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Inicio / Cuenteros Locales / cesare7777 / Como un principe

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Camine durante años de madrugada por la vieja ciudad, engullendo auroras frías y avenidas interminables. Ese ejercicio me permitió conocerla como la palma de mi mano: todos sus rincones y vericuetos. No me intereso nunca los llamados “atractivos turísticos”, monumentos, museos o casonas históricas. Yo más bien soy un gran conocedor de cosas verdaderamente útiles, al menos para personas simples como yo. Conozco por ejemplo el lugar donde preparan el mejor ceviche de la ciudad o el más apetitoso y barato pan con chicharrón. También se dónde se hallan los mejores libros de segunda y aquí he de contarles un secreto. Aprendí el inglés por mi cuenta, solo necesite un par de biblias, una en español y otra en inglés. Y luego las devoré, comparando palabra por palabra cada una, me hice de un extraordinario dominio de la lectura en inglés. Y saben una cosa, hay un lugar en esta vieja urbe donde venden excelentes libros en inglés al peso. Sí pues, como poca gente conoce el idioma y los que lo hacen jamás visitan estos sórdidos lugares yo me solazo comprando excelentes obras a precios de ganga. También sé dónde echarse la mejor siesta, un parque lleno de árboles frondosos y precisamente una banca donde se disfruta de una ubicación perfecta: buena sombre y una ligera brisa. Allí de descansa mejor que en una suite presidencial. Vivo en una pequeña buhardilla de una vieja quinta, no es un palacio, pero es cómoda, el alquiler es ínfimo y tengo una vista preciosa de la ciudad. Mi mobiliario lo compone lo estrictamente básico: una cama, una mesa, un par de sillas, una vieja cómoda y lo que si atesoro: mis libros. Hace tiempo solucioné el problema del combustible para cocinar o para calentarse en las noches frías y húmedas del invierno. Esto fue el consejo de un viejo sabio que ahora vive en un asilo, solo necesito acopiar la cáscara de plátano que abundan en el mercado, luego lo trituro en una pequeña moledora de granos, acto seguido la mezclo con aserrín-que también consigo gratis-y la compacto lo mejor que puedo y la dejo secar al sol. Me fabrico unas briquetas que arden en un pequeño horno que me fabrique y allí disfruto de un fuego excelente y no me cuesta nada. Como podrán ver, no poseo mayor fortuna pero vivo como un verdadero príncipe en esta vieja ciudad. Debo dejar en claro que a nadie le permito que me llame pobre, eso jamás, pues soy rico en ideas, recursos ingeniosos, vivencias que ya muchos quisieran tener. No soy pobre, pero sí a veces estoy falto de liquidez, eso es todo. Últimamente me he sentido un poco solo pero he conocido a una muchacha que es tan sencilla como yo pero posee unos bellísimos ojos y una piel color de espiga que han captado mi atención. Creo que ha llegado la hora de invitarla a conocer los secretos de esta urbe y quien sabe, a lo mejor podemos llegar a más.

Texto agregado el 20-09-2014, y leído por 136 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
20-09-2014 ¿Sabes?, compartiré tu receta para combustionar. Damayanti
20-09-2014 Tú sí que eres rico. Te saludo, príncipe. 5* Damayanti
20-09-2014 Sabiduría guardan tus reflexivas letras. Despegarse de lo material, aprovechar la madre natura al máximo y darle importancia a las cosas que realmente lo tienen, es para mí signo de madurez y de crecimiento espiritual. El sujeto-actor de esta reflexión narrativa consiguió una de las claves más relevantes que se necesita para realizarse como ser humano. Te felicito, es un escrito para leer varias veces y meditar sobre su contenido. Un full abrazo, Cesar querido. SOFIAMA
20-09-2014 Delicioso tu relato.Lo devoré de principio a fin y me encantó.UN ABRAZO. gafer
 
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