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Los sueños de Karina.
Hace muchos pero muchos años, vivía una niña en una casita muy pobre junto a sus padres y a un hermanito menor que ella.
La casita era de madera igual que todo lo que había dentro de ella y eso era debido a que el padre de Karina era carpintero y todo lo hacía él.
La pobreza reinaba en el hogar pero a cambio había mucho amor entre sus habitantes.
Por las noches, no siempre se podían dormir debido a que la comida era muy escasa y apenas les daba para poder seguir viviendo.
La madre de Karina hacía lo que podía, tenían gallinas pero no las comían, los huevos eran muy necesarios y con ellos hacían la comida.
En una de esas noches en que el sueño se hacía rogar y no quería aparecer, Karina acurrucada junto a Dieguito, su hermano, miraba el techo de la habitación donde su madre había colocado unas estrellitas luminosas de papel y pedía a Dios que se acordara de ellos y prometía ser una buena niña si un milagro los sacara de tanta pobreza.
Esa noche, como por arte de magia, los niños se durmieron y milagrosamente no sintieron hambre y a la mañana siguiente, cuando se levantaron, algo no era igual a todos los días, ni bien se despertaron, todos estaban alegres sin saber el motivo.
Karina vistió a su hermanito mientras su madre preparaba unos panqueques para desayunar con dos huevos que había guardado del día anterior.
Después del desayuno, los niños salieron al patio de la casa a dar algo de maíz a las gallinas y fue en ese momento cuando la vieron.
Una flor muy hermosa se estaba abriendo, era una planta que nunca antes habían visto y que de un día al otro creció como si siempre hubiera estado allí.
Karina corrió a llamar a su madre la cual vino de inmediato y también la vio.
El único que no llegó a verla fue su padre Paulino pues desde muy temprano estaba construyendo una mesa para un vecino que le pagaba, al ser casi tan pobre como ellos, con frutas y verduras.
Los tres, madre e hijos miraron por varios minutos como la flor se iba abriendo para transformarse en una hermosa flor de colores tornasolados los cuales brillaban al recibir los rayos solares.
Tan ensimismados estaban mirando ese hermoso espectáculo que no vieron lo que había dentro de la flor y que fue asomando lentamente hasta dejar al descubierto un rostro angelical y un diminuto cuerpecito de niño, tan pequeño que los niños podían sostenerlo en sus manitos, apareció para decirles que no se asustaran, que él era el encargado de los sueños y de que se cumplieran los pedidos hechos en ellos.
Karina estaba muy sorprendida pero a pesar del miedo que sentía y de haberse prendido de su madre y de Dieguito, lo disimuló y escuchó atentamente lo que el pequeño ser les decía.
___Me llamo Serafín y como ya les dije soy el encargado de los sueños de los humanos y he estado presente en los sueños de Karina y también en los de todos los habitantes de esta humilde casa y creo que se merecen una recompensa por ellos, jamás oí un reproche de parte de alguno de ustedes a pesar de que muchas veces ni siquiera pueden soñar.
La madre, Analía, pensaba que en ese instante ella era la que soñaba y que pronto despertaría y siguió escuchando lo que el pequeño ser les decía:
___Quiero que esta noche cuando vayan a la cama, se propongan soñar con lo que más quieran en la vida y que se lo pidan a Dios, no les prometo nada ya que eso depende solo de ustedes y de la forma en que lo pidan y mañana al levantarse rieguen la planta que he hecho crecer en el jardín y que me sirve de casa mientras esté con ustedes.
Esa noche antes de ir a la cama, la cena fue abundante, Paulino había terminado la mesa y su vecino le había pagado con muchas verduras y frutas de su huerto y Analía había preparado una cena deliciosa y fue durante la cena que le contaron a Paulino la experiencia que habían tenido en la mañana y lo llevaron a ver la bella flor que en ese momento estaba cerrada, dormida pero con un brillo que parecía que venía de la Luna por su blancura.
Paulino estaba muy asombrado y pidió a su familia que se acostaran, que quizá los milagros sí existen y que se durmieran pensando en lo que más quisieran en la vida, uno nunca sabe…
Sueños de cada uno de los integrantes de la familia.
Paulino esa noche antes de dormir pidió a Dios que le mandara trabajo, necesitaba mantener a su familia y no encontraba otra manera que no fuera trabajando mucho. Además pensaba no sólo en sus hijos sino que también su esposa necesitaba prosperar junto a él.
Analía soñaba que veía a su esposo con un taller donde todos trabajaban en la madera y construían el porvenir para sus hijos y para ellos mismos.
Dieguito soñaba con juguetes y sobretodo con una muñeca para su hermana que era tan buena con él.
Karina esa noche se durmió pensando en un viaje al reino de los cielos, soñaba que se encontraba frente a Dios y que le daba las gracias por la familia que tenía y por poder compartir su vida con ellos, no le importaba la pobreza, el tiempo ya les daría más, sus padres y su hermano eran todo lo que necesitaba en la vida y continuó soñando con las cosas más hermosas que alguien pudiera imaginar.
Y la vida siguió su rumbo, la flor estaba cada vez más bonita, en el jardín, aunque no volvieron a ver a Serafín pero supusieron que ese no era su verdadero hogar, Karina le decía a su hermano que el Cielo era el verdadero hogar de aquel ser tan pequeño y tan poderoso.
Pasó algún tiempo hasta que un día, se supo que una empresa constructora estaba construyendo un complejo de apartamentos en el pueblo, era el primero que se construiría en esa ciudad y la gente estaba muy contenta, era trabajo para todos y Paulino pensó que cuando estuviera terminada la obra, la gente que viniera a vivir allí necesitaría muebles y fue así que con ayuda de otras personas, comenzó su trabajo, los muebles eran su vida por eso los hacía tan bien, porque eran hechos con amor y de a poco los fue vendiendo y el negocio fue aumentando y al fin la familia tenía su mueblería y el pueblo fue creciendo al igual que los hijos de Analía y de Paulino y llegó el día en que Karina y Diego pudieron ir a la universidad y así se cumplieron los sueños de todos, Paulino pudo poner una mueblería y pudo mantener a su familia, Analía vio el negocio próspero de la familia, Dieguito pudo también recibir su premio ya no en juguetes como soñaba de chico pero sí en sabiduría que le permitiría crecer y vivir su vida y Karina hecha mujer, comprendía que la familia está ante todo y que el amor y la Fe mueven montañas.
Pero como de esto pasaron muchos… pero muchos años, llegó el día en que la familia volvió a reunirse pero esta vez ante Dios y el sueño de Karina también se cumplió.
Omenia 24/10/2015

Texto agregado el 11-01-2016, y leído por 122 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
11-01-2016 El texto chorrea sentimentalismo, amiga. La "intención" de agradar es abrumante. No paseamos interesados por las vicisitudes concurrentes de los personaje, sino vemos en todo momento la mano del narrador tratando de imprimirle sus deseos. Sabes escribir, amiga, sólo necesitas dejar de tener miedo, (tener la cabeza fría) a la hora de escribir, para así dejar que los personajes vayan a donde la trama lo pida. Un poquito de sal nunca está mal en un guisado, aunque haga daño. Pato-Guacalas
11-01-2016 !Muy buena narrativa. Saludos. NINI
 
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