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Texto participante en el Desafío Creativo II

Personaje
: Una Monja
Escenario: El Monte Olimpo
Género: Fantástico



PLURIEMPLEADO


La única religiosa de todo el convento que no se conmocionó cuando el médico anunció la enfermedad y muerte inminente de Sor Renata fue la propia convaleciente. La monja, lejos de acongojarse, se sintió feliz, porque para ella la escasa semana de vida que le quedaba por delante eran los últimos siete días que la separaban de su esperado encuentro con el Señor. Cuando las fuerzas parecieron abandonarla, recibió la extremaunción de mano del Padre Gabriel y, durante la hora de la siesta, el agotado corazón de la monja dejó de latir…


* * * * *


Tan dulce fue la partida de Renata, que ni ella misma advirtió el trance en que su alma transmigró fuera de la esfera mortal. Cuando despertó, creyó estar inmersa en un sueño, y tal fue su incredulidad, que tuvo que frotarse los ojos. Aquello no se parecía en nada a lo que había imaginado que sería el cielo; y, sin embargo, aunque el paraje en el que se encontraba distaba de sus expectativas, la belleza sempiterna de cuanto la rodeaba pronto le inspiró otra ubicación divina y que también había idealizado.

“¡Estoy en el Paraíso!”

Y es que se hallaba en un precioso valle verde, cuya
alta y fresca hierba era mecida por una agradable brisa. No había gran predominio de frutales, pero sí había plantas floridas y aromáticas dispersas por doquier. También había fuentes, un arroyo de aguas cristalinas y, no muy lejos, una imponente montaña, cuya cima se perdía entre altísimas nubes.

A pesar del notable embeleso que la embargaba, la monja notó de repente un movimiento a su espalda. Provenía de una preciosa mata de laurel, donde pudo entrever una pequeña cabecita que la espiaba.

-¡Oh, un Querubín! ¿O eres un Serafín?- Se emocionó Renata, y entrelazó las manos. –Por favor, concédeme la gracia de verte. ¡Me harías tan feliz!

Uno de los ojos que la miraban se achicó ante sus palabras, como si hubiera elevado el pómulo en un gesto de extrañeza que la religiosa no interpretó como tal. Al notar que el silencio se prolongaba, la anciana volvió a rogarle, impaciente

-Te lo suplico, angelito de la guarda, ¡muéstrate!

-Las que visten así y terminan aquí nunca se alegran de conocerme.

-¿Por qué dices eso? ¡A mí me encantará conocerte!

-Está bien… si insiste…- Cedió la criatura con un dejo de resignación, y saltó fuera de las ramas. -¡Buh!

Fue en el instante que Renata posó sus pupilas en él cuando olvidó completamente sus dulces ruegos y empezó a gritar, horrorizada.

-Lo sabía… - Ironizó la criatura, que presentaba el rostro y el torso de un niño y las extremidades inferiores de un cabritillo. Dos diminutos cuernecillos asomaban de su frente.

-¡Eres…! ¡Eres…!- Balbuceó la anciana cuando fue capaz de articular palabra.

-Soy un Fauno.

-¡El diablo!- Chilló Renata, sin escucharle.

-¡No! Mis primos, los Sátiros, sí que son unos gamberros libidinosos, pero yo…

-¡Satanas! ¡Lucifer!

-¿Esos dos? En el piso de abajo, con el tío Hades.

-¿Hades?- Saltó la mujer, como si aquella fuera la primera cosa que le oía decir

-Sí, con Hades; Plutón para los amigos. Bueno, en realidad no es mi tío, lo es del maestro, el Gran Baco.

-¿Hades, Plutón, Baco? ¿Qué sinsentido es este? ¡Sólo hay un Dios!- Le desdijo la monja, alterada.

-Conozco ese cuento… y cuando le diga que no es así, me llamará eso de “hereje” y otras lindezas.

-¿Qué no es así? ¡Eso es una blasfemia!- Se irritó la religiosa, y empezó a lanzarle manotazos.

-¡Señora! ¡Qué hace!- Se quejó el ser, y se escabulló tras el laurel -¡Dafne, necesito tu ayuda! ¡Tenemos otra metedura de pata!

-¿De quién? ¿De Hermes?- Preguntó una voz nueva, suave y femenina, que surgía de la planta.

-¡Mercurio es sólo el mensajero!- Exclamó el fauno, indignado.

-¡Eso lo dices porque es el padre de tu jefe!- Rió, y las hojas del arbusto se sacudieron levemente. En un momento, empezó a elevarse, como si se desplegara, y pronto se pudo distinguir la figura de una joven. Sus miembros estaban torneados en las ramas, y el follaje que la cubría, semejaba una tupida melena y un vaporoso vestido. Los pies estaban claramente anclados al suelo como raíces. Observó a la monja con indulgencia y le extendió su mano de madera. –Acércate, mujer; no temas a este Paniskoi. Es inofensivo, te lo aseguro…

La religiosa, aunque aterrada, pareció confiar en la dama del arbusto y se le aproximó dubitativa.

-¿Quién eres?

-Mi nombre es Dafne; me convertí en laurel por escapar de Apolo, pero esa es una historia muy larga… ¿Sabes dónde te encuentras?

La anciana negó con la cabeza.

-Estás en las laderas del Olimpo. ¿Has oído hablar de esto?

La anciana afirmó, nerviosa.

-Pero eran… ¡mitos! No puede ser real…- Dijo

-¿En qué crees tú?- Preguntó la mujer-arbusto

-En Jesucristo, nuestro Señor. Él es el único…- Afirmó, temblorosa, y rompió a llorar. Dafne se conmovió y estrechó a la anciana afectuosamente.

-¡Pobre alma! Tranquila, te ayudaremos.- Sin dejar de contenerla, se volvió apenas hacia el pequeño Fauno. –Ve a buscar a Iris. Que la suba a la cumbre del Olimpo y la cruce con su puente hasta las puertas doradas que custodia Pedro.

-¿Y por qué tenemos que arreglarlo nosotros, si no saben clasificar bien las almas?- Protestó el geniecillo, frustrado.

-Compréndelo; es fácil confundirse. Ha bebido vino ceremonial, proclamándolo como sangre, y ya sabes que el único dios al que le corre alcohol por las venas es Dionisio. Eso sin mencionar que ha festejado toda su vida los solsticios. Ellos le llaman “Navidad” y “San Juan”, y Apolo sigue diciendo que esas fiestas son en su honor, incluso cuando los mortales lo han olvidado por completo. Así, no hay quien se aclare...- Explicó la dríade, paciente.

-Pues yo distingo a la legua a los devotos de ese dios pluriempleado. La multitarea divina no es buena, porque al final no da abasto con todo y pasan estas cosas.

-Deja de quejarte, que lo hecho, hecho está. Lo importante ahora es ayudarla a ir hasta su cielo para que no sufra.- Lo instó Dafne.

-Está bien, buscaré a Iris. Pero las acompañaré, y pediré el libro de reclamaciones; a ver si espabilan.- Gruñó el pequeñajo, malhumorado, mientras se alejaba de ambas.



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Texto agregado el 17-06-2014, y leído por 225 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
11-09-2014 jajaja no era una combinación fácil, pero gente con talento como el tuyo sale bien librada de cualquier reto. Ironía a raudales en este cuento, bien trabajado a nivel de mitología. ¡Yo cuando me muera quiero ir con Baco! walas
05-08-2014 Me gustó mucho como empieza el cuento y los divertidos diálogos. No la tenías fácil en el reto. ***** Nyarlathotep
22-07-2014 Ya, en serio, esto es fruto de una revelación, estás tocada por la divinidad. kroston
19-07-2014 My bue despliegue narrativo. Me gustó como encarar el desarrollo del cuento. Saludos. deojota51
10-07-2014 Excelente. Felicidades. 5 estrellas. Azel
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