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Texto participante en el Reto de literatura fantástica XVIII

Tema: A propósito de… Michael Ende

Inspirado en la novela "La Historia Interminable", a partir de una de las propuestas del Reto

Fragmento: “(…) Es imposible hacer un relato exacto de esa batalla de la Torre de Marfil, y por ello hay que renunciar aquí. Hasta hoy existen en Fantasía innumerables canciones y relatos que hablan de ese día y esa noche, porque cada uno de los que participaron en ella la vivió de un modo distinto. Son historias que quizá deban ser contadas en otra ocasión



Se dice que, de no haber sido por ese acontecimiento, la batalla en la Torre de Marfil contra los sublevados no habría tenido fin hasta que el último guerrero de ambos bandos hubiera perdido la vida. Porque si la muerte del campo de batalla no sobrecoge a los que se enfrentan, algo mayor debe ocurrir para que se detengan. Algo que paralice el corazón. Y ese algo fue el Estallido de los Cristales.

Sucedió cuando ambos ejércitos se hallaban reducidos a mínimos. Los subversivos habían conseguido que Atreyu alcanzara la sala donde se encontraba Bastian, el aspirante a Emperador Infantil, y resistían al límite de sus fuerzas, esperando el desenlace de aquel enfrentamiento. Entonces, por encima del crepitar de los incendios, el crujir de los muros que se agrietaban, el bramido de las torres al desplomarse y los gritos de los guerreros al blandir sus armas, se oyó un horrible estruendo. Y seguido de aquel estrépito, se levantó otro sonido estridente, más ensordecedor que su predecesor. Pero no era, como el primero, algo parecido a un repentino romper de roca, sino que fue el estallar de todas las ventanas y cristaleras de la Torre, mezcladas con el sollozo de mil voces, agudas y estremecedoras. Un llanto tan conmovedor, que arrancó lágrimas de los ojos de todos, incluso de aquellos que no lloraban, o no sabían que podían derramar lágrimas.

No hubo mirada que no se dirigiera a la Torre para ver lo que ocurría. Toda ella, desde el Pabellón de la Magnolia hasta abajo, estaba envuelta en una densa niebla brillante, compuesta de los innumerables fragmentos de cristal que, de súbito y sin explicación aparente, reventaron hacia el exterior. Al principio, parecían suspendidos en el aire, etéreos, pero poco a poco, a medida que se perdía el lamento en el aire, se precipitaron a tierra como una fina lluvia iridiscente. No hería a quien tocaba, pero provocaba un intenso frío, fruto del miedo y del arrepentimiento. Y cuando finalmente Fujur se elevó como una saeta hasta fundirse en el blanco de la luna y perderse de vista, todos supieron que algo terrible había ocurrido.

Los que conocían sobre la espada Sikanda que el Salvador llevaba consigo, dijeron que fue el aullido del arma al ser desenvainada contra su voluntad lo que había roto las ventanas. Sin embargo, los sabios de Guígam, donde también llegó aquella tremenda cacofonía, supieron que la queja de la espada había hecho temblar el vidrio, pero no por cuestiones científicas, sino de pavor; porque los cristales de la Torre de Marfil estaban vivos, y sentían emociones como cualquier otra criatura. Por eso, cambiaban de color a menudo: se tornaban rojos cuando se ruborizaban, verdes cuando albergaban esperanza, azules cuando se asustaban. Cuando soñaban, aparecían figuras en movimiento en su superficie. Cuando hacía frío, temblaban; con el calor, sudaban; Y cuando estaban tristes, sus lágrimas semejaban gotas de lluvia. Así lloraron cuando la Señora enfermó. Y, cuando Bastian tomó la Torre, se volvieron opacos y todo lo que se veía a través de ellos parecía muerto o congelado.

Pocos lo sabían, pero las ventanas de la morada de la Emperatriz Infantil habían sido en otro tiempo la raza de seres más nobles y antiguos de Fantasía: Los Pliones. Habitaban la Torre de Eribo, pero, a diferencia de sus actuales moradores, ellos no parecían hechos de cristal, sino que estaban hechos completamente del frágil material, y eran tan bellos como ancestral su procedencia. Sabían desde el albor de los tiempos cómo destilar la luz de las estrellas, y en la antigüedad se decía que, de su alquimia con efluvios cósmicos, nació la Emperatriz Infantil.

Este hecho traía de cabeza a los Pensadores Profundos. Según Yisipu, Hijo de la Sagacidad, todos habían surgido de la Señora de los Deseos, la de los Ojos Dorados, y por tanto no podía haber nada en Fantasía más antiguo que ella. Uschtu, Madre de la Intuición, creía que era posible que los Pliones crearan a la Emperatriz Infantil. Al fin y al cabo, todo existía desde siempre por su voluntad, y pudo hacer que las Criaturas de Cristal existieran antes que ella. Y Schirkrie, Padre de la Visión, zanjaba el desaguisado insistiendo en que ambos surgieron a la vez. Que la creación de uno devino de la otra y viceversa.

Fuera como fuese, los Pliones, que eran grandes y virtuosos, reconocieron en la Emperatriz Infantil una virtud y una grandeza mayor a la suya, y juraron servirle y protegerla siempre. La dieron a conocer en Fantasía, y todos los pueblos sin excepción se aunaron para venerarla y erigirle una morada digna, que sería en el corazón del mundo Fantasio. Como los Pliones eran maestros del Vidrio, se encargaron de las cristaleras. Sin embargo no conseguían crear una que fuera lo suficientemente nítida y digna de su Señora. Así que, se fundieron a sí mismos para convertirse en las ventanas y las claraboyas de la Torre de Marfil, pues no había cristal más puro que el de sus propios cuerpos. Así estarían junto a la Emperatriz, protegiéndola. Antes de hacerlo, crearon otras criaturas, semejantes a ellos, a quienes enseñaron sus artes y regalaron su reino, la Torre de Eribo, para que perpetuaran su legado -aunque nunca alcanzaron la brillantez de los Pliones-.

Pero el miedo no era algo tan fuerte como para hacer que los Pliones se rompieran. Algo horrible y profano tenía que haber ocurrido en la Sala del Consejo. Y es que cuando Bastian forzó a Sikanda contra Atreyu, no fue el gemido de la espada lo que hizo sucumbir los cristales, sino que se derramara sangre entre amigos en la Torre de Marfil. Aquello les partió el corazón. Y, como sus cuerpos eran tan finos, esas insignificantes grietas hicieron que estallaran con un profundo grito de espanto.

Cualquier necio pensaría que aquel había sido el fin del pueblo Plion. Pero los observadores supieron lo que de verdad ocurrió.

De los cincuenta y seis Comerrocas que acompañaron a Atreyu en la batalla, sólo nueve sobrevivieron. Al final de la lucha, estaban extenuados, deprimidos y, sobre todo, hambrientos. En el laberinto no hay rocas, y el Marfil, aunque lo parezca, tampoco es mineral. Sin embargo, sí podían comer cristal, pues el vidrio está hecho de arena fundida, y la arena está compuesta de miles de diminutas piedrecillas. Sin pensarlo, devoraron los restos de las cristaleras, y aquello les resultó placentero, dulce y áspero, como si comieran una cucharada de azúcar. Por eso mismo, engulleron más de lo acostumbrado, hasta acabar con todos los restos. Y, una vez saciados, durmieron profundamente.

Al despertarse, los Comerrocas no eran los mismos. Ni siquiera eran ya Comerrocas. Sus cuerpos se habían cristalizado, se habían suavizado sus aristas y torneado sus miembros y sus rostros. Se habían convertido en criaturas nuevas, que al desplegarse cuan altas y majestuosas eran, generaron gran admiración. Los Pliones habían resurgido, tan bellos y magníficos como antaño, y grandiosos en todos los sentidos. Ya no tan frágiles como el pasado, pero con la misma devoción por la Emperatriz Infantil, partieron en su búsqueda. Las aventuras que corrieron durante su travesía son sublimes, pero son otras historias que deben ser contadas en otra ocasión…


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Texto agregado el 21-11-2013, y leído por 462 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
29-07-2014 Me gustaron mucho las descripciones, fieles a la historia original. El final es mágico. Te dejo 5 estrellas de cristal. Nyarlathotep
31-03-2014 Leí en su momento el libro, y después visioné la película. Es asombrosa la capacidad de inventiva que tienes, el género fantástico admite todo un despliege de creatividad. Tú la tienes, mi admiración. Audina
27-02-2014 Desde la veneración a Ende no puedo evitar agradecerte su evocación en tus letras. Delicado y hermoso. Egon
21-02-2014 Preciosa transformación de los comerrocas, que tan entrañables eran tanto en el libro como en la película. Se oyó desde aquí el estruendo de esos cristales, y la traición, desenvainar Sirkanda para atacar a un amigo, no podía tener una consecuencia más grave y sentida que la de los Pliones. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo! walas
21-02-2014 Gracias por hacerme revivir de nuevo la Historia Interminable, uno de los libros de mi infancia que me acompañan todavía físicamente, y una obra maestra de la Literatura (en mayúsculas, no solo infantil). La esencia de Ende, el amor por sus criaturas, el estilo, el 'sense of wonder' que dicen los angloparlantes, todo eso y más está plasmado en este texto que desde ya, se convierte en uno de mis favoritos en esta página. walas
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