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Inicio / Cuenteros Locales / mividaeneldesierto / Mi Vida en el Desierto (Enero 2015)

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13.01.15 Creo que me siento deprimido. Debe ser por el clima. Últimamente no me he sentido a gusto en el trabajo. Me siento fingido, como si estuviese actuando siempre con hipocresía. Simulando, tratando de condescender, de agradarle a gente que no me importa. A veces cuando estoy bajo las cobijas, casi ya para dormir, de pronto tengo una sensación de ahogo, no sé, como si estuviera a punto de marearme y vomitar, mis episodios de estreñimiento me aturden violentamente. No siento ganas de hacer nada, no me siento motivado a hacer nada y la vida (la mía) me parece cada vez más una completa mierda. No me hace ilusión nada en este momento. Mi trabajo actual me parece aburrido y poco satisfactorio. Lo único que me gusta es dormir. Quisiera a veces morir mientras estoy durmiendo, simplemente ya no despertar. El resto de lo que supuestamente me queda por vivir (no sé cuánto más le queda a esta pendejada) me parece que no vale la pena vivirlo. No siento que mi existencia sea necesaria, ni que se pierda gran cosa si me muriera ahora mismo. Ahora o dentro de cuarenta o cincuenta años, el fin será el mismo. ¿Para qué esperar?. La sola idea de tener que estarme procurando alimento diariamente me parece agobiante, así como la de limpiarme el culo o tener que cambiarme los calzones. Siento que adquirir cosas materiales, no me ha ayudado a sentirme feliz. No me hace ilusión ser rico, ni juntar mucho dinero. No me interesa ayudar a personas que no tienen nada que ver conmigo. Honestamente, un ser humano como yo no le hace falta al mundo. En el mundo sólo deberían existir seres humanos que realmente sepan cuáles son sus sueños, y luchen por ellos. Gente buena, que sepa cómo vivir de manera correcta. Pero el restante mayoritario seguimos robándole oxígeno a esta gente valiosa. Pertenezco a la gente falsa, siempre he sido un falso y un pusilánime. Jamás he dicho y hablado como realmente pienso y siento, siempre he actuado con nobleza y cobardía. Jamás he tenido los huevos para gritar o pelear cuando es necesario. Para responder con agresividad o sarcasmo, sin que me tiemble la voz, sin tener que guardar las apariencias. Posiblemente no merezca el cielo, pero quiero poder estar a su lado otra vez, gordita bebé, no importa en qué condiciones sea. Quiero vivir mi infancia otra vez.




17.01.15 Cada día que pasa confirmo lo poco útil que soy para relacionarme con la gente humana. Me cuesta expresarme adecuadamente, por miedo a ofender, por temor a herir sensibilidades. Me preocupa nunca encontrar las palabras adecuadas en los momentos oportunos. Me preocupa decir lo inconveniente, aunque sea la verdad de mi corazón. Me preocupa decir ridiculeces y que causen gracia, en vez de seriedad. No me gusta oír mi propia voz, es algo afeminada y aniñada. Me siento como un novato en ese campo, como un imberbe en tierra de barbudos. A veces veo los avisos de ocasión y no me considero apropiado para ninguno de las vacantes. No sé que haría si me corrieran. Volvería a la casa y viviría frugalmente hasta encontrar otro empleo inferior. No podría masturbarme a gusto. El único momento del día que soy feliz es cuando estoy echado en la cama, bajo las cobijas. A veces me siento débil estando solo. Me resulta difícil afrontar las consecuencias de las malas decisiones que he tomado o de las que no me atreví a tomar por pusilánime. No me siento satisfecho con lo que he logrado hasta el momento en mi vida. Me siento la mayoría del tiempo desamparado, sin protección alguna. Estoy en una situación muy vulnerable, mi estabilidad laboral es frágil y todo podría irse a la mierda en un segundo. Mi cuerpo se siente cada día más pesado y los dolores de espalda se han vuelto cotidianos. Mis dientes son amarillos y chuecos y sangran cada vez que los lavo y sin importar con cuánto esmero me limpie el ano, mis trusas siempre acaban manchadas de algún modo. Tengo unas ojeras de vampiro y muchos pelos en mi nariz y mis pezones. Mi nariz está repleta de puntos negros imposibles de extraer. Tengo las piernas zambas, flacas y peludas y soy ligeramente panzón. Mi oído izquierdo está comúnmente al 50 % de nivel de audición por causa de unos tapones de cerilla recurrentes. Tengo una uña enterrada en el dedo gordo del pie derecho pero me da miedo y dolor tratar de extraerla por mi cuenta. Quiero cerrar los ojos y olvidarme del mundo, olvidarme que existo, que tengo problemas en el trabajo, que rento un cuarto sin lavandería, que debo limpiar mis zapatos viejos antes de salir a la calle y que tengo un montón de ropa sucia por lavar a mano en el pequeño baño.

Me gusta un poco Daiana, siento que ella no es tan pretenciosa como Tamara. Además tiene mejor culo, aunque es un poco regordeta. Afortunadamente la horrible de Marisa renunció y ahora ya no tendré que lidiar con su incómoda presencia, quizás podría acercarme a Daiana con más confianza. Ignoro si estará sola en estos momentos, o si tiene algún novio, en su face no hay ningún indicio o prueba de lo uno o de lo otro. Me causa gracia estar pensando estas cosas, como si realmente lo estuviera considerando, como si realmente lo viera con posibilidades reales de suceder. No podría hacer nada con ella. No podría hablar de nada con ella. No podría estar con una mujer usada, mi mente no puede concebirlo. Lo que definitivamente la termina de alejar completamente de mí es que ya tiene una hija pequeña, hace ya muchos años que se la cogieron por primera vez (a Daiana). Físicamente no es mi tipo de mujer, mi ideal de mujer es delgada, menor de estatura que yo, morena y cabello largo. Y nalgona, claro. En realidad no me gusta Daiana ni jamás me fijaría en ella, solamente me causa morbo su trasero. Tengo cierta fijación por el trasero redondo de Daiana. Obesión de cómo será sentirlo repegado a mi entrepierna. Hoy fue la única chica en el trabajo que me felicitó por mi cumpleaños, pese a que no le hablo y apenas si nos tratamos. Me gustan las chicas nalgonas y bellas, pero yo mismo no soy nalgón ni bello, supongo que baso mis preferencias en relación a mis carencias personales. Daiana es fea, no tiene facciones faciales de mi agrado, pero esa combinación de fealdad y buen culo me parece sensual y atractiva, eróticamente autoestimulante. Mi mayor miedo en el trabajo es que en la plática de calidad que se hace en septiembre el ingeniero o quien sea que esté exponiendo me pida leer la política de calidad de la empresa y yo empiece a temblar y me entre un ataque de pánico y a leer con temblor en la voz y me empiece a hiperventilar y todos vean mi estúpida reacción y todos se rían y quede marcado para siempre y ya no tenga ganas de ir al trabajo por la enorme verguenza que pesa sobre mí. Hasta el momento la he librado pero me causa terror que llegue ese infame día. ¿Cómo puedo eliminar este trauma que me persigue desde mis tiempos preparatorianos? A veces me gustaría hablar con Daiana, pero no sabría exactamente sobre qué podría platicarle, ni si me desenvolvería bien durante la charla. Tengo miedo que se dé cuenta al platicar conmigo lo poco interesante, aburrido y mediocre que soy. Pienso que por el momento ella tiene una buena opinión de mí, tal vez crea que soy muy interesante e inteligente. Las cosas así están bien sin hablarle, que siga pensando eso. Recuerdo que la primera vez que intenté hacerle conversación a una chica que me gustaba y lo conseguí por breves instantes, tuve una leve erección. En realidad nunca he estado enamorado de verdad, solo tiendo a sentirme obsesionado por chicas de buen trasero que me prestan un mínimo de atención. O que crea yo que me prestan un mínimo de atención. El culo de Daiana no podrá redimirme.

Añoro mi infancia. Añoro esos días amarillos jugando fútbol en la calle, añoro volver a ver a mi madre cuando tenía buena salud, añoro la inocencia que tenía y la ilusión de aún no saber que el mundo podía ser una mierda. Creo que el ser humano debería permanecer perpetuamente viviendo la etapa más feliz de su vida. En mi caso para mí la etapa más feliz fue mi infancia. Tuve momentos penosos y dolorosos también. Era un niño chiflado y maricón. Pero hasta el aire se sentía distinto. Podría decir que era un aire blanco. No estaba mucho consciente de los problemas de los adultos ni me importaban. Podía satisfacer mi hedonismo infantil con cosas sencillas, como el nintendo o las caricaturas, sin preocuparme mucho por las apariencias ni las opiniones de los demás. Éramos una familia muy unida, ahora somos unas personas distantes y apáticas. Yo me he vuelto un ser distante y apático, pero no es mi culpa. Siempre he sido así. Desde el jardín de niños, recuerdo que a la hora del recreo buscaba un lugar apartado de los demás niños y permanecía ahí hasta que nos volvían a llamar. No entendía el porqué de un momento para otro tenía que entremezclarme con niños y niñas extraños y hablarles y jugar con ellos de repente como si los conociera de siempre. Aún me siento con ese pensamiento, ha permanecido sólido en mis relaciones sociales (completamente nulas) y no he logrado erradicarlo, aún más no quiero porque eso es lo que realmente siento y es genuino para mí. Me he vuelto egoísta pero no siento que esta conducta me haya corrompido. Me ha conservado de conocer y tener el lastre de amistades forzadas y nocivas. Quisiera tener amigos, aunque sea uno pero que no me cuestione o me acuse, o peor aún, me intente cambiar. Eso no es un verdadero amigo. Los verdaderos amigos no te presionan ni te hacen sentir culpable o inferior, no te exponen al escarnio de los otros, no te buscan solo para obtener favores o beneficios monetarios. Por eso nunca he tenido un amigo. Mi único amigo es mi perrito. No sé si realmente me quiera solo porque le doy de comer. Pero yo sí lo quiero. El declive del día de un aniversario más para un joven virgen y melancólico de 34 años. Hoy estoy aquí, mañana sabrá Dios dónde. Que Dios se apiade de mi pobre alma.



25.01.15 Hay momentos en que me siento triste y otros no tanto. Soy un ser simple que se puede sentir un poco feliz con las cosas simples. En este momento de mi vida, la felicidad es volver con bien del trabajo una noche con buen clima, y que no me haya caído mal lo que comí durante el día. Mi felicidad depende de mi estado de salud. Si no me duele el estómago, entonces soy feliz. Puedo decir que soy feliz en este momento. Contemplar el vuelo de las aves en un firmamento resplandeciente me es suficiente para confiar y esperar, aunque no sepa precisamente qué. Cuando el cielo muestra su belleza, en las mañanas y atardeceres con esas nubes y colores espectaculares, me gustaría contemplar la vista en una playa o en una montaña o en algún lugar agradable que no sea la estación cochina del metro con la gente fea avéntandose para entrar como sardinas en los fétidos vagones o en las calles cochinas llenas de basura, ruidos, gente fea y humo de camiones.

Todos los estados de ánimo en el individuo dependen de la presencia o ausencia de sustancias químicas en el cerebro. Por eso no me engaño cuando me siento particularmente melancólico. Algo que tengo en común con mi madre es que a ella le gustaban mucho los programas de comedia. No me gustan los programas de comedia, pero cuando me siento triste o desanimado por algo busco ver videos chuscos o series cómicas de anime o películas de comedia para distraerme y desenfocarme de lo que me molesta. Cuando tengo pensamientos negativos, que es casi todo el tiempo, supongo que mirar este tipo de contenidos me hace tener pensamientos... no precisamente optimistas, pero al menos no nocivos para mi actitud y salud mental. Me gustaba mirar a mi madre reír y sonreír, sobre todo en sus últimos años. Cuando voy a ver a mi padre lo veo cada vez más cansado y desgastado. Tiene una cierta expresión de angustia, como de querer romper en llanto en cualquier momento, por algo mínimamente emotivo. Supongo que heredé eso de él. Todo padre desea ver felices a sus hijos y viceversa. En realidad no tengo grandes problemas que me agobien. Me salió una bolita dolorosa en la axila pero confío que desaparecerá providencialmente muy pronto.

He tenido algunas fallas en mi trabajo últimamente. Algunas han sido producto de mi inexperiencia, poca preparación, otros errores que he tenido son por descuidos y negligencias. El caso es que me han llamado la atención. Lo que he aprendido de este tema de los errores en el trabajo es que muy posiblemente volveré a fallar otra vez y que será algo inevitable. No sé si me costará la cabeza. Podrían suceder muchas cosas. No sé manejar situaciones tensas generadas por mis malas decisiones. No tengo carácter ni personalidad para encarar temperamentos airados. Aún más, nunca he sido del tipo confrontativo. Sólo sé permanecer callado y asumir la culpa, pero los sermones a mi edad, bueno a cualquier edad, son vomitivos. Entre menos errores cometas en tu trabajo, significa que estás haciendo un muy buen trabajo. No voy a dejar que nadie me influencie, ni me importa no poder quedarme con la última palabra. Estoy aquí para aprender y afrontar las dificultades y superarlas. De eso se trata realmente la vida, si todo estuviera servido, no habría incentivo alguno. Aunque reconozco que he escogido mis peleas, jamás intentaré pelear alguna que sé que puedo perder y que ganar sería como una derrota. Como el buscarme una novia por ejemplo. Si llegaran a despedirme entonces comenzaría otra nueva pelea, supongo. Todos los días son una pelea invisible para poderme llevar algo a la boca. Hablo exclusivamente de alimentos. Precisamente esa condición de aparente estabilidad/fragilidad, pobreza/prosperidad fluctuante en la vida supongo es lo que la vuelve interesante y emocionante, deberíamos sentirnos bendecidos por ello. Cada quien busca llevar agua a su molino, al final de cuentas.

Ya no me gusta Tamara. En muy poco tiempo la atención que generó en mí hacia su persona disminuyó casi sin percibirlo. Ahora la veo como una fulana más del trabajo, su presencia ya no me cautiva ni hace saltar mi saltarín corazón. Tal vez sea por que mi mente ha estado ocupada en otras cosas. Es posible que ya no aparezca más en mis futuros escritos. Estando cerca de ella en el trabajo o no, que no me hable o cualquier otra cosa que haga la verdad no me provoca nada ni me interesa o afecta negativamente. La trato de igual manera que todas las demás viejas feas del trabajo, con indiferencia, ella ya no es diferente ni especial en absoluto. Ahora debo enfocarme en otras cosas, más importantes para mi superación personal. Hasta el día que vuelva a sentir la ilusión de conocer y tratar a una chica más excitante, supongo que los días serán algo insípidos. De todas maneras mi mentalidad no ha cambiado en este rubro, me esforzaré por ser el forever alone más feliz del globo terráqueo. El amor no es la gran verdad.




Dedicado a un chorretón de semen recién proyectado en mis calzones, durante una larga y fría noche atormentado por alucinantes y efímeros sueños húmedos

Texto agregado el 28-02-2015, y leído por 79 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
23-05-2015 Valla, un bukowski, un Bukowski latino. Tal vez (siento) no te vendría mal adentrarte en los terrenos de la ficción. El talento ya lo tienes, sólo falta aventurarte. Pato-Guacalas
 
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