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Inicio / Cuenteros Locales / mividaeneldesierto / Mi Vida en el Desierto (Febrero 2015)

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05.02.15 A mis 34 años no tengo el empleo soñado, sería una total mentira decir que soy exitoso en el aspecto laboral. He tenido muchos altibajos últimamente. Puedo decir que no encuentro desagradable mi trabajo actual, y que podría continuar haciéndolo hasta donde me lo permitan mis fuerzas y mis neuronas, agobiadas de pornografía y red bull. Hay proyectos nuevos, nuevas situaciones de las cuales aprender. Me causa cierta angustia de pronto pensar que llegará el día en que el trabajo va a rebasarme, es decir que vaya aumentando el grado de dificultad y entonces llegue el momento en que alcance mi máximo nivel de incompetencia. Pero se supone que debo verlo como si fueran retos y oportunidades para crecer, excusas nobles para convertirme en un mejor virgen.

Tengo un sueldo mediocre, pero supongo que está bien para alguien que no es profesionista. Soy un vil trunco y nadamás, hay diseñadores gráficos titulados que tienen mi edad y ganan menos que yo, eso sí que lo sé. Me alcanza para vivir yo solo, pagar la renta y comer pasablemente todos los días. No para ahorrar seriamente ni hacer planes de comprar una casa o un carro. No he llevado en este último año un seguimiento de mis gastos porque no me gusta sentirme limitado en ese aspecto. No quiero vivir todos los días anotando el número de cuadritos que le quedan al papel higiénico. Cuando se trata de comer puedo comer cualquier mugre, pero estoy consciente que muchos alimentos ya no me caen tan bien como hace diez años, y que debo tener cuidado con los lugares a los que recurro por novedad o por urgencia para alimentarme. La carne de res y los lácteos ya no son buenas opciones para mí, por lo que he observado. No cocino nada, si acaso a veces hiervo huevos. Podría decir que estoy llevando una dieta especial. Hago algunas flexiones a veces, estoy consciente que debo mantenerme saludable, no puedo estar todo el día echado viendo porno aunque parezca lo mejor. Me angustian los fines de semana donde me la paso todo el día echado sin moverme y ver cómo el día transcurre hasta que oscurece y luego me levanto y comienzo a sentir remordimiento, como si estuviera engañando a alguien, como si estuviera malgastando mi vida. Me estoy volviendo un señorito panzón y quejumbroso. No me gusta salir, es un hecho. Cada salida es gastar y gastar en algo. Pero no es sólo por eso. Quiero descansar de estar afuera, por extraño que suene. Ya casi no he ido a ver a mi padre. A veces me habla para preguntarme si voy a ir a verlo y me hace sentir algo mal al decirle que no tengo ganas. No sé porque soy así, no puedo culparme. Soy el producto de mis pensamientos. A veces pienso que no debí haberme ido de la casa, pero cuando voy a visitarlos me reafirmo en mi convicción. No sé si ha sido una buena decisión todavía, el tiempo lo dirá.

He intentado cambiar un poco mi mentalidad, pero tengo muchas dudas aún sobre muchas cosas. No sé como funciona el mundo aún sobre muchos temas, científicos, políticos o socioeconómicos, que sé yo. O es que a veces no quiero saberlo. Tengo mucha incertidumbre sobre mi persona, sobre lo que pasará conmigo, pero eso es un miedo que llevamos todos. Nunca me he considerado una persona normal, pero soy de lo más corriente que puede haber. Quisiera que las cosas me vayan bien, pero no quiero que cambien demasiado de como están ahora. No soy feliz, pero me conformo con que no me suceda nada infeliz. A veces la sensación de no encajar en el mundo, de ser un autista invisible me domina. Me refugio en mi escondrijo, me oculto en mi caparazón. Te voy a contar algo. Cuando tenía nueve o diez años tenían mis padres una tienda, una pequeña papelería o mercería. El negocio anduvo algunos cinco o seis años hasta que hubo problemas y cerró. El caso es que mi madre nos mandaba a mis hermanos y a mí después de la escuela, para ayudar a atender la tienda. Era una cosa familiar, todos teníamos que colaborar. A mí la verdad no me gustaba nada. Era una sensación de incomodidad, ya que en la trastienda solo había un sillón y un televisor viejo, y la única ventana daba a una pared gris. Me llevaba la tarea de la escuela y a veces cuando mi padre o mi madre tenían que forzosamente salir por algo, me tocaba la penosa encomienda de atender a la gente. También era una sensación de pánico. No me gustaba atender a la gente. No sabía vender ni tratar a la gente y me hacía bolas con las cuentas, tenía miedo y verguenza de cobrar mal o decir o hacer alguna tontería, me llenaba de ansiedad cuando me dejaban solo y entraban dos o tres clientes, no sabía como manejar la situación aunque pareciera algo fácil. Hoy actuaría exactamente igual, supongo. Podría parecer que estaba tonto y me comportaba de manera irracional, pero hasta rezaba porque no entrara nadie, y sí, recuerdo incontables tardes donde mis oraciones eran escuchadas. No se paraba ni una mosca. A veces venían a preguntar por algo y yo les decía que no había, solo para librarme, ni estaba seguro. Después llegaba mi papá y me preguntaba si había venido alguien y yo le decía que no, y él decía, esto va de mal en peor. Recuerdo muchas tardes que me la pasé aplastado en aquél viejo sillón viendo la basura de televisión desde que llegaba hasta que anochecía. Puedo verme encerrado en esas cuatro paredes sin hacer nada, solo en estado vegetativo, esperando que se acabara la tarde simplemente, y mi pubertad teminara. A veces deseaba que al negocio le fuera mal, que mis padres tuvieran que cerrarlo, para ya no tener que sufrir con esa obligación, no sé si mis pensamientos negativos hayan influido en algo al final, o tal vez ese negocio estaba destinado de todas formas al fracaso, y así le fué.

Supongo que no he cambiado mucho mi mentalidad desde entonces. Sigo comportandóme de la misma manera. Quisiera tener pensamientos felices y optimistas pero ya me resulta muy difícil. Es muy difícil abandonar la persona que fuiste, por más nociva que haya sido para tí mismo. Para cambiar no sólo basta proponérselo, hay que actuar, he sido demasiado pasivo. El punto es qué tan pasivo pueden tolerarme las personas, en el trabajo por ejemplo, donde tengo que fingir que soy bien chambeador. Me alcanzarán, me rebasarán y seré relegado. Las mejores oportunidades serán tomadas por gente audaz y comprometida. Yo no soy audaz ni comprometido ni pretendo serlo, de ninguna manera posible. Mi ambición está en las cosas simples. Mi vida no es difícil de vivir, mi cruz es una risa. No deberia tomarme las cosas tan en serio.



15.02.15 El día de ayer mi perrito se salió de la casa y ya no regresó. Mi padre fue a buscarlo pero ya no lo encontró. Me enteré de esto hoy en la mañana hablando con él. Saberlo me causó una gran tristeza, inmediatamente salí a tomar un camión y me bajé a buscarlo por las calles vecinas, por las avenidas, por los parques cercanos de donde vivía. Recorrí dos horas bajo una lluvia impertinente hasta donde mi pobre condición física me lo permitió, con la ingenua esperanza de encontrarlo vagando por ahí todavía. En mi mente me repetía a mí mismo unas frases, como un intento de plegarias inútiles: Por favor Dios, si es que existes, concédeme la gracia de encontrarlo, no permitas que termine por ahí muerto de frío o hambre tirado en cualquier lado, si permites que lo halle, te juro por mi vida que volveré a ir a misa y borraré todo el porno que tengo, pero por favor, déjame encontrarlo, te lo ruego con sincero corazón. Ese perro ya tenía 14 años con nosotros, y es el único recuerdo vivo que queda de mi madre. Podría decir que ese perro era más de ella que de nosotros. Podría decir que teníamos la misión sagrada de cuidarlo hasta su muerte. Verlo jugar y brincotear cerca de ella era quizás de las pocas alegrías que mi madre tuvo en sus últimos años. También era la mía, ir a darle de comer cada fin de semana y ver como comía, con los pocos dientes que le quedaban, era la única excusa que tenía para seguir visitando la casa cochina. La total indolencia de mis hermanos, que ya casi no le daban de comer y lo veían como una monserga que se cagaba y se meaba por toda la casa, y la despreocupación de mi padre por este asunto son cosas que me hieren profundamente, lo que ya es un hecho es que a este perro ya no lo volveré a ver jamás, salvo en mis recuerdos. Lo que me consuela es el hecho de que no está viva mi madre para ver esto, y que ojalá, tal vez posiblemente alguien se lo haya robado, y ahora está en otra casa, donde lo alimentan y lo cuidan, no sé, era un perro muy viejo pero era muy bonito. Quiero pensar que es así. Por favor Dios si es que existes al menos dale esa suerte. No pensé nunca que podría terminar así, como tantos otros perros perdidos que simplemente desaparecen sin dejar rastro, como si nunca hubiesen existido. Algún dia volverá a jugar y a brincotear alrededor de mi gordita bebé, en alguna fantasía infantil desterrada de este pedazo de mierda que habitamos. Mis ojos están encharcados y el nudo en mi garganta se retuerce penosamente. Ojalá las cosas hubiesen sido diferentes, perdóname por favor, si puedes.




22.02.15 La gente tiende a volverse más religiosa a medida que va envejeciendo. La mayoría al ver próximo su final tiene un intenso temor de ir al infierno. Se cuestiona seriamente si su vida fue lo suficientemente buena, si sus faltas fueron tan graves. Pienso que es una incongruencia no haber creído en Dios durante el 90 % de tu vida y al final por un 10 % de tiempo que le dedicaste a abrir la mente a la fantasía, supuestamente con eso ya te vas a salvar. Si Dios existe y es un ser inteligente y justo, seguramente no tomará en cuenta religiones ni te va a preguntar los diez mandamientos para poder entrar al Cielo. Él verá tu corazón y Él decidirá si fuiste bueno o malo, según lo que hayas hecho en tu vida. No lo digo yo, esa es una verdad implícita en el Universo. Qué tan suficiente bueno debe ser uno para ir al Cielo, no lo sabemos. Todos somos imperfectos y pecaminosos. Opino que pretender conocer la voluntad de Dios es una estupidez. Una persona que no hizo mal a nadie y que durante su vida practicó valores morales y/o humanistas con regularidad debería ser un candidato estándar para entrar al Cielo, aunque haya sido ateo. Dios lo entenderá.

Dos de los seres que mas amé en este plano existencial han desaparecido. Mi mamá y mi perrito. A la vida llegamos para amar y ser amados. Estoy feliz de haber amado y ser amado por estos dos seres, estoy hecho.

Tamara está embarazada. Cuando me enteré, incluso de su propia voz, apenas sí sentí algo. Me he sorprendido de mí mismo. Porque leo mis escritos de hace cuatro meses, e imagino que en ese período de tiempo, cuando me mostraba obsesionado por ella, enterarme de una noticia así me habría causado una congoja demoledora. No siento ya nada por ella, en realidad nunca fue un sentimiento contundente. Nunca logré masturbarme pensando en ella. Tal vez es sólo que la he reemplazado, en mi radar amoroso ya se encuentra otro objetivo, pero lejos de sentirme compensado, la garantía del más violento y brutal de los desamores que haya padecido está a la vuelta de la esquina.

Hace dos semanas entró al trabajo una chica nueva, una ingeniera, Claudia. Es joven, quizás tenga 27 o 28 años. Me pareció muy linda, una chica que con sólo verla unos segundos me fascinó sin esfuerzo. Tiene unas facciones preciosamente simétricas, es delgada y tiene buena figura. Por su manera de ser, (la he tratado muy poco para juzgarla) podría encasillarla como una de las tantas chicas que en mi años de facultad me fueron completamente inaccesibles, (bueno, todas lo fueron, pero en especial) quiero decir, que tenían demasiado nivel para mi, ella sería el tipo de chica que fácilmente se integraría al grupito de riquillos guapos y pretenciosos que nos veían a todos los demás como meras curiosidades. Si con Abigail o Tamara en sus momentos respectivos, yo tenía un 4% de posibilidades de que pudieran considerarme como un probable prospecto copulador, con esta chica creo que la probabilidad se diluye a la nulidad. La sensación que tengo con ella es similar a la que ya he experimentado con otras chicas que me han gustado antes, su presencia cercana me emociona, me acelera el corazón. Me hace sentarme más erguido o hablar más fuerte, para que me oiga. Soy un payaso lamentable. Por un lado pienso que no debería entusiasmarme tanto, sus posibilidades de permanencia en el trabajo son pocas. Vive muy lejos, le pagan muy poco y el puesto que tiene no está muy definido. No está casada, por lo que sé, pero seguramente tenga un novio, o sea lesbiana, no sé. No es de esta ciudad, me dijo que solo tiene un mes aquí, probablemente esté en su mente seguir buscando otras opciones laborales durante el año. Por lo tanto no debería entusiasmar a mi atribulado corazón con fantasías imposibles con esta chica. Debería centrarme en mi trabajo, en continuar mejorando y evitar los errores, que cada vez están más cabrones. Debería aprender que cuando una chica se muestra simpática y amable con uno no significa que esté flirteando o buscando algo más, pero me ciego. No puedo evitar enamorarme de cualquier chica linda que me preste un mínimo de atención.

Con el correr de los días, aumenta cada vez más mi interés por Claudia, (hasta ya la he soñado), siento como si una renovada chispa se haya encendido en mí, y mis días en el trabajo han adquirido un matiz más atractivo, sólo por su presencia. Soy consciente que ella tal vez tenga su novio, y sino es así, jamás podría fijarse en mí de esa manera. No podría ni ser su amigo. No debo enamorarme de ella. Debería aprender de mis experiencias pasadas y aceptar mi condición de repelente femenino. Debería respetar cualquier indicio de conducta en que ella demuestre su total desinterés en mí, como yo lo hice con cierta chica a su vez en el pasado reciente. ¿Es que acaso no he aprendido algo? Me gusta maltratarme el corazón con suposiciones, cuando las chicas que han sido alguna vez el centro de mi atención amorosa ni siquiera me hayan tenido en su mente ni por asomo. Quisiera haber sido genéticamente bendecido con facciones más simétricas o una complexión más atlética. Quisiera haber tenido una vida más interesante, que pudiera servirme de trasfondo sólido para estas cuestiones, pero decidí tomar la ruta del ermitaño, y ahora no hay vuelta atrás. Tal vez esté repitiendo patrones de conducta equivocados. No caeré en esas triquiñelas. Me dedicaré a mi mismo. Lo haré yo solo. Yo no me masturbo, me hago el amor.



Dedicado a mí mismo

Texto agregado el 02-04-2015, y leído por 80 visitantes. (0 votos)


Lectores Opinan
02-04-2015 y la de marzo? Estoy por dejar el vino, leerte me encurdela mucho más ! riosdevino
 
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