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Inicio / Cuenteros Locales / CJVR / La verdadera historia de Natalie Portman (II)

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Primeros testimonios

Al llegar al hotel, vimos a unos estudiantes que salían con maletas. Anderson le preguntó a Mario si algún rostro le parecía familiar.
-Me parece que… ¡Aya, aya están las amigas de Natalie!
Fuimos hacia donde ellas estaban. Cuando llegamos, se podía ver en sus rostros un gran llanto.
-¡Natalie no aparece! –dijeron mientras abrazaban a Mario (este también lloraba mientras las abrazaba.
-Disculpen señoritas. Me llamó Anderson y soy Inspector, ¿Me podrían dar sus nombres?
-Ágata –dijo una de ellas aun llorando- y mi amiga es carmen.
-¿Cuántos años tienen?
-18.
-¿Qué saben de la desaparición?
-Esa noche –dijo Carmen- Estábamos en el bar, a unas dos calles de aquí. Cuando de repente entran tres sujetos y se sientan en nuestra mesa.
-¿Qué edad tenían aproximadamente?
-Entre 17 y 19 años. Parecían extranjeros por su acento.
-Bien, siga con su relato.
-Cuando se sentaron en nuestra mesa –siguió carmen- preguntaron como estábamos. Respondimos que bien. Uno de ellos invitó a Natalie a bailar. Esta aceptó y bailaron un momento.
-¿Recuerdan el nombre de los sujetos?
-Umm… -quedó pensativa Ágata-. Me parece que el que invitó a Natalie a bailar se llamaba Andrew.
-Este Andrew –dijo Carmen-, después a bailar, le dijo a Natalie que se acostara en la mesa del bar, pues le iba a chupar gelatina del ombligo. Lo hizo… ¡y fue lo más asqueroso que jamás había visto! Pero Natalie lo disfrutó mucho y le dijo que lo volviera hacer. Lo hizo de nuevo… ¡y esta vez fue más asqueroso que la primera!
-Luego de esa asquerosa escena –dijo Ágata-, Natalie estaba muy alegre, por lo que le había hecho Andrew y por haberse tomado cinco botellas de whisky. Entonces Andrew la tomó de la mano y se la llevó a su auto.
-¿Había alguien más en el auto?
-No –dijo Ágata-. Solo los dos hombres que se sentaron con nosotros en el bar.
-Excelente –dijo Anderson.
-Le dijimos a Natalie que no se fuera con ellos. Pero dijo que no nos preocupáramos, que regresaría la hotel a las 10:00 PM... ¡y ya han pasado dos días y aun no aparece!- dijeron llorando Ágata y Carmen.
-Bien chicas –dijo Anderson- gracias por su información.
-¿Cuándo regresarán a Estados Unidos? –preguntó Mario.
-Hoy mismo –dijeron Ágata y Carmen.
-Bueno –dijo Anderson- no quiero seguir causando molestias. Será mejor que nos vayamos para que Ágata y Carmen no se retrasen.
-Adiós chicas –dijimos.
-Adiós –dijeron. Cuando habían caminado 10 metros, se devolvieron corriendo y le dijeron a Anderson: “Inspector, haga justicia”.
-Lo haré –dijo Anderson-, lo haré.
Sonó un bus. Ágata, Carmen y el resto de alumnos subieron al dicho bus. Solo quedó un maestro en el hotel.
-Será mejor preguntarle algo –dijo Anderson.
-¿A quién? –preguntó Mario.
-A ese maestro que está parado –respondí- ¿No Anderson?
-Efectivamente.
Fuimos donde estaba el maestro. Le preguntamos que si era del Instituto de Natalie. Respondió que si. Luego le preguntamos si sabia algo acerca del secuestro. Nos respondió que no, que el solo había venido a recoger a los alumnos. Le dimos las gracias por su tiempo y entramos al hotel.
-¿Por qué entramos? –preguntó Mario.
-Porque nos estaremos un buen rato en curasao –respondió Anderson-, y necesitamos un lugar donde podamos dormir.
Luego de registrarnos le dimos nuestro equipaje al botones.
-¿Qué numero es el de nuestra habitación? –preguntó Anderson.
-Cincuenta y dos, señor.
-Gracias.
Tomamos el ascensor y subimos al quinto piso. Cuando entramos en la habitación nuestras maletas
estaban en las camas. El piso tenía una loza blanca que combinaba con las paredes. El techo era azul y tenía una lámpara blanca. La habitación contaba con tres camas, un televisor y un baño. Luego de cinco minutos sonó el celular de Mario.
-¿Hola?...ajá…entiendo… ¿de verdad?... ¿ahora?... bien, adiós.
-¿Quién era? –preguntó Anderson.
-Era Caroline. Dijo que se vendría dentro de una hora.
-Bien, será mejor que usted vaya a reservar la habitación de Caroline; Carlos y yo iremos al bar que mencionaron las chicas.
-Me parece bien.
Bajamos por el ascensor. Mario fue registrar a Caroline; Anderson y yo salimos del hotel a buscar el bar. Anderson le preguntó a una persona que pasaba cerca la ubicación del bar. Este respondió que estaba dos calles al noreste. Le dimos las gracias y fuimos a esa dirección.
Al entrar al bar (que se llamaba “la Bodega”), Anderson le pidió al cantinero un vaso de agua (pues tenía mucha sed).
-Gracias buen hombre.
-De nada señor.
El cantinero miraba a Anderson mientras se tomaba el vaso con agua. Cuando lo terminó pidió otro.
-Gracias, ¡ando una sed, que ni se imagina!
-Ya lo creo… y usted es extranjero, ¿verdad señor?
Anderson sonrió.
-Parece que mi apariencia me delata… y hablando de extranjeros, ¿Ha visto usted a alguno por aquí?
-Ummm… me parece que el sábado vi a uno, pero no era precisamente un extranjero.
-¿A qué se refiere?
-A que tiene talla de extranjero, pero vive aquí.
-¿Sabe donde vive?
-No, pero le puedo jurar que es de aquí pos su padre. El es extranjero, pero se lleva bien con la gente y esta lo respeta.
-Bien señor, gracias por su tiempo y por el agua. ¿Cuánto sale?
-No es nada, la casa invita… ¿peo por qué le interesa saber si ha venido algún extranjero, a parte de usted, al bar?
-Por que soy un Inspector, mire –Anderson sacó su placa-, y está un extranjero metido en mi caso.
El cantinero se sorprendió.
-Bueno, espero haberle sido de ayuda.
-Si lo fue. Carlos vámonos, hay que volver al hotel. Cuando subimos a nuestra habitación, había dos nuevas personas.
Anderson tomó la palabra y dijo: ¿Mario, quiénes son ellos?
-Son Caroline y su esposo.
-Mucho gusto.
-El gusto es nuestro- dijo Caroline.
-¿Ya reportaron el secuestro a la policía local?
-Si. Cuando bajamos del avión lo hicimos.
-Entiendo… ¿Qué les dijo el agente local?
-Dijo que al ser extranjera la secuestrada empezarían hoy mismo, pero como aun no han pasado 72 horas lo harían mañana. ¡Y eso me enojó mucho! ¿Qué acaso no entienden lo que una madre siente por su hija? –dijo Caroline llorando.
-Entiendo lo que siente –dijo Anderson-, pero esos son asuntos legales y no podemos hacer nada. Pero no todo está perdido. Ya hice varias averiguaciones. Mañana nos uniremos al agente local para comenzar, de manera oficial, la investigación. Ahora hay que desempacar y ordenar nuestras cosas.

Texto agregado el 15-11-2013, y leído por 97 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
11-04-2015 Va bien , te siento apurado en la redacción como si tú mismo quisieras acabar el relato y dar la solución. nINIVE
 
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