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Esta historia escapa a todo relato, es un precipitado de vida en lo real, tan condensado que a su contacto todas las palabras se rompen. Y si hallaran palabras lo suficiente duras como para resistir, el relato, que llega desfasado en el tiempo, pasaría por ser una ficción insensata.

Hay un espíritu que cada uno de nosotros adquiere con el correr del tiempo. Un espíritu que penetra con abundancia y rapidez, pues está por encima del tiempo, quizá lo único que puede llevarse del relato es un soplo de oboe. Un soplo con sabor a madera nueva dentro de una esfera mágica que corre, permitiéndonos haber nacido y caminando los caminos, luchar para que el mundo permita que otros hombres, que hoy son niños, puedan sonreír otros días.

MEDEA EL MITO: Fragmentos de historias incoherentes contadas junto a la oreja.

El mito suele nacer de la mano de la casualidad. Una muerte joven, una vida al límite, un diagnóstico equivocado. Mito contra cerebro. Ejercicio para el pensamiento. La idea lógica contra el resultado final delineado por del paso del tiempo.

De una esquirla de meteorito se pueden extraer unos cuantos pequeños secretos sobre el estado original del universo. De un fragmento de hueso se puede deducir el aspecto de un animal prehistórico. De un trozo de papiro es posible remontarse a civilizaciones desaparecidas hace milenios. De un hombre con la memoria parcelada, que ha estado taponada durante años, deformada por el tiempo, acechada por incertidumbres, y que un día, de repente, algo o alguien vuelve incandescente, se puede escribir una historia. La imaginación y la intuición son indispensables para descifrar los enigmas.

Un bosquejo de retrato, un relato desordenado, puntuado con blancos, huecos, ecos escandidos, y que al final se desfleca. No importa el desorden, la cronología de una vida humana no es tan lineal como se cree. Los blancos, los huecos, los ecos y los flecos, son parte integrante de la escritura, como lo son de la memoria. Las narraciones de un escrito no forman un bloque, como tampoco los dias de la vida humana, solo dibujan un inagotable polifonia de respiraciones, de murmullos que respiran continuamente sobre un vasto fondo de silencio. Narrar algo es aprender a escuchar la lengua cuando respira ahí donde las palabras callan y el corazón respira.

Es evidente que lo lógico en esta historia de vida le dió lugar al mito, y para ello hay que encontrar las similitudes entre el mito de la Diosa Griega y el tiempo que fué escribiendo la historia.

Medea era nieta del sol y en ocasiones se decía que hija de Hícate, la patrona de las magas, mas que ello, el prototipo de ellas y como en todas las historias existe una tradición tardía citada por Diodóro que dice que mas que maga, Medea era en realidad una princesa de sentimientos humanos y, si ahondamos mas, está claro que en ella reconoceremos a una de las llaves del alma universal, porque toda mujer es una parte real, la otra parte solo se descubre al saber soñarla.

Con el tiempo uno descubre que las cosas simples son las mas profundas, la vida no es mas ni menos que eso, un simple viaje de auto descubrimiento. Los pensamientos que elegimos pensar son los pinceles que emplearemos para pintar cada cuadro de nuestra vida. Lo que no se dijo en el momento oportuno, será percibido en otras épocas como una pura ficción.

ERASE UNA VEZ: La historia ha ido fluyendo de un pasado impreciso suspendido en el tiempo.

Cinco de la tarde, buenos aires, una mesa de café, la vista perdida en el tránsito constante. Ese tiempo que borró al viejo bar de los itinerarios obligados de los trabajadores que bajando en la estación Paternal se tomaban algunos minutos para beber un café al paso. Aquella estación que resiste el paso de los años, sus antiguas palmeras que siguen en pie, mostrando solo el gris de sus troncos teñidos de invierno se cruzan en El con la misma sensación de encontrarse frente a un baúl de recuerdos.

En Orense, Argentina, el amanecer llegaba siempre como una deliciosa luz deslumbrante a lo largo de la línea del horizonte. De las tres ventanas de la vieja casa colgaban pequeños soles de noche que habían sido originalmente granates, pero con la sal de mar se habían ido destiñendo hasta transformase en rosa pálido.
La vivienda, junto a otro pequeño grupo de casas erguía sus tejados descoloridos por el sol, con sus bordes carcomidos por el viento alineada sobre murallones de piedra que se adentraban en el océano. Un oxidado techo de chapa, reparo en las tardes de tormenta para quienes esperaban las lanchas de pescadores, cubría las agujas de un reloj ante el infinito oleaje sin fronteras.

Una figura de mujer, sentada en los anocheceres tras la ventana, aparecía observando el faro que sobresalía del mar y con su velada luz, marcaba la delgada línea donde las aguas se besaban con el cielo. Recordaba El, que la mujer encogía su cuerpo de tal manera que su figura no alteraba la belleza majestuosa del instante .

Casa grande de campo, tres dormitorios y un baño, una galería añosa donde trepaba una enredadera. La cocina rodeada de una arcada disimulada tras una cortina que la separaba del comedor y tras la cocina un espacio grande, hacía las veces de estar, comedor, sala de lectura y terminaba en un gran fogón a leña que los sábados por la noche, entre el cálido chisporroteo de las brasas reunía a la familia a jugar a las cartas, contar cuentos de aparecidos, luz mala, brujas y lobizones, mientras el mate pasaba de mano en mano hasta bien entrada la madrugada. Escuchar historias fantásticas en las frías noches de esos inviernos frente al mar tenía un algo especial, historias que sirvieron para enamorarse de la Grecia antigua e ingresar en la misoginia de Medea.

Historias de poder, esclavitud, calidad de vida, justicia , injusticia, placer, seguridad, libertad, falsedad; telones que pasan por la mente sin encontrar el guión de desarrollo suficiente para convencer del vacío existencial. Fuego a la vez creador y destructor, ciego y rebelde, caótico y prolijo, generoso y sublime, que se extendió en el impulso primitivo de la vida de quienes profesaron una pasión por los mitos, fábulas y leyendas.

MEDEA REAL: Dicen que es demasiado soñador, pasa la mayor parte del tiempo contemplado lo que le rodea.

Quizá porque su padre casi nunca estuvo en casa y cuando se quedaba no encontraba ni el valor ni las palabras para justificar la poca atención en su hijo. Tal vez por haber descubierto el mundo leyendo viejos libros de historia antigua encontrados en la biblioteca, fue dándose cuenta que contemplación no es pereza, sino un ejercicio paciente de adiestramiento de la memoria. Se traga sus lágrimas por no poder expresar lo que piensa o siente. Pero estaban las noches mágicas de la Huida de Cólquida, la tragedia de Eurípides. la luz que centelleaba las monturas metálicas de los Argonautas, la voz de los maestros en las noches mágicas de invierno de Orense y allí aprendió a contemplar.

Ni siquiera recordaba el primer café que había bebido mientras sentado esperaba. Había visto como el líquido oscuro remolineaba en la taza y una mano ansiosa por llevarlo a la boca y beber, y de pronto, la taza vacía. El sabor amargo de los granos molidos permanecía en su boca y una cálida dosis de calor se esparcía por su cuerpo, cuando de repente levanta la mirada aparece ella.

Es sabido que lo mágico, no necesariamente ocurre siempre antes y en otra parte.

El la había buscado en la historia y en los archivos, no sabía si era ella, no estaba seguro de que sea esa que decían que era. Algunas personas nacen y transcurren en la vida como criaturas sutiles, sin que nadie denuncie su esencia simplemente porque no lo saben.

Ella, había elegido para vivir una vida donde la imaginación y el discernimiento de lo terreno se recreaban ilimitadamente. Franqueando las puertas de la historia ingresó en una geografía reservada a unos pocos. Un lugar donde le bastaba para expresarse el mas suave de los tonos, sobrepasando así el mas confuso de los estruendos. Y no porque el lugar lo fuese, sino porque ella era El Lugar. Descubrirla era apelar a su cualidad mas significativa: la dulzura. Dulzura que brotaba desde un profundo manantial que invadía con su tibieza. Miraba, pero mas que mirar, especialmente decía tras la mirada. Estuvo en el mundo, perteneciendo, pero sin haber pertenecido completamente. Cuando la historia de El ya era pasado, apareció. Se enteró que El existía o había existido cuando ya tenía casi treinta años.

Caminaba la tierra sin provocar ruido, con esa levedad que le está reservada a aquellos para quienes la materia representa, solo un accidente de relativa duración; un fenómeno a través del cual manifestarse a lo externo es solo representar las formas de un cuerpo, dejando tras de sí ese aroma tenue y persistente a la vez.

Sin títulos, sin promesas, sin compromisos, simplemente una delicada pieza de orfebrería que no se pertenecía. Esos seres que posee un origen, pero no se descubre de dónde vienen, cuántas generaciones de dioses y de hombres le han dado forma, pues con pocos años, parece eterna como el tiempo, como el silencio de la noche, como el universo.

Atrevida al mirar, permite saborear cada poro de su cuerpo, pero sin desnudar siquiera una ínfima esencia de su ser.

Medea, rebelde al poder de los hombres, atravesó el aire de muchos siglos y todavía sigue en el aire. Habla y seduce, de mirada arrasadora, fuerza interior, combina un poco de hipnosis con magia. Sentidos que se cruzan y superponen todo el tiempo.

Demasiado mujer, pero solo si se siente segura de una raíz, de un lugar, de un espacio físico y material donde anclar su acción, su pensamiento. Entonces, con su sobrevivir asegurado, la herida que mas le late es la insoportable levedad del ser.

Siempre nueva, recién llegada, se abre, pero al abrirse no permite precisar si se va a quedar desde ayer, o si existía mucho antes de aparecer.

Cuando dice, que extraña, no sabe que se miente y miente.

De enojos bonitos, miradas infinitamente lacerantes, El aprendió en poco tiempo a conocer hasta la más leve emoción que va a cambiar el color de sus mejillas. Deja advertir, como toda mujer, tras un apenas perceptible acomodo de su semblante al sonreír nerviosamente, su control total de la realidad cuando otras Medeas se sientan en otra mesa y por un instante advierte que no es primera persona.

Él, viejo ya, que se pasó toda su vida estudiando la antiguedad griega, sabe de sus presagios, sus designios, sus dudas y miedos, de esos suaves ecos que conforman el sonido de su voz; de cada ruido de sus nervios, el íntimo prodigio de sus uñas que crecen, las premuras incanjeables de su cerebro, pero no ha descubierto aún, sus hábitos cuando por la noches sueña.

Medea es Grecia, Orense; historia, mito, leyenda, hechizo, recuerdos, infancia, adolescencia, hipnosis y magia.

Pero también realidad; Paternal, pinceles, lienzos, orfebrería, sentires, aprender a armar un mundo ahí donde las palabras callan y el corazón respira.

Medea es darse cuenta que aún se puede crear un mundo distinto,.

Mundo donde se crea en la diversidad; se respete cada idea por mas que suene distinta; se acepte que las cuerdas de la guitarra deben tener su distancia para acariciar los oídos.

Mundo donde se pueda soñar en los besos dulces, suaves y húmedos, esos que duran tres días; en la magia, que a los enamorados da, el suave flujo del vino; en el perfume que entrega una mañana de campo, cuando levanta el rocío; en la voz de algún nostálgico, haciendo hablar a Machado, resucitando a Neruda; en utopías de niñas, esperando descubrir tras las miradas a un príncipe; en los susurros del viento, entre velámenes de hojas que matizan eucaliptos; en los labios de una madre, cuando acarician la suave piel de un hijo; en el amor que cuando prohibido, se hace mas fuerte y unido.

Medea es descubrir que, aún cuando la muerte trunca una vida, no posee la fuerza, para acabar con lo querido; en la avidez del hambre, por un plato de comida; en la vida que da el padre, cuando la entrega por su hijo; en la convicción de aquellos que luchan por ser libres; en los leños encendidos, confesores obligados, en noches de neblinas; en la magia de pueblo, donde aún comparten sus juguetes los niños; en un brazo sobre un hombro con arrugas cubiertas de sabiduría; en la vertiente pequeña que descendiendo se hace río; en la mujer que cuando ama, entrega toda su vida; en acariciar un vientre y sentir que allí dentro esta latiendo otra vida.

Fragmentos de historias incoherentes contadas junto a la oreja, que nos permiten aún creer en esa esfera de tiempo mágica que gira, gira, gira y girando nos permite luchar para que otros hombres, que hoy son niños, puedan sonreír otros días.

Texto agregado el 08-09-2014, y leído por 121 visitantes. (0 votos)


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