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Existen situaciones que de alguna forma nos transportan al ayer. Son palabras, gestos o imágenes que nos retrotraen al pasado y aparecen en nuestra mente algunas anécdotas que estaban replegadas en algún lugar de la mente.

Escuchando una noticia sobre ciertos delincuentes que poseían sobrenombres bastante extraños, recordé a los antiguos compañeros de una empresa metalúrgica, que también gustaban de apodar a sus compañeros con los seudónimos más divertidos, casi siempre, a espaldas de ellos y, por supuesto, no carentes de crueldad.

Allí estaba el “Vaca Loca”, tildado de ese modo por su vocabulario irreverente y disparatado y por sus acciones a la ligera, tratando de cubrir la mayor parte de sus labores en el menor tiempo posible.

También emergía en esta fauna “El pistola”, cuyo apodo obedecía a que –trabajando en la máquina guillotinadora, esta le había birlado tres de sus cinco dedos, por lo que cuando mostraba algo con su mano lisiada, lo hacía enarbolando su dedo índice y el pulgar, a modo de gatillo.

Se debe reconocer que los apodos eran bastante ocurrentes. A un señor que caminaba inclinando su cabeza hacia la derecha, le pegaron el mote de “El Maquinista”, por su evidente parecido con cualquier conductor de tren, que asoma a intervalos su cabeza para vigilar la vía.

No puedo olvidar al “Ensalada a la chilena”, motejado así por tener sus cabellos blancos y la cara roja. (Para los que no saben, dicha ensalada se prepara con tomate y cebolla cortada en pluma.

Me avergüenza reconocer que ni yo salí indemne de tales apodos. Supe por indirectas que se me ubicaba como el “Daniel Boone”, por mi cabellera un tanto voluminosa, similar al bonete de cola de mapache que utilizaba como sombrero. También estaba “el yalero solitario”, chofer de un montacargas que gustaba de trabajar solo.
Como se puede ver, el tema daba para mucho y nadie podía sentirse a salvo de esos histriónicos operarios. Estaba el señor Canario, que si bien este era su legítimo apellido, por una extraña razón, siempre estaba confeccionando jaulas.
Entre los administrativos, se encontraba el “pate cumbia”, el “oso polar” y “el chileno”, apodado así por dirigirse a todos diciéndoles: ¿Cómo está, chileno?
Más de alguno se me escapa, como el “Pantera”, llamado de este modo por su agilidad para trepar sobre las ramplas.
Los recuerdo a todos con un poco de nostalgia. Será porque en ese entonces, ellos eran los que me acompañaron en esa parte de mi vida, la que se quedó muy atrás en el tiempo, jirón de existencia que cualquier ventarrón repentino lo trajo a mi memoria.
























Texto agregado el 10-05-2014, y leído por 187 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
16-05-2014 Muy ingenioso su escrito, yo tengo el sobrenombre que este del nick, se me ocurrio traerlo aqui. Un compañero de trabajo japones me llama asi, en casa solo por mi nombre. Un placer leerle. bishujoo
10-05-2014 el taza (tenía una sola oreja) entre otros... girouette-
10-05-2014 Es verda, algunos apodos son graciosos otros crueles, pero siempre existieron y existirán. Me gustó la del maquinista jaja. Muy buena tu narración. biyu
10-05-2014 ¡¡ Ah...!! bellas reminiscencias. Te comparto algunos: "el coco rojo" "el capuchas", "el sexy", "El william", "el tiket", "ñoño", "el huesos"... el mío esta incluido... ji ji ji Cinco aullidos felices yar
 
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