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En un departamento del barrio porteño de San Telmo se encuentran Edelmiro y Camila. Están juntos desde hace ya algunos años, mas precisamente desde que se conocieron en la facultad de arquitectura. Viven en un departamento de dos ambientes sobre la calle Cochabamba. Son felices porque se aman. Pero una noche les ocurrió una desgracia. Cuando habían preparado todo para irse a dormir, un grupo de ladrones violento la entrada del edificio e irrumpió en el 1 “A”, donde se encontraba la pareja. Camila estaba en la cama y su novio en el living. Apenas entran los ladrones, Edelmiro alcanza a gritar desesperado antes de ser brutalmente golpeado. Camila se levanta y ve la situación, se aterra notablemente y suelta un ¡socorro! que llego a oírse en los otros departamentos del piso, y también más arriba. Es entonces cuando el otro ladrón se abalanza sobre la mujer y le tapa la boca, llevándola a la pieza. La otra rata se quedo con Edelmiro en el living, amenazándolo con un cuchillo y pegándole, aprovechando su contextura física. Le pedía dinero y más dinero, cosa que el muchacho no tenía allí. Había conseguido trabajo hace poco, y en cuanto a su pareja, aún no estaba recibida, le quedaba la tesis final. Edelmiro solo tenía una tarjeta con dos sueldos, el de Abril y el de Mayo, pero contaba con muy poco efectivo. De los dos delincuentes, el más centrado era Fabio, que era quien le exigía dinero a Edelmiro. Lamentablemente, el más trastornado, el más sádico y psicópata salvaje, era Esteban, quien se había llevado a la pieza a Camila. Por mas de que la siguiente situación que les contare sea realmente fuerte y horrorosa, la transmito tal como paso, tal como fue la realidad, ya que esto es un resumen basado en hechos reales de la no muy reciente pero recordada “salvajada de San Telmo”.

En el sexto piso vivía un hombre perteneciente a la gendarmería argentina. Oficial experimentado, fue avisado de la situación por Norma, una vecina del tercer piso. Fernando tomo su arma, se puso rápidamente la primer ropa a mano, y bajo al primer piso. Observo que la puerta estaba violentada y entro directamente. Apunto con su arma a Fabio, el malviviente que amedrentaba a Edelmiro. Este levanto las manos y tiro el cuchillo. Edelmiro lo agarro con la mano izquierda, y con la derecha le pego una trompada al ladrón. Enseguida fue a la habitación contigua, abrió la puerta y vio que el peor de los dos delincuentes, un verdadero psicópata ese Esteban, estaba violando a su mujer sobre la cama. Hasta la había golpeado en la cara, la chica estaba sangrando. Al ver esta escena, Edelmiro broto en cólera y se tiro contra la sanguijuela clavándole el cuchillo en el cuello. Lo mato en el instante. Luego apareció el gendarme. Luego los vecinos ya habían alertado a la policía. Luego la policía ya estaba en el lugar.

Edelmiro fue acusado de asesinato. Le quito la vida a un miserable que había violado a su mujer. Yo diría que se la quito en buena hora. Cualquiera hubiera hecho lo mismo. Le dieron una pena de diez años, todo ese lapso de tiempo por haber matado a un hombre que él nunca hubiese querido matar, de no ser porque ese cerdo se metió en su departamento e hizo lo que hizo con Camila.

Pasada la condena, Edelmiro salió de prisión, pero su vida ya no iba a ser la misma. Camila siguió viéndolo y manteniendo la relación cuanto pudo, pero no consiguió soportar que Edelmiro estuviese en la cárcel, como así tampoco la situación vivida. Se fue a vivir al exterior cuando su hasta entonces pareja cumplió un año de pena. Los padres de Edelmiro habían muerto en un accidente de auto, en viaje hacia Brasil. Él se entero unos días después, y no pudo asistir al funeral. Tampoco tenía hermanos, era hijo único, y para cuando salio de la cárcel, estaba más solo que nadie en el mundo. Situación que no pudo soportar más. Ni trabajo le daban por haber estado en prisión. No tenía posibilidades. Le habían arruinado la vida, por un crimen que él nunca hubiese cometido, de no ser por la mala e injusta pasada que le jugo el destino. Ese destino que hizo que le quite la vida a un semejante, por más de que ese semejante era una escoria, una verdadera basura. Ese destino que lo condeno a prisión injustamente por una temporada de diez años. Ese destino que le quito a su novio como consecuencia de lo acontecido. El mismo destino, el cual ni la justicia pudo frenar, que acabo con su paso por la vida. Por ese entonces, ¿quién dice que es justicia?

Texto agregado el 11-07-2014, y leído por 64 visitantes. (0 votos)


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