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CAPITULO XIII

Fernando se recuperó del ataque de convulsiones provocado por su abogado defensor, al decirle todos los posibles malos veredictos que le podría decirle el Juez. Ya no usaba el respirador artificial y mañana mismo le darían el alta. No obstante, Fernando seguía nervioso por el juicio. Ya había pasado un día y su abogado defensor aún no lo había visitado para comunicarle el resultado. Finalmente, como a eso de las tres, el abogado defensor se hizo presente en la habitación donde se encontraba Fernando.
-Hola de nuevo.
-Hola.
-¿Te recuperaste? Veo que ya no usas el respirador artificial.
-Si, y mañana mismo me dan el alta.
-Me alegro
-¿Y cómo salió el juicio?
-Pues… -el abogado defensor suspiró y se sentó en una silla- tengo buenas y malas noticias.
-¿Cuáles son las buenas noticias?
-Eres inocente de todos los cargos por los que se te imputaba.
Fernando alzó sus brazos en señal de victoria.
-¡Si, soy libre!
-Yo no dije eso –interrumpió el abogado defensor parándose de su silla.
-¡Pero si dijiste que soy inocente!
-Si, lo dije. Pero aún asía te condenaron a un año de prisión, lo siento.
La felicidad que Fernando tenía desapareció para darle paso a la incredulidad.
-¿Por qué?
-El padre de Karina no aceptó el veredicto y reclamó. El Juez, para no complicarse, decidió darte un año.
Fernando suspiró.
-Oh Dios, ¿por qué me sucede esto a mí?
-Vamos, solo es un año. Además, tienes una muy buena esperanza para sobrellevarlo.
-¿Cuál?
-¿Cómo que cuál? El amor de una mujer. Tu chica seguro te estará esperando con los brazos abiertos.
-No, no lo creo.
-¿Por qué dices eso?
-He estado meditando desde que me recuperé y me he dado cuenta de lago: Me podría haber evitado todo esto si no me hubiera relacionado con Karina.
-¿Qué? –Preguntó el abogado defensor sorprendido-; ¿ahora le vas a echar la culpa a la chica?
-Solo piénsalo: Si no hubiera conocido a Karina no hubiera conocido a su padre. Y si no hubiera conocido a su padre no estaría aquí, sufriendo.
-Creo que estás exagerando.
-Para nada. También he pensado en el padre de Karina. Me he puesto en su lugar y analicé la situación. ¿Y sabes qué? No lo culpo por lo que hizo. Es más, lo felicito por hacerlo. Porque dime, ¿’cómo te sentirías si tu hija adolescente sale con un hombre siete años mayor que ella? Yo me sentiría preocupado y angustiado porque no sabría cuales son las intenciones de ese hombre para con mi hija.
El abogado defensor se encogió de hombros y se volvió a sentar.
-Bueno… -luego de oír ese “interesante discurso” me han dado ganas de hacerte esta pregunta: ¿qué harás cuando salgas de prisión?
-Lo que debí haber hecho hace mucho tiempo: Terminar con Karina.

***

Dos policías acompañaban a Fernando. Iba con un traje de prisionero color anaranjado, esposado de manos y pies. Caminaban hacia una puerta. Antes de salir se le dio una bolsa negra. Pasaron la puerta. La brillante luz del sol lo recibió. Había pasado un año encerrado en la cárcel. Le quitaron las esposas de las manos y de los pies. Caminó unos pasos. Respiró hondamente. Era el grato olor de la libertad. Los guardias se alejaron unos metros. Fernando abrió la bolsa negra que le habían dado. La ropa con que había entrado a prisión estaba ahí. Sin perder tiempo se quitó y traje de prisionero anaranjado y se puso el pantalón azul y la camisa roja que había en la bolsa. Sonrió. Ahora ya era totalmente libre. Alzó la vista hacia el horizonte. Una chica corría hacia el. Cuando estaba a unos cuantos metros extendió sus brazos, con la intención de abrazarlo.
-¡Fernando! –gritó la chica. Cuando estaba a punto de abrazarlo Fernando dio dos pasos hacia atrás. La chica no parecía entender lo que pasaba.
-¿Qué pasa Fernando?
-Aléjate de mí Karina.
-¿Por qué?
-Me has causado muchos problemas. Y he ganado enemigos por tu culpa.
-Pero ya pasaron, ¡Y algún día nos reiremos de esto!
-Lo siento Karina. Lo nuestro nunca funcionará. Nunca seremos vistos de buena manera por la sociedad.
Karina miró a Fernando. No parecía entender por qué Fernando tenía esta nueva actitud. No era el Fernando del que se había enamorado.
-¿Pero qué importa lo que diga la sociedad? Lo que importa es que seamos felices.
-No Karina.
-¿Es por mi edad?
-Si.
Karina suspiró.
Escucha Fernando, tengo algo que decirte.
-No Karina, está de más. Ya no quiero tener nada contigo.
-Fernando, si tan solo me permitieras…
-¡Qué! –exclamó Fernando, ¡Qué Karina! ¿Por qué no puedes entender? Yo tengo 27 y tú…
-Pero yo ya no tengo 17 Fernando.
-¿De qué hablas?
Karina metió la mano en su bolso. Sacó un papel y se lo dio a Fernando. Fernando lo tomó. Era un carnet que acreditaba a Karina como mayor de edad. Fernando miró a Karina.
-Cumplí 18 hace tres meses.
-Yo… no se que decir.
-Yo si.
Karina sacó una cajita de su bolso. Era la misma cajita que Fernando le había enseñado aquella ocasión. Se arrodilló y la abrió. En ella había una sortija de compromiso de oro con un hermoso diamante. Era la misma sortija que Fernando le había enseñado en la sorbetería.
-Fernando… Yo te amo. ¿Quisieras… casarte conmigo?
Fernando permanece en silencio. Muchos pensamientos invaden su mente. Los guardias miran todo desde la entrada de la cárcel.
-Si, acepto –dijo Finalmente Fernando. Tomó el anillo y se lo puso a Karina en su dedo índice. Se abrazaron.
-Vaya suerte la de ese desgraciado –dijo uno de los guardias.
-Si. Sale de prisión… ¡y se queda con la chica!
-Como sacado de una película, ¿no lo crees?
Fernando se levantó y tomó la mano de su futura esposa. Se miraron por unos segundos y se besaron. Una nueva vida juntos los estaba esperando. Los guardias seguían mirando. La feliz pareja se agarró de la mano y comenzó a caminar. Y siguieron caminado hasta perderse de la vista de los guardias, hacia el horizonte… ¡y más allá!
Porque no hay barrera, mi querido lector, no hay barrera capaz de detener al amor. Ni siquiera la del tiempo.

FIN

Texto agregado el 28-11-2014, y leído por 103 visitantes. (0 votos)


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