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Ahora que mi siquiatra ya se recupera de mis paranoias y estamos todos pendientes de Libia, me atrevo a contar una historia que me ocurrió en Londres también en los años 80.
Mi amigo y compañero de carrera en el Colegio Mayor en Salamanca Presidente de una República de Hispanoamericana me llamó una noche a la una y media de la madrugada para decirme que estaba firmando el decreto de mi nombramiento de “Consul de … en Londres”_que tal era el título_ con mi natural sorpresa ya que no podía aceptarlo al tener dedicación exclusiva en mi empresa.

._ Ya hablé y lo arreglé con el Presidente de tu empresa y está de acuerdo_ así actuan en las altas instancias, los que tienen el poder_.

Como es lógico me sentí muy honrado y muy contento sobre todo cuando me enteré que apenas tenía que hacer nada, ya que había un Consulado General en Londres y allí se haría todo. Además había nombrado embajador en Londres a Jaime otro compañero del Colegio Mayor_ él médico pediatra- y que nos hicimos grandes amigos. Estaba protegido por todos los flancos.
O eso creía yo…
Praticamente todo se reducía a invitaciones varias a actos protocolarios, y a disfrutar de los beneficios que tienen los diplomáticos_ que hasta entonces desconocía_ como por ejemplo no pagar IVA en ningún producto.

Sobre todo yo lo notaba en la gasolina cuyo precio final lo compone prácticamente los impuestos; en la carne de la Argentina, hasta que empezó la Guerra de las Malvinas etc etc.

! No rechacéis nunca ese nombramiento !

Estaba encantado y mi mujer creo que mas todavía. Eso era vida. Ninguna obligación, ningún problema. A veces pienso que en ese momento fue cuando empecé a engordar, pues, aunque os cueste creerlo, os aseguro que yo fui delgado y con el pelo negro.
Pero…

Un fatídico día recibí desde Bélgica una llamada de un compañero de un banco español en Londres que había sido destinado como director de la sucursal de Bruselas.
.- Quiero que recibas a un amigo mío libio que tiene un problema con su pasaporte diplomático. Una gran persona_ recuerdo que me dijo_ y respondo por él.

Se presentó el día de la cita en mi despacho con una amplia sonrisa un hombre joven, cerca de 1,90 de estatura, delgado, moreno y de magnífica presencia.

Mis compañeras de oficina estaban alborotadas, por su porte, por su exquisita educación y por su traje de magnífico corte. Incluso se atrevieron decir que estaba bueno. Vamos, que no pudo entrar con mejor tarjeta de presentación.

Su problema era simple : a su pasaporte diplomático se le habían agotado todas sus hojas _en los países árabes, los visados de entrada ocupan una página entera_.

Mi amigo Jaime se había ido de viaje y no pude contar con él. Pero yo seguía encantado; estaba chupao; iba a quedar delante de mi amigo del banco como un verdadero Cónsul .
Me invitó a comer en un impresionante restaurante libio en Mayfair que yo no conocía. Todo el personal del restaurante parecía estar solo a nuestro servicio y él recibía pleitesía y adulación por todos los lados.

Hablaba un magnífico inglés. Había estudiado en Inglaterra. Me contó que era amigo y compañero de Gadafi. Los dos habían recibido formación castrense en Sandhurst, la mas prestigiosa Academia militar del Reino Unido donde se formaron personajes como Churchil, Abdullah de Jordania, el Sultan Quaboos de Oman o los nietos de la actual reina.

No salía de mi asombro. A mí, como buen gallego, en vez de deslumbrarme me producía una extraña desazón esa amistad peligrosa con Gadafi.

Os recuerdo que en aquellos años Libia estaba involucrada en secuestros de aviones civiles hasta que los Estados Unidos bombardearon Tripoli destrozando la residencia de Gadafi y matando a una de sus hijas.

! Y mi personaje presumía de ser su amigo!.

Cuando llegué a la oficina mandé un telex a mi amigo Presidente. Todavía no se había inventado el fax.
La contestación no pudo ser mas desconcertante:

Que lo notificara a Scotland Yard pues el número del pasaporte coincidía con el que le había sido robado a un importante personaje de su país.

No podía creer en mi mala suerte. Mi primer y único acto consular y me encuentro delante de un posible_ para mí ya seguro_ terrorista. Esa noche se me hizo lentísima la llegada de la madrugada. Le daba vueltas y vueltas y todos los razonamientos iban en mi contra.

._Vale, llamo a Scotland Yard y detienen a este tipo, pero él sabe quien soy yo, pensaba yo en mi insomnio.

Por la mañana ya había tomado una decisión : llamé a Bruselas al director del banco y le conté todo lo ocurrido.
.- Romero, seguro que hay un error. Es una magnífica persona y en esos países la gente importante son amigos de su presidente. No te preocupes, ahora mismo yo hablo con él.

Efectívamente unas horas después el libanés estaba en mi despacho. Con sus educados modales me contó lo siguiente:
.- Este pasaporte me costó 50000 dólares_ no olvidéis que estamos en el año 80_ y lo compré a un funcionario en la embajada en Madrid.

.- No se preocupe que mañana mismo voy a Madrid y lo soluciono.
Me dio las gracias . Le devolví su pasaporte.

Cuando salió de mi despacho tuve que ir rápidamente al cuarto de baño.

Meses después viniendo con mi mujer de Madrid a Londres en un avión de Iberia me llamó la atención que mi compañero de la derecha rechazara la oferta gratuita del vino con la comida.

Entonces veo que es un árabe y pasados unos minutos de la primera fila se levantó el libio del pasaporte. A mí no me vio pero yo juraría que cruzó una extraña mirada con mi vecino.
De nuevo viví la pesadilla. Ya estaba mi cerebro funcionando a velocidad del sonido. Estaba convencido de que nuestro avión iba a ser secuestrado.

No le dije nada a mi mujer, pues ya lo pasaba mal en los vuelos como para añadir un ingrediente más.

Conocéis mi optimismo exagerado casi de un oligofrénico. Pensé que mal sería que no me devolviese el favor.

Por supuesto no hubo ningún secuestro y sí me fijé que cuando llegamos a Inmigración entregó su pasaporte y pasó sin ningún problema.

Y entonces se lo conté a mi mujer y hoy a vosotros.



Texto agregado el 10-03-2014, y leído por 108 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
11-03-2014 Es el mundo en el que vivimos. biyu
 
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