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Inicio / Cuenteros Locales / freddy50 / El alumno de literatura.

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Cuando se escribe una historia, a una ficción me estoy refiriendo, debemos ajustarnos a las leyes de la física propias de la composición literaria: Colisiones, crímenes, golpes, caricias que terminan en la cama, etcétera, aclarando que si bien existen miles, tampoco las hay por millones; retomando el hilo de la idea, decía, leyes físicas inventadas, o bien leyes de la retórica, donde en vez de ocurrir grandes conflictos, cosas concretas materializadas en acciones, o reacciones físicas, reflejos por un estímulo equis, éstas por el contrario de declaman, con los personajes tomando sol en un desierto frente a un oasis, como mucho, tomando un refresco. De todas maneras resulta casi imposible que en algún momento los escritores nos veamos obligados, exigidos, a definir un argumento, propio, razonable, donde definitivamente deban ocurrir cosas muy concretas (Los invito a observar, por ejemplo, como en la tele, las películas de acción, precisamente, los autos y los personajes, vuelan por el aire como si nada, casi siempre burlando la devaluada ley de gravedad; o en tal caso, como la vida no vale un mísero centavo, sucediéndose, parecido ahora, muerte tras muerte, nunca un nacimiento.
Entonces nos queda:
Un hombre, nace, rompe el cascarón, le pega un tiro a su madre para que pobre no sufra más de dolores, le revisa la ex cartera, toma el dinero del fuelle, esa platita que ya no es de nadie, agarra las llaves del auto, sale, pero indeciso regresa; a regañadientes se toma un té a propósito de salir a encarar el día bien nutrido. Algo perturbado se afeita nuevamente, se corta toda la cara, quedando el rostro echo un pastiche, como un matambre chiquito de cerdo al verdeo.
Al cabo de un rato, ahora si, sube al auto y sale. Pero, es divisado por un policía, quien, haciendo sonar con vehemencia el silvato, da una orden concreta de alto, como para que se detenga.
Pero como era de esperar, este tío, ni pelota que da ni recibe.
Sin solución de continuidad, salen quemando gomas, iniciándose una verdadera persecución entre ciudadanos, que luego de andar por momentos, ambos, en dos ruedas, por arriba de los techos, techos con techos entre tutúes, termina, como? con el policía herido de bala, en el dedo índice, de la mano derecha, más, nuestro héroe, o tal vez villano, pues quedó que la madre, de motus propio, se hubo quitado la vida, o simplemente un enorme gilipolla, de nuevo metido en el mundo real cual si nada hubiera ocurrido.

Texto agregado el 09-02-2014, y leído por 86 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
09-02-2014 realmente el arte de narrar sobrepasa cualquier ley física, imaginativa y de locura...! suerte con eso! pasa por mis textos! MOIR
 
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