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Paisaje siniestro

Apenas verla, me sentí sumamente atraído hacia ella, me hacía recordar lejanas épocas de mi juventud, en mi tierra natal.
Era ideal, tenía todo lo que hacía tiempo estaba buscando, amplia, con grandes ventanales que permitía pasar los rayos del sol durante casi todo el día y por la noche, en invierno y con la gran chimenea pretendía pasar, junto a mis perros, a mi mujer y mis hijos, los años que me quedaran de vida.
Pero, no sólo la casa era lo que buscaba, el lugar era ideal, los matices dorados de sus árboles me hacían soñar con los campos de Inglaterra, con la campiña inglesa donde solía cabalgar el día entero sin más preocupación que estudiar y divertirme.
Es cierto que esa época había quedado perdida en el tiempo, con la muerte de mis padres, mi viaje a Uruguay sólo, sin familia y contando solamente con el dinero que había quedado luego de vender nuestra casa, para emprender una nueva vida, lejos de mi país y con una lengua diferente y a la cual me tuve que acostumbrar hasta que la aprendí por completo.
Así fueron mis comienzos, trabajando en cualquier cosa, lo que me pidieran, lo hacía con gusto hasta que conocí a Isabel, era la mujer más hermosa de la tierra con sus largas trenzas rubias y aquellos ojos tan azules que sólo recordarlos me hacen temblar.
Nos enamoramos a pesar de todo y de todos, su familia no me quería, yo no era más que alguien que ni siquiera era uruguayo, un muchacho como solían decir, con buenos modales pero sin nada, ellos eran personas adineradas y de la alta sociedad.
Ah…si hubieran estado en mi país, sabrían que yo también lo era, que mis padres eran personas honestas y de muy buena familia y quizá por eso fue, que sólo me quedó la casa, luego del accidente donde ellos fallecieron.
Mi padre era un abogado muy prestigioso y mi madre era maestra pero un día fueron unos hombres a mi casa a pedirle a mi padre que defendiera al jefe de ellos y lo hicieron tan bien que no tuvo más remedio que aceptar.
Habían tomado por los hombros a mi hermanita y aunque no dijeron ni una palabra, mi padre entendió, nada podía hacer, ellos eran poderosos y la familia estaba primero, si algo nos hubiera ocurrido no se qué habría hecho mi padre.
Cómo cambia la vida en un instante!
Aquel accidente me dejó sin madre, padre y hermana, el camión que chocó contra ellos, nunca detuvo la marcha y aparentemente ni siquiera matrícula tenía según los pocos testigos que había.
Esto ocurría varios meses después, el hombre al que mi padre defendiera había salido en libertad pero ellos no querían testigos y aunque ni mi madre ni mi hermana tenían nada que ver, al ir junto a mi padre, ellas también murieron me salvé por estar en la facultad.
Veinte años pasaron desde que salí de Inglaterra para venir a encontrar mi destino aquí, en este pequeño país al que le tomé mucho cariño y del cual no quisiera irme.
Un día, al pasar por esa casa, quedé deslumbrado ante tanta belleza, el entorno de la misma era algo que no parecía de éste mundo, los colores de las hojas de los árboles, ¡qué belleza! todos los tonos pastel juntos, rojos, amarillos, anaranjados, marrones y verdes, formaban un colchón multicolor que me hacía contemplarlo sin ver nada más.
Decidí que volvería con mi familia para que la viera y al día siguiente estábamos en la inmobiliaria para que nos dieran la llave.
Isabel, mi esposa al verla quedó fascinada lo mismo que los chicos, sólo Sultán y Cacique, mis cachorros, estaban algo asustados, sucedió algo muy extraño, ninguno quiso entrar a la casa y aunque parezca raro, ni se bajaron de la camioneta.
La casa era muy espaciosa, contaba con tres dormitorios, living, comedor, sala de juegos, cocina y dos baños además del patio lleno de árboles frutales, el precio era más que conveniente, tanto que pensamos que algún defecto tendría porque llevaba mucho tiempo a la venta según nos dijeron en la inmobiliaria.
Soy profesor de ingles y no gano mucho pero mi señora es diseñadora de joyas y entre los dos hemos ido juntando para comprar la casa de nuestros sueños.
Tanto nos gustó que la compramos, estaba cerca de la playa y a dos cuadras de la carretera, teníamos todo y hasta la escuela para los niños estaba a cuatro cuadras, no podíamos pedir más.
Nos mudamos a la semana siguiente, todo era perfecto salvo por los perros, ellos no estaban de acuerdo con la casa, entraron pero se arrinconaron los dos muy juntitos y sólo salían si alguien los acompañaba.
Esto me pareció sumamente raro, ellos eran muy juguetones y nunca estaban quietos.
Una noche, sentimos ruidos extraños y los perros empezaron a ladrar, Duque salió de su rincón y lo vimos correr hasta desaparecer, lo siguió Cacique y también desapareció.
Fue en ese momento que comprendí que algo no estaba bien, los perros no volvieron jamás y desde ese día nada fue igual, los niños los extrañaban y su conducta ya no era la misma, todos estábamos de mal humor y discutíamos por nada.
Hasta que una noche no solo oímos ruidos sino que teníamos la extraña sensación de que éramos observados, mi mujer y los niños subieron a la camioneta mientras que yo revisaba toda la casa sin encontrar nada.
Así comenzó aquello que no se como describirlo, sentíamos temor hasta del timbre que sonaba, parecía una película de terror pero sin protagonistas, sólo estábamos nosotros en la casa pero esa sensación de que nos vigilaban y que estaban con nosotros estuviéramos donde estuviéramos era insoportable.
Lo que no me dejaba alejarme de la casa, no era en realidad la casa, eran sus alrededores, ese paisaje siniestro y bello del que no podía prescindir y que a la larga me dejara tan solo.
Mi mujer y mis hijos al no soportar el misterio que rondaba nuestra casa, se fueron igual que los perros, para no volver, pero yo, había dejado mi trabajo, mi familia y hasta mis amigos, que se fueron alejando al no encontrar en mi, al hombre que era, había pasado a ser parte del paisaje y ya ni entraba a la casa, una carpa ocupaba su lugar en el patio donde por las noches me dormía contemplándolo.
Me doy cuenta que sólo hablo del paisaje, de lo hermoso que era pero es que algo me hacía mirarlo y cada vez más, me fui sintiendo parte de él, tanto así que al acostarme sentía el crujir de las hojas, que en pleno invierno lo hacían más hermoso aún.
Pero no eran sólo las hojas, un extraño sonido como de aletear de pájaros se me metía en los oídos hasta que quise saber qué era ese hermoso sonido y al concentrarme más, lo
descubrí, un centenar de algo que yo creía que eran pájaros casi invisibles, bailaban a mi alrededor y ya no sólo emitían sonidos, ahora podía sentir sus voces, aquellos seres eran hadas que ahora me hablaban y a lo que yo respondía como si fueran seres humanos.
Me pedían cosas, que les hiciera esto y lo otro y yo no podía negarme, ¿cómo hacerlo? Eran seres tremendamente hermosos y de caras angelicales, comenzaron pidiéndome que escribiera mi vida, diciéndome lo bueno que sería que la gente se enterara de cómo las había conocido, cosa que me pareció estupendo, a esa altura yo mismo quería contárselo a todos, lo malo era que no podía salir de allí.
Así comencé a escribir y día a día tenía algo nuevo, las fui conociendo una a una a esas bellas hadas que ahora sabía, vivían en mi patio y que aunque trataban de ser muy amistosas, las personas no las querían y se iban de la casa, ellas decían que no eran como yo que podía verlas y hablar con ellas por eso se asustaban y así fueron pasando los días y yo seguía haciendo lo que me pedían que ya no era sólo escribir, los pedidos se fueron multiplicando, al principio era escribir pero con el tiempo tuve que hacerles algunos favores que no entendía muy bien, cierto día vino una persona a la casa y ellas como eran invisibles a los ojos de los demás, revoloteaban a mi alrededor y me decían qué hacer.
Una de ellas me dijo que ese hombre era el abogado de mi esposa y que sólo quería hacerme firmar los papeles de divorcio y sacarme la casa y sus alrededores cosa que no podíamos permitir no podíamos dejar que vendieran la casa y que vinieran otras personas a sacarnos de allí, así que tomé la escopeta que tenía en la casa y le disparé a quemarropa.
Lo curioso de esto es que no sentí nada, hasta pienso que no fui yo quién lo hizo, creo que fueron ellas que al querer protegerme lo mataron y luego de esto no se cómo fue a parar el cuerpo a una fosa que había en el fondo de la casa, sólo se que ese fue el primero en morir pues luego seguían viniendo distintas personas y a todas tuve que matar y enterrar en la misma fosa, la que más lamento fue mi vecina, ella, creo que me entendía, creo que ella también podía verlas y me traía comida casi todos los días pero un día apareció en mi puerta con un hombre vestido de blanco al que yo no conocía y ese fue el fin de los dos, tal cual me decían las hadas, no podía permitir que me alejaran de mi casa y de mi jardín.
Pero hoy desperté en otro lugar, lejos de mi casa y de mi jardín y lo más curioso, lejos de mis hermosas hadas.
¡Qué extraño! Al verme en el espejo, casi no me reconozco, canas adornan mis sienes
y mi andar es lento, no entiendo si hasta ayer era un hombre joven.
Tampoco se donde estoy, hay mucha gente todos vestidos de blanco creo que estoy muerto y estoy en el cielo pero… no, ese no puede ser el cielo, creo que estoy recordando algo, un hombre joven me saluda y se sienta a mi lado.
¡Qué bien lo veo hoy! Quizá no se acuerda de mi pero lo he visto durante estos últimos cinco años todos lo días pero creo que hoy por primera vez usted se da cuenta.
¿Tengo razón?
Mi mente se fue aclarando poco a poco y minuto a minuto fui recordando mi vida, la casa, el patio… las hadas! Qué horror!, ahora me daba cuenta, mi locura me hizo hacer tantas cosas malas…las recuerdo, veo a mis padres, en Inglaterra, ellos no me dejaban viajar, sabían que algo malo tenía y tuve que atropellarlos con un camión que robé y al declarar ante los abogados dije que creía que había sido la mafia para la que mi padre trabajaba, mi cara angelical me salvaba siempre que hacía algo malo, veo también a mis hijos y a mi mujer huir de mi y encerrarse en la camioneta pero…ni así pudieron huir, los maté a los tres, los sepulté en el fondo de la casa en la misma fosa que fui sepultando a todos, ahora que vuelvo a la realidad, creo que es hora de que pague mis errores y me reúna de una vez por todas, con mis amigas las hadas.
Porque a pesar de lo que diga el médico, ellas están aún ahí, en mi mente y sé que ellas me quieren junto a ellas…lo lamento por el pobre muchacho pero debo deshacerme de él para poder volar.
Y desde el séptimo piso de aquél hospital psiquiátrico, un médico fue encontrado muerto, estrangulado por uno de sus pacientes el cual voló a encontrarse con sus amigas las hadas siete pisos, hasta encontrar lo que tanto buscó durante años, sin saberlo.
Omenia

Texto agregado el 21-12-2015, y leído por 156 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
22-12-2015 El cambio que tiene la historia hace que su desenlace agudice su calidad fantástica mezclada con algo de terror y hasta de policial, al menos a mí se me pasó todo eso por la lectura que hice. Me gustó que el protagonista fuera internándose cada vez más en su mundo interno, llevando la historia a otras posibilidades. También me acordé de Ambrose Bierce, un maestro del género de terror y del humor negro, que solía matar a todo el mundo echando mano de los expedientes más refinados. Saludos, quilapan-
21-12-2015 Muy extraño el texto, pero me ha gustado bastante...***** blasebo
21-12-2015 Un buen texto. Saludos. NINI
21-12-2015 Buena historia, me hizo recuerdo a la peli detrás de las paredes. Un abrazo, sheisan
21-12-2015 Una historia entretenida y rara. Abrazos. esclavo_moderno
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