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Sí, no importaba que el sol de las once me quemara, ni el polvo de la cancha de tierra me ensuciara el uniforme, no importaba el pequeño raspón que ardía en la rodilla, tenía que meter gol, era difícil jugar con los experimentados del paralelo, ellos ya habían ganado el último campeonato del colegio, ¡al último curso les habían ganado! Nosotros, que habíamos sido eliminados en la primera ronda, por un curso inferior, nos habían quitado, o mejor dicho, nos habían puesto la fama de malos jugadores; pero cómo decirle mal jugador al Juancho, que ágil siempre se escabullía entre la defensa y llegaba al arco, o al Cabezón, una excelente pieza en defensa, nadie pasaba sobre él, o Lagartija, que así de flaco siempre corría tan rápido como una verdadera lagartija, y yo, con mis súper guantes que papá me había regalado, podía tapar lo que fuese que se pusiera en mi camino, teníamos El Equipo, pero esto fue lo que sucedió:
A mitad del partido, cuando ya lo teníamos casi ganado -2:0- era un partido muy fácil, mocosos que eran fáciles de golpear, empujar e intimidar, se habían replegado en su área, nosotros atacábamos y atacábamos, y cuando llegó el tercer gol todo el colegio nos gritaban elogios de ser el futuro del futbol del colegio, qué digo, de la ciudad. Nos sentíamos reyes del mundo.
Uno de los mocosos de curso inferior, en su bronca, tiró el balón por encima de la malla que separaba la cancha de la calle, y como buen portero, me subí por encima de la malla y recogí el balón que se había mojado en un charco, hice un gesto llorando, lo que causó una risa general contra en el equipo contrario. Muy feliz me volví hasta la malla, y aunque el árbitro me dijo que diera la vuelta y entrara por la puerta, a causa de la emoción de estar a punto de ser el ganador del mundial más grande de la historia, subí por la malla y salté como todo un campeón hacia la cancha, todos me gritaban: ¡sube, sube, sube! Y yo subí como todo un triunfador.
Para demostrar más mi valentía traté de saltar lo más alto que mi cuerpo me permitía, levanté las manos como guerrero griego, y me fui directo hacia el polvo de la cancha, iba a ser una proeza de jugador joven llegar a tal punto como triunfador, mecer las manos en un partido ganado, ya pensaba en el festejo del partido, en los abrazos con los compañeros de cancha, en la hermana del Lagartija, siempre me gustaba que viniera, porque siempre me esperaba después que terminase el partido.
Al momento de saltar, no me di cuenta que una de las puntas del enmallado se había atorado en mi pantaloneta, y salté, libre caí hasta que sentí un tirón debajo de mi cintura y seguí cayendo, reboté en la tierra levantando polvo, cayendo boca arriba, nada grave gracias a Dios. Al reaccionar miré al cielo, un poco atolondrado por el golpe, y vi una pantaloneta azul colgando en la parte superior de malla de la cancha, azul, como la mía, después al levantarme del suelo, me di cuenta que era mía, ya que yo solo tenía puesto el calzoncillo de Spiderman vs. Venon.
Un eco de carcajadas salió de la cancha, me levante rápido y trataba de soltar mi pantaloneta de la punta de la malla, me costó alcanzarla, pero cuando lo hice, al jalar la pantaloneta la rasgué y solo tuve en mis manos media pantaloneta, no podía pensar muy bien cuando todos los rostros que estaban mirando el partido, desde el más pequeño hasta el más viejo, no paraban de reír. Me cubrí con media pantaloneta y traté de salir del lugar -¡trágame tierra!- pensé, y me fui corriendo a los vestidores tratando de ocultar mi Spiderman.
Después de un buen rato cuando cesaron las risas, yo estaba oculto, quise ir a apoyar a mi equipo, pero no me sentí capaz de ver nuevamente esos rostros que se reían de mí. Y esperé a que terminara el partido.
Mientras yo estuve oculto, mis compañeros no pudieron parar de reír, y se desconcentraron, dejándose golear. El Lagartija no era buen portero, y como mi media pantaloneta seguía colgada como una bandera, recordando un momento divertido, ellos no podían parar de reír, y así poco a poco fueron perdiendo cancha, y finalmente perdieron el partido -3:4-.
Por eso ahora, después de 2 semanas me animé a jugar de nuevo, pero ya no como arquero, sino como delantero, para demostrar que soy un gran jugador; que ninguna mitad de pantaloneta me va a vencer, aunque esas dos semanas que pasaron quedaron ahí, recordándome que mi ropa interior de Spiderman vs Venon fue un efecto viral en las redes.
El arquero estaba frente a mí, muy ágilmente me deshice de los defensas y cuando estaba a punto de rematar, lo vi, estaba ahí, ya viejo por el sol, pero inmortal en la memoria de todos, la media pantaloneta desafiante, mirándome, y por esa mitad de pantaloneta rematé lo más fuerte metiendo un golazo de esos que callaron a todos, por la fuerza del remate, terminando así con mi vergüenza y con la media pantaloneta.


El Mesiaz

Texto agregado el 25-02-2014, y leído por 138 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
14-03-2014 jajajajaj!!! me he entretenido con el partido y la media pantaloneta... Genial****** pithusa
25-02-2014 jajaja exorcizando demonios, digo, media pantaloneta. Me recordates los partidos del patio de colegio, 20 contra 20 y sin arbitro ni ley... walas
25-02-2014 Muy gracioso y entretenido tu relato.UN ABRAZO. gafer
25-02-2014 ja ja ja, hasta se ne salieron las lagrimitas... sorry... pudo ser peor. Por ejemplo que se quedaran también atorado el calzonc... o que las imagenes en la ropa interior fueran de las chicas superpoderosas... digo. Divertidisimo texto hermano. Cinco aullidos gloriosos yar
 
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