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El Último Dragón

Los dragones existen, yo estuve con ellos o tal vez con el último.

En la búsqueda de los míticos animales llegué hasta Indonesia, donde se encuentra uno de los volcanes activos más grande del mundo, el Monte Krakatoa, situado en el estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra.

Las leyendas indicaban que eran ellos con sus lenguas de fuego que se anticipaban a los rugidos de la tierra, cuando la explosión de lava se expandía por el firmamento.

La muy intrincada geografía de la zona no me impidió alcanzar las alturas del monte de alrededor de 900 metros de altitud.

Cuando desplegó sus alas de casi cinco metros de envergadura, me dejo sin aliento, parecía que mi corazón se alzaba con él. Una carrera corta en bajada, desde el borde del cráter, un vuelo corto y otra vez erguido y amenazante en las puertas del averno.

Las altas temperaturas y los gases hacían irrespirable en ambiente, aun con los tubos de oxígeno que me acompañaban.

La tierra no paraba de temblar, una explosión de adrenalina me instaba a seguir, cuando ya exhausto, buscaba un refugio en las laderas del Krakatoa.

¿Y si era una alucinación?

Fue la primera duda que me sobrevino cuando desperté del letargo.

Su recortada figura en las humeantes fauces del volcán, me devolvió la conciencia

¡Era cierto!

La lucha por la supervivencia me impidió pensar en retratar el momento, solo unas retinas inquietas que con asombro buscaban a mi ocasional compañero.

Casi al unísono, con las primeras llamaradas del volcán, el animal improvisó un vuelo sobre el cráter; ascendió en un grotesco ajetreo hasta donde mi vista podía alcanzar y se lanzó en picada retrayendo sus alas como punta de lanza.

Ahora el fuego brotaba de sus entrañas como acompañando a la naturaleza que hacía lo suyo desde el centro del infierno.

Un espectáculo que bien valía la vida, retratos bíblicos del fin de los tiempos, y un contrapunto de obscenidades para deleite de la creación.

Luego, una fría cama de hospital, con inentendibles lenguas que me zamarreaban para devolverme la conciencia. ¡Había sobrevivido!

Me encontraron algo alejado de la zona de la erupción. No recordaba el trayecto por las escarpadas laderas cubiertas con un mar de lava.

Solo un dolor profundo que me rodeaba a la altura del tórax, fruto de las garras con que mi circunstancial compañero salvó mi vida.

Me había alejado del lugar, dejando solo la belleza de la naturaleza en su esplendor, evitando que mi insolente presencia opaque el espectáculo.

OTREBLA

Texto agregado el 30-04-2016, y leído por 129 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
19-05-2016 Por un lado me perdí en el volcán, luego me halle al lado de tu salvador. Muchas imagénes, me gusto leerlo paulasol
30-04-2016 Muy bueno, atrapante. Bellas imágenes. Saludos SsietelunasS
30-04-2016 Extraordinario y sumamente creativo. Disfrute pleno. Abrazo full, Dokini. SOFIAMA
30-04-2016 Dokini me impactó tu relato, esta bellísimo, felicitaciones!!. La trama muy original y rica en imágenes y al final el inesperado gesto de ternura demostrada por la bestia !... Un abrazo, sheisan
 
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