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Yo no creo en brujas, pero…que las hay, las hay!, decía la tía Emily siempre que nos invitaba a ir a su casa, a mis hermanas y a mí.
La tía Emily en realidad, no era nuestra tía, solíamos llamarla así a pedido de ella, decía que estaba muy sola y pensar en unas hermosas sobrinas como nosotras, la hacía muy feliz.
Los domingos por la tarde era el día preferido para ir a visitarla, vivía en una casa muy bonita al fin del pueblo, muy cerquita del río.
Su jardín era muy conocido, en otra época se hacían unas bellísimas fiestas, cuando vivía su esposo, pero ahora todo era diferente, de a poco fue quedándose sola, aunque creo que jamás estuvo muy acompañada.
A nosotras nos encantaba ir a visitarla, nos preparaba unas deliciosas galletas de coco y chocolate y un rico té y luego nos contaba historias, lindas historias, que nos mantenía con los ojos muy abiertos, cuando le sucedía algo malo a la princesa de dichos cuentos, hasta que al fin siempre vivían felices por siempre.
Pero a medida que nos hacíamos más grandes, la tía Emily comenzó a hablarnos de cosas que casi no entendíamos, sobre todo mis hermanas, que eran menores que yo, y a veces hasta lloraban pero ella les decía que la vida no siempre nos sonríe y que hay que estar preparados para lo malo, como para lo bueno.
Un tarde, mis hermanas no pudieron ir conmigo y mi madre me llevó a mi sola a visitarla, pero me hizo prometerle que no la molestaría, que se estaba haciendo vieja y era mejor dejarla descansar. Por ese entonces yo tendría alrededor de quince años, pero igual me agradaba ir a verla.
Ese día al fin, pude enterarme de muchas cosas, nos sentamos a conversar mientras merendábamos y ella me contó una historia que, al principio creí que era un cuento, pero luego, fui dándome cuenta de que no era así, ¡me estaba contando su vida!.
Me contó de una niña nacida hace mucho tiempo que fue muy querida por sus padres pero al morir ellos, siendo ella muy jovencita y quedarse sola, su familia pensó que era mejor que se casara y así lo hizo.
Su esposo era un hombre mucho mayor que ella que no le permitió salir de su casa para estudiar ni tener amigas de su edad.
Pero se las ingenió para, a pesar de todo, pasarla bien.
Tenía quince años cuando se casó y su esposo treinta y ocho, la diferencia aunque era grande al principio no se notaba tanto pero al pasar los años ella se transformó en una hermosa mujer al lado de un viejo que la celaba constantemente.
Fue una vida dura a pesar de tenerlo todo, la magnífica casa, sus jardines y todo lo que deseara pero… no siempre alcanzaba.
Entonces sucedió algo, una mujer llegó una tarde a la casa a preguntar por ella (todo esto según lo relataba la propia tía Emily), era una mujer alta de aspecto formal, cabello corto, a la moda de la época que quería saber si estaría interesada en que le leyera las manos.
Al llegar a este punto de su relato, una sonrisa brotó de sus labios y siguió contándome que no podía creer lo que escuchaba pero la mujer le dijo que ese era su trabajo, que había nacido con un don y que a falta de trabajo se ganaba la vida leyendo las manos a la gente por una pequeña cantidad de dinero.
Esto le pareció interesante y dejó, imprudentemente, pasar a dicha mujer de nombre Nora.
Ya dentro de la casa, Nora se sentó, haciendo lo mismo la tía Emily para que le tomara las manos y comenzara con la lectura de las mismas.
Ni bien tomó sus manos, la mujer se levantó diciéndole que se le hacía tarde y que vendría otro día, al oír esto, la tía Emily siguió su cuento como lo que era, su verdadera vida diciéndome que no pudo permitir a aquella mujer que se fuera sin decirle lo que había visto.
La mujer muy de mala gana volvió a sentarse y a tomar sus manos.
___Lo que veo en estas pequeñas manos es algo que no me agrada pero en la vida todo tiene solución, menos la muerte y a usted le veo larga vida.
___Me alegro pero a la vez me intriga, ¿Qué es lo malo que ve que no se anima a decirme?
___Veo a alguien que no la quiere, veo el mal en esa persona…
___¿Puede decirme quién es?
___Su esposo, fue la respuesta.
En ese momento, no le creí me dijo la tía Emily, pero más adelante comencé a dudar.
Tan ensimismada estaba en su relato que, la miraba y casi podía verla en aquellos momentos.
Frágil, diminuta pero hermosa y con carácter.
Veía los cambios que se presentaban en su rostro y sentí pena por ella, la tristeza llenaba su mirada y aquellos ojos claros parecía que estaban por soltar una lágrima pero, en aquella época, sería de mal gusto dejar ver sus emociones.
Y siguió su relato…
___Le pedí que fuera más explícita, quería saber de qué forma mi marido me haría algún daño, pero ella sólo me dijo eso y ni siquiera quiso que le pagara, se levantó y se fue.
___Quedé muy preocupada por aquella visita inesperada, pero como me creía una persona inteligente, traté de olvidarme de aquello y no darle más importancia de la que merecía. Pero después de eso, las cosas fueron muy diferentes para mí, mi esposo fue nombrado director de un banco en otra ciudad a muchos kilómetros de distancia de nuestra casa y tuvimos que mudarnos a una ciudad más grande, a un lugar donde no conocía a nadie y comencé a sentirme demasiado sola. Casi dos años vivimos allí, pero estuve muy “enferma” y mi esposo me mandó a vivir con una tía mía al campo, cerca de diez meses, viví con ella, hasta que estuve mejor y pude volver a mi casa.
Aquella tía era muy buena conmigo y yo deseaba quedarme pero mi esposo no lo permitió y tuve que volver con él a pesar de que en todo ese tiempo jamás me visitó.
Al volver, una tarde sonó el timbre de la casa y estando sola tuve que abrir la puerta y vaya sorpresa, Nora la adivina, estaba parada en la puerta y sonriéndome me dijo que estaba lista para revelarme el secreto que no había podido decirme antes.
___La hice pasar con miedo a que mi esposo regresara y no pudiera decirle quién era aquella mujer pero ella me dijo que no me preocupara, que pronto tendría noticias de mi esposo y que me quedara tranquila que todo había pasado y que pronto podría empezar a vivir mi propia vida. Muy sorprendida, pensé, ¿Qué era lo que sabía aquella mujer de mi vida?
Otra vez, Nora se fue sin que pudiera darle dinero pero esta vez nuestras miradas se cruzaron y las dos entendimos que al fin ya no habría secretos entre las dos.
Esa noche, llegó un telegrama para mí, donde me decía que lo lamentaba mucho pero que mi esposo había sufrido un paro cardíaco y había dejado de existir, el telegrama lo mandaba su secretaria quien estaba con él en el momento de su muerte.
Me cambié de ropa y me dirigí a la funeraria donde habían llevado a mi esposo.
Lamento decir que no sentí nada por su fallecimiento, todo lo contrario, él era un hombre de muchas personalidades, a veces era cariñoso y si estaba de buen humor hacíamos fiestas en el jardín, pero otras hasta llegó a levantarme la mano.
Cuando llegué, estaba su secretaria quien me contó que estaba sentado y de repente se llevó la mano al pecho y no pudieron hacer nada por él.
Le agradecí, hice todos los preparativos para el velorio después de hablar con el médico quien me confirmó que todo había sido muy rápido y que no había sufrido.
Pasaron unos días hasta darme cuenta de lo que me había dicho Nora entre líneas, se había cumplido.
Parece mentira, pero respiré aliviada luego de tanto sufrimiento a lo largo de mi matrimonio y me puse a pensar lo que haría a continuación.
Lo que aún no te conté es que durante la estadía en casa de mi tía en realidad no estuve enferma, creo que el médico que me atendió sintió pena por mí y me diagnosticó algo que no tenía, según él, lo que necesitaba era mucha tranquilidad y pensaba que al lado de mi esposo, jamás la tendría.
Y lo que voy a contarte a continuación es algo de lo que no me siento orgullosa pero sucedió y no me arrepiento.
El médico que me dio el certificado, era un joven muy apuesto y sucedió lo que no tenía que suceder, nos enamoramos perdidamente uno del otro y de ese amor nació un hermoso niño que por razones obvias lo crió mi tía y una prima como si fuera de ella.
Mi marido jamás se enteró, durante el tiempo de mi embarazo, al decirle el médico que mi enfermedad era muy contagiosa, ni fue a verme y eso fue lo mejor que me sucedió.
Lloré mucho al tener que separarme de mi bebito pero no me quedaba otra solución, era por el bien de todos, mi marido me hubiera matado.
El padre de mi hijo murió siendo muy joven, debido a la poliomielitis, una enfermedad de la que casi no se habla en la actualidad.
Mi hijo, Federico, creció con mi tía y mi prima y nunca se enteró de la verdad, hasta hace muy poco tiempo, al fallecer mi prima, por lógica tuvo que revisar los papeles y en ellos no figuraba su nombre, fue entonces que tuve que viajar y contarle toda la verdad.
En dichos papeles, yo figuraba como su madre, sin apellido paterno.
En el campo es bastante fácil vivir sin documentos, por lo menos en aquella época, por eso cuando había que hacer algún trámite se los hacía mi tía.
Es un hombre derecho y de buen corazón, me perdonó, se dio cuenta de que no podía hacer otra cosa, vive con una mujer muy buena y tienen un hijo de dieciocho años.
Ahora quiero pedirte perdón por contarte mi historia, sé que eres muy joven para asimilar todo esto pero estoy muy ansiosa, mi hijo y su familia vienen hoy a visitarme y no tenía a quién contarle cómo me siento.
Quiero que te quedes a conocerlos.
Todo esto me contaba tía Emily mientras preparaba una gran torta para recibir a Federico y a su mujer y su hijo.
De esto hace varios años, Emily falleció siendo muy anciana, tuvo tiempo de conocer muy bien a su hijo y a su nieto que la adoraba, en este momento me encuentro en casa, la casa de tía Emily, esperando que vuelva de trabajar su nieto, mi esposo, desde el día que nos vimos por primera vez quedamos tan enamorados que continuamos esa relación que ya nos dio tres hijos y estamos esperando el cuarto!
Nora siguió, durante mucho tiempo, visitando a la tía Emily, con el correr de los años se hicieron muy amigas y aquella mujer fue la bruja, la cual Emily decía no creer pero…
Hoy he visto pasar a una mujer que me hizo recordar a Nora, imaginándola tal cual tía Emily me la describiera y yo también creo que… no creo en brujas pero…que las hay las hay!
Omenia 16/4/2015

Texto agregado el 23-02-2016, y leído por 125 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
23-02-2016 Mis 5 * grilo
23-02-2016 Omenia, volví a leer tu cuento, y ya comprendí la situación de fondo con el médico y la supuesta enfermedad. Así que retiro mi sugerencia de la revisión. No hay nada que revisar sobre su contenido. Un besote y gracias por tan hermosa historia. SOFIAMA
23-02-2016 Visitar familiares que te preparan tortas de chocolate y coco y, además, te cuenta historias de brujas, es fascinante. Sabes la historia en general la entendí , no obstante, en la parte de la enfermedad inventada y lo del médico, me perdí. Creo que hay mucha información en esa parte y, tal vez, deberías revisarla. Sea como fuere, la historia es hermosa y bien vale la pena leerla. Me gustó. Un abrazo giiiiiiiigante. SOFIAMA
23-02-2016 Un texto muy ameno, donde enfatiza la existencia de brujas. Todos lo hemos escuchado de alguna forma, pero las mayorías que conozco, son seres materiales, humanos, nunca una !Bruja de verdad! como me contaba mi abuelo. Esta brujas volaban y chupaban la sangre de los niños. !Vaya usted a creer! Muy buen texto! Saludos. NINI
 
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