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Cuando era niño y tenía alrededor de unos ocho años, vivía en Socotá, y a esa edad tan sólo conocía los aviones cuando pasaban por el espacio aéreo de este territorio, los cuales iban tan elevados que su presencia se advertía cuando el sonido se escuchaba, e inmediatamente dirigía la vista al firmamento en busca de la aeronave que siempre se ocultaba en las nubes. Tan solo se veía una especie de cruz plateada, diminuta, cruzando el espacio.
Sabía que su presencia era la de un avión, porque en las noticias de radio, alguna vez escuche que esos aparatos, que volaban por los aires eran aviones y en el periódico El Tiempo que llegaba a Socotá, a medio día, en el bus de Expreso Paz de Río, alguna vez vi la foto de uno de ellos que decía AVIANCA.
Tener acceso a la información por los años 70 era muy complicado, en el pueblo habían tan solo como unos ocho radios que eran grandotes y el dueño lo sacaba a la puerta de la casa hacia las seis de la tarde y allí, llegaban todos sus vecinos a escuchar las noticias en Radio Santafé o la Voz de Colombia y a veces a escuchar la programación de emisoras como Radio Caracas, Radio Martí o Radio Nederland, emisoras que sus ondas se apagaban entre las montañas y tenían una señal inconstante que iba y volvía.
La televisión en esa época era en blanco y negro y para ver los programas se debía ir a la población de Socha, que queda a una hora de distancia y allí, por las ventanas veíamos los programas como las señoritas Gutierrez, los tres chiflados, el gordo y el flaco, aquaman etc., y cuando habían partidos de futbol de la selección Colombia o peleas de Pambelé, se reunían los aficionados y se alquilaba un camión o la gente se iba a pie hasta esta hermosa población a disfrutar de los eventos deportivos en un televisor Motorola que ocupaba lo ancho de la sala.
A mitad de esa década llegue a Tunja, a estudiar el primer año de bachillerato en el INEM (Instituto Nacional de Enseñanza media Diversificada). Ahí, tuve la oportunidad de conocer el aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla, cuando entrenaba atletismo por sus alrededores con mi primo Sergio Ojeda, quien era mayor que yo unos tres años y estaba en la Liga de Atletismo de Boyacá. El aeropuerto era un terreno plano en medio de eucaliptos donde no llegaban aviones y su pista era en tierra.
En vacaciones, unos amigos que se dedicaron a trabajar en los llanos de Casanare, me contaban que ellos viajaban en aviones viejos y que cuando pasaban sobre los ríos Tocaría y Pauto, el avión caía en un vacio y parecía que se iba a estrellar, además que el piloto era un señor viejito y que sufría de epilepsia y que cuando le daban los trastornos, algún pasajero debía hacerse cargo del pilotaje hasta que el señor se recuperara y que cuando iban a aterrizar, primero tenía que hacerse una aproximación a la pista, para que alguien en tierra sacara las vacas y las gallinas.
Era muy costoso el pasaje en avión, según contaban algunas personas que decían haber volado y por eso, seguramente nunca pretendimos transportarnos por ese medio y ni siquiera acercarnos al aeropuerto.
La información se fue masificando, la radio mejoro, la televisión fue mas accequible, apareció el internet, los celulares revolucionaron la comunicación y ya hasta un niño de cuatro años tiene la capacidad de acceder o manipular cualquier aparato de estos.
En el año de 1994, fue mi primer vuelo en avión, era toda una odisea, porque no conocía los procedimientos de registro, de entregar maletas, de espera, de abordaje de volar, y esto fue a San Andres a la luna de miel. Años más tarde, viaje a Cartagena; en el 2010 volví a San Andres, después de dieciocho años y a partir de ahí empecé a viajar por trabajo a diferentes ciudades de Colombia: Riohacha, Popayán, Cúcuta, Valledupar, Sincelejo, Montería, Cartagena, Neiva, Ibagué, Villavicencio, Armenia, Pereira etc., y he tenido la oportunidad de viajar a países vecinos como Venezuela y Panamá.
Lo primero que me pedía era el puesto de la ventana y eso sí, no me faltaba la cámara de fotografía, le tomaba fotos y hacia videos en el despegue, en vuelo, a la torre de control, a las ciudades, a los otros aviones, a los ríos, al mar, a las nubes, a las inundaciones provocadas por la ola invernal, al desbordamiento de los ríos, a la ruptura del canal del dique, a los aterrizajes etc.
Cuando viajaba por el nororiente del país, siempre miraba hacia abajo con el fin de identificar mi pueblo, Socotá.
Durante el trayecto se divisaban caseríos grandes que presumía eran ciudades y pequeños que supuestamente eran poblaciones intermedias y micros que suponía eran pueblos como Socotá, Socha, Jericó, Chita etc., porque escasamente se divisaba un montoncito de casas, sin identificarse las calles y carreras o barrios.
En la noche ocurría lo mismo, el paisaje solo son luces; las luces del alumbrado público. El panorama es espectacular, las ciudades grandes, se identifican por la gran cantidad de bombillas y desde lo alto se ve la ciudad o población bien estructurada, se ve el trazado de las calles y carreras; se puede ver adivinando, donde queda el estadio, la plaza o los parques y en algunos lugares, se ve la conexión entre la ciudad y los pueblos circunvecinos mediante una carretera, se presume por las luces que van en fila.
Las poblaciones intermedias se alcanzan a divisar por la cercanía con la gran ciudad y las poblaciones pequeñitas que a treinta y cinco mil pies de altura escasamente se observan como once bombillas, entonces me acuerdo de Socotá, cuando viajaba en bus y estaba por arribar, desde el alto de Sagra, una montaña desde donde se divisa la población a medianoche se veían solo once bombillas, por eso cuando veo esas lucecitas desde el avión me imagino que son los pueblos pequeños, tan pequeños como Socotá.
A esa edad, miraba hacia el cielo en busca de los aviones y siempre se veían las nubes, yo creía que las nubes eran el techo del mundo, no se veía nada más. Ahora que viajo en los aviones de las diferentes aerolíneas, AVIANCA, LAN, AEROREPUBLICA, SATENA etc., sobre los treinta y cinco mil pies de altura y miro hacia abajo en busca de los pueblos, montañas, carreteras o ríos lo único que veo son las nubes, no se ve nada más, entonces me pregunto cuando estaba en tierra y miraba hacia arriba veía nubes y si veo hacía abajo solo veo nubes, entonces que hay más allá de las nubes.
Es rico viajar en avión, porque tiene refrigerio en el trayecto, tiene sistemas electrónicos para entretenimiento, está bien atendido, los vuelos son cumplidos, las reservas se pueden hacer por internet y adicionalmente puede acumular millas que le permiten viajar gratis al destino que escoja.


Texto agregado el 20-11-2014, y leído por 287 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
20-11-2014 A ALGUNOS NOS HA TOCADO VER Y VIVIR LOS CAMBIOS TECNOLÓGICOS Y DISFRUTAR DE ELLOS.BUEN RELATO.Un Abrazo. GAFER
 
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