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La verdad no duerme.
El sol, al penetrar por la ventana formaba los colores del arco iris haciendo ver también las partículas de polvo acumuladas por años en la habitación.
Todo era viejo, fuera de moda, los sillones, la biblioteca repleta de libros de por lo menos cien años atrás, el escritorio, nada había en aquella habitación que formara parte de este siglo.
Por cincuenta años la casa no había sido abierta, desde la muerte de su propietario, Enrique Arbenois, asesinado, en esa misma habitación, supuestamente por su hijo, Leopoldo Arbenois quien murió en la cárcel alegando su inocencia hasta el día de su muerte.
Fue encontrado culpable debido a que la sirvienta lo encontró con el revólver en su mano al lado del cadáver de su padre.
La defensa no pudo probar lo contrario a pesar de haber buscado pruebas para probar que el occiso había muerto mucho antes de que su hijo llegara a la casa.
Supuestamente Leopoldo estaba en su casa con un fuerte dolor de cabeza debido a un altercado que había tenido la noche anterior con su padre.
Leopoldo vivía a dos cuadras de la casa paterna, con su esposa y sus dos hijos y ella confirmaba que había estado con ellos toda la noche y que a la mañana siguiente había vuelto a la casa de Enrique para solucionar el problema y que cuando la empleada lo encontró con el revólver en la mano, dijo que estaba en el suelo al lado de su padre y que imprudentemente lo levantó.
Para entender el caso, debemos pensar que hace cincuenta años, no teníamos la misma tecnología y que era bastante difícil saber con exactitud a qué hora había muerto el hombre.
Leopoldo fue encontrado culpable y se cerró el caso, el padre fue enterrado y la casa cerrada.
La sucesión demoró mucho tiempo debido a que nadie se ocupó de ella, había otras cosas en que ocuparse, como sacar de la cárcel a Leopoldo.
Su esposa al enterarse de que Leopoldo estaba preso, perdió la razón y sus hijos fueron llevados a un convento ya que no tenían familiares cercanos que se hicieran cargo de ellos.
El abogado de Enrique, encargado de la sucesión, murió al poco tiempo y el caso quedó archivado debido a que nadie se ocupó de él por varios años.
Luego de cincuenta años, los hijos de Leopoldo, deciden ocuparse de la casa, presentando documentos en los que acreditan ser sus legítimos hijos a pesar de haber sido adoptados por una familia desde pequeños.
Evangelina y Adrían Arbenois tienen en la actualidad cincuenta y seis años, son mellizos y quizá por esa razón, no fueron separados y los adoptaron a los dos.
La familia que los adoptó les cambió el nombre y el apellido por el de ellos y por esa razón, no recordaban para nada a sus legítimos padres y nunca se enteraron de que ellos eran adoptados hasta que un artículo salió en los diarios, era sobre crímenes del pasado y en él se mostraba la casa y la fotografía de Leopoldo y la de su padre, Milton Arbenois, el hijo de Leopoldo al ver esa fotografía recordó haber vivido en esa casa y fue así que comenzó a indagar sobre su origen
A pesar de que sus padres adoptivos habían muerto algunos años antes, Milton preguntó a su familia y una tía muy viejita que vivía aún le contó la verdad.
Desde ese momento y con la esperanza de que su padre fuera inocente, los hermanos comenzaron la investigación.
Contrataron a un buen detective quien les dijo que el caso era muy difícil pero que podían empezar por recuperar la casa y todo el resto de las pertenencias de su verdadera familia.
Es por eso que con los papeles en regla, se presentaron a la casa de Enrique, su abuelo y comenzaron a limpiarla y a recuperar el tiempo perdido.
Evangelina era una mujer muy enérgica, nunca se había casado y vivía aún en la casa que fuera de sus padres adoptivos, no tenía necesidad de trabajar, su familia les había dejado la casa y el negocio que llevaba su hermano, de hotelería y como a pesar de estar casado y tener tres hijos, su hermano y ella se llevaban muy bien, formaban una verdadera familia.
Lo primero que hicieron, luego de limpiar la casa fue ocuparse de las enormes bibliotecas, los libros acumulados en ellas abarcaban la sabiduría de cientos de años y algunos ejemplares eran únicos.
Las demás habitaciones estaban en las mismas condiciones y a pesar de los años, la casa se conservaba en perfectas condiciones, no había duda, fue hecha en los años dorados, cuando lo bueno era bueno de verdad y la arena de su construcción no era de ninguna playa cercana.
La casa era muy grande, demasiado para que la habitara una sola persona.
Además de las tres habitaciones para huéspedes, estaba la habitación de la empleada, que vivía en la misma casa desde hacía muchos años y contaba con la confianza de su dueño, por eso al ser descubierto Leopoldo junto a su padre muerto, nadie dudó de la palabra de la mujer, llamada Herminia.
Nadie sabía por qué habían matado a Enrique, lo cierto es que los diarios de la época decían que la noche anterior habían discutido padre e hijo pero no sabían la causa.
El detective reunió toda la información de la época y con eso pensaba armar un caso que por lo menos se acercara a la verdadera razón del porqué del asesinato.
El revólver encontrado no tenía más que las huellas de Leopoldo, o era el asesino o el verdadero era muy inteligente y había borrado las huellas.
Luego de un mes, la casa parecía otra, la habían pintado y Milton se había mudado a vivir en ella con su esposa y sus hijos.
Parecía otra casa, el sol volvía a entrar por las ventanas, la humedad del paso del tiempo había sido quitada y los muebles viejos vendidos para traer los de la casa de Milton que eran nuevos y de muy buena calidad.
Luego de algunos meses, el detective reúne a la familia para mostrarles los adelantos que hubo en el caso.
Todos rodearon a Valentín Moreira, el detective quién, con una sonrisa les dijo que creía tener la solución y saber quién había matado a Enrique Arbenois.
Habla el detective:
___Como todos saben, cuando tomé el caso sabía que iba a ser muy difícil debido al tiempo transcurrido pero quizá por eso mismo lo tomé, me agrada descubrir la verdad y si con eso consigo que una persona que aunque ya no exista, deje de ser culpable para la familia y el mundo, me doy por satisfecho.
Ustedes saben que el señor Enrique tenía mucho genio, eso lo sé por los diarios donde se publicó lo acontecido en esta misma casa hace cincuenta años, hace unos días viajé al interior para encontrarme con una persona que conoció al señor Enrique, la nieta de la empleada y ella me contó que si su madre viviera ella misma podría contarle lo que verdaderamente sucedió.
Además revisando los documentos del señor Enrique, encontré algunas cartas ocultas en un pequeño escritorio con fondo falso, muy usados en aquella época.
Las cartas fueron lo que me llevaron a pensar que el verdadero asesino no era el señor Leopoldo, en ellas habían unas revelaciones muy claras, eran de una mujer, Celestina era su nombre y era hermana de la empleada de la casa, esta mujer estaba muy enamorada del señor Enrique y estaba obsesionada con casarse con él y hacerse de la fortuna de la familia.
La sobrina nieta de Celestina nunca antes había querido hablar, ni ella ni su madre ni su abuela para no manchar el buen nombre de la familia pero cierto día, después de la muerte de Celestina, su hermana les contó que ella había sido la asesina, no pudo soportar la indiferencia del hombre y lo mató, huyendo sin ser vista, la empleada nunca sospechó de ella por eso fue que el Señor Leopoldo fue encontrado culpable, la asesina era muy inteligente y limpió el arma antes de marcharse por la puerta del jardín.
La consciencia no pudo con ella y murió a los dos años pero antes de morir les contó la verdad a la familia, la que calló por vergüenza.
Les aclaro que jamás dudé de la inocencia del señor Leopoldo, era muy evidente y él era igual a su padre, demasiado inteligente.
Al fin la familia va a poder contar al mundo la verdad sobre la muerte de Enrique Arbenois y disfrutar de su herencia, que supongo que es muy cuantiosa.
Pero eso no es todo, también tengo una carta escrita por el señor Enrique a Celestina el día antes de su muerte donde explicaba que debido a ella, él y su hijo habían tenido una gran discusión, Leopoldo se había enterado de lo que pasaba entre ellos y no lo comprendía donde le decía que no volviera a entrar a su casa y que dejara de perseguirlo.
Ahora, gracias a su sobrina nieta se supo que Celestina lo mató en un ataque de nervios y que huyó sin que nadie supiera lo que había hecho hasta dos años después.
Y así una familia que había sido destruida por la locura, volvió a sentirse orgullosa de haber descubierto que no había asesinos en ella y que de ahí en más llevarían el apellido Arbenois con la frente bien alta.
La verdad a veces parece dormida pero tarde o temprano, despierta.
7/11/2015
Omenia

Texto agregado el 26-01-2016, y leído por 132 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
27-01-2016 Es bueno ××××× grilo
26-01-2016 Me devoré el relato para conocer el culpable.. a falta de mayordomo no sabía hacia dónde mirar!! Un abrazo, sheisan
26-01-2016 Muy buena narrativa como siempre. Saludos. NINI
26-01-2016 genial.gracias.***** blasebo
26-01-2016 Muy bueno!! te felicito sinceramente. elisatab
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