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Erase una vez un hombre.
Los volcanes rugían y los truenos hacían temblar el tiempo que pasaba inherente al mundo y he ahí su espacio, es en ese que aquél curioso explora olfateando cada cosa, un ser lleno de vacíos que debían ser llenados con conocimiento: el propósito, aquella meta alimentada por el ego, pero el ego también teme a verse completo y quedar sin propósito ante esta situación. El propósito de este hombre y de los otros es armarse de conocimiento, el destino del humano es caminar por donde antes no lo ha hecho: soberbia, pero he aquí una herida. El humano no puede volar por los aires, o al menos antes no pudo, ¡¿quién podrá hacerlo sino dios?!, ¡que venga aquél ser supernatural entonces!, ¿pero quién tendrá la suerte de ser dios?, el humano, pero no el humano en sí mismo sino una parte de él y única de él. Construyeron estatuas de un material más duro que cualquier otro mineral pero este era frágil al cambio, será moralita aquél material legendario con el que se construyeron aquellas.
Vino Odal, Thrall, Falkir y muchos otros, estatuas heroicas, cada una con su historia, con esta cobraron vida y con la vida cobraron dominio: Odal el sabio rey, Thrall el admirable guerrero y Falkir el guerrero atormentado de las tinieblas, cada uno hacía lo que los humanos en su momento no podían: Odal lo veía todo y podía transportarse en lo que canta un gallo, Thrall con su hacha partía la tierra y con su grito de guerra tronaba el cielo, y Falkir entraba en tu mente causando pesadillas transformándose en ellas engañando a más de un iluso. Fueron aquellos con poderes supernaturales y características de un superhombre (aquél humano que crea y deshace y si no puede hacerlo averigua y conoce la manera) quienes reinaron sobre el humano, el mismo quién los creó de aquella piedra llamada moralita. Rey sirviendo a vasallo, más no se culpe al rey porque él poco sabe, ni siquiera sabe que es el rey y por esto cae preso de su propia ignorancia.
Mucho más lejos de estos nuevos dioses, pero siendo quien determinaba como eran estos, y mucho más cerca de los humanos, pero siendo estos servidores de él, había otro ser: la sociedad misma, este ser funcionaba más como el humano solo que era más salvaje… indomable si se quiere, y este ser solo se debía fidelidad a sí mismo y solo estaba preso de su propia existencia, al igual que el superhombre de quién no se tenía rastros en ese entonces. La existencia de este ser estaba compuesta por la existencia de cada ser humano, es por esto que cada uno, como las neuronas de un cerebro, lo alimentaban de ignorancia o conocimiento, este ser es la conciencia general, aquél que da forma a todo lo que él ser humano se une, lucha, sigue o niega dentro de su comunidad.
He aquí el pequeño hombre, aquél que danza junto a los otros ante la estatua de Odal, aquél que se postra ante la propia moralidad de la sociedad porque está preso de su propia ignorancia, preso y sin herramientas del conocimiento.
La vida del pequeño hombre nos demuestra algo: no todos le danzan a Odal, ¿Por qué?, Odal es solo para aquellos que no desean pelear pero desean saber, los guerreros se rinden a su hijo (según las historias) Thrall, pero aquellos no bailan sino que asesinan en su nombre, el culto a Thrall se da en batalla. Curiosamente (o quizás no tanto dependiendo de vuestra suspicacia) esta nación guerrera requería de la guerra para sobrevivir, pues su tierra y sus animales no bastaban para alimentarlos, y sus dioses, reitero la curiosidad, tenían como lema: “la vida no tiene mayor sentido si no es a través de la búsqueda de la muerte por honor y gloria en batalla”. Me causa curiosidad la nación de nuestro pequeño hombre.
Pasaron años de guerra, la cual obviamente no era indeseada ya que la requerían para sobrevivir, y de pronto llega desde muy lejanas, desconocidas y áridas tierras un dios más grande, más divinizado, más lejano del espacio humano, construido con más moralita y este tenía la soberbia, mejor dicho la sinvergüenzura de llamarse a sí mismo “el dios”, uno tan destructivo y dañino como nunca se ha visto.
Odal, Thrall y Falkir vivían entre los humanos, estaban al lado de todos cumpliendo sus respectivos trabajos, pero aquél descarado, aquél sinvergüenza que se llamaba a sí mismo “el dios” no era capaz de bajar de su trono de nubes, había que enviarle plegarias a través de palomas mensajeras hechas con el trabajo humano las cuales llegarían ante él. Este ser patrañas leía las plegarias y luego, como parte de su soberbia, decidía absolutamente por sí mismo si corresponder o no, olvidándose de esta manera de que fue alguna vez un artificio humano, e incluso se olvidaba de sus deberes de servidumbre como rey: mientras los vasallos, los verdaderos reyes, se rompen la espalda trabajando, el rey, el verdadero vasallo, se abanica mirando al cielo con la mayor y asquerosa soberbia venida desde lo más similar a un leproso putrefacto. ¿Qué es lo que causó tanta gracia hacia aquél dios entonces?, Pues su poder, ¿qué es lo que desea el humano como propósito?, poder hacer, y cuando el ser humano no puede hacer recurre a dioses que si puedan hacer lo que él no puede, seres supernaturales y con características de un superhombre, para que estos puedan compensar el vacío espiritual, una suerte de síndrome napoleónico, y este nuevo dios no era como los antiguos dioses, los antiguos dioses se dedicaban cada uno a un aspecto, incluso Odal, el padre de los dioses, no podía combatir contra “el dios”, aquél que puede convertir el agua en vino, aquél que puede caminar sobre el agua, aquél que puede hacer fuego a partir de polvo, aquél que puede convertir el plomo en oro, aquél que podría arrasar con todo el universo si es que a su soberbia rebelde ante su creador le complace, ¡maravilloso es aquél dios!, ¡unámonos todos a cantar aleluya al señor!.
Los dioses antiguos quedaron atrás y el pequeño hombre estaba defraudado: ¿Qué pasó con las antiguas historias sobre como Odal se suicidó solo para convertirse en un sabio y luego resucitar gracias a su sapiencia?, ¿Qué pasó con las historias de Thrall y de cuando luchó contra mil horrendos gigantes haciéndolos polvo con el cual se harían los huesos humanos?, ¿Qué pasó con las historias de Falkir y cuando viajó por el valle de sombras solo para recuperar un tesoro perdido de su hermano Thrall contra la voluntad de Odal?, pues todo, todo pasó sobre ellas, y estas ahora yacen enterradas bajo las piedras de una iglesia dedicada al nuevo dios en lo que solía ser un santuario “pagano” a Odal. “¡No puede ser!” exclamó el pequeño hombre, no puede ser que un dios que no se atreve a bajar de su trono pueda reemplazar a mis aguerridos dioses, eso es inconcebible, “claro que no mi señor guerrero” dijo el sacerdote, “mi dios es más poderoso, puede hacer y deshacer cuanto él quiera y pisotear a tus dioses, Thrall lanza rayos con un hacha, dios lo hace con su voz, Odal sabe de todo lo que puede ver, dios sabe de todo lo que existe, Falkir está atormentado por siempre, dios permanece puro, y lo más importante: dios existe en todos lados, ¿pueden tus dioses ser omnipresentes en cuerpo, alma y espíritu?”, el pequeño hombre se postró y renegó su derrota a pesar de reconocerla internamente. Pasaron años y “el dios” se impuso… los dioses paganos habían muerto, de ahí en adelante todas las veces en que se volvería a mencionar los nombres de ellos en un culto sería solo un culto a la imagen perdida, sería levantar una estatua deforme ni semejante a su antiguo parecido, sería entonces un intento fallido a revivir un cuerpo muerto.
Irónicamente aquél que tanto renegó se levantó, se limpió y se unió. El pequeño hombre se enorgullecía de su culto al nuevo dios, sin embargo este nuevo dios tenía un pasado: hace muchos años una nación del desierto había levantado una estatua a la que llamaron “el dios”. A diferencia de muchos pueblos ellos cometieron la soberbia de universalizar a este dios y de autoproclamarse como "el pueblo elegido" por este dios para llevarlo a la victoria. Los dioses “paganos” justificaban conductas que los humanos necesitaban para sobrevivir en determinados ambientes, este dios también lo hacía, pero además de aquello también proclamaba una guerra santa contra quien no fuera de su credo y quién ocupara territorio importante para su “pueblo elegido”, ellos eran los hijos de mamá, en realidad ellos eran sus propias madres y, dentro de un marco del síndrome edípico, se besaban a sí mismos alabándose y enorgulleciéndose de su nacionalismo narcisista. Ese era “el dios antiguo". Más tarde vino un hombre, una suerte de hippie autoproclamado que hacía un llamado a la paz sin dejar viejas costumbres y dejar de lado ese nacionalismo narcisista por su identidad para pasar a expandirse, expandir la palabra del “señor”, así nace el nuevo dios, el dios que conoce el pequeño hombre. Este hippie se toma la molestia de construir una imitación de la estatua del antiguo dios pero le hace algunas transformaciones: una nariz más pequeña, un cuerpo más heroico, una barba más larga y blanca, una mirada más dominante si se quiere, etc. Este sería el aspecto del nuevo dios. Así es como “el dios” parte de viaje por todo oriente llegando a occidente, se toma el poder de un imperio gracias a su decadencia, de la cual sería en parte responsable, de ahí absorbe costumbres como el gusto por el conocimiento de ese imperio destruido y de su Mater Nationi, una pequeña, pero ex-gloriosa, nación. Esta adquisición de un limitado conocimiento sería un suceso importante para su futuro.
Así llegamos al presente del pequeño hombre, quién ahora le rinde culto a “el dios”. El pequeño hombre sabía todo sobre los antiguos dioses y ahora debía compensar, debía saberlo todo sobre este dios: se une a la escuela de teología de los sacerdotes de “el dios”, ahí lo aprende todo, desde interpretación del texto bíblico hasta moral absoluta de “el dios”. Esta moral se había impuesto en la mayor parte de los humanos por lo cual la conciencia del ser social también cambia, ahora él también tenía la moral de “el dios”. El pequeño hombre y muchos otros pequeños se forman en estas escuelas en donde no solo aprendían teología sino también conocimiento de la antigua nación sobre la que se había situado esta religión destructiva para todas las creencias del mundo. Esta acción, la de darle a su propia gente las herramientas de conocimiento necesarias, sería luego la raíz de su propia destrucción. El pequeño hombre aprendió y desarrolló su propia conciencia a tal punto de transformar por si mismo aspectos de su creencia en “el dios”, el aspecto más significativo fue el origen del capitalismo, esa forma de enriquecimiento personal en la cual las virtudes dejaban de ser aspectos relacionados con la moral y pasaban a ser aspectos relacionados con actividades nacidas en el conocimiento humano: la caballerosidad no es una virtud para el capitalismo pero si lo es el conocimiento matemático útil para un buen trabajo de ingeniería. A “el dios” no le gustó esto, pero apareció otro hombre, un hombre venido del norte, del lugar donde habían vivido Odal, Thrall y Falkir, era un sacerdote, este hombre se tomó la molestia de actuar como “el nazareno” y de desfigurar la estatua de “el dios” para hacer una a su gusto justificando esto a través de una consigna: “la iglesia no es lo que debería ser”. Para la iglesia el capitalismo, o más bien el dinero era el origen del mal, todo lo que provenga del dinero es maligno y debe de ser purgado a través de su donación a la iglesia, para que esta pueda utilizarlo en “buenas obras”, vale decir, construcción de más iglesias para evangelizar a la población. Este nuevo hombre transforma eso diciendo “si tu ganas mucho dinero es porque dios te quiere, el dinero es lo que nos mantiene con vida y si dios lo permite es porque tu fe así lo vale". Ellos, los seguidores de este nuevo Jesús, se llamaron a sí mismos como protestantes, los que protestan contra el antiguo modal religioso de “el dios”. Nace “el dios protestante” y junto con él nace también un nuevo espíritu del capitalismo religioso, los hombres que pertenecían a una rica burguesía se hicieron protestantes ya que a través de este su actuar estaba justificado, y más aún, al ser ellos tan ricos caían dentro de una clase de personajes queridos por dios, fueron santificados si así se quiere denominar a este suceso. El pequeño hombre estuvo en contra del protestantismo sin embargo tomó algunas posturas de ellos como lo es la postura con el dinero. “el dios” estuvo en contra pero nada podía hacer contra el cambio, “el dios protestante” se hacía cada vez más fuerte e imparable y nuevos países se unían bajo la sombra de esta nueva cruz. Esto ocurre en el siglo del naciente capitalismo marcado por este, pero por sobre todo por una enfermedad: “el dios” se enfermó, ligeramente, pero esta enfermedad era signo de su decadencia espiritual. Para ese entonces “el dios” había dejado de ser uno que se limitaba a vivir dentro de su santuario de nubes doradas, ahora era el dios de todo lo terrenal y por lo tanto los humanos se sentían más acompañados con su presencia, esta es la decadencia de un dios pero al mismo tiempo su fortaleza. Así comienza una guerra entre estos dioses, “el dios” y “el protestante”. Los capitalistas burgueses se afirmarían en el segundo. El pequeño hombre solo se limitaría a seguir su fe, pero él no se dio cuenta de algo: ahora su fe se encontraba menos amarrada a la iglesia y al antiguo dogma debido a sus nuevas herramientas del conocimiento que le permitían pensar por sí mismo, las mismas herramientas que la escuela eclesiástica le dio, herramientas que son la destrucción de “el dios”.
Pasan los años y llegamos a lo que es el principio de la modernidad, siglo de revoluciones, luchas ensangrentadas por todos lados, cualquiera diría ¿Qué tiene que ver esto con la religión?, después de todo son solo luchas por la independencia, ¡pues todo lo tiene que ver!, en estas luchas se desafiaba lo que es el poder de la iglesia, nuevas herramientas del conocimiento se ocupaban y se dirigían contra lo que ellos consideraban injusto, ¿y dónde estaba el pequeño hombre?, en la revolución por supuesto, su conciencia había cambiado, ahora era conocedor de matemáticas y de químicas básicas. Esto tiene que ver mucho más con religión cuando nos damos cuenta que “el dios” muere acá, así es, la muerte de “el dios” tal y como le sucedió a Odal, sin embargo no murió bajo el yugo de otro dios, sino bajo su propia destrucción, en otras palabras se suicidó. “el dios” se suicida para transformar su cuerpo nuevamente y adquirir formas más modernas, estilos más sabrosos al gusto para agradar a la vista, en este punto “el dios” se convierte en el ser más decadente, repugnante, asqueroso, y maloliente que podemos conocer hoy en día, “el dios” abandona todo rastro de ortodoxismo que le pueda quedar en sus arterias de sangre azul, también adquiere una fuerte cuota de hipocresía intravenosa inyectada como si se tratase de una droga para un Heroinómano, esto le juega a favor ya que de aquí en adelante “el dios”, perdón, “el moderno”, ya que “el dios” a muerto, se caracterizará por transformar su pensamiento cada vez que deba hacerlo, se caracterizará por luchar permanentemente contra la modernidad, ya que la modernidad representa un avance constante hacia la conciencia a través del pensamiento científico, pensamiento que va en contra de la ceguera hacia el abismo que representa la fe de “el dios”, sin embargo cada vez que la modernidad se haga demasiado fuerte como para luchar contra ella “el moderno” se adaptará para poder seguir viviendo, ¿Qué pasó con la quema de brujas?, murió con “el dios”, ¿Qué pasó con el asesinato a homosexuales?, “el moderno” abandonó la práctica porque el humano la considera ahora barbárica, ¿Qué paso con la teocracia política?, “el moderno” no se mete directamente en el estado porque es antirrepublicano, a pesar de que todas estas cosas sean deberes de la verdadera religión de “el dios”, quien como ya sabemos ha muerto. ¿Qué pasó con “el protestante”? su habilidad para satisfacer al humano dependía de que el capitalismo dependiera de la justificación protestante, entre otras cosas pero siendo esta la más importante, sin embargo ahora el capitalismo es libre ya que la nueva república en la que ahora vive el pequeño hombre se constituye bajo un capitalismo de ley, el capitalismo ahora es libre, ya nadie necesita al protestantismo para justificar sus actos egoístas de auto-enriquecimiento, el protestantismo ahora es solo una necesidad humana de contexto religioso-espiritual, ya no está atado a la política, pero a “el protestante” no le molesta esto, su enorme molestia viene, al igual que la de “el moderno”, de la modernidad, pero con aún más rabia porque “el protestante” es mucho más ortodoxo en sus ideales que “el moderno”, también es mucho menos hipócrita, eso provoca que “el protestante” luche constantemente contra el avance de la muralla moderna y de paso se fracture de hueso en hueso sin poder detener a la modernidad, tarde o temprano “el protestante”, quién alguna vez brilló con la misma luz que “el dios”, morirá de forma vergonzosa porque la modernidad lo tomará como un estorbo y lo botará a la basura, pero “el moderno” vivirá mucho, muchísimo más gracias a sus características hipócritas y poco ortodoxas.
Estamos en la modernidad y "el hombre", ex “el pequeño”, ahora vive como un cura cualquiera: en una casa llena de lujos pecaminosos que antes, bajo la sombra de “el dios” estaban prohibidos bajo pena de hoguera por hereje, pero son las nuevas herramientas de aprendizaje las que provocan un cuestionamiento espiritual de “el hombre”: ¿Qué tipo de dios es aquél que elige a un pueblo para expandir sus enseñanzas?, ¿Qué clase de dios es aquél que envía al infierno a todos los paganos luego de entregarle “la verdad” a un solo pueblo?, ¿Qué clase de dios es aquél que promete paz mientras él esté con nosotros y luego ordena la quema de brujas?, pero estas preguntas quedan bajo la sombra de la más grande: ¿alguien alguna vez me ha probado que dios existe?, los textos sagrados no son la prueba, si fuera por eso hay millones de personajes que también existen: hay un superhéroe llamado “el hombre-escorpión”, está en una historieta, es tan famoso que han hecho películas de él, ¿pero alguien se ha atrevido a decir que el hombre-escorpión existe?, ¡por supuesto que no!, ¡qué clase de iluso así lo cree!, el tipo de iluso que cree que todo lo que dice un texto de dos mil años es verdad, dejando de lado el hecho de que pudo haber sido adulterado por cientos de manos, ¡y más aún!, ¡dejando de lado el hecho de que pudo haber sido un lunático quién lo escribió!, ¡¿alguien ha dejado de lado la posibilidad de que Jesús haya sido un narcisista mitómano con delirios de grandeza típicos de un esquizofrénico?!, ¡claro que si!, ¡porque están tan sumidos en sus costumbres heredadas que no se toman el tiempo de pensar!, ¡pero ah, espera un minuto!, tu lo pensaste, ¿eso es un progreso no?, significa que una célula del sesgado ser social ha reaccionado. Este pensamiento ha alejado a “el hombre” de su antiguo deber religioso, ahora duda, ¿alguien le probó la existencia de algo improbable?, no, nunca nadie lo hizo. Por otro lado aparecieron otras creencias, ¿“ateísmo” le llaman no?, ¡otro delirio de poder sobre el conocimiento más!, ¡¿hay siquiera algún ateo al que le hayan probado que dios no existe?!, pues no, no hay pruebas, pero ellos están tan sumidos en su conocimiento que reniegan el hecho de no tener pruebas, esto se debe a que su creencia fue tan única en su momento que ellos se creyeron lo mejor del mundo, el mismo pensamiento retrógrada que llevó a la expansión de “el dios”, ahora la conciencia del hombre tambalea.
El “anti-dios” ateo es otro producto del imaginario humano, es solo una ilusión de la posesión del conocimiento, posesión que no existe, “el hombre” se ha dado cuenta de que vive en la incertidumbre, “¡qué destino más desafortunado!” Exclama desde el fondo de su conciencia, “¡¿qué sentido tiene la existencia ahora que vivo en el vacío de la duda misma más allá de la ilusión del conocimiento!?”, el sentido de la existencia humana, como dijimos en un principio, es y será siempre el propósito, el propósito original es el de adquirir herramientas de aprendizaje, solo basta con seguir en eso. la religiosidad y la creencia son otra parte más de lo que fue la existencia humana que debe ser desechada, esto sea religión o anti-religión, ambas ilusiones del conocimiento, el ser humano solo se vale a sí mismo a través del aprendizaje y no importa la existencia o inexistencia de un dios, sobre todo cuando las limitaciones físicas humanas impiden el conocimiento sobre un ser creador superior o su inexistencia, conocer su inexistencia es igual a poseer el mismo tipo de herramientas que facilitarían el conocimiento sobre un posible dios: la existencia o inexistencia de un dios es irrelevante.
Es aquí cuanto “el hombre” se convierte en “superhombre”, aquél tipo de ser del cual solo los dioses podían poseer características, solo los dioses podían crear y destruir a placer, pero ahora “el superhombre” también puede, él construye en su imaginario todo lo que desea desde su ansia de poder, sin dejar de lado que su imaginario no es universal ya que este es resultado de un proceso de pensamiento ético único e inigualable, aquí nace la moral, la propia moral, “el superhombre” también es moral, pero no deja de lado el hecho de que la moral no existe en la realidad, solo existe dentro de la subjetividad humana, es única en cada ser. “el superhombre” está completo, no le importan los dioses o anti-dioses, más allá de su existencia solo se preocupa por su propia existencia, por su propio poderío, ahora su propósito está bien encaminado pues el propósito nace en el ansia de poder hacer, ahora él puede hacer lejos de toda limitación supernatural extra-humana.
Los dioses y anti-dioses han muerto en la conciencia cuando esta acepta tal hecho en la realidad, viva el amanecer del superhombre.

Texto agregado el 11-11-2013, y leído por 128 visitantes. (0 votos)


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