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Inicio / Cuenteros Locales / riosdevino / Calor, tragos y conciencia

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Un calor insoportable. No hay otras palabras más expresivas.
¿calor infernal? ¿calor fecal? O más literarias canícula extrema, como podría escribirse en el siglo ixx, o ver como lo expresa Chejov en La Estepa.
Dejé Mercedes, después de retirar de un artesano la cuna para mi futuro nieto, nieto y no nieta, ya que por arte de la tecnología ya sé que hay un par de testículos, en la panza de mi hija.
Paré a cargar nafta antes de salir para Buenos Aires, a solo cien kilómetros, después de un fin de semana largo con piscina, asado, deportes , para los demás, y para mí y mi mujercita, ya cachivache como yo, unos tragos para estimularnos y el cansancio de estar atentos a que todo salga bien y las visitas quieran volver.
– Uno es muy masoquista, ¿no? A mi me importa una mierda, hasta que se van y me doy cuenta que soy insoportable y que todo es porque no me miman, no me acarician y solo se sientan a que uno los atienda. Hay excepciones y lo digo para que todos y todas se sientan el más bueno y colaborador de toda la familia.
Salí a la rotonda, que indica que a Puerto Argentino hay unos cuantos kilómetros, para mí son más. Pero la oposición al intendente que se ocupe de no dejarlo hacer estupideces, que lo controle, porque miente, miente él o Vialidad pero a Puerto Argentino por más que lo sienta cerca en el corazón como dicen ellos, los políticos, hay muchos más kilómetros. Pero que podemos pedirle a un político? ¿Que sepa algo de geografía? Sólo saben que abajo tienen el pirulín y al frente algo y no precisamente una ría gallega.
Salí a la rotonda, decía, y enfile por la ruta 5 y comencé a sentir que mi hermosa camioneta vibraba, apague el aire acondicionado espectacular, baje el sonido envolvente de mi radio, le pedí silencio a mi mujer, podría decir mi amada pero no es mi estilo y con temor mientras comenzaba a transpirar noté que las vibraciones iban en aumento.
No quería parar porque entré al playón anterior al peaje y era peligroso para nosotros o para otro vehículo. Pagué la mísera taza, que tiene desde hace siete años, nadie se explica que litigio con la provincia o que contratos no cumplieron los concesionarios, pero los demás peajes incrementaron diez veces su valor comparativamente. Algún día supongo que caeremos en un abismo que nos transportará directo a China, si es cierto que si hacemos un agujero bien profundo y atravezamos la tierra llegamos a oriente. Marco Polo nunca se enteró de esto.
Como decía la camioneta vibraba, pero no le di más importancia…puse el aire acondicionado al mango y anduve despacio por las dudas. Afuera hacia 36 grados.
-No vas a parar a ver qué es? Dijo mi esposa
-Llegando a Lujan paro en la estación de servicio. Respondí fastidiado
-Rogale a la Virgen, no vamos a llegar mirá el ruido que hace ahora. Dijo con esa cara de pánico que ponen las mujeres y que nos hacen sentir culpables de todas las calamidades. Las mujeres son pesimistas.
-Siempre soy de pensar y actuar positivamente…pero no me quedó más remedio que parar porque ya era un galope permanente y estaba reventando de rabia.
Bajé y vi una chapa arrancada y flotando a cincuenta centímetros de la camioneta, apenas agarrada con una hilacha de plástico…mire la goma y parecía una alpargata de soga deshilachada.
Estaba frito, tenía que trabajar para cambiar la cubierta.
-Ni en pedo o ni borracho pensé y subí.
- Vamos despacio y llegaré a Lujan. Le mentí a mi mujer mientras miraba mi pantalón beige y mi camisa blanca inmaculada. No pensaba enroñarme todo cambiando la cubierta que ´por el calor se había desbandado.
A los cien metros truló. No quedaba una gota de aire y tocaba la llanta. Desistí y pensé rápidamente. Me esperaba un amigo para tomar unos wiskises a las veinte y eran las dieciocho.
Llamá al seguro, y no me mires como si yo tuviese la culpa…levanté la voz ante la mirada de reprobación de ” my wife”.
Por supuesto no pudimos comunicarnos.
Espere un momento que todos nuestros representantes están ocupados o intente en unos minutos, decía la voz impersonal de la telefonista de la compañía de seguros.
A la mierda dije, laburé todo el fin de semana y ahora que me voy a tomar un wiski tranquilo con mi amigo me pasa esto.
Bajé, me saqué la camisa y no me puse en calzoncillos por mi mujer. Puse en el piso los bártulos de atrás, baje la cuna y otras cosas, ya sudando y chorreando agua como lengua de perro, y hablando de perro también bajé la jaulita de la perrita terrier paulista que me endozó una de mis hijas. Mi humor era brutal, no me gusta laburar en cosas que no me gustan, no me gusta cambiar cubiertas, odio cambiar cubiertas, odio tiznarme las manos con el negro de las gomas. Me gusta hacer quinta, meter los dedos en la tierra y sentir que soy un humano vivo, capaz de obtener un rabanito, una lechuga o un tomatito. Pero no me pidan que cambie una cubierta del auto, prefiero pasar por afeminado y pedir ayuda haciéndome el tontito.
Baje el gato y me puse a levantar la camioneta.
En eso una voz…
-Señor lo ayudo? La perra ladró dando avisando que algo estaba mal.
Me sobresalté y pensé, chau ahora de remache me afanan, me roban y adiós wiskie
Me di vuelta y lo miré. Era un motociclista con una gorda monumental sentada atrás. ¡Que fea era la gorda! quizás su mujer.
Menos mal pensé, este es un pobre pelopincho que quiere una propina. Mi perra ladra a todos los mal vestidos, o con caras tostadas sin bronceador. Suerte, ella y yo somos iguales, después reaccionamos bien y amistosamente, en mi caso mi consciente vence a lo instintivo.
Soy generoso, pero me molesta cuando me obligan a serlo, dar cuando uno quiere es mi lema.
Me repitió la pregunta
¿Lo ayudo?
- No, está bien, ya subí la camioneta, cambio la goma y sigo hasta Buenos Aires. No se haga problemas está bien,
Para mis adentros sufría, y pensaba ¡que orgullo estúpido ¡ pero el insistió y supuse que me miraba como a un viejo debilucho. Entonces para mis adentros acepté.
Y solo atiné a decir
- Bueno ayúdeme, usted es más joven, me hace un favor, mis rodillas no dan más.
Dicho esto, me limité a esperar que haga casi todo el trabajo y a pedirle unos pesos por lo bajo a mi señora, para darle al negro por la gauchada. Mientras miraba sus facciones criollas, y también las de su amada.
¿Cómo pueden ser felices? Pensé pobres, feos, sin dinero. La congoja me atenazaba la garganta, no soporto tanta injusticia, aunque parezca lo contrario.
Al rato lo despedí agradecido dándole unos pesos para la cerveza.
El habrá pensado, porteño boludo, inútil, maricón ¡te saque unos pesos!

Gracias por leer mis contradiciones

Texto agregado el 29-01-2015, y leído por 155 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
29-01-2015 Fue un placer leerte. Felicitaciones. esclavo_moderno
29-01-2015 Me gustó tu relato y el desenfado de su protagonista. Un abrazo sheisan
 
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