TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / Anyleeblue / LOS VISITANTES

[C:539635]

No había nadie más que mi fría compañía en aquella habitación, las familiares paredes que me rodeaban me resultaban diferentes, ni el incomodo calor que siempre solía acapararme lograba irritarme, simplemente no discernía qué era lo que pasaba, por qué esa cortante agonía que fuertemente en mi pecho me oprimía.

Sentada en esa esquina favorita que siempre me albergo en mis noches de pesadillas infantiles me encontraba, sin inquietarme del pasar del tiempo podía escuchar el susurro suave y escalofriante de mi podrido corazón, el sollozo incesante de mi grito ante el perturbado evento vivido y el marchar apresurado de las agujas del reloj pisándome con fuerza me estremeció, no había pasado más de 2 horas de ese amargo evento, ese que cambio por completo mi vida…

No sé por cuando tiempo permanecí vagando en el profundo océano de mis recuerdos desconectada de la súbita realidad, su imagen me golpeaba con dureza haciéndome dibujar cada poro de su rostro desfigurado ante mí, impregnándose de mi esencia en él, era atemorizante.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y fue ahí en ese mismo lugar sobre ese viejo espejo que acompaño a esa deteriorada habitación durante muchos años, que lo vi, si, no había duda, era él, no podía equivocarme, a pesar de que solo era una simple sombra mal difuminada lo sabía, conocía todo de él, el grotesco movimiento que sus manos hacia era suficiente para reconocerlo.

Sin pensar ni un minuto más, me acorrale detrás de la puerta, con la mirada fija hacia ese ventanal donde se encontraba, no articule palabra alguna solamente le seguí, sí, eso hice, acosándolo con la mirada como león acechando a su presa, atenta a cualquier evento venidero que pusiera en riesgo mi vida, sentía el acelerando palpitar de mi corazón así como ligeras gotas de sudor me adornaban el rostro y el miedo me invadía poco a poco, ese miedo tan conocido que durante años me acompaño. Sin titubeo alguno intente tomar un torcido bastón que se encontraba junto a mí, situación que me fue imposible, mis brazos no respondían era tanta la adrenalina que mi cuerpo desprendía que posiblemente ante el miedo se había bloqueado por completo.
Él seguía ahí, firme y postrado frente a mi cama, con la cabeza baja y los brazos sueltos, permaneció inmóvil no más de 1 minuto, que para mí fue más que una eternidad.

Sin percatarse de mi presencia, me acerque fugaz a ese cómplice closet, escondite de juegos y tristezas, dentro estaría quien me libero de tal pena, aquel objeto atroz que con un solo tiro es capaz de volar en pedazos una cabeza, tal y como lo había hecho, o eso era lo que yo creía… Hasta que de repente como un veloz parpadeo, todo cambio, poco a poco se empezaron a reflejar más sombras que se podía apreciar a través del espejo, todas ellas se movían con rapidez total que no me permitían reaccionar, visitantes, muchos visitantes que venían a saciarse de mi sed de venganza.
Sin poder contenerme, esboce una sonrisa irónica que dejaba al descubierto mis ya conocidas y asquerosas intenciones, pude notar mi diabólica mirada y como mi rojizo cabello caía ante mis ojos, eso no fue impedimento aunque llegaran miles de ellas nuevamente lo haría, si, lo volvería a hacer cuantas veces fuera posible, así que proseguí trazando ese plan que seguro aún no concluía, sin importarme la presencia de aquellas sombras de putrefacto olor quienes danzaban con tétricos movimientos alrededor de la habitación y parecían acosarme me mantuve firme y con los ojos desorbitados comencé a buscarlo, podría contar 15 de ellos dentro quizá más pero eso no me importaba, mi presa era él, si él, aquel hombre que por derecho y obligación debía haberme amado y no lo hizo.

Permanecí inmóvil un tiempo, no me pregunto cuánto porque no sabría responder, solo me contuve ante el arranque de ira y mientras una desagradable mezcla de emociones entre temor y rabia me abrumaban. Note que las sombras se desplazaban con menor lentitud, así como 3 de ellas se retorcían de forma repugnante sobre el piso al mismo tiempo que murmullos de terror resonaban por todo el lugar y ese fétido aroma que los decoraba más se esparcía, sin comprender qué estaba pasando, tape mis oídos a causa del terrible sonido que esos fantasmales seres producían y apretando mis ojos me desplace hacía la orilla de mi cama, pero algo hizo que me detuviera, ese anticuado espejo, impresionada por lo que veía me perdí en la inmediación del triste reflejo que me regalaba, sin dar el mayor cuidado a los gritos y sonidos desgarradores de aquellas sombras que por cierto alguna que otra chocaba contra mis piernas; me acerque lentamente hacia el cristal, lo que veía me dejo en shock, aquellos ojos verdes sin brillo, tristes y marcados por una mirada vacía sin un rumbo o fondo cercano, mi piel pálida decorada por fuertes ojeras pronunciadas en toda su extensión no hacia juego perfecto con mi lacio cabello enmarañado tal vez maltratado y sin contar mis labios de repulsivo tono entre morado y verde me dejo sin palabras, a mis 20 años con tal presentación solo era digna de una película de horror, nunca me llamo cuidar mi aspecto y jamás me considere una chica sexy la cual deseaba lucir siempre hermosa, solo que en esta ocasión lo que contemplaba sencillamente no tenia perdón.

Un alarido de agonía me despertó de mi divague mental, cuando me gire pude apreciar como los visitantes se había ido dejando la puerta entre abierta y solo yacían en el piso unos cuantos, recordando con ansiedad mi postura me precipite hacía mi presa, que plácidamente se recostaba en mi lecho, los pensamientos de muerte se acumularon y con una sádica expresión y arma en mano, me acerque lentamente a él, al mismo tiempo que le llamaba dulce y diabólicamente: ¡Hola papá! Claramente escuchaba el crujir de mi pasos sobre la fría y gastada madera, ahora nada me podía detener, si ya lo había hecho una vez otra no sería un problema, sino todo lo contrario.

Cuando por fin termino lo que pareció un suplicio me pose sobre sus pies y fue ahí cuando mi vista se aclaro y pude verlo, esa horrenda cara marcada por arrugas y el pasar incontrolable de los años junto con ese pelo que ya mostraba algunas canas, sin dejar de lado, esa ausencia de expresión en su boca, todo eso, me paralizo, sin saber el motivo me horrorice y ese familiar pavor que me hizo retroceder nuevamente a mi infancia y parte de mi adolescencia regreso, produciéndome una asfixiante sensación de querer salir de ahí. Sin más, se puso de pie, mirándome fijamente y sosteniendo ese típico cinturón en su mano, se aproximo lentamente como siempre solía hacerlo, como esos espantosos días pasados que ya no volverán, mientras exclamaba: Déjame en paz, no te me acerques…

Y la historia se repitió una y otra vez en mi mente. Podía sentir la euforia de sostener el arma en mis manos y como escupía toda calumnia y reproche al instante que disparaba sin pensar riendo como desquiciada y embarrándome de su repulsiva sangre… Cuando de repente, lo comprendí, desconcertada y con la mirada baja en signo de desconcierto, solté el arma y me arrodille, en ese momento todo se desvaneció y él desapareció, una deliciosa y cálida paz recorrió cada espacio de mi cuerpo y no pude evitar sonreír al compas de una frágil lagrima que se deslizaba con extrema dulzura sobre mi rostro, dejándome llevar por lo que sentía me puse de pie y me gire con determinación. No había más, esa tenue luz me llamaba y como atraída por un fuerte impulso de amor me dirigí a cruzar hacía ese portal para tal vez ya jamás regresar.

3 días después la nota principal del periódico que estremeció a los demás, una joven de 20 años murió a manos de su padre un demente disfrazado de buen hombre solidario y amoroso, además homicida de 3 personas más que acudían al llamado de la joven y los cuales ejecuto en la habitación de la víctima al descubrir el cadáver de esta.
De acuerdo a las investigaciones era huérfana de madre, su padre quien contaba con la tutela, abusaba sexualmente de ella desde pequeña amenazándola con golpes y de muerte si abría la boca, en un acto de desesperación y cansancio consiguió un arma (la cual se desconoce hasta ahora el lugar y forma de adquisición de dicho objeto), para terminar con aquella pesadilla, al momento de la agresión, paralizada por el miedo no fue capaz de defenderse y sin hacer nada en su defensa más que un grito ahogado de ayuda, él, la asesino.

Texto agregado el 30-03-2014, y leído por 67 visitantes. (0 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]