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BASADA, EN PESCADOS REALES....


La leyenda de la mojarra sin cabeza...

Francisca puso su alarido, en el cielo de palma.

Juancho su marido, había cometido una blasfemia mulata. Chocoana para ser más puntual con mí relato. La mujer se jalaba sus mechas lacias, gracias al alicer de papa de a dólar el frasco. Era la calamidad más grande en la historia de las paterninas.

Francisca: -- Juancho! Degenerao, marrio mio oiga. Voz como me haces esto. Voz ¿por qué sos tan sooo a… trevidó?
Juancho: -- aja mija, y usted porque me regaña oiga, si solo le prepare un pescaito, pa que coma, ahora en la tarde.

Francisca:-- verda Juancho que voz solo supiste, hacerme pelaos. Como se te ocurre fritar la mojarras con la cabeza, voz no sabes, que eso es pecao.

Juancho quien hasta poco trabaja en el puerto de Buena ventura, Colombia descargando mercancías provenientes de china, se había quedado sin laburo. Por esta maluca razón Juanchito, gobernaba su hogar de sol a sombra, suceso que no alegra a francisca ni poquito. Mucho menos ahora, cuando a este mulato hasta los callos, se le había olvidado uno de los inquebrantables mandamientos de las mujeres Paternina. “siempre, siempre la mojarras, se le debe cortar la cabeza antes de fritarse. Para evitar años de la mala suerte y la muerte”.

Francisca había aprendió esta tradición oral de su madre Rosa Paternina. Quien a su vez lo aprendió de su mama Tere Paternina.

“los paterninas eran tantos que se casaban primos con primos”.

Francisca agarro una bolsa negra, y envolviendo su mano con un trapo de cocina más negro que ella, desapareciendo así, las cuatro mojaras descarriadas. Después corrió a casa de mama Rosa.

Francisca: -- oye mama. Imagínate que Juancho frito las mojarras, con cabeza y todo.
Rosa Paternina, brinco de una vieja mecedora desde donde pilaba arroz.
Rosa:--hay mija pero, pobre de usted ¿ y ahora que piensa a hacer?
Francisca:- ¡hay mama! Ayúdame voz que estoy como un”cholao” fría del susto.
Rosa agarro unas chancletas plásticas color café, inmersas en un mar de tierra seca y se las puso. Solo una persona podría ayudarlas. Matilde Lina Paternina, hermana menor de la abuela de francisca, quien vivía en las zonas más humildes de Buena ventura.

Al llegar a ese oscuro lugar una casa de teja de palma podrida, y paredes de tabla, verdes por el moho marcaba su camino. Al fondo, una silla de ruedas, más vieja que la dueña les hacia la venia.

Matilde Lina: Mijas y ustedes por acá, ¿será que hoy se acaba el mundo?
Rosa: tía no diga eso, que yo siempre la tengo en estima. Lo que ocurre es que el marido de francisca, frito unas mojaras con todo y cabeza y ahora no sabemos qué hacer.

Francisca: si es verdad tía, el mengao de mi marido sele olvido de la tradición de la familiar.
La vieja Matilde, respiro seco y profundo dijo.
:-- vaya, mija francisca, traiga dos butacas de la cocina, y aguapanelita de la cantina, pa que tomen.

Matilde Lina estaba seria, inmóvil, y hablo
nuevamente.

Mi abuelita mayito, una vez invito a mama a su casa, cuando doña Tere, apenas era una cosita de nada. Mama frito tres mojaras loras de esa del magdalena, pero la abuela se enfado con ella, y le dijo que, las mojarras debían fritarse sin cabeza, para evitar las desdichas, ósea la mala suerte. En ese instante nació la historia de las paterninas.

Años después cuando mama Tere Paternina estaba en sus últimos días, sobre la tierra, me dijo solo a mí, la menor de sus hijas las siguientes palabras.

Mama Tere:-- mira Matildita, ese cuento de las mojarras, era purititica mentira de su abuela no lo crea ni poquito, oyó.

La verdad yo Matilde Paternina nunca creí las palabras de mama Tere. Pero un día atando las palabras de mama, recordé que mi abuela mayito, siempre tuvo un solo calderito muy pequeño, donde no cabía una mojarra. Yo siempre he creído que abuelita Mayito, cocina las mojarras sin cabeza porque en ese calderito no cabían completas. Desde entonces yo como mis mojaras sin sacarles nada más que las agallas y aquí estoy viva, o medio viva.

Francisca y Rosa. Miraron la decadencia en la que vivía su tía y pensaron, que las mojarras no mataban pero si cobraban el pecado.

“Los días pasaron y los años igual, a francisca no le paso nada, quien si murió fue su madre, pero de vieja, aunque muchos de los paterninas creen, que a Rosa, se le cobro el pecado de su hija. Francisca, enseño a Caridad Paternina su hija mayor, la tradición de la mojarra sin cabeza. Hace unos días estuve en Buena ventura, oliendo el pacifico, y me comí una gigantesca mojarra sin cabeza deliciosisima. Preparada por lolita Paternina, hija de Caridad. Mientras veía al sol ahogarse detrás de los buques cargueros”.

Texto agregado el 27-08-2013, y leído por 465 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
01-09-2013 Precioso. Como mulata blanca que soy, me conmovió. Nilope
31-08-2013 Me encantó la historia.Y la parte que me conmovió es esa del brasero que por ser pequeño no cabían con cabeza. Eso era todo. Genial****** Victoria 6236013
27-08-2013 Hacia mucho que no sentía una literatura tan propia, como tan arraigada a costumbres, muy bonita! ThockCh
27-08-2013 Gracias por regalarnos una historia interesante que refleja la forma en que las personas suelen sugestionarse. Me agradó leerte. Felicitaciones. ZEPOL
27-08-2013 Bien interesante!***** MujerDiosa
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