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Late nola

Poco habilidoso cuando se trataba se llevar el balón y una muralla china a la hora de defender su zona.

Ese era el Chino Maidana, le apodaban “puente roto”, porque nadie lo podía pasar. Su gran pasión era el futbol; vivía, respiraba y transpiraba futbol.

Su sueño de chico fue ser delantero pero con sus 1,95 metros de estatura y sus 95 kgrs de peso sumado a una naturaleza tosca para sus movimientos, lo obligó a recluirse en su puesto de defensor derecho. Y bien derecho, porque su pierna izquierda era de palo; apenas le alcanzaba para arrastrar su humanidad.

Su primer contrato lo logró con el club Lanús, ciudad también en donde había nacido y los colores por el que siempre había alentado.

No podía pedir más; como un Atila contemporáneo, por donde pasaba su humanidad no crecía el pasto. Morocho, morrudo y con una impronta que hacía estremecer a cualquier delantero que osara transponer su espacio.

Por aquellos tiempos eran muy comunes los álbumes con figuritas para completar. El más popular fue uno que se llamaba Fulbito. Todos los niños y los no tanto se desesperaban por completarlo, en busca de su ansiado premio que era la pelota de futbol. Pero siempre en estos juegos hay figuritas difíciles y el azar hizo que la figura del número 2 de Lanús, el Chino Maidana fuera la elegida.

No se hablaba otra cosa que del Chino, no tanto por sus virtudes en el campo de juego, sino por su mezquindad a la hora de hacer feliz a los niños.

Y la sociedad se ensaño con él, bastaba con trasponer el túnel hacia el campo de juego y todo el estadio lo abucheaba tanto la hinchada local como la visitante. Ninguno de los padres presentes podía tener consideración con el ingrato defensor que hacia llorar a sus hijos. La salida de los estadios llego a ser un calvario, rodeado de policías que evitaban que los enfervorizados hinchas se abalanzaran sobre el jugador.

Ya no podía salir a la calle, y el frente de su casa fue llenado con consignas furiosas e injuriosas.

Los responsables del juego de figuritas aclararon que fue una decisión al azar y que el desdichado Chino nada tenía que ver. Los segmentos deportivos de los noticieros no paraban de hablar de la figurita difícil y la foto del futbolista aparecía en todos los medios.

Un planteo de la asociación de futbolistas agremiados solicito que se lo suspenda por motivos de seguridad en los partidos. Sus propios compañeros de equipo apoyaron la medida.

Fue así que el desdichado Maidana tuvo que abandonar los campos de juego.

El tema se convirtió en una razón de Estado que llevó a las autoridades nacionales a tratar el tema en el Congreso. La oposición presentó un proyecto de declaración de persona no grata al futbolista que fue aprobada por unanimidad.

Ahogado en llantos, solo y despreciado tomó el arma en un intento de terminar con el calvario en el preciso momento en que se le apareció la gracia divina y le arrebató la pistola de un saque.

-Hijo mío, recuerda la frase que Dios aprieta pero no ahorca.

-¿Qué quiere que haga?

-Déjamelo en mis manos.

Lo sorprendente de la situación fue que el mismísimo creador llevara puesta la camiseta de su club con el número 2 en la espalda.

OTREBLA

Texto agregado el 19-05-2014, y leído por 172 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
19-05-2014 Me encantó tu historia,pues tiene los ingredientes que la hacen buena para leer :un personaje interesante,un deporte muy popular,la afición por las figuritas de colección y un drama humano.UN ABRAZO. GAFER
19-05-2014 Creí que El Chino dejaría el fútbol por el boxeo. Rentass
 
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