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Se dejó convencer y se apuntó al viaje en grupo a Oslo para presenciar una final de footbaal, deporte que le parecía absolutamente inverosímil y que le era completamente indiferente, pero no tenía mejor plan para el fin de semana, y antes de quedarse solo... el precio del viaje era optimo le ofrecía la oportunidad de conocer la ciudad mientras sus forofos compañeros disfrutaban del partido.

Odiaba volar, cuando ocupo su asiento observo con desagrado que todo el pasaje era masculino, los motores se pusieron en marcha al mismo tiempo que sus nervios, tomó una pastilla para dormir, y se despertó en medio del caos, gritos y una ráfaga helada de viento que entraba en lo que quedaba del avión, le situaron brutalmente en la dantesca escena, apenas quedaba una tercera parte del aparato con vistas al exterior, es más el exterior y el aparato formaban un todo homogéneo, a pesar de la patente gravedad del accidente no había que lamentar víctimas, todos en mayor o menor grado de magullamiento habían sobrevivido.

Una vez superado el trauma inicial, se evaluaron los daños (tarea que les ocupo apenas 3 segundos, todo estaba dañado) se contabilizaron los supervivientes 20 personas perdidas en un desierto congelado, un espabilado se atrevió a aventurar ¡estamos en el Polo Norte! nadie le hizo caso, que más daba, lo que estaban era Jodidos, se afanaron en la búsqueda de víveres en las mochilas de mano desparramadas por el suelo, con un resultado descorazonador 4 bolsas de patatas, 3 de panchitos, 2 chocolatinas, una lata de foigras, 1 botella de aceite de oliva, 1 pata de jamón de la que apenas quedaba el hueso (es increíble lo que la gente se lleva de viaje) y 10 paquetes de galletas, ¡eso era todo! y el paraje en el que se encontraban no ofrecía ninguna posibilidad de abastecimiento, eso si la hidratación estaba asegurada.

Los comestibles se racionaron racionalmente, pero a los pocos días se terminaron y la razón también, lo peor era el hambre, el frio y las noches que les obligaba a dormir apelotonados para aprovechar al máximo el calor, por la mañana más de uno de despertó con media oreja, sin dedos meñiques de manos y pies, con desgarros en brazos y muslos etc,, la situación que ya era insostenible se agravaba, en un alarde de coherencia decidieron que lo más equitativo sería que cada día y por orden de corpulencia donarían a la comunidad uno de sus miembros a elección del donante, los más fuertes conseguían mantener decentemente nutridos al resto de compañeros pero los más enclenques, debían desprenderse de sus extremidades de dos en dos, hasta que llegó el turno de Manolo, el pobre no era enclenque, era la radiografía de un silbido, la noche se les había echado encima y todos esperaban ansiosamente su ración, Manolo se puso en pie y enfrento a sus compañeros con una energía inusual dadas las circunstancias, se desprendió de los pantalones se bajó los calzoncillos dejando al aire el miembro objeto de la donación y con voz alta y potente dijo ¡ALE, UN BIBERON* Y A DORMIR!!


* En algunos países al biberón le llaman mamadera (termino muy apropiado para esta ocasión...)

Texto agregado el 19-01-2014, y leído por 257 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
22-01-2014 No dejas de sorprenderme con tu genialidad, querida!! Besitos. gsap
21-01-2014 Ahhhh, de los supervivientes de los andes a... no sé... ji ji ji Cinco aullidos famélicos yar
21-01-2014 Divertido. ¿Y durmieron como angelitos?... pitrimitri
20-01-2014 Uh! yo no sabría que donar! Pero al fin que solo es un cuento***** bishujoo
19-01-2014 POBRES......Los últimos de la fila. UN ABRAZO. gafer
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