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La vida es generosa y paradójicamente también es cruel. Al regresar de mi periplo en el campo (supuestamente de vacaciones). Me enteré de la muerte de un querido amigo. Gustaba del buen comer y el beber bueno. Gustaba de tocar la guitarra y tocar el cuerpo femenino. Gustaba de las películas de misterio. Gustaba de leer novelas policiacas (de preferencia autores ingleses donde le dan importancia a la investigación más que a la acción). Gustaba del ajedrez y escribir cuentos. Todo eso le gustaba a mi amigo. Y le gustaban muchas cosas más: los viajes, las canciones románticas y las arrabaleras que le traían reminiscencias de la juventud, las flores de las que decía: “huelen a mujer”, la poesía de Sabines, no entendía la de Paz. En síntesis a mi amigo le gustaba vivir.

A su mujer (buena esposa), le gustaba ir al café con sus amigas. Tener arreglada su casa y regañaba a su marido por el desorden que siempre hacía. Pero sobre todo le gustaba ir de compras.
A sus hijos (ya mayores) les gustaba divertirse y después volver a divertirse.
A sus amigos jubilados —yo, entre ellos— les gustaba platicar de aventuras de sus mocedades (la mayor parte mentiras). Al principio nos reuníamos alrededor de una mesa de café bastantes contertulios, pero, les dije al inicio que no todo es felicidad, poco a poco los entrañables amigos se han ido a la dimensión desconocida. Al final quedamos muy pocos. Con optimismo dijimos que había que vivir conforme a nuestra edad: él y yo nos abonamos a conciertos de música clásica. Cada 15 días nos vestíamos con elegancia y en compañía de nuestras compañeras oíamos los conciertos. En el fondo hubiéramos preferido estar en una cantina como lo hacíamos de jóvenes saboreando una refrescante cerveza en tiempo de calor o un reconstituyente tequila en invierno, escuchando tríos que nos deleitaban con canciones que aligeraban nuestras almas. ¡Ay! Esos devaneos por la edad nos hacían daño.

Un día él se enfermó y guardó cama. Murió mientras dormía. A lo mejor vivió también mientras dormía, si es cierto aquello que la vida también es un sueño. El caso es que se le fue la vida. Aquí me gustaría preguntar a dónde se va la vida cuando la vida se va. Para esa pregunta no tenemos respuesta: tenemos solamente ficciones. Todas ellas tienen el mismo valor, o sea ninguno. Eso de la vida después de la muerte es una creencia que algunos tienen; lo de la muerte después de la vida es una experiencia que todos tendremos. El apellido de la muerte es Segura.
¿Qué hace su mujer después que mi amigo se muriera? Va de compras y al café con sus amigas. ¿Y los hijos? Se divierten, se divierten. Claro su esposa y sus hijos estuvieron tristes unos días, creo que dos. Luego la señora volvió a ir de compras y los hijos a divertirse. Por favor no me malinterpreten. Esto que estoy diciendo no es un reproche. La vida sigue. No sé si hay vida eterna, pero sí sé que hay eterna vida.

Ahora que mi amigo murió, casi todos mis contemporáneos ya no están y los pocos que quedan están enfermos. Claro, estoy rodeado de mucha gente: mis familiares, mis vecinos, pero añoro a los de mi generación. Sin embargo, estoy consciente de que para encontrar serenidad en el invierno de mi existencia, debo tener un honrado pacto con la soledad.

Texto agregado el 13-01-2016, y leído por 111 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
16-01-2016 1. Amigo Héctor. Me he quedado pensando en tu texto, el cual guarda tanta verdad como el apellido de la muerte que con acierto le has asignado. Este escrito conmueve porque nadie, por más que lo niegue, escapa en cualquier momento de su existencia a sentir cerca a la Dama Soledad. SOFIAMA
16-01-2016 2. Aunque con matices humorísticos, tu escrito encierra una gran tristeza por la realidad que plasmas en cada línea. Héctor querido, se nota que eres un hombre que ha vivido mucho y lo ha hecho a consciencia plena. Un fuerte abrazo y mis felicitaciones por tus enseñanzas tan encomiables. Te quiero mucho y te respeto. SOFIAMA
14-01-2016 Tengo amigos grandes que han hecho pacto con gente joven. No será lo mismo, pero si encuentras alguien con tu personalidad que le guste aprender y te gusta enseñar, creo que no te sentirás solo. No le he preguntado a mi querido mentor de la vida, pero sé en su sonriza que le es grato compartir tiempo conmigo, y para mi lo es. Tenemos tanto en común que termino olvidando la edad cuando menos cuenta me doy, pues sé que para donde el va, yo iré. inalcansable
13-01-2016 Excelente escrito lo que impresiona es lo que dices: "Eso de la vida después de la muerte es una creencia que algunos tienen; lo de la muerte después de la vida es una experiencia que todos tendremos. El apellido de la muerte es Segura." ***** Terryloki
13-01-2016 No es tan malo hermano, en la soledad nacen hermosos textos, como el tuyo. Mucho para reflexionar. Verás; sólo vivo el día de hoy, como un milagro, un obsequio y una aventura. Cinco aullidos contentos Yar
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