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Inicio / Cuenteros Locales / anthony_2792 / La Mala Publicidad No Existe

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Después de la tormenta siempre sale el sol brillante, la mala suerte no dura para siempre… y tuvo que sucederme para entenderlo.
Hace poco salí desnudo públicamente lo cual no debería ser considerado un problema grave, solo es un cuerpo, sin embargo, me afectó ligeramente y ¡pum! desperté.
Desperté y me pregunté: ¿Qué estoy haciendo para merecerme toda esta mierda? La respuesta era contundente y desalentadora: TODO. Me gané un pase a la locura, en primera clase viajé conjuntamente con el enemigo, le di todas las herramientas para destruirme: confianza y hasta la llave de mi intimidad. Embarrando de mierda mis labios con el suyos y perdiendo mi tiempo en un estilo marginal conviví caóticamente con el demonio mismo.
Estoy enamorado y la mujer que amo no está conmigo. Ella está buscándose en otras personas, y yo ya estoy cansado de no verla volver, sabe que me porté mal y aunque no me dio la espalda me castiga con su indiferencia que no es poca. Imagino que apesto, que me acompaña un hedor tácito y por eso ni me llama, seguramente mis mensajes ya no le interesan, tampoco es algo que me mate pues ya debe ser como la cuarta vez que nos sucede. Tal vez cuando necesite algo me llame.
La Locura, es la isla en la que estoy anclado y aquí no se permiten las visitas, ni los buenos deseos, ni los mejores pensamientos; en ésta locura he podido concentrarme y estudiar a tiempo completo, no sé cómo pero he terminado a tiempo con los temas de la universidad. Eso ayuda mucho por la fuerza que da. Me gusta aprender, me gusta hablar conmigo mismo así que a la soledad que se vive en La Locura no le podría llamar castigo.
La mala suerte no dura para siempre, tal vez esté maldito pero todavía me acompaña mi estrella, esa que convoca mujeres a mí alrededor sin saber cómo ni por qué. Me he concentrado en mi carrera y paso mucho tiempo en la universidad, allí, apareció Adriana, consultando que es lo que pasó conmigo, ¿por qué ando calato por las redes sociales? Le conté el problema, nos reímos y me subió el ánimo.
- Tony no te deje apabullar por eso, muchas de las chicas en la facultad tienen la foto, se la comparten, eres popular, tranquilo…
- Qué vergüenza putamadre
- No… no digas eso, a mí me gusta
Nos miramos y sonreímos.
- Me siento mal, me duele el estómago de solo pensarlo – me sobo la panza – estar en los celulares de todos jode
- Si te sientes mal yo te puedo ayudar
- Necesito un trago
- Invítame un ron
- ¿Vamos a La Punta-Callao?
- Vamos…
- Antes, ¿puedes darme un abraso?
- Claro, ven Tony, no estés triste…
Salimos a comprar una botella de ron al frente de la universidad, cogimos un autobús que iba para La Punta. Conversamos en todo el camino. Cuando llegamos el sol todavía quemaba y nos acomodamos bajo un bote, sentamos en la orilla frente al infinito mar de Grau.
- Háblame de ti, Tony
- No quiero hablar de mí – bebí del pico se lo pasé y lo hizo de la misma manera
- ¿Te puedo decir Anto?
- Dime como quieras – Bebí dos largos sorbos y se lo pasé
- Anto… Anto, Anto, Anto – Su voz se agudizó tiernamente – Anto, Anto, Anto, quiero acostarme contigo Anto…
Al momento que dijo eso tenía la botella en la boca y me atoré con la inesperada propuesta.
- No tengo ganas de nada, solo quiero morir por momentos, lo siento.
- Quiero hacerlo contigo, me gustas, eres lindo…- Parecía ebria.
- Deberíamos volver, ya se va el sol también
- Antho – y me hablo muy cerca del oído – vamos a un hotel o mejor a la universidad, conozco un lugar…
- Puedes darme solo un abraso. Déjame la oportunidad de hacer lo correcto, necesito tiempo, no quiero cagarla otra vez, la última vez me dejé llevar y mira como me encuentro. No me pidas algo que no te puedo dar, no te ofendas, tal vez cuando este mejor te tome la palabra, te llamaré…
- Antho… nunca nadie me había dicho que no.
- No eres la primera que me lo dice, lo siento. ¿volvemos?
Volvimos a la universidad, y la dejé en su paradero. Al despedirse me pegó un beso y una de sus manos cogió firmemente mi entrepierna.
- No te me escaparas Anto…
- No iré a ningún lado…
Cuando se fue lo único que pensaba era que quería tomarme fotos desprevenido. Lo sigo pensando mientras me voy en el autobús a casa. Lo sigo pensando todavía en mi cama, peor aún lo sueño. Amanece e inerte tumbado sobre la cama recuerdo ese sueño y se me va olvidando, cambio de posición y me veo desnudo en un cuadro gigantesco colgado en la facultad. No existe mala publicidad, me repetía la voz de Adriana.

Texto agregado el 10-04-2016, y leído por 93 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
11-04-2016 * elvengador
 
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