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Rincones inexplorados.
Claudia era la niña más traviesa que pudiéramos imaginarnos, le gustaba recorrer toda la casa y entraba en cada una de las habitaciones sin ser llamada.
En realidad era una niña normal pero su curiosidad no tenía límites.
A los siete años no se le podía pedir que se la pasara estudiando y tampoco era de esas niñas que se sientan a ver televisión y se olvidan de todo, al contrario, ese aparato salvador de algunas madres, para ella se tornaba algo desagradable, lo que ella podía ver eran los famosos dibujitos pero al ser tan inteligente eso la aburría y los demás programas sin la autorización de su madre, mejor no verlos.
La casa era demasiado grande, ocho habitaciones, un sótano y un ático, además en el patio, una caseta donde se guardaban las herramientas.
Había mucho por explorar y los sábados, en invierno no se podía salir a jugar y sus hermanos rara vez le hacían caso, eran mayores que ella y su compañía les molestaba.
Lo mejor sería empezar por el dormitorio de Felicia, su hermana mayor que los sábados se veía a escondidas con Joaquín, un compañero de clase que la volvía más loca de lo que era, según Claudia.
El dormitorio de Felicia era el más grande de todos y Claudia soñaba con que su hermana se casara para poder ocuparlo ella y poner todos sus juguetes en una repisa como los tenía Marcela su compañera de clase que no tenía hermanos y todo era para ella sola.
Pero volviendo a la realidad, Claudia sin que su madre la viera entró sigilosamente al dormitorio y con un cuadernito y un lápiz, comenzó a escribir y describir todo lo que veía.
No quedó ni un rincón de la habitación sin ser revisado y como Claudia era bastante desordenada, algunas cosas quedaron fuera de lugar lo que dio lugar a que su hermana le diera un buen sacudón sin que su madre la viera.
Muchas cosas fueron a parar al cuaderno de Claudia, algunas cosas escritas en el diario íntimo de su hermana, fechas y citas clandestinas, etc. pero nada importante según ella.
El siguiente paso era la habitación de Paul, el mayor de los hermanos, este sí era un cuarto ¡! No había nada en su lugar!, pero aquí encontró algo que le llamó la atención, unas bolsitas de un talco blanco pero que no tenían nada escrito, las tomó y las tiró a la basura ya que le pareció que era muy chica la bolsita como para tener talco y siguió buscando hasta que encontró una jeringuilla que también tiró a la basura pues pensó que eso era muy peligroso para que las tuviera su hermano, una vez le habían sacado sangre y el pinchazo le había dolido mucho.
Claudia pensó que si su madre viera el desorden que había en el cuarto de su hermano, pasaría algo muy malo, quizá un sábado sin poder salir y eso no le convenía a ella, allí había mucho por revisar!!.
Por lo tanto decidió ayudar a su hermano ordenando un poco.
Lo encontrado también fue a parar al bendito cuaderno, pero pensó que debería volver otro día, se estaba haciendo tarde y su hermano volvería pronto, era mejor desaparecer o estar cerca de su madre a su regreso, Paul tenía días muy pero muy malos, renegaba y gritaba por todo.
El domingo fue un lindo día de invierno, con sol y nada frío y Claudia pudo salir a jugar con Marcela, su amiga y vecina.
Marcela era de la misma edad pero no tan avispada como ella, por eso su madre las dejaba jugar, si hubiera sido igual a su hija serían polvorita las dos juntas.
Claudia y su amiga eran muy compinches, cada una guardaba secretos de la otra.
De pronto Claudia presintió problemas y le dijo a Marcela que entraran a la casa, su hermano tenía aquella cara que ella conocía muy bien!
Corrieron hacia la casa mientras Paul gritaba que no se moviera de donde estaba y que le devolviera lo que había tomado de su habitación o le haría ver las estrellas.
Al oír los gritos de las niñas, el padre se apresuró a ponerse delante de ellas, conocía muy bien a Paul y sabía que era muy cambiante con respecto a su humor.
Marcelo, el padre de los muchachos le preguntó a su hijo mayor:
___Se puede saber qué te pasa, por qué tantos gritos?
Paul no esperaba que su padre estuviera en la casa pero contestó:
___La voy a matar, se mete donde no la llaman y me esconde mis cosas.
___Veamos… qué hiciste esta vez Claudia?
___Nada, papá, sólo estuve ordenando un poco su habitación, nada más y no toqué nada… a no ser por una bolsita de talco que me pareció que era muy chiquita y una jeringa que según me dijo mamá no hay que tenerlas más que en el baño para no pincharse y las tiré a la basura con caja y todo.
Paul se puso rojo como un tomate y trató de no mirar a su padre pero éste ya había entendido y de un empujón se lo llevó aparte para hablar con él.
___Ahora me vas a explicar de qué se trata todo esto, si piensas que voy a tolerar semejante barbaridad en esta casa, ya mismo puedes ir recogiendo tus cosas, en mi casa no tolero drogadictos y aunque piensen que soy un retrógrado, esa es mi manera de pensar, así que lo vas sabiendo, acá se es un hombre de bien o nada, así soy yo y tú deberías conocerme!!!!!!
Paul le contestó a su padre que lo que había encontrado su hermana no era de él, que un amigo le pidió que se las guardara y que tenía que devolverlo.
___Y piensas que voy a tragarme ese cuento? Crees acaso que no he visto como actúas desde hace un tiempo? Tus cambios de humor!!!! Pero esto se acabó! Ya sé lo que tengo que hacer y diciendo esto tomó a Paul de un brazo y lo subió al auto.
Durante algunos días, Paul no regresó a la casa y Claudia que no entendía nada y nadie se lo explicaba, estaba muy nerviosa y por un tiempo la búsqueda de cosas por la casa se había terminado.
Luego de algunas semanas Paul regresó a su caso acompañado de su padre, estaba muy demacrado y había perdido mucho peso.
Al verlo, Claudia se asustó mucho pero su padre le dijo que ahora todo estaba bien, y que Paul debería dale las gracias a ella por haber descubierto “su enfermedad” a tiempo para poder curarla.
Paul había cambiado mucho, era un mejor hermano y sus cambios de humor ya no lo afectaban, había vuelto a ser un muchacho alegre como lo era meses atrás.
Para Claudia la vida había vuelto a la normalidad, su madre estaba feliz de volver a tener a Paul otra vez en la casa y estaba más pendiente de él que de los demás miembros de la familia y eso a ella le venía de maravillas, ya no sentía que la vigilaban y podía seguir ocupándose de lo suyo.
Ese sábado, ella y su amiga Marcela, decidieron que el siguiente cuarto por revisar sería el de su abuela, que a pesar de ser abuela, era bastante joven aún y tenía algunos secretos que no quería compartir con nadie.
Su abuela Carla, era viuda desde hacía muchos años y por eso había ido a vivir con su hija, la madre de Claudia ya que ayudaba en la casa y además como tenía recursos propios por trabajar aún, ayudaba en la casa.
Carla tenía una habitación pequeña con un gran baúl lleno de cosas que la niña, desde hacía mucho tiempo estaba intrigada y deseosa de saber qué contenía.
Ese sábado, su abuela viajaba a Melo a ver a una de sus hermanas y no volvería por una semana.
Nada mejor para los propósitos de la niña que podía aprovechar esos días para revisar sin que nadie la viera.
Claudia y Marcela se encerraron en el cuarto de Carla y abrieron el baúl muy despacito, temiendo por su contenido.
Lo primero que vieron fue un montón de cartas, estaban escritas desde hacía mucho tiempo porque se veía lo amarillo del papel.
Claudia pensó que serían de su abuelo y las dejó de lado, por el momento para seguir con su inspección para ella eso no servía para nada.
Lo que sí le interesó fue una fotografía, era la de un hombre pero no era su abuelo, la del abuelo estaba en la sala y ese no era él.
La tomó y leyó lo que decía en la parte de atrás de la misma.
Querida Carla, sé que para nosotros es tarde pero al menos déjame conocer a nuestra hija, ya que no quieres saber nada de mí por favor cuando crezca dile que yo soy su verdadero padre y que la quiero mucho, muéstrale mi fotografía, quizá al verme reconozca lo mucho que se parece a mí.
Claudia no entendía nada pero pensó que ese señor era muy parecido a ella misma, tenía sus mismos ojos iguales a los de su madre, de un verde claro muy difícil de encontrar.
Pero como Claudia aún era una niña, nada de esto tenía importancia para ella y volvió a poner todo en el baúl, sintiéndose decepcionada por no haber encontrado nada que le agradara para pedírselo luego a su abuela y las dos niñas dejaron la habitación pero como era tan alocada, se fue sin cerrar el bendito baúl.
El domingo era día de limpieza y aprovechando que su madre no estaba, Eliza, la madre de Claudia, quiso sorprenderla arreglando su dormitorio y ….
Sucedió lo que tenía que suceder, Eliza se enteró del gran secreto y quería morirse, el hombre al que consideraba su padre por tantos años resultaba ser que no era su padre, era de locos, tendría que esperar a que volviera su madre para poder aclarar las cosas.
Esa noche, Eliza y Marcelo discutían en vos alta lo descubierto en el baúl mientras que Claudia ignorando el lio en que se había metido, dormía plácidamente.
Las cosas ya no eran igual para ningún miembro de esta familia, los muchachos mayores se enteraron al escuchar la discusión de sus padres sólo Claudia permanecía sin enterarse de nada.
La noche que volvió la abuela, Claudia al saludarla se encontró con muchos reproches por parte de la mujer, quien le decía que deberían encerrarla en un cuarto por no saber respetar las cosas ajenas y allí se dio cuenta de que algo no andaba bien.
A la mañana siguiente hubo una reunión familiar donde por supuesto Claudia no estaba, su madre la había mandado a jugar a casa de su amiga Marcela.
Al medio día, terminada la reunión, Carla preparó sus cosas y se marchó, había llegado el momento de la verdad, una verdad que Claudia entendería sólo con el correr de los años.
Su madre por muchos días estuvo triste pero un día, la abuela vino a la casa con el hombre de la fotografía y luego de unos minutos, Eliza escuchó la confesión de sus padres, se habían conocido en la secundaria y se enamoraron perdidamente pero sus padres tenían otros planes para ella y en aquella época… se hacía lo que los mayores decían.
Se casó y al poco tiempo se enteró de que estaba embarazada pero no sabía de quién era el hijo que esperaba, hasta que nació y vio que la niña era el retrato de Germán, y no de su esposo.
La angustia fue tremenda, su esposo era un buen hombre y no se merecía lo que estaba pasando pero el instinto maternal pudo más y por temor a que le quitaran a su hija, jamás dijo nada a nadie y nunca más volvió a ver a Germán, sólo guardaba sus cartas en el baúl y su fotografía.
Luego que su esposo murió se volvió a encontrar con el padre de su hija y desde hace un tiempo mantiene una relación con él, esperando que Eliza los perdonara es que vienen los dos juntos a verla.
Eliza se abrazó a su madre y a su padre biológico y les dijo que ella no tenía nada que perdonarles, que la vida a veces no es lo que pensamos y que debemos seguir adelante, que jamás va a dejar de querer a su padre, el que la crió y educó pero que también va a querer a su verdadero padre que debe haber sufrido mucho por la situación.
También el padre de Claudia y el resto de la familia los perdonaron y de ahí en más, no habría más secretos entre ellos.
El siguiente sábado, Claudia no quiso entrar a revisar ningún cuarto y su amiga le confesó que ya estaba cansada de ese juego que mejor le pedían a su madre permiso para ir al cine, ese sábado daban una película genial y su madre dijo que a lo mejor las llevaba.
Y así sin querer ni proponerse y sin siquiera enterarse, Claudia cambió la vida de varios de los miembros de su familia y sólo ellos sabían lo mucho que deberían estar agradecidos por ese cambio.
Y como la vida continúa y la niñez se alejó, llegó el día en que también Claudia supo lo que causaron sus travesuras con la diferencia de que ahora podía entender que la vida… la vida no es un juego.
Omenia 30/10/2015

Texto agregado el 01-03-2016, y leído por 129 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
01-03-2016 HERMOSO RELATO, UN POCO LARGO... YO LO ARIA EN DOS PARTE TE LEERÁN MAS. ME ENCANTO!!!! MIS5* Y BESOS NILDA yo_nilda
01-03-2016 Que enredo de familia!! pero tu lo has hecho muy bien relatando a través de la cándida voz de Claudia los vericuetos de cada uno de sus miembros. Un abrazo, muy ingenioso! sheisan
01-03-2016 Ummmm. Una historia para reflexionar, pero más que traviesa, creo que la niña invadía la vida de los otros sin querer queriendo. Los niños, por naturaleza, no ordenan, averiguan. No sé si la historia tiene como fin último hacer que tus lectores tomen consciencia de cuánto se puede “dañar la vida de los demás o arreglarla”, si así fuere, el mensaje está más que comprendido. Muy bueno y recreado texto. Un abrazo, Omenia tan querida. SOFIAMA
01-03-2016 Flor de "niñita", jajajaaa...Muy interesante, querida. MujerDiosa
01-03-2016 En este caso le salieron bien los "descubrimientos" pero sería mejor respetar la intimidad de los demás. Sobre todo si se es un niño. Cinco aullidos Yar
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