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Inicio / Cuenteros Locales / Mariette / La Leyenda del Holandés Errante, capítulo 19.

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Capítulo 19: “Sobrevivir”.
Nota de Autora:
Hallo, meine schatz! Tiempo sin pasarme por acá, ¿eh? Demasiado para mi gusto… sin embargo eso es algo que pronto pienso remediar… Hoy he salido de clase, sí, hoy… el día 13 de enero… cuando por lo general a estas alturas llevo veinte días cuanto menos de vacaciones: este año tendré sólo seis semanas, mi pobre cerebro está casi amoreteado…
Pues, este verano será muy distinto a todos los otros: habrá muchos menos capítulos que en cualquier otro… Será como pasar de clases a clase y vosotros sabéis que cierta personita no me deja escribir en el año lectivo (cosa que no respeto siempre, así que igual hay esperanzas). Este verano, además, tengo muchas más actividades que en cualquier otro verano:
Empiezo el próximo lunes con el campamento científico, durará una semana y será muy genial… aunque no podré escribir, como dice el dicho: una cosa por otra.
Estoy planeando una película que quiero hacer. Ya descubrí qué es lo que quiero en esta vida: seré cineasta. Mi primera película se llamará La Dama del Lago y ahora estoy preparando su guión, el cual me está tomando mucho tiempo.
La música de ese film es mía, ahora sólo me queda grabarla en varios instrumentos y mezclarla, si captáis el sarcasmo…
Me estoy dedicando mucho a ver películas (es natural después de varios meses de tener la cabeza cuadrada en tareas), chatear (algo no muy normal, detesto Facebook, pero hay sitios bastante interesantes y mis amigos siempre tienen una cosa que dos para contar) y leer (tengo una lista tan larga de libros pendientes para leer como la de películas para ver).
Fuera de eso, estoy estudiando alemán, un idioma muy divertido y sencillo; pero que como todo aprendizaje toma tiempo.
Y, como si el listado fuera breve, estoy dibujando los personajes de mi película (es de fantasía medieval y no hay recursos ni para locaciones, vestuarios ni efectos… será un poco arcaico, como sería el cine medieval si hubiese existido la cinematografía en aquella época).
No tengo nada más que decir, excepto que os he extrañado un montón… El tema del capítulo es Carry On (Continuar) de Angra, ya verán que le viene de perilla a lo que quiero decir…. Ahora, os deseo que lo disfrutéis.
-Liselot, tenemos un pro…-dijo Lowie-blema-completó de inmediato cuando se dio cuenta de que no había ninguna persona, aparte de sí mismo, en la cabina de mando.
-¡Oh, demonios! ¡Justo ahora!-dijo dándose la media vuelta y echando a correr, sin siquiera molestarse en cerrar la puerta.
Estiró sus largas piernas y corrió por todo el barco… justo en ese minuto se le ocurría a su mejor amiga desaparecer como por arte de magia. Cuando ya pensaba que incluso sacar su GPS era una buena idea, la encontró parada aferrada a la balaustrada mirando con consternación hacia el calmo mar. De inmediato se regañó a sí mismo, considerando que la idea de ocupar el GPS luego de tres años desde que se le acabara la pila era una soberana y gloriosa estupidez… tres años… cualquiera se hubiese detenido a pensar que tres años era demasiado tiempo, pero no él: había un asunto más importante que resolver.
-Liselot, tenemos un problema-repitió en voz alta y firme.
-¡Uy, Lowie! Iba a pedirle el favor a alguien de que te avisaran que vinieras. Se nos cayó la última gallina que nos quedaba de a bordo-dijo Liselot.
Si Lodewijk no hubiese conocido a Liselot desde hacía tanto tiempo, de seguro le hubiese sorprendido la respuesta que ella le había dado; ahora no le tocaba siquiera.
-Espero que no hayas mandado a nadie a buscarla… con esos arrecifes es más fácil contar los segundos que vives que los que mueres-replicó enarcando una ceja: conocía tan bien a Liselot que no le extrañaba que hubiese mandado a algún marinero a buscar al ave.
-Debí dejarla ir…-dijo con un dejo de tristeza. Ya no era aquella chica de dieciséis años, ahora tenía diecinueve, pero seguía siendo exactamente igual de compasiva que antes, ni batallas ni calabozos ni torturas ni visitas a la horca habían podido con su humor.
-¡Qué bien!-dijo Lowie sinceramente complacido de la madurez recién adquirida por su mejor amiga. Iba a darse vuelta cuando algo captó su personal interés-. ¿Al menos dejó huevos?-preguntó.
-No, señor, ¡y eso es lo peor! No tenemos nada para el desayuno-exclamó un marinero ya bastante viejo como para preocuparse del desayuno… era de esos que el propio Lowie hubiese creído forjado en acero, pese a que sabía por experiencia propia que nunca se acababa de conocer a la gente.
-No hay nada que comer-completó Liselot-: no tenemos huevos, no hay carne, no hay leche, recuerda que se nos murió la cabra hace dos semanas.
-Estamos a un paso de New Providence, no pueden quejarse ahora-replicó Lowie, queriendo darles a entender que, como quedaba poco para llegar a la mentada isla, quedaba muy poco también para poder conseguir comida. Sin embargo sus palabras no pudieron con la mentalidad cerrada de la mayoría de los marineros:
-¿Quién te dice que estamos cerca, muchacho?-preguntó un hombre que, de hecho, tendría que haber jubilado hace tres años, pero que por lógicas circunstancias seguía trabajando a bordo.
-Las Cartas de Navegación lo explican con claridad, ¿no?-replicó Lowie, enarcando burlonamente una ceja.
-Oh, muchacho, tú sabes que aún no me acostumbro…-contestó el hombre con su son más amistoso.
-¡Oh, verdad que sin GPS estás muerto! ¡Liss, llevamos tres años navegando con un cadáver!-se burló el chico.
Se hubiesen enfrascado en una pelea sin fin para ver quién ironizaba mejor si Liselot no se hubiese hartado de la situación:
-¡Basta!-exclamó, evidenciando en su tono de voz que no quería saber nada de discusiones a bordo, menos si no había comida, puesto que corrían riesgos de una disputa masiva y, por qué no, el motín y la desorganización.
-Disculpe, mi capitana-murmuró el marinero.
-¡Ay, venga, Liss! ¡No seas…!-exclamó Lowie.
-Tienes la razón, Lowie, estamos a menos de dos días de viaje de New Providence-le corroboró.
-¿Acaso no íbamos a Tortuga, capitana?-preguntó el hombre.
-¿Qué no era que llorabas porque no hay comida?-le cortó Lowie-. Decídete o lloras por la comida o por el destino al que vamos, pero sólo puedes llorar por una a la vez.
-Aquí hay algo raro: no me convenceré de que no vamos a Tortuga hasta que lo vea en ese mapa-dijo el hombre, cerrado como sólo él sabía serlo
Viendo que el hombre no iba a ceder, Liselot decidió cortar la situación.
-Lowie, trae por favor las Cartas-pidió con suavidad.
-Mi capitana, no sé leer esas Cartas, ¿cómo podré saber que no me están engañando?-inquirió el hombre.
Lodewijk Sheefnek, Contramaestre del HMNS Evertsen, Navío de la Zeven Provinciën de Holanda, ahora devenido a barco pirata apodado como El Holandés Errante por el común del marinero del siglo XVIII, prefirió mantener la lengua detrás de los dientes, muy consciente de los innumerables beneficios que a menudo le traía tragarse sus opiniones. Por único comentario agrandó los ojos, pensando que no tendría sentido engañar al hombre, que ese era exactamente el motivo por el cual no le mentían. Nadie notó ese gesto. Volteó en la dirección opuesta, con el único fin de no ver ni escuchar más la conversación. Rodó los ojos y, cuando los re-enfocó, vio un punto en el horizonte, mucho más grande que la última vez que lo había visto. Aguzó la vista y vio que se acercaba cada vez más rápido. Entonces recordó el motivo por el cual había subido a la cubierta principal. No se dio tiempo a sí mismo de pensar por qué había olvidado su objetivo; era una persona que sabía perfectamente cómo priorizar sus necesidades, y ahora su primera y principal necesidad era advertir a Liselot acerca de ese barco, algo le daba mala espina al respecto.
-Liss-dijo, al tiempo que giraba sobre sus talones. Liselot ni siquiera lo tomó en cuenta, mientras que revisaba la limpieza de los Lanza-Torpedos. Camino a paso decidido y alzó la voz, llamando al fin la atención de su amiga-: ¡Liss! ¿Ves aquello?-preguntó señalando un punto en el horizonte.
-No veo nada-dijo ella, forzando la vista.
Lowie volvió a contemplar el horizonte y vio, preocupado, cómo el barco-que ya no tenía duda alguna de que ese punto era un barco-se acercaba cada vez más rápido. Algo en su interior le decía a gritos que debían reaccionar rápido, al menos más rápido que aquellos marineros.
-¡Ven!-dijo tomándola de la mano, sin siquiera dándole tiempo a reaccionar y la guió, al trote, por la intrincada cubierta.
-¿A dónde me llevas?-preguntó ella, sin embargo no obtuvo respuesta. Eso no pudo sino preocuparla. Si Lowie quería estar seguro para hablar sobre algo, ese algo tenía que ser muy serio.
El muchacho se coló por la puerta que él mismo había dejado abierta minutos antes y la hizo entrar. Activó el generador y segundos después encendió un complicado visor que reemplazaba en gran medida a los antiguos catalejos, puesto que tenía una mejor definición y un mejor alcance. Su único contra era que funcionaba mediante electricidad, algo que los marines más experimentados del Evertsen habían sabido sortear perfectamente, puesto que, en su mayoría habían tenido que sobrevivir en condiciones extremas y, por ende, habían aprendido a generar energía hasta con lo más mínimo. La pantalla finalmente mostró, con una claridad infinitamente mejor, la imagen del mar. Sin perder tiempo, Lowie lo enfocó. Tras unos pocos segundos, se distinguió claramente la imagen de un barco de casco de madera podrida y agujereada, velas raídas por el sol y la salinidad, y cubierta principal que bullía de actividad. Lowie sencillamente se dedicó a esperar con aire satisfecho la primera reacción de Liselot.
-¿Un barco? Lowie, no hagas escándalo por un barco-lo regañó Liss entre risas.
Como era de esperarse, Lowie le mantuvo la mirada y achicó los ojos, dándole a entender que faltaba algo más en todo lo que ella estaba diciendo.
-Voy a ver qué necesitan, ¿te vienes conmigo?-le preguntó ella ad portas de voltear.
Lowie se mantuvo en su lugar, tal y como si estuviese pegado con cemento ahí, y enarcó una ceja.
-Podríamos comerciar con ellos: cuando lleguemos a New Providence no podemos llegar con las manos vacías, hay mil cosas que vamos a necesitar-continuó ella.
Lowie enarcó la otra ceja, dando a entender que no estaba para nada conforme con la respuesta de Liselot.
-¿Aún no lo notas?-preguntó y, sin dar tiempo a Liss para que replicara-Ven, fíjate mejor-dijo al tiempo que la hacía observar en la pantalla. Esperó un tiempo considerable, pero Liselot era incapaz de procesar nada-. Se acercan a nosotros y mira con qué rapidez: no nos tienen miedo-dijo, como si fuera lo más obvio del mundo y ella le respondió con una mirada que quería decir que no le encontraba sentido alguno a sus conjeturas-. ¿No te parece al menos algo raro?-preguntó él.
-¡Oh, vamos, Lowie! ¡No vas a querer levantarle la Jolly Roger a todo el mundo!-replicó ella, comprendiendo a medias la intención de su amigo.
-En serio, dime que no te parece raro que se acerquen a nosotros tan suelto cuerpo cuando todos nos tienen miedo-dijo él completamente frustrado.
-¡Quizá los conocemos!-exclamó ella.
-Y de hecho, creo que tienes razón, Liss… ¿acaso ese barco no te suena extrañamente familiar? A mí me da pésima espina…-comentó Lowie.
Y lo que decía él era completamente cierto. Nadie en su sano juicio iba a acercarse al Evertsen: en el transcurso de esos tres años se habían hecho una interesante fama como el Holandés Errante, una de las leyendas más extendidas en la época y, por lo demás, bastante temida. Si había algo que caracterizaba a los piratas, además de su arrojo y, en algunos casos, de su crueldad, era lo supersticiosos que podían llegar a ser. Nunca iban a acercarse al Evertsen, para ellos sus miedos eran algo prioritario… pero ahí estaba esa embarcación acercándose decididamente a ellos.
No tuvo tiempo para reaccionar. Una explosión retumbó y un silbido rasgó el aire, acto seguido un crujido y un golpe seco resonaron. A estos sonidos se les unió de inmediato la algarabía proveniente de todas las cubiertas, especialmente de la principal, gritos de marineros quejándose y expresando su alarma.
Ambos muchachos se acercaron a la pantalla, Lowie siempre asiendo de los hombros a Liss en un vano intento por protegerla. El velero había quedado hecho trizas después de haber disparado. En la cubierta principal dos cañones móviles humeaban, evidenciando que el navío había disparado dos balas. De inmediato Lodewijk razonó que la persona que comandaba ese navío no había querido dañar su propio bajel disparando más cañones, puesto que con haber utilizado sólo dos gran parte de la subcubierta B y las barandillas estaba destruida, sin mencionar, claro, que se había roto varios de los amarres del velamen y que, por ende, se había afectado el curso. Sin embargo, ese capitán debía de ser lo suficientemente sádico como para poder anteponer su sed de tomar el Evertsen por sobre la seguridad de sus marineros y de su propio bajel, sin mencionar que justamente los estaba atacando a ellos y que se acercaba cada vez más de prisa, poniéndose a una distancia prudencial para poder batallar sin autodestruirse.
-Lowie, yo conozco ese barco-dijo Liselot con apenas un hilo de voz.
No hubo tiempo para completar la frase. Un nuevo cañonazo retumbó en el aire. Además de sádico, ese capitán debía de ser un completo imbécil, razonó Lowie, puesto que el velero se veía dañado en al menos cinco partes más desde la proa (la cual estaba hecha un desastre de palos cayendo en un completo desorden) y el cordaje se había destrozado a tal grado que la vela y el mástil de proa habían caído antes de entrar siquiera en franco combate. Eso pensaba, al tiempo que tomaba a Liselot de la muñeca:
-Vamos a cubierta-dijo, mientras echaba a andar con ella a lo largo del pasillo.
-¡El Evertsen necesita un timonel!-exclamó ella.
-En eso estamos de acuerdo-consintió él, sin embargo echó a andar sin siquiera considerar lo que Liselot decía.
Llegaron hasta la cubierta principal. Lowie consideró que de verdad ese capitán debía de ser un total idiota. Había disparado a lo loco al casco metálico del Evertsen y lo único que habían hecho las balas había sido rebotar e ir a causar más destrozos a su navío de origen. Ni siquiera habían tocado al barco holandés. Todos razonaron que una maniobra inteligente hubiese sido disparar hacia las barandas para romperlas y barrer con la tripulación de cubierta. El velero se colocó de tal forma de que enfocó toda la batería de estribor hacia el Evertsen y, los diez cañones dispararon al mismo tiempo. El casco del mentado navío se destrozó, quedando las bodegas de armas y el camarote de los marineros al descubierto. Ese hombre además de sádico y un tanto imbécil debía de estar loco. Todos vieron el barco girar rápidamente, apenas hubo disparado. Sin embargo, eso no le valió a la hora de recibir de regreso sus propias balas, que habían rebotado en el Evertsen. Sólo una mínima parte del velero se salvó de los daños, y esa parte fue la proa-la cual recordemos que ya estaba a medio destrozar cuando disparó.
Esta vez el extraño capitán del barco a velas intentó una nueva maniobra y, a medida que giraba su malograda popa, las portezuelas del casco a la altura de lo que quedaba visible de la proa-ahora tan delgada desde la punta del Evertsen como una navaja- se abrieron, rezumando agua y trozos quebrados de madera que cayeron al mar. Con una lentitud de muerte aparecieron tres cañones, posicionados estratégicamente en forma de triángulo, de un negro lustroso. El agua terminó de caer en unos instantes de espanto y los tres cañones resonaron al unísono y las balas cayeron con una precisión gutural en la cubierta holandesa, barriéndola. Rompieron la barandilla metálica de babor, la cual se fragmentó en decenas de cuchillas que fueron a impactar contra los marineros que estaban en primera línea y no alcanzaron a huir. Ellos gritaron de dolor, pero nadie sufrió más que los cinco desafortunados que recibieron con sus cuerpos todo el golpe de las tres balas y que cayeron arrastrados al mar entre la barandilla opuesta y las balas. Los gritos se dejaron oír por toda la cubierta.
-¡Órdenes, capitana!-preguntó un hombre de alrededor de cincuenta años, buscando desesperadamente el rostro de Liselot, dizque Lodewijk la tenía atrapada contra su cuerpo luego de los disparos.
Liselot consiguió soltarse de los brazos de Lodewijk y miró al hombre a los ojos.
-Reconozco ese barco-dijo con voz sombría, contrayendo la mandíbula y con los ojos llenándose de lágrimas.
Tanto Lodewijk como el hombre la miraron un tanto extrañados por su reacción.
-¿Recuerdan a L’Olonais?-preguntó ella con la mirada clavada en el velamen a medio romper.
A Lowie la quijada casi se le fue al suelo y, de inmediato, la ira comenzó a hacer de las suyas: primero en su corazón y su mente, y luego poseyendo cada vena de su ser.
-Debemos actuar, debemos hacer algo, ¡ya!-exclamó volteándose a ver a Liselot.
La única respuesta que recibió fue la mirada impávida de la muchacha. Sintió deseos de hacerla reaccionar.
-Ordena que ocupen los Lanza-Torpedos: tenemos los generadores con suficiente carga para resistir-dijo.
-Sin embargo nos quedaríamos sin electricidad para el resto del camino a New Providence y llegaríamos casi muriéndonos de hambre-dijo ella.
-Nuestra única esperanza está en atacar a distancia-dijo.
Ella le devolvió una mirada llena de serenidad, la cual lo dejó pasmado: su querida amiga había cambiado.
-Quiero tener un barco que poder tomar-dijo ella pasando de largo.
Y todos supieron que ella no había querido añadir: cuando mate a Nau. Era demasiado piadosa como para permitirse a sí misma decir eso. Lowie reaccionó de inmediato y, caminando con sus largas zancadas a lo largo y ancho de la cubierta, pregonó voz en cuello:
-¡Suelten los Lanza-Torpedos! ¡No los carguen! ¡Vayan a por armas! ¡Traigan los arpones! ¡Prepárense para un abordaje!-.
-¡Freeman! ¡Lleva un destacamento de tus mejores timoneles al puente de mando! ¡Russell! ¡Lleva a tus mejores hombres a defender la escalerilla a las sub cubiertas y los alrededores del puente!-gritó Liselot.
-¡Sí, mi capitana!-exclamó una mujer de no más de cuarenta años que lucía una piocha que decía “Teniente Russell” para retirarse de inmediato con al menos diez hombres, a quienes distribuiría entre los balcones, los pasillos y la escalerilla.
De inmediato se acercó Linda Freeman.
-¡Órdenes, capitana!-pidió, mientras se acercaba el equipo de marineros que solían trabajar con ella en este tipo de situaciones.
-No muevas el Evertsen a menos que sea necesario. No avances hasta L’Olonais ahora, déjalo que se acerque sin problemas-indicó.
-Con su respeto, capitana, si no viramos, van a causar serias averías-dijo Linda.
-Déjalos acercarse, defiende bien el puente. Cuando estén a nuestro lado, entonces te dejo en libertad de acción hasta que se determine lo contrario-dijo Liselot con aires de importancia.
Linda y sus hombres se cuadraron militarmente ante su capitana y se retiraron a la carrera hasta su puesto. Todos en la cubierta principal vieron cómo L’Olonais estaba ya a la mitad de la distancia que le había separado del Evertsen al último disparo y apuntaba los tres cañones de proa junto a una nueva batería improvisada en la cubierta A. Las respectivas balas salieron eyectadas y retumbó un sonido de cristales rotos por todo el barco. Un grito se alzó desde el casco y, tras tanto tiempo en el rubro, todos supieron que quien había lanzado el alarido estaba muerto. El navío completo tembló desde la popa hasta la proa, se sintió un chirriar de cables y las luces de la escalerilla que conducía a las subcubiertas se apagaron, el bajel quedó en penumbras. Se sintió el derrumbe de algunas placas de metal, probablemente los marineros del puente de mando habían quedado incomunicados con el exterior. Lowie se allegó hasta el inicio de la escala.
-¡Hola! ¡¿Hay alguien?!-gritó a todo lo que le dio la voz.
-¡Sí, mi contramaestre!-gritó un hombre desde abajo, pese a que ambos no podían verse, porque un enorme bloque de metal había caído entre los dos, imposibilitando el paso.
-¿Tienes comunicación con el Puente de Mando?-exclamó Lowie.
En ese momento se acercó Liselot, movida por genuina curiosidad.
-¿Qué haces?-preguntó.
-¡Sí, mi Contramaestre!-exclamó el hombre.
-Ve y dile a Linda que intente mover el barco, con los derrumbes me temo que podrían haber muerto los motores-dijo.
-¡No! ¡¿Qué haces?!-exclamó Liselot-. El plan se arruinará-se lamentó.
-Necesitamos saber si podremos huir de necesitarlo, Liss. Es mejor empezar a trabajar en las fallas ahora que cuando ya no podamos hacer nada-dijo él.
-Anda-dijo Liselot en dirección al hombre.
Esperaron unos minutos que les parecieron de muerte hasta que volvieron a sentir pisadas en los escalones. L’Olonais estaba inextricablemente cerca.
-Linda probó, pero no pudo hacerse nada. Los motores están seriamente dañados, dos de los seis están completamente destruidos-informó.
Siguió un silencio más mortífero aún. Lowie y Liselot se miraron directamente y, cuando ella iba a preguntar qué iban a hacer, sonó un estruendo desde el barco francés. Ambos se voltearon. Ya ni siquiera querían voltear a ver cómo las balas volaban hacia ellos. Sin embargo tuvieron que mirar dos veces, pues eran incapaces de darle crédito a sus ojos. Una lengua de fuego consumía L’Olonais desde la galera y, ahora envolvía el casco completo y amenazaba con carcomer furiosamente las barandillas y la cubierta principal, con el Puente de Mando incluido. Las flamas aún no llegaban al velamen, sin embargo comenzaban a quemar los mástiles. Sin embargo los cañones no humeaban y ninguna bala viajaba en dirección al Evertsen.
-Cambio de planes-dijo Liselot empujando en vano el bloque de metal.
-¿Qué haces?-preguntó Lowie apartándola de su cometido.
-Debo llegar al Puente-dijo ella.
Tanto ella, como Lowie y el hombre del otro lado forcejearon un buen rato hasta conseguir abrir una brecha, por la cual ambos pasaron. Corrieron a lo largo del pasillo hasta llegar al Puente de Mando. Irrumpieron dentro y, de inmediato, enfocaron la pantalla hasta L’Olonais. Hicieron infinitos zoom hasta captar la cubierta y lo que vieron los dejó sencillamente sorprendidos. Un hombre de pantalones de calicó y camisa de seda se batía contra el Olonés.
-¡¿Jack Rackham?!-exclamó Liselot-. ¿Pero qué hace ahí?
Y efectivamente era Jack quien se enfrentaba a Jean David Nau a espadazo limpio. La cubierta ardía alrededor de ellos mientras dos grupos de marineros reñían entre sí. Ya había bastantes bajas. El grupo minoritario, que tenía una apariencia desvencijada, como si hubiese estado en prisión varios días y no hubiese comido ni dormido bien en suficiente tiempo, acorralaba a otro al medio de la cubierta. El mástil mayor cayó al centro, rompiéndola. Los marineros que estaban al medio cayeron a los camarotes, los cuales estaban completamente calcinados.
-¡Rápido, Lowie! ¡Hay que desprender los botes!-exclamó Liselot, corriendo hacia la cubierta A. Lodewijk la siguió de inmediato, gritando la misma orden a cuanto tripulante se le cruzara de por medio.
Cuando ambos llegaron a la cubierta principal Jack Rackham y sus hombres ya comenzaban a saltar desde L’Olonais hasta el Evertsen. Los botes cayeron a plomo contra las verde azuladas aguas del Caribe. Liselot y Lodewijk en persona fueron quienes recogieron al pirata británico, quien no bien les hubo abrazado a modo de saludo les dijo:
-Los errores se pagan caro, muchachos, tengan en cuenta siempre eso-.
Lodewijk, mucho más perspicaz que Liselot, supo de inmediato que el hombre hablaba en serio:
-¿Por qué lo dices, Rackham?-preguntó.
-Capitán Rackham, sigo siéndolo, muchacho. Es una larga historia de contar, de esas que merecen ser contadas en una buena cantina de New Providence-añadió sonriéndole a Liselot, quien ya alucinaba con la idea de regresar a la isla-. Sabía que podía arriesgar mi pellejo por ustedes-comentó mientras se sentaba en el bote salvavidas, al tiempo que dejaban atrás al navío en llamas-. Aunque me esperaba una participación más activa por parte de ustedes-dijo con sorna.
-Los motores se han…-Liselot quiso explicarse, pero Lodewijk la interrumpió.
-No aquí, Liselot-dijo, señalando con la cabeza el barco quemándose.
-¿Ha perdido muchos hombres, capitán Rackham?-preguntó ella en cambio.
-¿Ahora? No… todos han salvado el pellejo… han sido muy inteligentes esta vez-comentó él, mientras pasaba una mirada por su tripulación recién rescatada.
No bien hubieron puesto un pie en cubierta, Lodewijk se decidió a indagar más.
-¿Cuáles son los errores que se pagan caro, capitán?-preguntó mientras enarcaba burlonamente una ceja.
-Todos, naturalmente, muchacho. Todos-enfatizó luego de dudar un poco, al tiempo que unos hombres ayudaban a Liselot a subir a su propio barco-. Y bien, mi querida dama, qué ha pasado con esos motores.
-Algunos se han destruido, otros las conexiones se han roto. Sin los motores no podemos echar el barco a andar-contestó ella.
-Naturalmente, eso me esperé-respondió él, muy ufano, pese a que de motores no tenía ni idea-. Vamos a verlos… ¡Eh, muchachos!-exclamó a su tripulación, que ya estaba reunida a bordo del HMNS Evertsen- ¡Vamos a echarle una manito a la dama!
Sin decir una palabra más, se dirigió seguido por su reducida tripulación hacia los interiores del barco. Liselot hubiese querido guardar la poca iluminación que les quedaba para otra oportunidad, pero Lowie y Jack insistieron en trabajar toda la noche aunque se quedaran sin luz para otra oportunidad. Así, al amanecer, los motores estuvieron reparados y el Evertsen se puso nuevamente en movimiento.
-Le recomendaría, mi dama, limpiar el casco. Si estuviese limpio, no tendría que forzar el motor-comentó Jack mientras bebía un café junto a Liselot en la cubierta, luego de que ella se quejara con preocupación de que el motor pronto volvería a colapsar.
-Es de las cosas que pensaba hacer en New Providence-contestó ella.
-Bien pensado, es de las cosas buenas que ofrecen sus arrecifes… de las pocas cosas buenas que ofrecen…-ironizó él.
Recién dos jornadas y media de ardua navegación más tarde llegaron a la mentada isla. Como en dicho lugar reinaban la anarquía y el total desenfreno no tuvieron que pasar un peaje. Dejaron el barco atracado en el muelle ante el recelo de la gente. Liselot quiso pasar al mercado, pero como ya estaba anocheciendo, el capitán Rackham guió al grupo hasta la taberna que habían visitado tres años atrás. Abrió la puerta y el mismo penetrante aroma a ron de hace tres años salió a recibirlos como una bofetada.
-Me sorprende que este antro siga funcionando-comentó Jack y Lowie no pudo estar más de acuerdo. Entraron furtivamente. Ya comenzaban las riñas-. ¡Eh! ¡Tabernera! ¡Dos jarras de ron!-exclamó y llegó una señorita con el pedido-. ¿No te niegas, verdad?-preguntó a Liselot, quien por respuesta inició el juego de quien se bebía primero la jarra, aunque quedó un tanto ahogada ante el recelo de Lowie-. Así me parece…-dijo guiándolos a la mesa- podría decirte de inmediato lo que he venido a advertirte, pero toda reunión es mejor con un poco de ron y una buena historia al iniciar, después de todo, ya van tres años.

Texto agregado el 17-01-2015, y leído por 83 visitantes. (1 voto)


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