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¿Qué será de mí?
Comenzaba el otoño y el paisaje variaba constantemente, los colores pastel de las hojas de los árboles recreaba la vista hasta al más indiferente de los peatones.
Unos niños jugaban con ellas, eran niños de esa vecindad, pobres en su mayoría, y sin muchas esperanzas, por lo menos eso era lo que les decían sus padres y ellos al ver el estilo de vida que llevaban no lo dudaban.
Marina era una de las niñas más bonitas que había en el vecindario, sus largas trenzas negras contrastaban con el gris intenso de sus ojos.
Era hija de una mujer muy trabajadora pero muy pobre, su marido la había dejado con cuatro hijos varones y una niña y ella tenía que criarlos, darles de comer, vestirlos y pagar el alquiler de aquella casita que en cualquier momento se vendría abajo.
Pero a pesar de todo, Marina era una niña feliz, nada le borraba la sonrisa ni la falta de dientes que recientemente se le habían caído por estar en edad de cambiarlos.
Tenía muchos amigos, y entre ellos, había un niño mayor que ella, unos años solamente que era el mejor amigo, él la protegía de todo y de todos y ella sabía que podía contar con él.
Así fueron pasando los años, los niños fueron creciendo y muchos de ellos seguían en el barrio pero Marina había tenido suerte, su madre conoció a un buen hombre que la quiso con sus cinco hijos y se los llevó con él a un lugar mejor, donde los muchachos y la niña pudieron estudiar y cambiar de vida.
Rodolfo el antiguo amigo, por el contrario, fue abandonado por sus padres por no poder mantenerlo y tuvo que criarse en la calle, pero a pesar de todo, la amistad nunca fue olvidada por ninguno de los dos.
Rodolfo se las ingeniaba para ir hasta donde vivía Marina y pudo comprobar que a medida que pasaban los años, la niña se había convertido en una hermosa mujer y que a pesar de que ella seguía siendo su amiga, comenzó a notar la diferencia, él era un “don nadie” mientras que ella había pasado a la facultad y a pesar de los dos, se fueron distanciando.
Un día, Rodolfo, cansado de no tener nada y de vivir gracias a las changas que hacía en el barrio, pensó que perdido por perdido, haría algo que le cambiara la vida y lo acercara un poco más a Marina.
Ese día de otoño, mientras contemplaba las bellas hojas caídas, no hizo lo mismo que siempre, esta vez, no se detuvo, sus pasos lo llevaron al único banco de la pequeña ciudad, entró, sacó un revólver apuntó a la cajera y como la había escuchado en algún televisor del barrio, le dijo:
___Arriba las manos. Esto es un asalto!
Después, las cosas salieron como era previsto, Rodolfo no tenía experiencia y ni siquiera era tan inteligente como creía, la policía lo detuvo y entregó el revólver de juguete con el que había tratado de robar un banco!, nada salió como lo imaginó, estaba tan enamorado de Marina que soñaba que ella lo aceptaba y se casaban pero nada era como él lo imaginaba, Marina había dejado de ser aquella niñita ingenua para convertirse en una mujer que sabía lo que quería y a pesar de quererlo mucho, Rodolfo no entraba en sus planes, la vida los había cambiado.
La policía se llevó al muchacho pero como no había podido llevarse nada del banco y el arma era de juguete, solo le dieron un buen susto y lo dejaron unos días a la sombra para que no lo volviera a hacer, después lo dejaron marcharse con la promesa de que nunca más intentaría hacer algo semejante.
Los días que Rodolfo pasó en la cárcel, fueron los más largos y tristes pero le sirvieron de lección y a la vez, para pensar qué haría de su vida de ahí en más.
Cuando se enteraron en el barrio de lo sucedido en el banco, el muchacho la pasó muy mal, fue el bufón del pueblo a tal punto la gente se reía de él que decidió ir a vivir con un tío que le ofreció su casa hasta que consiguiera trabajo.
Marina al enterarse de lo sucedido habló con el muchacho, trató de hacerle entender pero tomó distancia, ya no volvió a ser lo de antes, Rodolfo no lo entendió y se marchó más triste que nunca.
Y los años siguieron pasando y Marina tuvo novio, un muchacho de la facultad, estudioso y trabajador y llegó el día del casamiento, Rodolfo también fue invitado, la amistad nunca se perdió entre ellos.
La novia entra al altar y en el momento de decir el “sí, acepto”, un disparo la deja tendida sobre el altar, el final había llegado para la hermosa Marina y su matador no era otro que su amigo Rodolfo que ni siquiera trató de huir, cuando la policía le preguntó el motivo por el cual había asesinado a su amiga el joven contestó:
___¿Qué será de mí, sin ella?
La falta de amor, la pobreza, la falta de medios, la desazón, el miedo, la angustia, puede llevarnos a la locura y eso fue justamente lo que le pasó a Rodolfo, un muchacho bueno que el entorno no lo ayudó y se perdió, en un laberinto sin salida.
Omenia

Texto agregado el 09-03-2016, y leído por 99 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
10-03-2016 Una historia como tantas, desgraciadamente. (quizás no en el altar). Faltó el suicidio. Clorinda
09-03-2016 Ciertamente un relato muy especial. Cercano y rozando la locura. En el sin sentido y la violencia del mundo actual. 5* BarImperio
09-03-2016 Jajajaja (perdona) pero me he acordado de lo que dice tu hijo, no podía faltar un cadáver. Muy buen relato, solo te falto decir que NO FUERON FELICES y las perdices del ágape fueron donadas a un comedor social. elisatab
09-03-2016 Muy buen desarrollo y nudo. Excelente la idea. Un beso Carlos. Carloscaro
 
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