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Cuando llueve se me mojan los cuentos y entonces se mezclan las oraciones de una faz y de la otra del supuesto soporte del texto.

Con lo espeluznante que puede parecer semejante situación no deja de tener, como casi todas las cosas, su lado bueno.

En algunos casos quedan historias lúdicas con inenarrables ideas salpicadas por doquier, en otras oportunidades quedan plasmados conceptos imposibles de haber existido en el ordenado universo de la Literatura.

Y a veces, resuello en la esperanza que, de alguna manera, quede aseverada la veracidad de aquella inconsistencia ideal que menciona la posibilidad de que si dejamos un mico o un primate con un teclado puede que, en el transcurso del tiempo, llegue a crear sonetos tan valiosos como los del Bardo Inmortal.

Debo reconocer que nada parecido a esta última observación me ha ocurrido todavía (adverbio, este último, que parece desplegar la sutil esperanza que alguna vez ocurra, aunque las probabilidades son bastante magras dado mi total desconocimiento de la estructura "sonética" pero puedo basar mi confianza en que comparto esa desinteligencia con el mico, quizá) y en el supuesto de ocurrir yo sería el primero en clamar "plagio" sin_vergüenza.

Casi sin sentir rubor en mi rostro hablo de "mis" cuentos como si pudiera reclamar algún derecho sobre ellos. Por supuesto, en cualquier corte humana no exitiría la más mínima duda de esos derechos de propiedad pero si dejamos que los hechos hablen por sí mismos, muchas de las historias narradas por mi persona son el producto de la germinación consciente o inconsciente de la mayor de mis cualidades y de, a la vez, el más pesado infortunio que me fue otorgado por los hados: Elfo.

He llegado a pretender, más como un justificativo que como un convencimiento real, que los temas que no involucran de manera alguna a Elfo son de mi creación pero he tenido varias pruebas tangenciales que muchas de las ideas "sugeridas" por mi mente no pueden ser totalmente atribuidas a un dudoso proceso mental mio necesario para dar vida a un texto interesante.

En definitiva, desde que por primera vez ingresé a mi mente con la aviesa intención de darle arranque al supuesto motor que la hace funcionar, me encontré con un par de orejas puntiagudas que encerraban, como entre paréntesis, una entidad llena de las más curiosas, en el sentido de extrañas, y asombrosas ideas que no puedo, en toda honestidad, pretender que son de mi propiedad. Aunque, si mantengo la misma honestidad, debo decir que hace tanto tiempo ya que Elfo "contamina" mis ideas que no sé qué cosa es de quien.

En los primeros tiempos, creyendo que había algún desajuste en el machihembrado de mis neuronas seguí el consejo de varias personas de mi confianza y consulté a un terapista quien inmediatamente diagnosticó, en un todo en contra de las actividades de, y en total desacuerdo con, Elfo, el desarrollo de un trastorno mental proveniente de un desajuste o alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo y que podían ser considerados como anormales al compararse con el grupo social de referencia de donde provenía el sujeto (yo) dada la imposibilidad del enfermo (otra vez yo, aunque parezca excesivamente egocéntrico) de reconocer la realidad o adaptarse a las condiciones normales de vida.

El comentario de Elfo al leer el minucioso diagnóstico del médico fue: Bah!!!

Esta manera de reaccionar de mi duende me indicó que en algún lugar debía haber algún error. Basaba este razonamiento en la reconocida logorrea que aqueja a Elfo y a su falta de énfasis para despreciar el trabajo de un profesional.

Debía ser algo tan patente que eximía al gnomo de utilizar argumentos incisivos como era, y para mi desgracia, es, su costumbre.

El siguiente paso, luego de pagar al profesional sus honorarios, en contra de la opinión de Elfo que consideraba esa acción un flagrante delito, pero aceptando la siguiente sugerencia de Elfo, fue cambiar la potencia de la lámpara que iluminaba el pequeño archivo que tenía como mente.

Tan pronto lo hice, mi presente cambió radicalmente, comencé a encontrar pequeñas agrupaciones de palabras que sugerían una historia o terminaban en un entredicho con el enano.

Demás está decir que hice de esa acción de cambio de potencia lumínica una costumbre, con el consiguiente resultado de encontrar más y más material para estorbar el simple y libre desempeño de la vida ajena mediante la intromisión en ella de comisiones largamente insanas y llenas de inoportunas situaciones que obligaban al indefenso e inocente lector a estrujar sus axones en el intento de seguir el improbable hilo de razonamiento propuesto.

Por la misma razón expuesta anteriormente, no pudiendo mantener la presión que esas historias o entredichos, que se generaban en mi diario vivir, ejercían sobre mí, comencé a escribirlos para descargar la tensión sicológica.

Así empezó la Aventura de mi cotidiana educación como fui informado por el propio Elfo en su primer intercambio oratorio conmigo, es decir, mejorarme y hacerme una persona de bien con el poco prometedor material que le fue confiado: yo (no es mi intención hacer importante este pequeño pronombre pero parece estar algo dispuesto a aflorar en el discurrir de este tema en forma intermitente).

Luego de los años transcurridos en selecta interacción con el irremediablemente incrustado intruso mental se ha dado lugar a una simbiosis artera que sólo ha servido para despertar mayores dudas acerca de las razones que justificaron la mediación de este extraño ente en mis asuntos internos, aunque de ninguna manera hubo la más remota indicación de que su existencia no fuera real o su aparición se debiera a "el desarrollo de un trastorno mental proveniente de un desajuste o alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, etc. etc." y que su interacción con mis propios recursos no fuera un hecho cierto, pasmoso e inquietante por su capacidad para parodiar efectivamente a mi persona.

Frente a esta situación que deslía mi personalidad es que decidí confrontar abiertamente al duende con preguntas que dejen en claro la razón de ser de su ignominiosa tarea.

Dada la complejidad de semejante cometido el resultado que se obtenga de esa labor necesariamente debe se objeto de otro ensayo, lo que convierte a todo este galimatías en un presuntuoso prefacio.

He tratado de preservar el sentido lógico del trabajo aquí presentado en un intento de no dar vida a una jitanjáfora impenitente y, aunque en una segunda lectura me pareció un objetivo logrado, no puedo asegurarlo, dada la inevitable intervención de nuestro conocido y entrometido visitante ya convertido en habitante permanente en mi ser.

Les ruego preservar su lugar de lectores para acompañarme en la odisea que me espera frente a los Cíclopes, Escilas y Caribdys con que me encontraré pero no dudo en indicarles lo que seguirá porque deseo ser totalmente franco y darles la oportunidad de huír en estampida de otra tirada como esta, siempre y cuando hayan perseverado y llegado hasta aquí, cosa que me sorprendería en demasía dado que yo abandoné esta lectura desde hace varios párrafos.

Habiendo llegado con piloto automático hasta este punto y en total desconocimiento de cómo efectuar un cierre efectivo, opto por una salida poco elegante pero eficaz.

Quedo como servidor de todos... etc, etc.



Texto agregado el 12-03-2014, y leído por 368 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
05-05-2014 *****Me reí bastante con el inicio ;) y ya sabes, yo leí hasta el final y me encantó. También quiero leer sobre los Caribdys. Solo_Agua
15-03-2014 Sorprendete, leí hasta el punto final, sabes que en mi mundo aún existe la fantasia, así que tu relación con elfo para mí, no es anormal, y si mi profesión fuese terapista, sería el profesional mas feliz de tener un paciente que guarde un elfo ***** krisna22z
14-03-2014 Bueno, seguiré apoyando a mi amigo Elfo y veremos sus próximas aventuras. jaeltete
12-03-2014 Tu Elfo te atosiga, llevándote a esos lugares, sin pensarlo y si darte cuenta hacia donde vas. Esas ocurrencias te ayudan a vivir, por eso las escribes !Que bueno! Es una forma de estar bien con tu espíritu. Un abrazo y ***** NINI
12-03-2014 Thanks amigo, ¡¡llegue!! y tengo que decirte que el ser que me atosiga recurrentemente es un lobito, tanto así que a veces no se quien esta hablando, ¿estamos...? auuuu!!!! Los otros cuatro aullidos yar
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