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Ser aprendiz de escritor tiene sus bemoles. Si escribe uno algo autobiográfico es posible que algún amigo o familiar se enoje al leer sus intimidades. El ser humano tiene muchos recovecos y al describirlos corre uno el riesgo de ser indiscreto. Sin embargo para el estudioso del comportamiento humano no deja de ser tentador plasmar en letras la actuación de personajes en conflicto.
Cuando mi amigo bebe se saca del corazón un remordimiento. Yo le doy varias razones para disipar esa culpa que lleva, pero sucede que las razones no pueden nada contra los remordimientos, y así mi amigo sufre cuando bebe, y sospecho que cuando no bebe sufre más.
Era muy joven todavía y se había casado con una chica de buena sociedad y tenían tres hijos. Profesionista exitoso trabajaba en el corporativo de su padre. Desde la secundaria que estudiamos juntos era el “carita” de la clase, yo le envidiaba su buena suerte con las chicas, todas le sonreían y a mí ni un lazo, mi físico no daba para despertar pasiones tormentosas y eso me hacía sufrir, ahora de viejo me doy cuenta lo afortunado que fui.
El trato continuo con su secretaria lo llevó a una intimidad que a lo mejor él no deseaba. La secretaria era una joven agradable de 20 años, muy bella, de agraciado rostro y armoniosas formas. Peinaba sus cabellos de una manera sencilla. Mi amigo la veía y Desireé lo veía a él. Cuando la miraba ella no bajaba la vista como hacía con los demás. Le sonreía. No había provocación en su sonrisa, sino entendimiento. Sin palabras se decían muchas cosas.
Una tarde él tuvo un disgusto con un cliente. Desde luego él no era culpable, sin embargo al irse el molesto individuo, éste cerró con estrépito la puerta. Desireé de inmediato le habló suavemente y le puso sus manos en sus hombros. No pudo resistir la tentación. Una cosa llevó a otra y pronto se encontró en los cálidos brazos de ella. Desireé le dijo con sencillez: “si quiere me voy con usted a donde sea.” Muchas cosas le pasaron en ese instante a mi amigo por la mente. Le pondría casa en la ciudad vecina. Iría a verla una o dos veces por semana. Los padres y los hermanos de ella entenderían, y no dirían nada. Mejor con él que con algún pobretón, con el que de seguro pasaría estrecheces. Podía tener dos mujeres; lo que no podía era tener dos familias. Por desgracia esto es lo que sucedió. Pasaron unos meses. Desireé tuvo una niña, luego otra y otra hasta completar tres hijas.
Mi amigo se enfrascó en el trabajo, cada vez era más rico y exitoso, por ese tiempo todos lo admirábamos. Desde luego ya que todos lo conocían; tarde que temprano la cosa se supo y se dio cuenta que sus aventuras terminarían mal. Muchas noches, me imagino que para huir de sus problemas domésticos, las gastábamos al arrullo de una guitarra con alegres compañeros y bellas melodías.
Mientras la juventud bullía en sus venas las cosas se sobrellevaron, sin embargo la sociedad pacata no perdona. Con el tiempo, al crecer los hijos se encontró con el rechazo de todos ellos. Cuando era ya un señor maduro se vio en la necesidad de escoger. Desde luego se quedó con su legítima esposa y sus hijos. Con pragmatismo pensó que a Desireé y a sus hijas las mantendría y a las niñas les daría una educación universitaria. Mi amigo, si en algo era asertivo era en hacer planes. Todo salió a la perfección las tres muchachas son profesionistas. Hasta aquí sería un cuento de las mil y una noches. Todos contentos.
Pero no, tanto mi amigo como yo tenemos muchos inviernos acumulados. El lleva el odio de sus hijas, nunca le han perdonado su abandono sentimental, aunque no económico. Se da uno cuenta que el dinero no lo es todo. La época moderna es terrible, las tres aunque con buenos empleos, son divorciadas y mi amigo se culpa de ello. A lo mejor tiene razón. No estaba el padre para dirigirlas y debió estar con ellas siempre y el mundo que rodara.
Yo trato de convencerlo de que hizo lo que tenía que hacer; le hablo de su mujer y de sus hijos; de sus padres. Que ya mujeres adultas y sobre todo profesionistas son responsables de su vida. Él calla, calla siempre. Le da otro trago a su copa y pierde la mirada en el vacío. Entonces pienso a veces lo que parece bueno es malo, y lo que parece malo es bueno. Me pierdo en esos pensamientos y bebo también, como mi amigo. Callamos los dos. Y en ese silencio tres muchachas nos miran con tristeza. Son cosas de la vida, digo. Y no entiendo a la vida…


Texto agregado el 06-01-2015, y leído por 146 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
07-01-2015 Mi buen Heraclitus, estoy por completo de acuerdo con SOFIAMA: "cada quién tiene su porque y su verdad". Me fije que alguien votó negativamente pero no puso el porqué, cosa por demás incorrecta. Si algo no gusta es bueno votar y explicar el porqué, no esconderse pues eso significa cobardía. ¿No creen? Terryloki
06-01-2015 No, amigo, nadie entiende a la vida, pero tú la has plasmado muy bien. ¿Emitir juicios de valor contra alguien? Muy arriesgado porque cada quien tiene su por qué y su verdad. Me limito a decirte que es una gran historia, narrada con pulcritud y gran naturalidad; al punto que hasta se puede oír la guitarra que se conjuga con la pena del personaje central de tu elocuente historia. Un full abrazo, amigo. SOFIAMA
 
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