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Inicio / Cuenteros Locales / gui / Otra incursión de Pacheco en este mundo mortal

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Cierta mañana a Pacheco se le dio vuelta la visión y quedó viendo todo al revés. Esto ya le había pasado muchos años atrás, cuando aún era un parvulito, pero en aquel entonces no fue un problema muy insuperable, sólo que sucedió cuando estaba recién aprendiendo a leer y todo lo aprendió al revés por lo que desde entonces, cada vez que tenía un libro o un diario entre sus manos, tenía que darse una vuelta de carnero para comprender lo escrito. El mal que le aquejaba era muy particular y se debía a un problema congénito que consistía en la deformación del cristalino y que gracias a una medicación específica, éste recuperaba su convexidad en poco tiempo. Pero ahora era un menudo problema en términos prácticos puesto que esta vez, cuando se quiso tomar su cotidiana taza de café, el líquido se le derramó sobre sus cejas, manchando de paso su rostro, su cuello y de paso su blanca camisa que ese día se había colocado para concurrir a su reciente empleo en el Banco Principal. Cuando se quiso afeitar su incipiente barba, se rapó equivocadamente toda la parte frontal de su cabellera, lo que ahora le daba un evidente parecido con el actor Bruce Willis. Más tarde se quiso sonar ya que lo aquejaba un rebelde romadizo y no se encontró su nariz por lo que se sonó un ojo. Era este realmente un muy grave inconveniente y no sabía como lo iba a hacer cuando tuviese que ingresar los datos en la planilla Excel de su computadora.. Seguramente, aquella mañana se produciría un descalabro de proporciones en las finanzas, sería irremediablemente despedido y hasta era posible que lo encarcelaran por presunta malversación de fondos. Por su cabeza pasaron mil ideas, todas vueltas al revés por supuesto y de pronto, luego de mucho meditar, recordó que en sus años mozos había sido un excelente gimnasta por lo que, sin pensarlo dos veces, se colocó en posición invertida y de los bolsillos de su pantalón cayeron varias monedas. Pero eso no le importó en demasía, puesto que de inmediato recobró la normalidad visual, sólo que ahora tenía el mísero punto de vista de un gato o de un perro chiquito. Para no estropear la palma de sus manos, el Pacheco Optimista aquel, se puso los zapatos a modo de guantes con soquetes y todo y se dio maña para terminar de hacer sus quehaceres, utilizando los pies como eficientes sucedáneos de sus manos. Luego de unos breves diez minutos de práctica, Pacheco se dirigió a su trabajo canturreando una de aquellas descabelladas canciones de Charly García, indiferente a las curiosas miradas y groseras risotadas de los transeúntes. Hasta se dio el lujo de saludar de mano –perdón- de pata a un asqueado vecino, que luego corrió presuroso a lavarse, no las patas sino sus manos.

El chofer del microbús recibió las monedas sujetas por su dedo gordo y enfurecido, las arrojó lejos. Pacheco no se preocupó de ese pequeño detalle ya que quedó deslumbrado de tener al alcance de su vista las bellas pantorrillas de las pasajeras. Incluso si doblaba un poco su cuello, podía proseguir su incursión visual mucho más arriba de los muslos. Así comprobó que algunas muchachas usaban sendos colales, otras coquetos bikinis y las menos, atrevidos nadakinis.

Mareado por tanta emoción erótica, el Pacheco este, ingresó al banco ante la mirada atónita de sus compañeros y público en general.

Sucedió aquel día un tremendo descalabro en la sección en donde laboraba Pacheco. El gerente, enfurecido, mandó a llamar a todo el personal involucrado e increpó duramente al grupo por lo que el consideraba una abierta ineficiencia. Dijo que todo andaba patas para arriba en la sección finanzas, exceptuando, por supuesto, al nuevo empleado Pacheco que era realmente brillante y un ejemplo para todos. Los colegas comenzaron a murmurar que nuestro héroe era un tipo arrastrado, un espía del cual debían cuidarse y los menos, pensando que su eficiencia se debía a su excéntrica posición, comenzaron a imitarlo y también se pusieron patas para arriba. A ellos, por supuesto, se les hizo más difícil todo ya que tenían ahora la misma mísera perspectiva de un gato o un perro chiquito, con el tremendo agravante que todo lo veían al revés, de tal suerte que debían realizar dos vueltas de carnero para poder leer los informes y como no tenían el manejo digital de sus pies, debían escribir utilizando su boca para sujetar sus lapiceros. Ustedes dirán que el que persevera siempre logra sus objetivos. Claro que fue así, de cinco empleados que optaron por la posición invertida, cuatro terminaron trabajando en el circo y el quinto hoy hace maromas con sus pies en una importante esquina del centro de la capital.

Pacheco, desafortunado el muchacho, a los quince días recuperó su visual y como sobre sus pies el hombre no era una lumbrera, comenzó a cometer muchos errores y en poco tiempo fue despedido del banco. Como todos sabemos, este singular personaje tiene la facultad de morir y resucitar a voluntad, por lo que una mañana que estaba deprimido, se tomo al seco una botella de cloro, otra de ácido muriático y así, con sus tripas limpiecitas, se encaminó a ese lugar indeterminado en donde acostumbra programar sus próximas resurrecciones…






Texto agregado el 04-09-2004, y leído por 243 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
05-09-2004 Este Pacheco en el mundo de los mortales es para divertirse, y eso que se le dió vuelta la visión y quedó mirando al revés, aunque la capacidad de resurgir... lo hace único. Bueno... eso creo yo, Pacheco amigo. Un abrazo. Shou
 
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