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Conversaban la niña y un señor muy anciano en un cuarto del hospital, ahí estaba postrado en una cama un hombre, tenía un tubo que salía de su boca éste le ayudaba a respirar, otros tubos de plástico salían de su brazo derecho el cual le inyectaba un suero intravenoso, un aparato registraba su ritmo cardiaco y otro aparato los demás signos vitales; la niña le dijo al anciano:
-¿Cómo te fue con él? (la niña señalo al hombre postrado en la cama)-
-Fue un duro trabajo, cuidarlo- le contestó.
-¿Tienes los registros?-le pregunto la niña.
El anciano portaba un cartapacio dentro de este había varios papeles que mostraban registros en orden cronológico, los saco del cartapacio y le dijo a la niña:
-Acá están-
La niña observo los registros y menciono:
-Nada fuera de lo normal, casi el mismo patrón que todos los demás, hay más movimiento cuando era niño, luego adolescente, después va disminuyendo el ritmo y se vuelve más constante, pero veo que él era muy aventurero y se arriesgaba mucho, ¿Cómo hiciste para cuidarlo?-
-Que puedo decirte, muchas veces se lo quite de las manos a la muerte, otras no fue tan complicado con un par de advertencias bastaba-le dijo el anciano.
La niña siguió hojeando los registros, pasada una hoja a la vez, al ver una se detuvo y le dijo al anciano:
-Le gustaba llevar la contraria a los demás, ¿no le acarreo problemas eso?-
-Pues a veces, si era muy revolucionario en varios temas, hasta de aspectos relacionados con la política tuve que cuidarlo, pero ese era mi trabajo-le contestó.
La niña guardo los registros en un bolso negro que portaba, miro la cara del anciano y le comento:
-Te veo un poco cansado y agotado, pero ya rejuvenecerás-
-Tienes razón me siento un poco cansado y agotado, no es fácil cuidar a la persona, es especial las que duran más o las que mueren de causas naturales, es un duro trabajo y nadie valora lo que hacernos, ¿no crees?-increpó el anciano.
-Tranquilo así les pasa a todos, ese es el trabajo de los ángeles de la guarda, tratar o evitar que la muerte nos quite a los que cuidamos, no es sencillo lo reconozco jugársela con ella, y más si los que cuidamos no observan las señales que les damos para evitar que ella se los lleve-le dijo la niña.
El anciano suspiro y miro el cuerpo postrado en la cama, observo a la niña y le dijo:
-Ya es hora verdad-
La niña se acercó dónde estaba el cuerpo del hombre camino alrededor de él y cuando estaba cerca de la cabeza puso su mano en la frente de él, de repente el aparato que monitoreaba los signos vitales y su ritmo cardiaco empezaron a emitir uno sonidos fuertes y agudos, la niña se apartó del cuerpo y en ese momento entraron rápidamente dos enfermeras y un doctor, notaron que los signos vitales del hombre se desvanecían, las enfermeras trataron de resucitarlo, el doctor que las acompañaba acerco un aparato y con este le dio varios shock eléctricos pero el cuerpo no respondía, al cabo de cinco minutos ambos las enfermeras y el doctor se dieron por vencidos, el doctor menciono:
-Lo perdimos, se ha ido-
Una de las enfermeras tapo el cuerpo del hombre con una sábana blanca y en la bitácora que estaba al lado de la cama puso el día y la hora de la muerte, las enfermeras y el doctor abandonaron el cuarto, el anciano y la niña se habían quedado observado todo lo que ellos hicieron, salieron del cuarto y caminaban por el pasillo del hospital, bajaron las gradas hasta llegar al primer piso, ahí la niña se detuvo frente a una puerta, arriba de ésta había un rotulo que decía: ”maternidad”; ambos entraron al salón y dentro de este había dos líneas de cunas una a cada lado con varios recién nacidos, caminaron muy despacio entre las cunas y se detuvieron en una donde estaba una recién nacida, en la cuna un rotulo mostraba los apellidos de los padres, la niña miro al anciano y le dijo:
-Acá esta tu siguiente misión, espero la cumplas tan bien como la anterior-
-Espero hacerlo mucho mejor-le contestó
La niña salió de salón de maternidad y dejo al anciano junto a la recién nacida, el anciano observo la cuna y se colocó a la par de ésta, la recién nacida lo miro muy tiernamente, en ese instante su cuerpo se envolvió en una luz muy brillante y cegadora, poco a poco la luz se fue desvaneciendo y el cuerpo del anciano se había transformado en un niño, giro donde estaba la cuna con la recién nacida y al verla le dijo:
-Hola soy tu ángel de la guarda-

Texto agregado el 15-10-2014, y leído por 111 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
08-11-2014 Hermoso texto. glori
15-10-2014 Qué hermoso cuento! Recordé mi niñez, todos tenemos ángeles. Estrellas para tu cielo. girouette-
15-10-2014 Un cuento conmovedor. Gracias. Lyndsay
15-10-2014 HERMOSO CUENTO.NO DEBEMOS OLVIDAR QUE NUESTRO ÁNGEL DE LA GUARDA SE BAJA DE LA MOTO, CUANDO PASAMOS DE 80 KM.Un Abrazo. GAFER
 
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