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Quizá he muerto por fin.
Quizá esta densa oscuridad silente, sea lo que la gente llama "eternidad".
Disfruto de la calma que me rodea, conciente de que para muchos este silencio sería el Infierno. Me disgrego en él, me aferro a él, sin un cuerpo del que ser esclava. Inútiles me parecen ahora las pequeñas manías humanas que reverencian la carne, la lujuria, la codicia. Podría quedarme así para siempre.
Por pura vanidad humana, me doy a recordar mi vida. El fundo de selva oscura donde crecí, las manos arrugadas de mi abuela, la nata que se formaba sobre la leche recién servida y que solía provocarme arcadas, detalles que uno normalmente olvidaría. Sonidos, texturas del pasado, que evoco para no diluirme completamente en el silencio, el zumbido de las moscas que revoloteaban chocando incesantemente contra el mosquitero de mi cama en aquellos veranos de calor insoportable, el ladrido desesperado de la jauría de mastines de mi padre, cada vez que la noche era herida por algún trueno. El gruñido de los cerdos en la porquera. El gruñido de los lobos mientras se acercaban a arrancarme la cabeza.
La imagen me sorprende y me descubro intranquila, tratando de evocarla nítidamente.Lo último que recuerdo es el hedor a carne podrida del hocico del lobo mientras masticaba lo que quedaba del espíritu mayor.
Intento recordar lo que ocurrió después, algún detalle, un destello, pero las imágenes se suceden en desorden,corren una tras de otra como si se tratase de sonidos. No logro hilar ni un sólo recuerdo.
Noto que tengo los ojos cerrados, y que a mi alrededor el aire es tibio. Y aunque temo abrirlos y encontrarme con otra pesadilla, lo hago finalmente.
El cielo que veo es naranja y rosa. Gruesas nubes están entrelazadas muy arriba en el cielo. Me recuerdan a gordas bolas de helado de colores.
Levanto mis manos y las observo. Mi piel está cubierta aún por aquella eléctrica luz violeta. Me rodea, me cubre como un manto. Y al tratar de tragar saliva, noto la presencia dentro de mi pecho, aquello en lo que el Espíritu Mayor se convirtió. Hago uso de todas mis fuerzas para incorporarme y la presencia me abandona.Es tan abrupto que siento como si me hubiesen vaciado los órganos.
El cerro se ve de un verde iridiscente bajo el cielo multicolor del crepúsculo. No hay ningún sonido, ningún reproche, ningún lamento en la lejanía. Todo está sumido en una extraña quietud. El Piojo sigue dormido unos metros mas allá, con el cabello sobre el rostro y las manos asidas con fuerza a los hierbajos del suelo.
Presiento entonces al espíritu mayor detrás mío. Trago saliva antes de enfrentarle.
Ha recuperado su forma humana. Ahí está la rídicula gravedad del traje que contrasta con lo juvenil de su rostro. Instintivamente recuerdo cuanto le he amado durante toda mi vida. Las conversaciones que duraban noches enteras durante mi infancia, cuando yo era solo una chiquilla que dormía muy poco para su edad.Las confesiones que le hice, las que él hizo, que ahora solo puedo asumir como sucias mentiras.
Recuerdo el día en que me convertí en señorita, cuando mi cuerpo de niña se convirtió en algo más hermoso y le pedí privacidad, le expliqué que ya no podíamos estar juntos todo el tiempo, yo simplemente tenía pudor. La expresión triste que tiñó su rostro, como si hubiese sido un novio despechado al que acababan de abandonar. Mi mejor amigo. El que acabó con mi vida.
La rabia me muerde con la virulencia de un reptil venenoso. Cierro los ojos y todo lo que veo es a él jadeando sobre mí, sobre ese cuerpo mío de hace milenios atrás, desflorándolo, destruyéndolo. Tomándome como se tomaría a una puta en el suelo, para después romperme el cuello y dejar que me tragasen las aguas.
Apenas domino una arcada.
-He visto tus recuerdos- digo y lo agudo de mi voz me sobresalta- Todos tus recuerdos.
Se queda impasible, allí, de pie frente a mí. No puedo hallar en su rostro ni la constricción ni la sorpresa. Parece vacío, distante. Baja el rostro un momento y un mechón de su cabello blanquecino se le viene sobre la frente. El gesto es tan simple que me impacta profundamente. Me parece todo tan real, tan sucio, tan ajeno. La más horrible de las escenas de una película de fantasmas.
- Era otra época, yo...-dice él en un susurro.
No sé por qué pero me río. Sonoras carcajadas brotan de mis labios mientras me levanto del pasto mullido tratando de ignorar el dolor que me produce ser una nuevamente con mi cuerpo. Pero el sonido de mi risa es plástico, extraño. Parece el grito de auxilio de un animal herido de muerte, de una bestia sangrante. Y sé por la palidez de su rostro que lo disfrutó. Violarme, matarme, ha sido la cosa mas hermosa que ha hecho . Oh, yo lo sé, es ese el detalle que ahora le frunce el entrecejo, el que le llena la boca temblorosa de disculpas.
- Tú, me mataste- digo lentamente, como si escupiera las palabras mientras lo miro fijo a la cara.
Una ventolera repentina se levanta entre nosotros. Golpea con furia mi rostro, desordena mis cabellos. Los rizos sueltos se me enroscan en el cuello.
Él sacude la cabeza, tiene la voz quebradiza cuando habla nuevamente.
-Yo te amaba- dice -Te amé desde el primer momento en que te ví, sentada junto a un bracero en la taberna de tu padre. Eras la cosa mas preciosa que había visto jamás. Solías simplemente sentarte ahí a calentar tus pies descalzos, y te quedabas pensativamente mirando al vacío, absorta en tus ensoñaciones, y de vez en cuando te llevabas la mano a los labios, a la frente, como si no estuvieras segura de que ser totalmente humana. Y sonreías al aire.
Acudí cada noche sin falta durante un año a espiar esa sonrisa que no era para mí-dice- Nadie me dijo quien eras cuando me dejaron vivir una existencia humana, nadie me habló de ti o de la Resistencia de los espíritus, de la crueldad que habían hecho. Una niña de carne cuya sangre abriese las puertas de los infiernos. ¿Como podía yo saber nada de eso? Yo sólo sé que reconocí algo celestial en tí en cuanto te ví. En tu fragilidad aparente, en tu belleza fantasmal.
Se detiene. Mira alrededor y pestañea con rapidez, en busca de algún otro argumento, y luego a mí, nuevamente.
- No recuerdo mi ejecución- continúa- No recuerdo nada más que haber sido juzgado por la corte de los Dioses y luego desterrado al Río del Olvido, hasta que la Resistencia me sacó de allí y me trajo hacia tí. Cien años después de tu muerte en mis manos, habías nacido nuevamente. Eras solo una bebé cuando te volví a ver. Y ese sería mi castigo, ser tu guardián para siempre, asegurarme de que nada te ocurriera hasta que tuvieras la edad suficiente para cumplir tu misión. Pero no han sido un castigo estos siglos, eso te lo puedo jurar.
La noche va cayendo presurosa. Los colores antes vivos, ahora están deslucidos y se desvanecen hacia el horizonte.
-Tú robaste mi vida- repito sin tregua. Tú y esos seres, me han intentado convencer de que les pertenezco, pero no es así. Dependen de mí, todos. Es mi existencia la que les mantiene con vida. ¡ME OYEN!- grito en dirección hacia la espesura del bosque y el follaje se agita enardecido. El espiritu mayor parece alarmado, se vuelve hacia el bosque y se hincha de luz nuevamente como para apaciguarles.
-No lo hagas, por favor Bicha, no lo hagas, no los provoques. Llevo meses tratando de convencerles que obedecerás. Ellos creen que eres defectuosa, que has nacido...rota. Y creen que la culpa es de él -dice estirando el brazo y apuntando hacia el cuerpo dormido de mi novio.
Ardo en furia,mi cuerpo tiembla profusamente, y ya no sé si es por el frío de la noche amenzanate o por la rabia que me inunda.
-Y que van a hacer, ¿matarnos? ¿Te usarán para que nos mates a los dos y nos arrojes al río como hiciste conmigo hace siglos? ¡Como te odio! ¿Crees que existe algo que puedas decirme para que te perdone, para que los perdone a todos? ¡TE ODIO! ¡LES ODIO! No me tendrán más, se acabó. Y será mejor que no vuelvas a acercarte a mí. Me asqueas, dices que me amabas y me tomaste por la fuerza y luego me asesinaste. Has dicho tantas veces que me amas, y siempre ha sido una mentira. ¡Asesino! -grito y mi voz se tranforma en un sollozo.
El viento es tan fuerte que tengo que entrecerrar los ojos para que no me lastimen las pequeñas hojas y partículas que se levantan del suelo.
- No es así Bicha. Yo te amaba y tu no me querías, te reías de mis súplicas, me despreciabas. Me lo dijiste muchas veces, me tentabas con tu carne para luego decirme cuan patético era, cuanto asco te daba. Yo...estaba enfermo por tu causa.
- Sigues siendo patético, y me siques asqueando-digo alzándo la voz por sobre el viento y luego echo a andar.
Parece haberse apaciguado un poco la ventolera cuando me acerco a paso vivo hacia mi novio. Y entonces oigo un grito de alarma tras de mí. Vuelvo la cabeza y el pelo se alborota y me ciega durante un momento. Cuando logro quitármelo de la cara veo al espiritu mayor corriendo hacía donde estoy. Sus brazos están abiertos y lucen inusualmente largos, envueltos en esa malsana luz violeta. Su rostro está lleno de furia mientras corre a atacarme. Y cuando me giro para huir de él, la veo.
Una enorme masa de denso humo negro se levanta frente a mí e intenta engullirme. Dentro de su ser, veo miles de rostros desencajados y sufrientes que sangran y tratan de alcanzarme con famélicos brazos destrozados.
Retrocedo tratando de escapar y cuando voy a dar el paso, el suelo desaparece bajo mis pies en una honda y húmeda negrura.

Texto agregado el 25-07-2013, y leído por 173 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
25-07-2013 Buen texto. firpo
25-07-2013 Tienes oficio para narrar. Sabes imprimir el rítmo adecuado a cada escena. Ésta es pausada y reflexiva. En resumen tus letras son de alto vuelo. un abrazo. umbrio
25-07-2013 Es un relato tremendo, lleno de dolor y sentimientos de furia y odio se sienten. Me gustó leerte, te felicito Carmen-valdes
25-07-2013 Maravillado de la capacidad que tenés para desarrollar el relato fantástico, haz superado todas mis expectativas. Te felicito entusiastamente. necoperata
 
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