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Inicio / Cuenteros Locales / guidos / El charco. la arañita y la abeja

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Tatiana, la arañita, cayó por casualidad en medio de un inmenso charco y sintió que moría. Pero, una hoja que flotaba en las cercanías le sirvió como bote salvavidas y arriba de ella, aguardó que el viento la impulsara hasta alguna orilla. Un sapo ciego la aterrorizó, creyendo que aquí sí que moriría al ser tragada por el batracio. Pero Renato, que así se llamaba el sapo, obviamente no la vio y continúo con su triste letanía.

La abeja María pasó zumbando por sobre su cabeza y la arañita vio en ella la oportunidad de salvación.

-¡Eh, abejita! Ven que quiero hacer un negocio contigo.
La abejita, que la escuchó, viajaba cargada de polen a la colmena en que vivía. Revoloteó sobre la arañita y le preguntó que es lo que se le ofrecía.
-Mira –le respondió Tatiana, la arañita. Lo que tengo que proponerte, nos convendrá a ambas.
La abejita María, intrigada, aterrizó sobre la hoja y se aprestó a escuchar la proposición de Tatiana.

-Tengo claro que tienes mucho trabajo y que terminas agotada en las noches – dijo Tatiana.
-Así es- afirmó la abeja.
-Además, tienes una jefa que no te permite tener días libres- repuso la arañita.
-¿Y para qué necesito días libres?- preguntó asombrada la abejita, -yo soy feliz con mi existencia.

Tatiana se quedó pensativa algunos segundos. En realidad, no se había imaginado que una abejita, al igual que cualquier hormiga, viven en comunidad y que solas, no saben qué hacer con su libertad. Por lo que intentó abordar un nuevo flanco.
-¿Nunca has escuchado sobre la libre empresa?
-No, para nada- respondió la abejita María, que sólo sabía de extraer polen para llevarlo a su panal. Allí era procesado por otras obreras para formar ese néctar delicioso que conocemos como miel.
-¿No te gustaría crear tu propia fábrica de miel?- le planteó Tatiana, la arañita, que quería matar dos pájaros de un tiro: salir de allí antes que un sapo se la manducara y a la vez, lograr una pequeña fortuna con esa abejita que al parecer era bien incauta.
-Yo podría construirte un panal para ti sola y toda la miel que elabores podríamos venderla a los osos del monte, con lo que nos haríamos ricas.
La abejita se quedó pensativa. A decir verdad, ya comenzaba a hastiarse con esa vida un tanto rutinaria, además de ser una simple obrera que siempre estaría bajo las órdenes de Tudelia, la abeja reina.

Sea como sea, y abreviando toda la saliva que gastó la arañita para convencer a María, el hecho es que a la semana siguiente, ambas volaban de flor en flor, extrayendo todo el polen que pudieran cargar para formar luego su propio emprendimiento. Tatiana, montada en la grupa de María, se había colocado un sombrerito rojo y se hacía llamar “La baronesa roja de la miel” inspirada en el piloto aviador de la Segunda Guerra Mundial, de cuya existencia ella sabía.

Pero, la abejita se dio cuenta que sólo había cambiado de jefa, ya que Tatiana abusaba de ella, haciéndola trabajar día y noche, realizando hasta los despachos a la cueva de los osos glotones, quienes cancelaban con insectos envasados que eran muy del gusto de la araña.

Tan cansada estaba María, que la miel que producía se comenzó a agriar y ya no servía para ser comercializada. Esto enojó de sobremanera a Tatiana, que le ordenó que echarle azúcar al producto. Para ello, se montaba en su grupa y la obligaba a cargar pesadas bolsas del dulce elemento.

En una de esas ocasiones, la abejita se topó con sus antiguas compañeras, quienes le hicieron ver que se veía muy acabada, tanto, que hasta canas le habían salido en el lomo. Como Tatiana no les despegaba el ojo, le dijeron en un lenguaje cifrado que sólo las abejas pueden entender, que la abeja reina lloraba todos los días por ella y que la imaginaba muerta. Además, las abejitas le contaron que la monarca había jurado abdicar y cederle el trono a ella si algún día regresaba.
Tatiana no entendió nada de esto, pero sospechó que nada bueno se aproximaba. Pero, como el negocio andaba viento en popa, obligó a la abejita a continuar cargando enormes bolsos de azúcar, ya que los osos habían agotado toda su existencia de miel y gruñían por más.

Entonces, la inocente abejita María se dio cuenta que todo había sido un embuste de la astuta araña y en uno de los viajes en que pasaba frente a un charco tan enorme como en el que había rescatado a Tatiana, comenzó a vibrar aparatosamente su cuerpo, tanto que la araña, a pesar de todos los intentos que hizo, no pudo afirmarse en la grupa de María y cayó al medio de dicho charco.

La abejita voló a su panal, feliz de haberse deshecho de tan tirana patrona. Allí fue recibida con júbilo, ya que era reconocida por su laboriosidad y dulce carácter.

La araña, oteaba el cielo, desesperada en su intento de no hundirse en la charca, pero ni pájaros ni mariposas ni nada que volara hizo caso a sus ruegos. Por otra parte, en el lugar croaba una rana que tenía muy buena vista…














Texto agregado el 13-08-2013, y leído por 170 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
14-08-2013 Me encantó su reflexivo cuento. Excelente. ALBAdelROCIO1982
14-08-2013 Lo leí, muy divertido, al leerlo veía las imágenes, narras bien***** bishujoo
14-08-2013 es verdad, se refleja la explotación laboral. jaeltete
14-08-2013 ¿moraleja? ¿deja que te coma el sapo? stracciatella
13-08-2013 Me encantó tu cuento que nos regala una muy buena moraleja Carmen-Valdes
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