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Inicio / Cuenteros Locales / libelula / EL CABALLERO Y LA BRUJA DEL BOSQUE (3a parte y final)

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No confíes en esa mujer de mala vida me espetó Bernardo cuando, enviado por Matilde, fui a adquirir algunos abarrotes en su pulpería.

-No te dirijas así sobre una mujer en presencia mía o probarás el filo de mi espada, le contesté iracundo.

(Cabe hacer notar que la hermosa Matilde en este mismo instante sintió una pequeña y punzante presión en el espacio vacío del diente perdido de su boca)

- Si quieres comportarte como un caballero con ella, allá tu, solo puedo decirte que se vale de malas artes y supersticiones para sobrevivir y muchos rumorean que tiene pacto con el diablo.

- Solo es una mujer sola y compasiva que me ha hospedado en su casa por un tiempo y yo a cambio realizo pequeñas mejoras en su casa que requieren la fuerza de un hombre, le aclaré malhumorado, a lo cual Bernardo ya distraído con otro cliente no contestó.

Camino al bosque no pude evitar mirar de modo asombrado una sencilla aldeana que llevaba agua en su cabeza, la claridad de su semblante y la pureza de sus rasgos oscuros me hizo suspirar, conmovido me ofrecí a ayudarla, a lo que se negó asustada, pronunciando confusamente algo así como que no podía detenerse pues la esperaban en casa y su padre la retaría.

Cuando llegué a la cabaña, Matilde me esperaba sentada en la desvencijada sala con el rostro serio.

- Estimado caballero - me dijo- ayer has cometido un grave error.

- ¿Por qué? pregunté avergonzado.

- Has dejado descuidadamente el pobre tesoro que has logrado acumular en todos estos años de penurias y aventuras y que puede ayudarte a continuar tu camino, me dijo poniéndose de pie y entregándome el cofre que había olvidado por completo.

Emocionado y turbado le contesté:
- Pensé que me quedaría contigo Matilde.

Querido Rodolfo, alguna extraña magia ha operado en mi esta mañana, pues vuelve a crecerme el diente que había perdido. No dudo que tu tienes algo que ver en ello y sin duda eres el hombre más hermoso que he conocido pues el sol se regocija en tu cabello, pero - y en ese momento los ojos se le llenaron de lagrimas - no es este tu destino sino el mío.

Esta mañana entre otras cosas he recuperado parte de mis poderes y vaticino el encuentro de un alma afín a la mía que se acerca. Tu debes seguir tu camino y yo mi vida.

Ya no había olor a chancaca y canela, pero el aroma a leña saliendo por el cañón de la cocina, a tierra húmeda y boldo persistía cuando ensillé a Fidel y me despedí con un abrazo de Matilde.

A lo lejos, una mancha gris - azul se destacaba en el horizonte. ¿Qué voy a hacer con mi caballo? pensé, tendré que regalárselo a mi hermano.


Texto agregado el 02-06-2014, y leído por 111 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
02-06-2014 Está interesante la historia.Veremos cómo termina.UN ABRAZO. GAFER
 
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