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Nota: Sacado del libro LOS MISTERIOS DEL SEÑOR BURDICK
Autor: Chris Van Allsburg
(Cada misterio tiene la imagen y la primera línea. El resto depende de la imaginación del futuro escritor.)
http://youtu.be/IXe2WYxLicE

Pasaron dos semanas y volvió a suceder, “no era posible", pensó el hombre con desesperación.
Con la furia retratada en su rostro, levantó una silla Chippendale, orgullo de su colección de muebles antiguos, y con fuerza la tiró sobre el bulto que estaba debajo de su alfombra persa. ¡Sorpresa!, a pesar de que la silla se deshizo en pedazos, al levantar la alfombra sólo encontró un espacio vacío.
El hombre se puso muy pálido, hablaba sin tino, elevando el tono de su voz y escuchó un ruido sordo, ahogado, continuo, semejante al ruido producido por el tic-tac de un reloj antiguo, se dio cuenta que el ruido lo producía su propio corazón, no podía respirar, no supo precisar el tiempo transcurrido, pudo haber sido unos cuantos minutos o tal vez horas, ¡no lo sabría!, sintió agonía, la vista se le nubló y de repente, la oscuridad más absoluta lo envolvió, perdió el conocimiento y se sumergió en la bendición de la nada.

—Ahora, ¿no me vas a lanzar otra silla? — preguntó la cosa.
El hombre vio aquel engendro, no podía dar crédito a lo que observaba: algo pequeño, redondo con cuerpo de osito de peluche, con una carita simiesca que reflejaba maldad, sus ojillos con mirada irónica y una desagradable sonrisa deformaba la parte inferior de la cara. Con miedo le contestó:
—Tú no existes —afirmó el hombre con angustia—, ¡no es posible, que te hayas escapado del infierno! Yo no creo en el infierno ni en el cielo.
—Recuerda lo que te decía el padre Coruco, como tu llamabas al sacerdote amigo de tu mamá, y tu propia mamita acerca de lo que pasaría si te portabas mal —dijo la cosa.
— ¡No es cierto! —exclamó—, yo no me porto mal. ¿Por qué me molestas sólo de noche? —quiso saber el hombre.
— Porque de día estás muy contento, en el lugar donde dices que trabajas en compañía de los otros abogados compañeros tuyos, que sólo se dedican a robar, lavar dinero, estafar, pero ¡eso sí!, todo dentro de la ley, a diferencia de cuando te robabas el dinero que tu mamita escondía debajo de la alfombra, y con ese dinero tú ibas a la sala de videojuegos, donde siempre perdías en los asteroides o en el Bagman —volvió a contestar la cosa.
— Sé que hago a mi razón violencia cuando hablo contigo, ¡sin embargo!, desaparece de mi vista trasgo maldito. Pero antes, una pregunta: ¿quién te envía? ¿Cómo se llama tu jefe? ¿Acaso, es Mefistófeles? —preguntó el hombre.
—JaJaJa —rió con sarcasmo la cosa—, bien sabes que Mefistófeles no existe. ¿Por qué no me preguntas quién soy yo? Mi jefe eres tú, yo soy tu conciencia y…

Texto agregado el 21-10-2014, y leído por 954 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
22-10-2014 mi buen Heraclitus, los remordimientos a veces nos juegan una mala pasada. Excelente cuento. Terryloki
 
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