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Pasamos muchas veces por ese hotel. Bastante alejado de la ciudad, dentro de un bosque de eucaliptus añosos.
Lo único alegre, o lo que hacían del sitio un lugar menos tétrico, eran las luces de su marquesina y las farolas coloniales de los doscientos metros de acceso hasta la playa de estacionamiento que daba directo a la parte trasera del hotel y desde allí, se accedía en privado a cada habitación. Un sitio adecuado para la trampa, para hacer jugarretas a espaldas de la novia o novio o esposa o esposo. De cualquier modo, no parábamos nunca allí.
--Algún día tendríamos que venir Juan, siempre hay autos, algo debe de tener que atrae a tantos clientes.
Si, nena dije yo. Ya veremos algún día, no es cuestión de andar cambiando porque sí. Tu marido y mi mujer no nos han pescado en estos diez años, para que arriesgar.
Amalia tenía ya 58 años, yo 48 y todavía no se notaba la diferencia de edad, ella era muy coqueta y ágil para su figura espectacular. Algo aclarados sus cabellos parecían de muñeca, abundantes como sus pechos y su trasero.
Cuando la conocí en el gimnasio quedé impactado. Era toda grácil, segura en sus movimientos, franca en su risa, perfecta casi. La desventaja era que yo sentía que me gastaba, que se reía de mi aparente madurez cercana a los cuarenta, pero a su vez eso me acicateaba más y comencé a atormentarme con sus pechos, con sus dientes y su simpatía. Pasaba horas al lado de mi mujer sin poder dormir y especulando como encararla. Era una mujer hecha y no las taraditas que siempre me buscaban por el auto o las salidas caras. Esta era otra cosa, era una mujer. Me enloquecía y debo confesar que todavía me enloquece.

Yo no soy mal configurado, tengo todo en su lugar y si bien fumo, no es tanto, tampoco bebo mucho salvo cuando estoy con ella que me incita a hacerlo. Dice que así duro más… En eso no se anda con vueltas, me pide lo que quiere y yo trato de responderle. Pareciera que las edades están invertidas.
Todo marcha sobre rieles, pero hoy me intimó
-Quiero ir a ese hotel. Me dijeron que es fabuloso, que para parejas sin compromisos, para parejas jóvenes es divino…porque tienen excentricidades que erotizan a mil.
-¡Pero nosotros no somos tan jóvenes! Atiné, conservador, a responder. Ella siempre me acorralaba hasta lograr lo que quería.
--Dale pichón, que puede pasar. Una vez, - rogó- la ansiedad es el mejor condimento para el sexo.-rogó y me quedó mirando.
-Bueno dije,- mientras sacaba su mano de mi entrepierna- soltá que no la voy a perder.
Ja, ja se rio contenta, y doblé rápidamente hacia la avenida de farolas.
Estacioné en el lugar más oscuro, pero cercano al acceso de una de las habitaciones…Un caminito de ligustros, cercado de verde formando un túnel hasta El Oasis de Aladdin, tal era el nombre del cuarto libre..
Raro pensé.
-¡¿Aladdin era un mago?
- No, hacia magia con su Lámpara me respondió Amalia, entre risitas.
- Yo te voy a hacer magia con mi antorcha, le respondí libidinosamente.
Entramos al cuarto, un techo oscuro con estrellas luminosas titilantes y un fondo de palmeras y camellos decoraban las paredes. No había nada de particular. El típico espejo centrado en el techo arriba de la cama. Estaba bien. El aire funcionaba perfecto, había una heladerita con botellitas y una especie de toro o vaca al lado de la cama que seguramente será para prácticas ajenas a lo que me gustaba a mí.
Amalia, disfrutaba. Todo le parecía bonito y excitante.
Apagamos el televisor con la peli pornográfica y automáticamente salió un cartel que invitaba a jugar con los espejos de Aladdin.
-Y esto? dije.
Será la novedad de este hotel, agregó Amalia y giró una perilla con cuatro posiciones…
La primera posición en la que lo puso mi partener, comenzó a reflejar nuestras imágenes sin ropa aunque todavía estamos vestidos. Nos llenó de sombro ¿Serian rayos x como decíamos antes?
Pero a medida que nos desvestíamos el espejo nos mostraba uno poco escenas que tendrían que ser posteriores, ya acarciándonos. Había como un desfasaje de tiempos. Se anticipaba.
_Está buenísimo dijo Amalia, me re entusiasma, mirá lo que te voy a hacer me decía y y ella se aproximaba a mí. En el espejo la imagen adelantada la ponía a ella disfrutando mi pirulín
Por supuesto esa imagen futura hizo que me pusiera en super onda.
Así estuvimos un buen rato divertidos y gozando.
-Poné la segunda posición de la perilla me pidió Amalia. Lo hice y las imágenes reflejadas eran las del principio, era un retorno, pretendían que empecemos de vuelta.
Ya curioso con los tiempos del espejo giré a la tercera posición y me veía, pero la otra no era Amalia, era mi mujer, asustado cambie a la cuarta posición y aparecieron seis cuadros en el espejo
Yo con Amalia, yo con mi mujer, yo con las dos en superposiciones asombrosas. El espejo revisaba mi mente? Pero no.
En los otros cuadros del espejo estaba Amalia con su marido, Amalia conmigo y en los otros cuadros El marido de Amalia y mi mujer.
-¡Nos engañan! dijimos al unísono
Giré la perilla. La imagen del espejo desapareció…no reflejaba nada más.
Nos miramos y nos fuimos corriendo al auto, solo queríamos agarrar a los hijos de de su mala madre, rastreros, que nos engañan.

Texto agregado el 03-02-2015, y leído por 174 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
15-02-2015 Éste cuento es maravilloso!! TuNorte
04-02-2015 Que buen cuento,en realidad sorprendente. El hotel muy bien descrito y lo demás,de miedo. Me gustó***** Victoria Ambos deben haber querido a sus parejas o duele ser engañados. 6236013
03-02-2015 Buen cuento.Ojo por ojo y...Un Abrazo. gafer
03-02-2015 Buena mezcla de magia y humor negro. Final sorpresivo, propio de un cuento corto. juanjoprat
 
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