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Una cuasi autobiografía




Todo comenzó al principio.

En un momento de confusión fui informado que había nacido.

El hecho ocurrió, hace años, en una pequeña isla del Mediterráneo de nombre impronunciable: Ghawdex y aunque me aseguran que estuve presente en el evento, debo confesar que no lo recuerdo.

Se me bautizó y dicen que en ese momento el agua se evaporó de la pila bautismal pero presiento que es una exageración.

Desgajé la niñez pétalo a pétalo, resolviendo la realidad como a un rompecabezas tridimensional desplegado sobre las eternas colinas de la aldea natal.

La pubertad y adolescencia me asaltaron sin aviso, haciendo presa de mi inexperiencia y juventud. Reparé mi rasgado tejido interior repartiéndome entre los angustiosos momento de voz blanca y barítono desafinado con la gracia de un diplodocus y un tábano tratando de realizar el pas de deux de los cisnes negros.

Finalmente el tiempo determinó que ya era adulto pero mis entrañas no lo sabían, es que la adultez es una cronología no un estado de ánimo. Mi rostro me salvó… Parecía adulto.

Durante algún tiempo traté de salvar al mundo pero luego me enteré que había llegado tarde, bastante tarde.

Enancado en el tiempo me dejé llevar; las voces desgarrantes del Ábrego y el gélido aliento del Mistral acompañaron mis recuerdos al abandonar el acogedor mundo del Mare Nostrum y el universo se abrió ante mis azorados ojos de chiquilín con apariencia de adulto.

Esa misma inocencia e ignorancia fueron mi salvación, nadie podía creer que fuera tan perfectamente imbécil (la perfección no existe, salvo en casos especiales como el mío) y ello los llevó a urdir historias de conspiraciones a las que me sumaban, a veces como aditamento necesario y otras como eminencia gris, suponiendo aviesas y ocultas intenciones en la prosecución de inconfesables fines.

El temor que esto les provocaba los obligaba a presentarme un respeto que no sentían pero también me guardó de males mayores.

Así volé por sobre las miserias humanas, mías y ajenas, llenando mi vida con arias y lecturas que a la manera de ángeles guardianes arroparon mi alma y le permitieron ser feliz aun en medio de las más crueles vicisitudes.

De pronto me encontré con que el tiempo decía que ya era un anciano y para mi desazón mi cuerpo también, cada vez que le proponía: «corramos hasta aquellas matas y saltemos sobre ellas», mi cuerpo respondía: «quién, ¿¡yo!?» Y así, el chiquilín interno se encontró solo: los ancianos no lo comprendían, pensaban que estaba loco y los jóvenes no lo entendían, pensaban que era un orate.

Nuevamente la ingenuidad y la ignorancia vinieron en mi ayuda, al mirar a mi alrededor encontré mi experiencia en lenguas, ganada en años de viajes alrededor de este desvencijado planeta y se me ocurrió que podría trasvasar culturas y acervos de idioma a idioma.

Con la desaprensión y libertad de la juventud que me poseía internamente me lancé al ruedo y la suerte que, como mujer que es, le agrada la ingenuidad y los bebés no miró mi apariencia exterior y me recompensó haciéndome sentir culminada mi intención, que en realidad es todo lo que hace falta para sentirse exitoso.

Los años se fueron y un día, para mi confusión otra vez, se me informó que ya no pertenecía al ruedo de los que calientan sus huesos alrededor de la fogata de la vida.

Até mi bagayito con las pocas pertenencias que me quedaban: algunos recuerdos borrosos de manos cálidas que ya no sabía a quien pertenecían. Y con una sensación de liviandad comencé la travesía hacia allá.

Luego de un atemporal viaje me encontré en una planicie casi viva al compás del viento que movía los tallos de los dientes de león.

Los colores danzaban entre el cielo y la tierra dejando estelas de matices que provocaban aromas en los ojos y la inmensidad cabía en el hueco de mi mano como si el infinito se arrellanara entre mis dedos para confortar esa cotidiana soledad que me arropó en vida.

Rápidamente me quité el calzado y comencé a caminar por el suave césped que alfombraba el suelo. El contacto de la gramilla y la tierra con mis pies me revelaron un secreto nuevo: había llegado al hogar… no, al Hogar.

Comencé a correr y a saltar por sobre las matas, ahora mi cuerpo me seguía alegremente.

En un momento sentí la urgencia de tenderme sobre la grama tan largo como era y debía serlo mucho porque no alcanzaba a ver mis pies.

Miré hacia el cielo, las nubes eran tan bellas que quería cantar y contar todo lo que sentía para que mis hermanos me acompañaran en esta extravagante experiencia.

Entonces lo supe, tendría que cantarlo, tendría que escribirlo. Y vino a mi mente una frase leída hace muchos años, no recuerdo donde: «si no os hacéis como niños...»

Ése había sido, ése es, mi don, el hacerme como un niño, toda mi vida fue así, plena y llena de gracia. Lo entendía ahora y quería transformar ése, mi don, también en mi legado.

Tomé una delgada espiga de diente de león y mojando su punta en algunas gotas de rocío que se balanceaban sobre las hojas comencé a delinear mi tragicómica historia y su secreto para que, si hay quienes se preguntan aún que cosa les tocó vivir, puedan encontrar, al menos, una brújula que les indique que siempre hay una razón.

Y otra vez mi ingenuidad y mi ignorancia me hacen creer que tengo madera de escritor y que estas palabras van a llegar al corazón de mis hermanos lectores...

Texto agregado el 15-01-2014, y leído por 207 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
19-01-2014 Creo que ya te han dicho mucho más de lo que yo puedo decirte. En belleza y armonía, pienso que es uno de tus mejores textos. Es una caricia para la mente. En cuanto al contenido, ¿qué decir? Has usado unas imágenes tan bellas que sobrecogen, eterno niño en cuerpo adulto, y eterno niño aún más allá de tu tiempo. ikalinen
17-01-2014 Tu bio, es tan linda como tu forma de narrarla.... me ha gustado imaginarte tan joven, tan niño, tan sabio, tan heroe jeje una bella narración digno de tu pluma....***** krisna22z
15-01-2014 Tu cuasi autobiografía, es una pequeña obra maestra. Me inclino ante la sabiduría conque la dibujas, y la profundidad que la enaltece. Un abrazo de corazón, mientras titilan mil estrellas!!! MujerDiosa
15-01-2014 Y en qué etapa de tu vida te hiciste fanático de "L"? Envidiable tu don. Por lo pronto, buscaré una brújula. psikotika
15-01-2014 Mi querido Liam, me conmovieron tus palabras, es asi la vida tal como la describes.Admiro tu talento y un orgullo haberte conocido. jaeltete
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