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Creo recordar que con anterioridad les he hablado de los habitantes de la localidad de Santa Martina, a pesar de ello quiero reincidir.
Son personas muy longevas, gozan de excelente salud , a diferencia de otras poblaciones cercanas las visitas al médico son más bien escasas. Al respecto no se han hecho estudios científicos algunos, circulan teorías como que su ubicación geográfica les hace tener un microclima muy saludable, que si las aguas de un nacimiento natural tienen propiedades sanadoras. Yo mantengo la teoría empírica que el secreto es su manera de afrentar el vivir cotidiano, su filosofía particular ante la vida.
Los Martineños, trabajan lo preciso ni más ni menos, lo justo y necesario, son casi imperturbables, por no decir del todo, el término estrés no está en sus diccionarios . Les muestro varios ejemplos y cada uno que extraiga las conclusiones que fueren.
Don Fausto es un octogenario que goza de excelente salud, nada raro en el lugar. Don Fausto es Alcalde de hace más de cuarenta años. Lo fue en la dictadura y lo sigue siendo en la democracia, elección tras elección gana con mayoría absoluta.
El Alcalde ni quiere ni crea problemas, conocedor como nadie de sus representados, sabe dar a cada uno lo suyo. Si usted pregunta a cualquiera el porqué de tan dilatado gobierno, la respuesta siempre es la misa, lo que funciona bien no hay porque cambiarlo.
Don Ernesto el médico, oriundo del pueblo, no le va a la zaga al Sr. Alcalde. Una señora ya bien entrada en años, le acucia constantemente para que le recete algo, pues según ella los dolores le martirizan, aunque esos dolores cesan en cuanto entabla conversación con alguna vecina. El doctor siempre le da la misma respuesta. Mira Anica, hay dos tipos de enfermedades, las que no tienen solución y las que se sanan solas, no hace falta que te recete nada.
Juanito el pastor disuadió a un pobre hombre de una localidad limítrofe que quería poder fin a sus días en este valle de lágrimas. Al ser preguntando como lo consiguió, sin darse importancia alguna, sin regodearse en el éxito, explicaba como salvó la vida a un desesperado que pretendía ahorcarse. Su argumento principal que esgrimió ante el suicida es que había elegido una rama no lo suficiente fuerte para soportar el peso, que corría el riesgo que se truncará, siendo una verdadera pena que estropeara a la encina con lo frondosa que estaba.
Salvador Márquez el barbero, conocido por todos como maestro Márquez, tiene su peluquería en la plaza del pueblo en una esquina justo al lado de la Caja de Ahorros, su barbería es el centro de reunión y tertulia, allí se leen periódicos con varias fechas atrasadas, no importa mucho, no crean que a modo de otras barberías se discute de toros o de fútbol, en Santa Martina, no se discute , se dialoga y sin algún osado se acaloraba lo más mínimo, el resto se levantan y le dejan solo con el maestro Márquez, este leyendo cualquier revista antigua le castiga ignorándolo.
Un día bajó al pueblo para corte de pelo y afeitado Silvestre Ramos, conocido por todos como el ermitaño, ya que como tal vivía. Una vez aseado, le comunica al maestro Márquez, que no podía abonarle el servicio pues estaba a la espera de cobrar unas reses que había vendido, pero no quedó ahí la cosa, sino que además le pidió una cantidad de dinero prestado hasta que cobrará las reses. El maestro Márquez lejos de negarse en rotundo, consciente que no podía desprenderse de esa cantidad , ya que la necesita para él y su familia. En tono coloquial como si con el no fuera la cosa va y le espeta. Mira Silvestre te prestaría de buen grado el dinero que me pides, pero tengo un problema, hace unos días he contraído un contrato con los del al lado, refiriéndose a la Caja de Ahorros, de común acuerdo nos hemos comprometido, que ellos no pueden pelar ni afeitar y yo no puedo prestar dinero, comprenderás que los contratos hay que cumplirlos.
Andrés Mota como la inmensa mayoría de los lugareños se ajusta al perfil. Andrés contrajo matrimonio con una señora de la capital, al parecer a través de un pariente común que ejerció de Celestina , de no ser así, se hubiese quedado soltero de por vida. Después de dos años de matrimonio la esposa se hartó sencillamente de que no pasara nada, Santa Martina le ahogaba, un día sin avisar cogió las de Villa Diego y dejo a Mota compuesto y sin mujer. Al cabo del tiempo la buena señora visitó al pueblo pero no vino sola, le acompañaba su nueva pareja.
Estando Andrés jugando la partida de todas las tardes en el casino, uno de los contertulios sacó el tema a relucir, sin inmutarse con la vista puesta en los naipes, respondió. Si ya me he enterado que nos ha visitado mi esposa que venia acompañada de su marido.
Estos son algunos ejemplos de los habitantes de Santa Martina, hagan sus cávalas del porqué de la excelente salud y longevidad de los martineños.

Texto agregado el 29-04-2014, y leído por 286 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
07-11-2014 Muy bien narrado, una realidad plasmada de una forma que en lugar de juzgar, uno, como espectador sonríe. Muy Bueno, Pacurro. Te felicito. Un abrazo. SOFIAMA
30-10-2014 Muy bueno. Se arrancan las sonrisas al leerlo. Que suerte de pueblo eslavida
29-04-2014 Divertido relato.Mi mayor estrés consiste en que nunca estoy estresado...Éso me preocupa.UN ABRAZO. GAFER
29-04-2014 Si el problema es la falta de stress, mi Señora no morirá. rentass
 
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