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Una historia de amor... Verdadera!

La catedral estaba adornada de gardenias blancas las preferidas de él. Una alfombra roja habría camino hasta el altar mayor dedicada a la Asunción de la Virgen María. Poco a poco los invitados empezaban a ocupar las bancas destinadas para ellos; del lado izquierdo los invitados de la novia, del derecho los del novio. La hora se acercaba, en el campanario las treinta campanas estaban listan para empezar su repique y anunciar el inicio de tan importante ceremonia. Eran las 11.30 de la mañana. A lo lejos se veía llegar la caravana de automóviles que llevan como personaje principal a la novia. María Inés una hermosa mujer blanca, de ojos claros y rubia cabellera; hija única de un empresario venido a más. El carro en el que ella iba era un plymouth 1937 coupe clásico que su padre tenía como un regalo muy preciado; que le diera su mejor amigo.
Llegaron a la entrada de la catedral y de lejos la mamá de María Inés; doña Juanita le hacía señas; de que aún no entrara, pues el novio no había llegado y como era la tradición ella tenía que llegar después de él; pues el novio tiene que esperar la entrada de su prometida en el altar para que el padre la entregue.
Eran ya las 11.45 y el novio seguía sin aparecer. Los rumores comenzaron a escucharse dentro de la catedral. – ¿y si no llega?, -¿y si se arrepintió a la mera hora?, - ¿y si el papá no le llegó al precio?
Se rumoraba que aunque María Inés, era muy bella y heredera a una gran fortuna; los novios no le abundaban pues el padre tenía fama de celoso, manipulador, altanero y prepotente. Así que nadie quería “tener” a don Eustaquio como suegro.
Quien ordena con potente voz; - Una vuelta más…
A María Inés se le vienen recuerdos a la mente de cuando conoció a su prometido en una de las tantas asistencias a la oficina de su padre.
Él, un abogado del despacho Sánchez Arellano; socio y cofundador de la firma de abogados líder en México. Era también asesor de don Eustaquio, así fue que se encontraron; de ahí surgió el amor que ella tenía hacia Fernando; quedó prendada de inmediato por sus ojos claros, su porte tan varonil y encantador. A decir de Fernando él era un hombre muy atractivo para las mujeres; y él no se les resistía, se dejaba llevar por ellas “eran su debilidad” decía. Tan pronto como don Eustaquio vio en ella el interés, no dudo en presentarlos con la intención no de que su hija fuera feliz, más bien, su avaricia fue la que lo hizo pensar en unir fortunas. Así fue que aquella relación se fue dando; hasta este punto en que están por llegar al altar.
María Inés regresó a su presente al oír la voz de su padre:
–llegamos, esta vez tiene que estar ahí-.
Checo por la ventanilla del auto a doña Juanita y ella con un movimiento de cabeza le hizo saber que Fernando Sánchez ya se encontraba dentro y en espera de su amada hija.
El camino del brazo de su padre hacia el altar fue lento, se escuchaba la marcha nupcial de Mendelssohn; ella con su vestido blanco en tela de seda trabajada con incrustaciones en bordados de cristal, hilos de plata y perlas. Un velo que le cubría la cabeza y su hermoso rostro. Un tocado en forma de flor con diamantes incrustados, combinada con hojas bordadas en hilo de plata, que su mamá le había mandado elaborar con el mejor diseñador del país.
Al final del camino estaba Fernando; quién no se podía quedar atrás en cuanto a vestir elegante. Él, entallado en un traje hecho a la medida, que mando a confeccionar a parís. Sobrio y encantador como siempre.
Parecía eterna la llegada de María Inés a su brazo; mientras ella avanzaba por entre los vivas, felicidades y piropos de familiares y amigos, él, solo observaba a esa mujer que además de bella era también muy culta, con una carrera en filosofía. Habían hecho planes de irse de luna de miel a Hawái en donde estarían dos semanas y después regresarían a seguir trabajando, él, en el despacho jurídico, ella se dedicaría a las labores del hogar y a atender a los hijos que pronto vendrían.
Mientras esto pasaba por la cabeza de Fernando, en la de María Inés empezaba una batalla por decidir si quedarse al lado del hombre que ella amaba; pero que era solo un títere más de las siniestras manipulaciones de su padre, o hacer caso de lo que sus amigas y madre le dijeron…
-es tu vida María Inés, decide- ser solo la esposa de un hombre con un buen apellido y trabajo, o ser tu misma y salir a devorarte el mundo…
-“ser tú, María Inés y no la esposa de”-… pensaba para sus adentros.
… caminaba aun hacia el altar, miradas se cruzaron entre ella y doña Juanita, miradas de complicidad.
… la marcha nupcial daba sus últimas notas, estaba cerca, muy cerca de su futuro marido, de Fernando.
… sus pasos cada vez más lentos, pesados… cansados.
De súbito, se detuvo.
Miró a su padre y le dijo: perdóname pero no puedo hacerlo.
Miró a su madre y le dijo: te amo
Dio la vuelta y salió corriendo, entre susurros y aplausos. Todo aquello eran emociones contrastadas. Las campanas repicaban, como si los mismísimos ángeles estuvieran de acuerdo con aquella decisión.
Fernando no podía creer lo que miraba.
Su mujer se le iba, pero lo único que le importaba a ese hombre; no era el dolor que le causaba por dejarlo, no, se dolía porque él iba a ser señalado por el resto de sus días…
-Como el hombre que se quedó plantado en el altar mayor de la catedral mexicana.


Bárbara Lavín ©

Mi primera narración, reto cumplido mi querido heisenhen. Ahora solo espero su critica. Besos

Texto agregado el 14-04-2014, y leído por 157 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
15-04-2014 Una historia que no es original porque ya el final estaba anunciado desde el inicio, es un desenlace de relación amorosa ocurrida ante un altar. Grato leer tu narrativa. inkaswork
15-04-2014 Suele ocurrir al revés.Me gustó el desenlace.Alguna vez tiene que tocarle al hombre un desaire como éste.UN ABRAZO. GAFER
15-04-2014 Una historia feminista con excelente narrativa.***** girouette-
14-04-2014 Una historia bien contada. Un final que desde el inicio se podía deducir, porque los personajes envueltos en la trama, no existía amor, sino un interés social marcado. Idea e imaginación. Me gustó. Un abrazo y estrellas***** NINI
 
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