mas finas, mas limpias. Ellas no tienen que recorrer las calles para chuparle la polla hedionda a algún camionero, no. Solo tienen que hacerlo con sus estúpidos maridos y mantener sus estúpidas casas limpias.
Ellas no tragan semen para vivir, no tienen que controlar el vómito cuando se la estás chupando a un tío que se olvida de que necesitas respirar. Yo soy basura a los ojos de esas tías. Soy una mierda. Demonios.
Esas señoritas muy mimosas y refinadas no saben una puta mierda de mí ni de las cosas que he hecho para sobrevivir. Y si lo supieran, no se atreverían a mirarme con tanto desprecio, estoy segura.
Mi nombre es Aileen. O Sandra. Podrías llamarme Susan o Lori, o quizás Cammie. Elije el que más te guste. Yo lo hago. Elijo como me voy a llamar dependiendo de que día sea, o de a quién tengo que follarme para poder comer.
La paga no es buena, pero si tienes estómago, y puedes hacerlo varias veces en el día, alcanza para llenar la boca, o para rentar un motel y no tener que dormir a la intemperie o en tu coche. No es bueno dormir al aire libre en invierno, creeme, lo sé por experiencia.
Hay algunos tíos que te tratan bien, eso lo facilita.Te compran una cerveza y te cuentan un poco de sus vidas. Eso me gusta, me gusta conocer a la gente, saber sus historias. Un par de tíos amables han querido ayudarme para salir de la calle. Incluso una vez hace mucho tiempo, me casé con uno de ellos. Pero al pasar los días comencé a sentirme ahogada y aprisionada en la casa que compartíamos y en un ataque de rabia le partí la cabeza con una botella y finalmente pidió una orden de alejamiento en mi contra y el divorcio. Sí, hay tíos realmente amables.
Otros en cambio, son unos enfermos de mierda que solo quieren golpearte o humillarte, imaginarse que eres esa mujer que los hizo sentir basura y vengarse de ella contigo. Mearte el coño, obligarte a lamerles el culo, cagarte encima, que se yo, todo tipo de guarradas. Estos son los que mas odio. Cuando ese tipo de tío me la mete y tengo que fingir que me gusta, el corazón me late tan rápido que creo que me va a explotar. Lamentablemente hay muchos mas de estos que de los primeros.
Hombres. Son todos un manojo de cerdos asquerosos que sólo piensan en un hoyo caliente donde eyacular sus repugnantes líquidos malolientes. Como les odio.
En fin, coger se ha vuelto para mí en un negocio. Cuando descubrí que podía cobrar por lo que me venían haciendo gratis ya nada fue lo mismo. Mi abuelo siempre me decía que era hermosa cuando me obligaba a chupársela. No dejaba de repetirlo. Lo gritaba tan fuerte cuando se estaba corriendo en mi cara, que muchas veces temí que todo el barrio lo oiría, pero la gran mayoría eran tan viejos como el mismo moisés o estaban tan ebrios que seguramente no les importaba un cuerno.
Pensé entonces que si era tan hermosa no podía estar tragando semen gratis. ¡Ni una mierda!, por supuesto que iba a cobrar por ello.
Por la paga, por eso lo hacía. Hasta que ella llegó.
No es por el sexo. Nunca fue mi fantasía montármelo con una lesbiana. Es por sentir que alguien me necesita, que hay algo que puedo cuidar, atreverme a llamar "mío". Ty es mía, y todo lo que he hecho, ha sido por ella. Ha sido la única persona que ha confiado lo suficiente en mí como para simplemente dejar su cómoda vida y venir conmigo. No puedo fallarle, tengo que cuidar de ella.
Por eso, después de las primeras semanas de vivir juntas se hizo bastante claro que putear no sería suficiente para mantenernos a las dos. Podría pagar el motel, pero no poner comida en nuestras bocas. Como ya he dicho intenté conseguir un trabajo y dejar la calle, pero todos se creen muy superiores a mí, porque no tengo un título, o por lo que hago para vivir. Nadie me ha dado una mano para dejar de callejear. Yo solo quería un trabajo decente, de oficina, algo fácil,quizá con seguro médico para poder cuidar de Ty.
No es que Ty sea tonta, o una completa inútil. La criaron diferente, es todo.
Ella solo hubiese tenido que quedarse callada con la historia de que le gustaban las chicas y su padre le hubiese dado todo lo que quisiese. Pero esa también es una prisión, una clase de hambre que debe saciarse ¿no? El hambre de poder hacer lo que quieras, estar con quien quieras. Gracias a Dios ese nunca ha sido mi problema, a nadie le importa una mierda con quien yo esté. Ya no queda nadie a quien le importe lo que yo haga.
En fin, Ty es diferente. Ella no ha tenido que pasar por las cosas que yo pasé, y si depende de mí juro por el señor que nunca las pasará. Lo juro por el señor y el bebé jesús. Yo haría lo que fuera, por Ty.
Yo he robado por Ty, he mentido por ella. He...matado por ella.
No fue algo que planeara, aunque nunca salgo sin mi pistola calibre 22 en el bolso. La he usado un par de veces para robar, no es gran cosa.
Juro que en principio no la llevaba encima con la intención de matar ni lastimar a nadie. Pero tuve que defenderme. Después de que ningún hijo de puta me contratara, Ty se puso cada vez más y más nerviosa, lloraba y gritaba que tenía hambre, que si hubiese sabido que yo no podría mantenerla no hubiese dejado su casa y sus gritos eran más de lo que podía soportar. Me crispaban los nervios. El miedo de que Ty me abandonara era mas grande que el asco que me producía acostarme con aquellos tíos.
Preferiría volver a putear antes de ver a mi chica sufrir o verla lejos de mí, demonios.
Entonces una noche salí y un tipo de bigote y nariz torcida me recogió. Un hijo de puta cualquiera. Era todo sonrisas, hasta me invitó un trago.
Já, menuda mierda. ¡Romperme la cabeza fue lo que hizo! Y cuando desperté con la cabeza llena de sangre, me encontré atada al volante de su coche, desnuda. El tío me daba patadas en las piernas para despertarme y se reía a mandíbula batiente.Me metió un fierro con tanta fuerza por el coño que no dejé de sangrar en semanas.
-¡Despierta cariño!- decía sin dejar de reírse- ¡Despierta que vamos a follar!
Era un hijo de puta con muy poco talento para hacer nudos, eso si es seguro. Después de jalar un rato me solté y lo patié tan fuerte que fue a dar de espaldas contra el suelo, y en aquel momento, antes de que se levantara, cogí mi 22 del bolso y le disparé. Oh Dios, maldita sea, le disparé. No sé ni cuantas veces. Grité y apreté el gatillo hasta que ya ninguna bala salió. Y luego lo patié hasta que me eché al suelo a gritar, a reír, a llorar. Todo a la vez.
Luego me llevé todo el dinero de su estúpida billetera, con estúpidas fotos de estúpidos niños. Arrastré su cuerpo bajo unos matorrales y lo cubrí con un trozo de alfombra. Luego cogí su ropa y me llevé el coche. Lo usaría para mudarme con mi chica, a una nueva ciudad, donde nadie supiera de mí y pudiese encontrar un buen trabajo, una nueva vida, todas aquellas cosas que la gente te dice que hacen la felicidad. Todas esas cosas que te han convencido que debes tener para ser un ciudadano que importe.
Lo más irónico de todo es que la misma gente que te desprecia es la que te dice aquellas estúpidas frases clichés, "Persevera y conseguirás lo que desees", "el amor todo lo puede", "después de la tormenta sale el sol" Gilipolleces, tonterías. Ninguna de esas personas que con tanto placer te arrojan esas frasecitas se ocuparía de realmente darte una mano para conseguir lo que necesitas. No, ninguno de ellos lo haría. Pero eso ya no me preocupa. He aprendido con el tiempo a disciplinarme a mi misma, a entrenarme para ser cualquier cosa.
En un principio tenía mucho miedo de que alguien me estuviese buscando o a Ty.
Revisé todos los períodicos una y otra vez, hasta que una semana después de dispararle a ese bastardo, vi su foto en primera plana. Se llamaba Richard y era un violador en serie que ya había estado varias veces en la cárcel. Me sentí aliviada. ¿Quién iba a molestarse en buscar al asesino de ese hijo de puta? De muchas formas les hice un favor sacando a ese maldito de las calles. Me sentí como un instrumento de Dios, como parte de un gran plan. Había sido YO quién le había dado su merecido a ese violador de mierda. Eso hizo más fácil la segunda vez que lo hice. Otro maldito pervertido que quería que le llamase "papi" mientras me cogía por detrás y que seguramente ya había violado a alguno de sus propios hijos. Y la tercera, un viejo libidinoso que insistía en querer acabarme en la cara. Con los que siguieron las razones ya no importaban. Todos ellos cayeron bajo el poder de mi 22.
Malditos psicópatas, violadores, asquerosos cerdos repugnantes. Pervertidos que gustan de meterles la verga a niños, que gozan haciendo sangrar las vaginas de niñas pequeñas, que las obligan a chuparles la polla mientras se ahogan en arcadas. Acabé con ellos. Con todos. Y todos han salido en la primera plana del periódico, pero no están buscando a nadie en particular, no tienen pistas, nada. A nadie le importa. O quizá la policía lo sabe todo y me deja seguir haciéndolo. Quizá haya algún tipo de cámara en el espacio que les avisa lo que estoy haciendo y son tan cobardes, tan hijos de perra, que me dejan continuar. Y yo continuaré.
Ayer, he matado a otro tío. Pero esta vez ha sido distinto.
Había chupado vergas todo el día, tenía el culo dolorido de tanto follar. Me dije a mi misma que esta noche mataría nuevamente, mientras intentaba caminar muy lento para que el cuerpo me dejase de doler.
Era de noche cuando he llegado a la carretera y entonces un coche oscuro se ha detenido para llevarme a pesar de que no le he hecho ninguna seña. Un estúpido viejo decrépito precipitándose hacia su muerte, pensé, con una polla tan fláccida como un spaghetti hervido.
El coche olía a medicinas, a vejez. El asiento era muy cómodo. Le dije las frases de rutina. Le conté sobre mis dos hijos en Miami, y le mostré la fotografía que tomé de la billetera de un tío al que le robé una vez. Un niño y una niña rubia sonreían mientras jugaban con una pelota. Me gustaba esa fotografía, me gustaba pensar que así hubiesen sido mis hijos. El estúpido anciano dijo que mis "hijos" eran hermosos. Lo odié. Odié su rechoncha cara enrojecida, su aliento de dientes podridos, la forma tan cínica en que me sonreía, y decía que él podía ayudarme, y a mis hijos, que tenía un amigo que dirigía un refugio, que no era necesario que yo siguiera caminando en la calle con todos sus peligros, que mis hijos me necesitaban. ¡Mentiras! Seguramente decía eso para que me quitase las bragas más rápido, para que le hiciese algún precio especial para poder follarme por el culo como todos piden finalmente. Un viejo asqueroso al que me daría mucho placer matar. Pero entonces me miró, directo a los ojos. Y ví que todo lo que decía era verdad. Mierda. No sé como, solo lo ví. Era verdad. Todo, hasta lo del tío del refugio. Se me revolvió el estómago. El olor del semen, de las pollas sucias, del alcohol con el que hago gárgaras despues de chupar, todo me asqueó. El viejo me miraba con preocupación.
-¿Estás bien?- preguntó y pensé que me desmayaría ahí mismo.
-Déjame salir del coche- dije. Él siguió conduciendo como si no me hubiese oído.
-¡Déjame salir del coche, jodido viejo estupido!- grité finalmente.
Yo estaba chillando para que me dejara salir y el solo me miraba balbuceando alguna mierda sobre como podía hacerme sentir mejor, ayudarme, que se yo. Detuvo el coche y abrí la puerta, iba a salir disparada de vuelta hacia la carretera y resbalé. Di un mal paso y mi bolso cayó al piso del coche. La botella de alcohol, el pintalabios, las bragas manchadas y por último mi 22 salieron disparadas entre mis pies.
Me di cuenta de que el viejo había visto el arma cuando empezó a chillar. Jesús, chillaba tan fuerte que pensé que me estallarían los oídos. Entonces cogí la 22, le apunté a la cara y cerré la puerta con fuerza.
-Conduce, maldito viejo hijo de puta- dije muy lentamente y él vio que hablaba en serio. Con manos temblorosas encendió el motor y se dirigió donde le indiqué, hacia el bosque. El viejo estaba llorando. Gordas lágrimas le caían por la cara rechoncha. Seguía suplicándome que no le matara y prometiéndome que iba a ayudarme si le dejaba ir. Era como oír a un vendedor de los infomerciales y a un pastor, todo al mismo tiempo. Un momento haciendo una oferta inigualable y al siguiente rezando. Sentí la tentación de reír a carcajadas. Virgen maría, juro que casi me echo a reír frente a él, con la pistola apuntándole a la cabeza. Toda la escena era una completa estupidez. Avanzábamos con dificultad por el terreno desigual. Pensé incluso en algún momento solo arrojarme del coche en movimiento y salir corriendo, a riesgo de romperme el puto cuello. O simplemente darle un buen golpe en la cabeza y dejarlo inconciente. Me sudaba la mano que sostenía la 22, y con tanto bamboleo, temí que pudiera resbalarse y que él la cogiera y terminara matándome a mí. El viejo solo me miraba y volvía a repetir una y otra vez su oferta. Me había visto bien la cara, demonios. Me había hechado un buen vistazo, sería capaz de describirme en un segundo. No podía dejarle ir, no podía. Por Ty.
De un tirón quité la llave al coche y este se detuvo con un estruendo. El viejo se puso a gritar a voz en cuello y tuve que darle un golpe con la culata en la mandíbula para que parase un poco el escándalo.
-Sal del coche- dije con la voz ronca y él sólo me miró y siguió llorando. Le apoyé el cañón de la 22 en la frente y apretó los ojos haciendo con la garganta un sonido ahogado, mientras yo le repetía la frase deteniéndome mucho en cada palabra, como he visto hacer a los villanos del cine.
- SAL DEL PUTO COCHE.
Se bajó tambaleándose, y por un momento temí que echara a correr por el bosque, pero me miró con la cara empapada de sudor y blanco como un papel.
-De rodillas- dije secamente y se arrodilló con dificultad. Joder, nisiquiera se podía mover. Era un viejo, no era un peligro. Era solo un viejo que no quiso dejarme bajar del puto coche cuando pudo hacerlo. Menuda suerte de mierda.
-¿Sabes lo que le pasa a los tíos que recogen putas?- pregunté. Me temblaba la voz, como si en cualquier momento fuera a romper a llorar.
Él comenzó a gemir nuevamente balbuceándo una mierda que no entendí y negándo con la cabeza. Le quité el seguro a la 22. El sonido metálico lo hizo dar un salto y comenzó a llorar con más fuerza. Tuve que levantar la voz para que me oyera.
-¿Sabes lo que les pasa a los cerdos de mierda que andan recogiéndo putas en la carretera? ¿Eh? ¿Lo sabes?- Mi voz era un agudo chillido
El tío estaba a punto de volverse loco. Tuve que acercarme para entender lo que decía.
-Mi hija, mi esposa, por favor.
Jesucristo, Dios. Me quedé parada sin saber que hacer. El estómago se me revolvía a cada momento y pensé que me cagaría en los pantalones ahí, con la 22 en la mano. No podía matarlo, no podía. Había sido buena gente, no era rudo u horrible como los demás. No podía, cielo santo.
El pareció darse cuenta de que yo dudaba. Se volvió con los ojos llenos de lágrimas y me miró.
-No tienes que hacer esto, por favor-dijo- Mi hija espera un bebé.
Pensé en mi bebé, el que tuve que dar en adopción porque mi abuela estaba demasiado ebria para poder ayudarme a criarle y yo era pequeña y delgada y estúpida. Fue más de lo que pude tolerar. Me eché a llorar. Él vio que estaba llorando e intentó ponerse de pie.
Entonces lo ví, muy claro. Me estaba manipulando. Pensó que me había engañado, que había caído en su trampa de lástima, que yo ya no era peligrosa. Y una rabia terrible me mordió el estómago.
Cuando me acerqué con el cañón de la 22 y la apoyé en su nuca, apreté el gatillo. El viejo escupió sangre por la boca y cayó sobre su pecho. Me acerqué nuevamente y volví a disparar 3 veces más, haciendo un hoyo sanguinoliento en la parte trasera de su cabeza. El olor a pólvora quemada y sangre me llenó la nariz. Una mancha oscura se formó alrededor de su cabeza y me distrajo durante algunos minutos.
Estuve sentada junto al viejo mucho rato. Sentada ahí a su lado, simplemente. Me dije a mi misma que no iba a robarle. Pero lo hice de todos modos. Unos cuantos billetes de 100 dólares y cigarrillos. Me fumé varios a su lado, con cuidado de echarlos en una bolsita que llevaba en el bolsillo. Finalmente desnudé al viejo y le dejé solo puestos los calzoncillos. Era blando y fofo. Muerto, estaba bien muerto.
Tuve que obligarme a coger el coche y salir de ahí. Cuando puse la radio, alguien cantaba una melancólica canción sobre un amor no correspondido. Pensé en Ty. Estaría en casa, esperándome. Tenía mucho dinero esta noche, podría incluso comprarle un par de tennis nuevos. Se lo merecía. Era mi chica. Toda mía. Y haría lo que fuera por ella.
Al día siguiente salí a buscar trabajo nuevamente. Sabía que no tendría suerte, pero que diablos. No pierdo nada con intentarlo. Supongo que en el fondo soy una idealista. Ojalá el tío que me ha humillado hoy, se vaya de putas algún día por la carretera. Sí, ojalá lo haga. Me gustaría mostrarle algunas de las cosas que aprendí mientras el perdía el tiempo estudiando para que la gente dejara de despreciarle. Creo que le va a resultar muy interesante lo experta que soy en algunas cosas. Pero por hoy, solo me iré a casa. Hace un calor insoportable y necesito una cerveza y unas patatas fritas. Ya habrá tiempo para pensar en alguna venganza. Hoy no.
Ahora que lo pienso, hubo algo que olvidé decirle al viejo, aunque claramente ahora ya importa una soberana mierda.
¿Sabes que les pasa a los cerdos que recogen putas en la calle? Pues que un día puede que la puta les mate.

Texto agregado el 02-07-2013, y leído por 175 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
02-07-2013 Woooow, no pude dejarlo desde el principio hasta el final, has pensado en escribir algún libro? De sobra esta decir que me gustó. meduermocontigo
 
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